Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por Cata Castillo el Jue Sep 20, 2012 6:31 am

Ahora que estoy por aquí, aprovecho para dar las gracias a todos los que os habéis pasado a leer la historia y a comentar.

Y si, el personaje de Lanie, me parece el más desaprovechado en la historia de las series de TV, por eso cuando escribo historias, siempre me gusta escribir escenas de chicas, entre Becket y Lanie, no sé como me saldrán, pero me encanta imaginar las burradas (siempre con cariño), que pueda decir Lanie.

Para el fin de semana, pondré el siguiente.

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por moth13 el Jue Sep 20, 2012 9:20 am

Pero como me haces esto, llevo días sin meterme. Entro y me encuentro con un fic nuevo tuyo. Pero por que no me avisaaaaas.

Uhi, Uhi, ese gim secret va ha dar muuuuuuuuuuuuuuuchisimo juego. Ya estas subiendo el siguiente. Cool Shooting

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por Cata Castillo el Vie Sep 21, 2012 10:59 pm

¡Hola! Aquí os dejo el siguiente capítulo, a ver si se hace más corta la larga espera hasta el lunes (martes por la tarde para mí).

Este capítulo lo escribí antes de empezar la historia, con idea de publicarlo como un capítulo único, pero se quedó ahí, y por eso decidí incluirlo en la historia, para no dejarlo en el olvido. Espero que os guste y muchas gracias por leer y comentar.

Capítulo 3:

Castle, sentía que vivía los mejores momentos de su vida. Sencillamente era feliz, tenerla por fin con él le hacía sentirse el más afortunado de los mortales. Era tal su devoción por ella que era incapaz de negarle nada, ella lo sabía y a veces abusaba de su suerte, él se conformaba en complacerla y hacerla feliz.

Por eso cuando a los pocos días de estar juntos, ella le dijo que acostumbraba a hacer ejercicio físico todas las mañanas, y que le encantaría que la acompañase, el levantó una ceja de modo sugerente y le dijo:

- Le parece poco ejercicio inspectora el que realizamos por las noches, que quiere repetir por la mañana.

Ella puso los ojos en blanco por toda respuesta, por lo que él siguió con su charla:

- Ya sabe que no tengo ningún inconveniente en complacerla, sus deseos son órdenes para mí.

- Correr Castle, me refiero a correr – dijo ella por toda respuesta.

- Pero Kate – dijo haciendo aspavientos – tu mejor que nadie sabes que correr es de cobardes.

- Pero es que yo necesito correr porque me gusta mantenerme en forma – dijo mientras se acercaba a él y se le abrazaba, a la vez que se dirigía a su oreja para decirle muy flojito y mordiéndole el lóbulo – y si eres bueno y me acompañas, por la noche yo seré muy traviesa y podremos jugar a lo que más te guste. Además a ti tampoco te vendría mal estar en forma.

- ¿No estoy lo suficientemente en forma para ti? – le preguntó también en tono meloso y totalmente derretido por la actitud de ella – yo creía que había estado a la altura y como no he tenido quejas…

- Ya sabes que no tengo quejas – dijo ella mientras pensaba que sin desmerecer a sus otros amantes, había disfrutado más del sexo en el tiempo que llevaba con Castle, que con cualquiera de sus otras relaciones anteriores – pero piensa en lo divertido que será correr un rato por las mañanas y luego ducharnos juntos…

- Me has convencido – la interrumpió sin dejarla continuar – mañana mismo empezamos.

La primera mañana que se lo llevó a correr, fueron al Tompkins Square Park, cercano a la casa de ella. No llevaban ni diez minutos corriendo, cuando Castle, tuvo que pararse a tomar aire. Kate que corría mucho más despacio de lo habitual en ella, para que él pudiera seguirle el ritmo, se volvió al ver que no la seguía, y sin pararse se le acercó riendo.

- Solo diez minutos Ricky, y tú eras el que decía que estabas en forma.

- Robert tendrá que recompensarme esto de alguna manera – replicó entre jadeos.

- ¿Robert?, ¿Qué Robert? – preguntó desconcertada.

- El alcalde, que Robert va a ser – volvió a jadear – llevo un rato con la lengua fuera, arrastrándola por el suelo, le estoy ahorrando unos cuantos miles de dólares en limpieza.

- ¡Ay Castle! – rió ella – me alegro de que aun tengas ganas de bromear – y tomándolo del brazo – venga hombre un poco más, ya verás cómo mañana te cuesta menos trabajo.

- Mañana creo que no voy a poder venir – dijo muy serio, empezando a correr de nuevo.

- ¡Solo un día y ya te rajas!, no seas cobarde, Castle, además si no sudamos juntos no nos duchamos juntos – y empezó a apretar la carrera para alejarse de él.

- Todo sea por la causa – se dijo Castle y haciendo un supremo esfuerzo, siguió corriendo.

En pocos días, aunque sin llegar a alcanzar el ritmo de ella, Castle fue capaz de correr durante más tiempo y cada vez se cansaba menos. Ya salían hasta la zona de East River, si salían de la casa de ella, o por el parque cercano al río Hudson, si salían de casa de él, pues al ser más grandes, podían correr más.

Esa mañana de domingo, que amanecieron en casa de Kate, Castle protestó cuando ella lo llamó para ir a correr, diciendo que estaba muy cansado, pues se habían acostado muy tarde viendo un maratón de cine de terror y que por un día que descansaran y no salieran no pasaba nada.

Ella tan terca y obstinada como siempre, le dijo que si estaba cansado para correr, estaría cansado para cualquier otra actividad física que se le antojara durante el día, por lo que él se calló, sabiendo que ella cumpliría su amenaza y sin más protestas, salió a correr.

Así que como otros muchos días, iban corriendo a buen ritmo, junto al río. De pronto y sin que se dieran cuenta, alguien que no llegaron a saber, si era chico o chica, pues llevaba una sudadera negra con la capucha puesta, apareció corriendo a gran velocidad, y al no tener espacio suficiente para pasar le dio un fuerte empujón a Castle, que lo hizo tambalearse, y casi perder el equilibrio.

- ¿Estás bien Castle? – se paró a su lado a preguntarle.

- Sí, creo que si – jadeó él – me ha dado un codazo terrible en el costado, me ha dejado sin aliento.

- ¿Puedes seguir? – le preguntó.

- Pues claro – dijo incorporándose – ahora que soy capaz de medio seguirte el ritmo, no me voy a echar para atrás por un codazo de nada.

Siguieron corriendo, pero no llevarían ni diez minutos cuando Castle volvió a pararse jadeante.

- ¡Vamos Rick!, que al final va a resultar que un simple codazo si va a poder contigo – le dijo Kate con cierta sorna, mientras que daba vueltas alrededor de él sin dejar de correr – ¡ánimo!, que ya sabes que si no corres, luego no hay premio – dijo refiriéndose a la ducha compartida que se había hecho rutina, después de correr cada mañana.

- ¡Ay, como te aprovechas de mí! – dijo incorporándose – todo sea por ese ratito bajo el agua – y fue a empezar a correr de nuevo, pero un fuerte dolor en el lado, le hizo perder de nuevo el aliento y ponerse la mano sobre el costado.

- ¡Castle! – dijo Kate alarmada – ¿te encuentras bien?, ¡estás muy pálido!, ven, sentémonos en ese banco.

- Me falta el aliento… – logró decir.

- ¡Castle! – gritó Kate al darse cuenta que entre los dedos de la mano le salía sangre.

Le apartó la mano y notó con horror que una gran mancha de sangre le empapaba la camiseta a la altura del vientre.

- ¡No te dio un codazo, te pinchó con algo!, ¡vamos siéntate en ese banco, llamaré a una ambulancia! – dijo preocupada.

Rick no se hizo de rogar, le dolía y empezaba a marearse. Kate sacó el móvil de la riñonera que llevaba y llamó a una ambulancia. Era temprano y además domingo, por lo que no había mucha gente por allí, así que el percance pasó desapercibido para los transeúntes.

Kate se quitó la sudadera, y luego la camiseta que llevaba quedándose solo con el sujetador deportivo.

- ¡Huy! – dijo Castle con la voz bastante apagada – ya sabes que me encanta ver como te desnudas delante mía, pero ahora no estoy para hacerte muchas fiestas.

- Es un alivio ver que aun te quedan ganas de bromear – dijo haciendo una bola con la camiseta y taponando la herida – aprieta aquí todo lo fuerte que puedas – mientras ella se ponía la sudadera.

Al poco tiempo se escucharon las sirenas de la ambulancia. En cuanto llegaron se bajaron los paramédicos y en seguida atendieron a Castle. Lo pusieron en una camilla, le abrieron una vía poniéndole un gotero y en un momento ya lo subían a la ambulancia.

Kate pidió ir con ellos y le hicieron un hueco dentro de la ambulancia, donde empezaron a preguntarle, a la vez que atendían a Castle, que cada vez se encontraba peor.

Llegaron al hospital, y ella se quedó esperando sin saber muy bien que hacer. Una mañana que había empezado tan bien, como preludio de un fin de semana prometedor, y ahí estaban ahora, en el hospital, con él desangrándose.

No quiso llamar a Martha y a Alexis, por no alarmarlas, hasta saber que tal estaba Castle.

Al cabo de un rato, salió el médico diciéndole que el paciente estaba bien, que la herida no había sido grave, de hecho no habían tenido que darle muchos puntos y que no había interferido ningún órgano importante, pero que había perdido bastante sangre, por lo que debería quedarse al menos un par de días, hasta ver como evolucionaba, ya que le estaban haciendo una transfusión.

Kate suspiró, pensando que debería haberle hecho caso y no haber salido a correr ese día, y se hubieran evitado pasar por ese susto y una estancia no deseada en el hospital.

Le dijeron que podía entrar a verlo. Pasó a la habitación donde lo habían instalado. Allí estaba acostado, bastante pálido y enchufado a un gotero de suero y a otro con una bolsa de sangre.

Se acercó a él y lo besó en los labios preguntándole:

- ¿Cómo te encuentras?

- Igual que si hubiera corrido un maratón y me hubieran apuñalado después – dijo intentando esbozar una sonrisa.

- Muy gracioso – dijo un poco molesta – siento haber insistido en que saliéramos a correr.

- No te preocupes, no ha sido tu culpa – le dijo él – ahora no podré volver a correr hasta que no me quiten los puntos – dijo con cara de falsa pena.

- Ni correr ni hacer ningún tipo de esfuerzo físico – le contestó con una sonrisa al ver como a él le cambiaba la cara.

- Bueno, pero si me puedes dar muchos mimos – dijo con el puchero puesto.

- Claro que sí, ¿Qué tal si empiezo ahora? – y sentándose con cuidado en el borde la cama empezó a besarlo despacito.

- ¡Hummm, enfermera Becket, me encanta como me cuidas!

- Y a mí me gusta cuidarte, oye ¿Quieres que avise a Alexis y a Martha? – le preguntó.

- No hace falta, cuando me den el alta, podemos ir unos días a Los Hamptons si a ti te parece bien, y entonces le contamos, no quiero preocuparlas, tampoco ha sido tan grave.

- Como quieras.

Fueron interrumpidos por el médico, que venía a preguntarles si querían denunciar la agresión. Ellos se miraron y Kate dijo que ella era policía, así que se encargaría de todo. El médico se marchó de nuevo.

- ¿Debería denunciarlo? – preguntó él indeciso.

- Como quieras, es tu decisión.

- La verdad es que no sé, ni siquiera vi a quien lo hizo.

- Podría decírselo a Ryan, que indague a ver si averigua algo.

- Y vas a decirle que estamos juntos, porque si le pides que investigue, se va a tener que enterar, ya sabes que a mí no me importa…

- Si, ya lo sé y si se lo digo a Ryan, habrá que decírselo a Espo, que si no se iba a molestar…

- Bueno, tampoco ha sido tan grave, si me hubiera muerto entonces sí que tendrías que decirlo a todos, organizar el funeral, llamar a la prensa…

Ella lo miró con cara de querer matarlo.

- ¿Cómo se te ocurre siquiera pensar eso?

- Kate, es una broma, ha sido un accidente fortuito, me ha pasado a mí como podría haberle pasado a cualquiera…

- No hables de morirte, ¿vale? – le dijo besándolo – con lo que me está costando acostumbrarme a ti.

Él le acarició el pelo y correspondió al beso.

- Nosotros no moriremos nunca, nuestro amor es inmortal.

- ¡Huy pero que bonito y que romántico! – les interrumpió una enfermera que entró a la habitación – aquí traigo su comida señor Rodgers, hasta los inmortales tienen que alimentarse – y salió de la habitación riéndose.

- ¿Tienes hambre?, a ver que te han traído – dijo Kate destapando la bandeja.

El olor a comida hospitalaria inundó la habitación.

- No tengo hambre.

- Pero tienes que comer algo – insistió ella.

- Kate de verdad que no tengo apetito, puedes comételo tú si quieres, que tampoco has comido nada hoy.

- Pero yo no soy la enferma.

- Eso me recuerda, que deberías ir a casa y descansar un rato – dijo serio él – te aseguro que no me voy a mover de aquí.

- ¿Quieres que me vaya? – le preguntó sorprendida.

- ¿Te has visto cómo estás? – le dijo él.

Ella se miró, ropa deportiva, despeinada, llena de sangre. Realmente estaba hecha un desastre.

- Vale, no estoy en mi mejor momento – dijo con media sonrisa.

- Y aun así estás preciosa, pero serás mejor que te vayas a casa, te duches, te cambies de ropa, comes algo y descansas un rato, y ya luego te vienes otra vez, ¿vale?

- Y mientras, ¿Quién va a cuidar de ti?

- Seguro que hay por ahí alguna enfermera sexy a la que no le importa hacer un esfuerzo y cuidar de mí.

Estuvo a punto de pegarle, se contuvo al recordar el estado en que se encontraba.

- Vale, pero primero te lo comes todo y luego voy a casa.

Hizo un esfuerzo e intentó comer, aunque solo fue capaz de tomarse la sopa y la gelatina que le habían traído de postre, porque enseguida empezó a cabecear quedándose dormido.

La enfermera que pasó a recoger la bandeja, le dijo que no se preocupase, que entre la medicación que estaba en el gotero, iba un calmante y un sedante suave, pues necesitaba descansar, que bastante había aguantado despierto.

Kate le dijo a la enfermera que iba un rato a la casa a cambiarse y esta le dijo que no se preocupase, le dejó el número de teléfono y se marchó.

Cuando llegó a su casa, se duchó y se cambió de ropa, se preparó un sándwich y en cuanto terminó de comer, se volvió al hospital, no quería dejarlo solo, como tampoco quería estar sola ella.

Llegó al hospital y él seguía dormido, la enfermera que la vio, le sonrió comentándole que había sido supersónica por lo poco que había tardado. En la habitación se sentó a su lado tomándole la mano, y al relajarse, ella también se quedó dormida.

Afortunadamente, solo tuvo que estar un par de días en el hospital, le dieron el alta y le recomendaron que volviera a la semana, para quitarle los puntos que no habían sido muchos.

Decidieron no denunciar la agresión con tal de no destapar lo suyo, pero como Kate se sentía un poco culpable, hizo un par de llamadas a compañeros de otras comisarías y diciendo que el percance le había ocurrido a un conocido pero que no quería que se supiese, se enteró de que habían detenido a un chico de unos dieciséis años, con una navaja, que había participado en un robo. Huía por el parque con la navaja en la mano y al chocar con Castle lo pinchó. No fue una agresión premeditada, sino fortuita. El chico había sido juzgado y llevado a un centro de menores.

Se fueron al loft, para que él estuviera más cómodo. Aprovechó la convalecencia para escribir, ella lo mimaba y más de una vez le tuvo que parar los pies, porque cuando se ponían cariñosos, era incapaz de controlarse, empezaba a meterle mano y ella tenía que retirarse aunque no le apeteciera, porque sabía que era capaz de dejar que se le saltaran los puntos con tal de no contenerse.

Castle insistía en que si iban con cuidado, podían hacerlo, pero ella era tajante, y le decía que hasta que no hubiera puntos, no habría sexo y que si era bueno, cuando terminara la convalecencia le tenía preparada una sorpresita. Así, ante esas promesas de ella, él fue capaz de pasar los diez días, y le pareció mentira cuando fueron al hospital y el médico le quitó los puntos, diciendo que la herida había cicatrizado muy bien, que ya podía hacer su vida normal, aunque debía ser cuidadoso pues la zona aún estaba sensible.

No le hicieron falta más explicaciones, ella quiso dar un paseo, él no, solo quería irse a casa y disfrutar de su sorpresa. Ella reía ante la impaciencia de él, diciendo que debería esperar unos días más que aún estaba sensible. Pero él, siguió insistiendo de tal manera, que al final la convenció y se fueron a la casa. En cuanto entraron, empezó a apremiarla, para que le diera su sorpresa, insistiendo igual que un crío pidiendo chucherías. Ella se puso seria.

- ¡Castle, ni que tuvieras tres años! – exclamó exasperada – mientras más insistas, más me voy a enfadar, y si me enfado no hay sorpresa.

- ¡Ofú! – protestó resoplando – entonces, ¿Qué?

- Te vas a la cama a dormir un rato la siesta, el médico te ha recomendado reposo – le apremió ella – y si te portas bien, a lo mejor mañana hay sorpresa.

- ¡Tirana! – le espetó enfadado – ¡que sabrá el médico lo que yo necesito!

Y enfurruñado se fue hacia la habitación, para ponerse el pijama y meterse en la cama. Ella entró detrás de él.

- ¡Quédate conmigo! – le pidió poniendo cara de pena – no quiero estar solito.

- Si me quedo contigo no vas a descansar, me quedo en el estudio y veo un rato la tele.

- Pero Kate… – empezó a protestar.

- Pero Kate nada, a descansar. Si necesitas algo me llamas… pero no vale llamar hasta dentro de media hora por lo menos – le dijo sabiendo positivamente que en cuanto se quedara solo empezaría a llamarla.

- ¡Ofú! – volvió a protestar.

- Descansa un rato – le dijo mientras le daba un besito en los labios.

Salió cerrando la puerta y aprovechó para subir al baño de arriba, a preparase para la sorpresa que quería darle, sabiendo que empezaría a llamarla enseguida.

Se arregló y cuando se miró al espejo se dijo:

- ¡Ay Katherine Becket, quien te ha visto y quién te ve!, menudas pintas que llevas, quien me iba a decir a mí, que acabaría poniéndome esto.

Y se fue al estudio a esperar que él la llamara. Lo que no esperaba es que terminara durmiéndose, así que tuvo que esperar más de la cuenta.

Al cabo de un par de horas sintió que la llamaba.

- ¿Kate? – la llamó.

Ella que lo escuchó enseguida se preparó para su actuación.

- ¿Me ha llamado señor Castle?, aquí está la enfermera Becket para atenderlo.

Castle no podía creer lo que tenía delante. Becket estaba enfundada en un disfraz de enfermera acharolado blanco con los cuellos rojos, muy, muy apretado y muy, muy sexy. De hecho era el disfraz de guarrona, que él le pidió que se comprara para una fiesta de Halloween que había celebrado hacía un par de años en su casa. Además del ceñido vestido, llevaba medias de liga blancas, una cofia y estaba muy maquillada.

- ¡Uf enfermera Becket!, venga rápido a atenderme que se me está parando el corazón y me falta la respiración – dijo jadeando – necesito que me haga la respiración boca a boca.

- Aquí viene su enfermera particular, dispuesta a darle sus mejores cuidados. Quédese quieto que voy a reconocerlo.

Castle estaba inmóvil y expectante, ella empezó a desabrocharle la camisa del pijama e iba besando cada lugar que descubría, mientras le decía que por esas zonas estaba muy bien. Estuvo un rato dedicada a su pecho, jugando y lamiendo sus tetillas, besaba su vientre, teniendo especial cuidado en donde estaba la reciente cicatriz. Se detuvo un rato en el ombligo mientras empezaba a desabrochar los pantalones.

Él quería tocarla, arrancarle ese uniforme que lo había puesto a cien nada más verlo, pero ella no le dejó, apartó sus manos y le dijo que era ella la que tenía que curarlo. Volvió a su bajo vientre y siguió con las caricias y besos, la erección de él era cada vez más grande. Ella de pronto dijo con voz falsamente preocupada.

- ¡Huy señor Castle, tiene usted aquí un bulto muy sospechoso que tengo que observar y analizar! – mientras decía esto le tomó el miembro con las manos y empezó a acariciarlo – lo que más me preocupa es que cada vez se está poniendo más grande y duro.

- ¡Por favor Kate, no voy a poder soportarlo! – decía jadeando.

- Claro que sí, yo le ayudaré – y se inclinó para besar y chupar su erección.

Cuando vio que estaba casi al límite, se abrió el vestido. No llevaba nada debajo, solo el liguero con las medias de encaje blanco.

- Enfermera, no llevas nada debajo – dijo con un gemido.

- Como si me cupiera algo con lo apretado que es esto – dijo ella.

Se sentó sobre sus piernas, sin dejar de acariciarlo por sus zonas más íntimas, se inclinó a besarlo, él aprovechó para acariciarle los pechos, pero ella le retiró las manos, diciendo que él era el paciente, que esta era su sorpresa y la tenía que disfrutar. Se incorporó para ir luego bajando sobre la erección de él, dejando que la penetrara hasta el fondo. Empezó a moverse, primero lentamente y luego fue aumentando el ritmo, hasta que terminaron los dos gritando en un explosivo orgasmo, que los dejó agotados. Ella se retiró para no recostarse sobre su tripa, pero él la atrajo diciendo entre suspiros y gemidos.

- ¿Cómo se te ocurrió esta sorpresa enfermera Becket?, ha sido un regalo estupendo.

- La idea me la diste tú, el día que te hirieron. Cuando me vine a cambiar y me dijiste que no me preocupara, que ya te cuidaría alguna enfermera sexy, se me vino la imagen del disfraz a la cabeza, y me dije que la única enfermera sexy que te cuidaría sería yo.

Estuvieron un rato abrazados, hasta que Kate se levantó diciendo:

- Voy a quitarme el modelito, que tengo que devolverlo.

- ¿No lo compraste? – preguntó sorprendido.

- No, solo lo alquilé.

- No quiero que lo devuelvas, puede servirnos para jugar a los médicos otro día – dijo él.

- De acuerdo, lo compraré – no le hizo falta que le insistiera, pues ella también había disfrutado de la sorpresa – pero de todas formas voy a cambiarme, y cuando vaya a pagarlo, te buscaré algún modelito que te venga bien a ti – dijo saliendo para coger la ropa que llevaba puesta antes y cambiarse.

- ¡Huy, estoy deseando ver que me traes! – dijo con sonrisa picarona - ¿Qué tal de gladiador?, ¿O quizás de Hércules? ¿O qué tal de guerrero?– siguió divagando.

- ¿Qué te parece de oso Yogui?, ¿O de Teddy Bear?, ¿O de Winnie de Pooth? – dijo ella sonriente.

- ¿Por qué siempre de oso?, ¿tan feroz soy? – dijo dándose importancia.

- ¿Feroz?, son ositos de peluche – se rio ella – diría más bien blandito y adorable.

- Claro que soy adorable, pero un oso, al fin y al cabo, y puedo volverme muy feroz, grrrrr – gruñó.

- ¿Tienes hambre? – cambió ella de tema.

- Todavía no – dijo él, y tendiéndole la mano para que se acercara – ven aquí mamá osa, que papá oso tiene varias cosas que decirte – y le hizo hueco para que se sentara en la cama junto a él.

- ¿Qué te parece si luego preparo algo de equipaje y mañana nos vamos a Los Hamptons? – le dijo ella.

- ¿Ya sabes que mi madre y mi hija siguen allí y que no tendremos tanta intimidad?

- Sí, pero me muero de ganas por conocer tu casa de veraneo, creo que podré soportar la falta de intimidad, de hecho a ti te vendrá bien el reposo.

- Bueno, si insistes.

- Insisto.

CONTINUARÁ…

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por maria_cs el Vie Sep 21, 2012 11:49 pm

Love Love Love Love

Me ha encantado!!!!!!!

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por marypaz el Sáb Sep 22, 2012 12:19 am

Bueno ya me he puesto al día con el fic.
Por cierto había dejado una respuesta bastante larga, y me ha ocurrido alguna vez, si se solapa con otro comentario....uno de los dos se pierde, en este caso ha sido el mio.
Me da rabia porque ahora es como si me hubiera quedado sin la chuleta.
Bueno... en fic está muy interesante, y lo iré leyendo a medida que lo subas, para no enredarme con otros, y no hacerme un lío.
Me gusta como escribes, y este fic pinta bien. A ver como se iran desarrollando los acontecimientos. (Dices que has escrito en otro foro y en otra serie, igual nos conocemos, con otros nombres, je, je)

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por Teresita_yocastle$$NYPD el Sáb Sep 22, 2012 2:43 am

QUE BIEN OTRO CAPITULO ESCRIBES INCREIBLE Thumb

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por castle&beckett..cris el Sáb Sep 22, 2012 3:04 am

Preciosooooo

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por Shura-chan el Sáb Sep 22, 2012 4:24 am

Me encanta Very Happy sigue

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por Jorja el Sáb Sep 22, 2012 5:45 am

Jajaja contentó Castle con su enfermera! Genial el capítulo, aunque creo que Rick no va a salir a correr más Razz

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por Libou el Sáb Sep 22, 2012 9:30 am

Uy que bonico. Pero... sigo sin entender el nombre y, creeme, estoy ansiosa por saberlo. Think

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por Maku_Stanathan el Dom Sep 23, 2012 6:47 am

Me lo leí todo, todito hoy... No sabias que habías comenzado un nuevo fic Cata, me encanta como escribes así que a partir de hoy esperare las actualizaciones de tu fic Smile
Éxitos, siempre me gustan tus historias.

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por rakel el Dom Sep 23, 2012 6:58 am

Cata......¿qué te digo?. me encanta tus fics, y este no es menos.
Sigue escribiendo maravillosamente como lo estás haciendo.
Me declaro tu FAN.
Y estoy deseando volver a leer otro capítulo de esta gran historia.

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por silvanalino el Dom Sep 23, 2012 11:07 am

Maku_Stanathan escribió:Me lo leí todo, todito hoy... No sabias que habías comenzado un nuevo fic Cata, me encanta como escribes así que a partir de hoy esperare las actualizaciones de tu fic Smile
Éxitos, siempre me gustan tus historias.

Por lo visto no fui la unica que lei todos los capitulos hoy!!!!
Cata adoro tus fic!!! pero eso ya lo sabes, no vi que tenias uno nuevo!!
Me encantaaaaaaaaaaaaa, siguelos.

PD: muy buenas las situaciones con Alexis y ellos!!!!!

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por Cata Castillo el Lun Sep 24, 2012 5:48 am

¡Hola! Como ahora estoy por aquí, os dejo otro capitulito, para amenizar la larga espera. Espero que os guste. Muchas gracias por leer y por comentar.

Capítulo 4:

Pero sus planes de irse a Los Hamptons se iban a ver truncados. Esposito se había reincorporado a su puesto de trabajo y volvía a formar pareja con Ryan. Su relación seguía siendo bastante tirante, se hablaban estrictamente lo necesario. En sus trayectos en coche, Ryan se había disculpado con su compañero, le había dicho, que Kate le había perdonado por inmiscuirse, incluso le había dado las gracias por salvarle la vida.

Pero era como si le hablara a la pared, Esposito, no le contestaba, aunque si le escuchaba y en el fondo de su alma, sabía que su compañero tenía razón, que probablemente él hubiese hecho lo mismo por salvar a Becket, pero era tanto su orgullo y su cabezonería, que no había manera de que diera su brazo a torcer de momento. Había decidido castigar un poco a su compañero.

Las cosas cambiaron radicalmente una tarde, durante la persecución de un sospechoso, que estaba a punto de escapárseles. Iban corriendo tras él, por unos almacenes abandonados, y en un momento determinado, al verse acorralado, se volvió sacando una pistola y apuntando directamente a Esposito. Ryan, lo vio antes y reaccionó empujando a su compañero para quitarlo de la trayectoria de la bala, con tan mala fortuna que fue él quien se llevó el disparo. La bala le atravesó el hombro izquierdo y fue a incrustarse en una viga cercana.

Esposito aprovechó el momento de confusión y fue capaz de reducir al sospechoso, mientras llamaba por radio para que mandasen refuerzos y una ambulancia. Ryan, muy pálido se sujetaba el brazo que sangraba abundantemente. A Esposito le dio un súbito ataque de mala conciencia y quiso abrazar a su compañero, mientras se disculpaba por haber sido tan terco. Ryan se apartó de él, diciéndole que ni se le ocurriera tocarlo, que le dolía mucho, que ya hablarían y que se encargara de avisarle a Jenny, pero sin asustarla mucho.

Así que la persecución de ese día terminó con Ryan en el hospital, la reconciliación de este con su amigo, y la visita de Lanie y Gates, que fue a interesarse por él. La herida no fue muy grave, pues la bala había entrado y salido limpiamente, pero había desgarrado un musculo y perdido bastante sangre, así que tendría que estar un tiempo alejado del servicio guardando reposo.

Este hecho hizo que Gates, tomara la decisión de llamar a Becket. Estaba esperando que ella, en algún momento después de terminar el mes de sanción, dijera que lo había pensado mejor y le pidiera volver, a lo que ella accedería pues era su mejor detective y no estaba dispuesta a perderla por un ataque de soberbia.

Pero ella de momento no había vuelto, aunque claro, solo habían pasado dos días, pero con Ryan herido, el equipo volvía a estar incompleto, así que no lo pensó y la llamó, citándola en la comisaría.

Ella en principio iba a negarse a ir, pero Castle le insistió, más que nada porque hablando con ella, había notado la añoranza que sentía por su trabajo. Él sabía mejor que nadie, que estuviese o no estuviese el caso de su madre, ella deseaba volver, eso era lo que le gustaba hacer y esa era su vida.

Cuando llegó a la comisaría solo vio allí a Esposito, iba a preguntarle por Ryan, pero no sabía cómo andaban las cosas entre ellos. De todas formas solo le dio tiempo a saludarle, Gates la había visto llegar y la llamó a su despacho.

Le dijo que no había tramitado su renuncia, porque antes de hacerlo quería preguntarle con la cabeza bien fría, si había reconsiderado su decisión. Ella que después del mes de obligado descanso y la serenidad personal que le aportaba su reciente relación con Castle, estaba más calmada después de todo lo que pasó, decidió ser humilde y disculparse con su jefe, prometiéndole que no volvería actuar por su cuenta y riesgo si volvía a presentarse la ocasión y agradeciéndole que le diera una segunda oportunidad.

Gates, le devolvió la placa y la pistola, diciéndole que le recordaba demasiado a ella misma de joven, y que era un desperdicio para el departamento de policía de Nueva York que no trabajara para ellos a causa de un ataque de orgullo. Abrió el cajón y le devolvió, su placa y su pistola. Kate le dio las gracias y antes siquiera de poder preguntarlo, Gates le dijo:

- ¡Ah! y puede traerse a ese escritor suyo, si quiere – y la despachó sin más diciéndole que su compañero Esposito le informaría del percance de Ryan.

Al oírla decir, el percance de Ryan, la miró preocupada.

- No ha sido nada grave, aunque si aparatoso, ya le contará Espósito.

Salió del despacho y ya pudo hablar con su compañero, que le contó todo lo ocurrido, alegrándose mucho de volver a tenerla allí.

- Oye Becket, ¿sabes algo de Castle? – le preguntó.

- Gates ha dado permiso para que siga viniendo – dijo ella por toda respuesta – ya le aviso yo – haciéndose la desentendida.

- Pero, ¿no le has visto desde lo de Maddox?

- Bueno si, un día nos encontramos y estuvimos hablando mucho rato, nos tomamos unas cervezas, ya sabes – dijo sin querer dar muchas explicaciones.

- Pero no ha venido en el tiempo que tú no estabas, que me lo dijo Ryan, se supone que hubiera tenido que seguir viniendo, es un asesor de la NYPD, o ¿solo es asesor de la inspectora Becket? – preguntó con cierto tono de sarcasmo.

- Yo que sé porque no vino, le preguntas a él cuando venga – dijo tratando de escurrir el bulto – aunque debería avisarlo y contarle lo de Ryan, por si quiere venir el también a verlo al hospital – y diciendo eso, cogió el móvil para llamarlo.

Se fue a la sala de descanso a prepararse un café y a tener algo de intimidad para hablar con él, porque Esposito la seguía mirando como si supiera algo. Cuando le contestó, le dijo que se había reincorporado, que Gates había dado permiso para que volviera y le contó también lo que le había ocurrido a Ryan, para terminar preguntándole:

- ¿Vas a venir?, de momento no hay ningún caso y me toca hacer una montaña de papeleo, pero a lo mejor te apetece hacerme compañía.

- Ya sabes que siempre me apetece acompañarte, pero antes quisiera hablar con Alexis, aunque sea por teléfono, ya sabes que no es muy partidaria de que trabaje contigo…

- ¿De qué trabajes conmigo o de que estés conmigo? – lo interrumpió ella sin poderlo evitar.

- Ella no tiene nada en contra tuya, Kate, es solo que han pasado muchas cosas últimamente y está un poco confundida, pero ya no es una niña y va a tener que aceptarte, si o si, por eso prefiero ser yo quien le diga que voy a volver a la comisaría, porque ella tenía intención de seguir trabajando con Lanie cuando volviera de Los Hamptons.

- Hablando de Lanie, tengo que hablar con ella para decirle que he vuelto y recordarle que no tiene que decir nada de lo nuestro, y te dejo ya porque Esposito está pendiente y no pierde detalle. ¿Nos vemos entonces en el hospital luego?

- De acuerdo. Un beso.

Y colgaron para hacer las otras llamadas. Castle habló con Alexis y esta se mostró bastante razonable, diciéndole que llevaba días esperando esa noticia. Solo le dijo que tuvieran mucho cuidado los dos, estuvieron hablando un rato y se despidieron, hasta dentro de unos días en que ella y su abuela, volverían a la ciudad.

Por su parte Kate había quedado con Lanie para comer, esta se mostró ansiosa por saber novedades de la nueva pareja. Kate no hacía más que rogarle, que no se le fuera a escapar, hasta que su amiga le dijo que como volviera a recordarle que no dijera nada, lo iba a terminar gritando y que lo dejase ya que la estaba poniendo histérica.

Por la tarde se encontraron todos en el hospital, para visitar a Ryan, el cual estaba bastante mejor y sería dado de alta al día siguiente, aunque aún le quedaba reposo y rehabilitación.

Se alegró mucho de saber que de nuevo estaban allí Castle y Becket, y que el equipo volvía a funcionar como antes.

Al día siguiente, Kate se levantó muy temprano, se duchó y se preparó para ir a la comisaría. Intentando no despertarlo, se metió al cuarto de baño, pero fue el ruido de la ducha, lo que al final lo despertó.

Se levantó para prepararle el desayuno, ella al salir y no verlo en la cama y oler el café, sonrió con ternura. Ninguna de sus parejas anteriores, se había levantado única y exclusivamente para prepararle el desayuno, teniendo en cuenta además que Castle se acostó bastante más tarde que ella, pues se quedó escribiendo.

Cuando llegó a la cocina, ya tenía su desayuno preparado.

- ¿Tú no tomas nada? – le preguntó después de darle un beso.

- Ahora no, cuando te vayas creo que voy a dormir otro rato.

- ¿No vas a venir entonces? – dijo mientras desayunaba.

- Llámame si hay un caso, si no me quedo en casa y sigo escribiendo, se acerca el plazo de entrega, y como no he escrito mucho estos días, no quiero estar agobiado.

- Bueno, voy a echarte de menos.

- Y yo, pero esta tarde podemos salir al cine o a cenar por ahí.

- Tengo que irme – dijo sin ganas de hacerlo.

- Toma – le dijo él dándole el bolso – te he preparado la cartera – como si la mandara al colegio – se buena, no te pelees con los demás chicos, ten mucho cuidado y dale esto a la maestra, bueno a Gates, que es lo más parecido que hay por ahí y le tendió una brillante manzana roja.

- ¿Está envenenada? – dijo ella con una sonrisa que no le cabía en la cara, por el detalle de él – se parece a la manzana de Blancanieves.

- No me des ideas, no me des ideas – y le dio un beso, que haciendo un esfuerzo sobrehumano, ella tuvo que cortar, pues veía que se quedaba en la casa.

Al irse ella, él recogió y volvió a acostarse. Había dormido muy poco la noche anterior, así que en seguida se quedó dormido.

Mientras Kate llegaba a la comisaría y como el día anterior, se puso a hacer papeleo. Había mucho pendiente, y se enfrascó tanto en el trabajo que no se dio cuenta de la hora que era hasta que la llamó Lanie por si quería comer con ella, o se iba con Castle.

Como Castle no iría ese día con total seguridad, quedó con su amiga en una cafetería cercana que solían frecuentar.

Cuando Kate llegó, ya Lanie estaba allí.

- Chica, te ves radiante – dijo la forense – parece que el chico escritor te tiene bien contenta, ¿eh?

Por toda respuesta, Kate esbozó una radiante sonrisa.

- Lo que yo te digo – siguió su amiga – hacía tiempo que no te veía así, ni chico de la moto, ni policía guaperas…

- Vale, vale, tienes razón, estoy feliz con Castle, ¿contenta?

- La que está contenta eres tú, guapa, que vaya cara de felicidad que llevas.

- ¿Tanto se me nota? – preguntó preocupada.

- Bueno, últimamente estabas un poquillo avinagrada, pero desde que el chico escritor te está regando el huerto, resplandeces como…

- ¡¡¡Lanie!!! – dijo queriendo parecer escandalizada, pero sin poder evitar la sonrisa – ¿no le habrás dicho nada a Javi, eh?

- Oye – dijo su amiga fingiendo molestia – ¿Qué parte de no voy a decirle nada a nadie no entendiste?

- Vale, no te molestes, es que Javier me mira raro, pregunta por Castle, que si no lo he visto en todo este tiempo, que si tenía que haber seguido viniendo a la comisaría…

- Es normal, el chico escritor es su amigo y él también lo echa de menos, aunque no tanto como tú, claro – rio su amiga.

- ¡Ay Lanie! – suspiró Kate – no veas la de veces que me he preguntado porque no me decidí antes para estar con él, la cantidad de tiempo que hemos perdido, yo y mis tontos miedos.

- Bueno, pero ya está hecho, no hay que mirar atrás ni para coger impulso – le dijo su amiga – ahora a disfrutar de lo que tienes y a confiar mucho en él, porque te ha demostrado con creces lo que siente por ti y lo importante que eres para él.

- ¿Por qué me dices lo de confiar en él? – preguntó con cierto recelo.

- Ya sabemos cómo de azarosa ha sido la vida del chico escritor, quien quita que le aparezca alguien de su pasado, o que sufra un ataque de fans calenturientas, pero lo importante es como es ahora, el pasado es eso, pasado.

- ¿Por qué me dices eso?, ¿Qué sabes tú que yo no sepa? – preguntó Kate bastante mosqueada.

- No sé nada, pero me refiero a la actitud que acabas de demostrar ahora mismo, Castle ha tenido su pasado, como tú el tuyo, guapa, que no te has dedicado a hacer calceta precisamente, por eso te digo que lo importante es el presente… ¡mal pensada!, yo dándote mis mejores consejos y tú ya viendo fantasmas.

- Lo siento, sé que voy a tener que lidiar con sus ex, una porque es la madre de su hija, y otra porque es su editora, así que intentaré no agobiarme mucho – dijo con un suspiro.

Siguieron hablando de varios temas, mientras daban cuenta de su almuerzo, hasta que Becket dijo:

- Bueno, estoy encantada aquí hablando contigo, pero tengo que volver al trabajo, la montaña de papeles parece que siempre está igual, estar todo el día sentada me pone de los nervios.

- Si quieres mato a alguien y hago que parezca un accidente – dijo Lanie con voz teatral – y así hasta tendrías un motivo para llamar a Castle, jajaja.

Rieron las dos ante el comentario de la forense, mientras salían de la cafetería para dirigirse cada una a su lugar de trabajo.

Llegando a la comisaría, Kate miró el teléfono, pues le extrañaba no haber recibido ninguna llamada, ni ningún mensaje de Castle, seguramente estaría totalmente abstraído escribiendo, así que decidió no molestarle, e ir adelantando todo el trabajo posible, para volver pronto a casa, lo echaba de menos y tenía muchas ganas de verlo.

Pero Castle no había escrito nada en todo el día. Poco antes del almuerzo, llamó el portero por el teléfono interior, anunciando que un abogado quería hablar con él urgentemente.

Le dijo que subiera, no tenía ni idea de lo que podría querer ese abogado. Lo que no podía sospechar es que aquella visita le iba a cambiar la vida.

CONTINUARÁ…

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por marypaz el Lun Sep 24, 2012 6:33 am

Me alegro de haber entrado en el foro, así he podido leer tu última entrega, que está muy interesante.
Seguro que puede suceder algo parecido a como lo has descrito. Me gusta el nuevo enfoque.
Mi idea es la de no pasarme por aqui.... hasta que emitan en octubre la proxima temporada.
Pero claro me pregunto si tendré bastante fuerza de voluntad para hacerlo. Desde luego que intentaré no empezar a leer ningún otro fic de momento. Facepalm

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por Invitado el Lun Sep 24, 2012 6:39 am

Que intrigante la verdad es que me encanta Love

Continua pronto...Heart

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por castle&beckett..cris el Lun Sep 24, 2012 7:00 am

sigueeeeeeee

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por mery_caskett el Lun Sep 24, 2012 9:31 am

que intriga sigueee

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por Jorja el Lun Sep 24, 2012 3:34 pm

Uyyy!!! Q mal lo veo!!! Seguilo pronto!

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por Cata Castillo el Vie Sep 28, 2012 3:01 am

¡Hola! Aquí os dejo un nuevo capítulo de mi historia. A partir de ahora se pone sentimentaloide, pero así es como fueron surgiendo las ideas. Ya pronto conoceréis a la persona, a la que se refiere el título de la historia.

Espero que os guste y muchas gracias por leer y comentar, y ¡Feliz fin de semana!

Capítulo 5:

Kate pasó el día entre papeles y documentos de varios casos. Le mandó algunos mensajes a Castle, pero este no le contestó, por lo que supuso que estaría tan concentrado escribiendo que no los había oído. Lamentó que no hubiese ningún caso, y así tener una excusa para llamarlo, pero entendía que su trabajo era escribir y algunos día pasaría sin verlo, claro que por la tarde no iba a haber quien la separase de él.

Por eso cuando llegó al loft, a media tarde y entró con la llave que él le diera unos días antes, le extrañó verlo todo oscuro, pero más le extrañó la maleta que estaba preparada al lado de la puerta. De momento pensó que Martha o Alexis, o quizás las dos, habían vuelto de Los Hamptons, pero también le extrañó que solo hubiese una maleta.

Entró al salón para dirigirse al estudio, cuando se dio cuenta de que Castle estaba sentado en uno de los sillones de la sala.

- ¿Castle? – preguntó, pues no se lo esperaba ahí.

Él se levantó, estaba vestido como para salir, con pantalón y chaqueta oscuras. Tenía una extraña expresión en el rostro.

- ¡Hola Kate! – dijo en un tono bajo de voz.

- ¿Ha pasado algo?, ¿Por qué estas así?, ¿Vas a algún sitio?

- Ven, siéntate – dijo muy serio – tengo que contarte, ha ocurrido algo…

- ¿Martha y Alexis están bien? – preguntó alarmada.

- Si, si, no es de ellas.

- Entonces, ¿Qué ha pasado? – se estaba poniendo nerviosa sin poderlo evitar.

- Verás, Kate, yo… – y ya no pudo seguir.

Se derrumbó de rodillas delante de ella, pidiéndole perdón.

- Lo siento Kate, lo siento, lo siento mucho, no tenía ni idea, acabo de enterarme… Kate tienes que perdonarme, de verdad Kate, yo no quería, no sabía nada, fue hace tanto tiempo…

- Pero, ¿Qué ha pasado? – dijo pensando en lo peor, ante tanta súplica de perdón – ¿Por qué tienes que disculparte?, ¿Qué pasó?

Viendo que sigue lamentándose, se levantó y lo ayudó a levantarse del suelo, donde permanecía de rodillas. Lo llevó hasta el sillón y le dijo:

- ¿Tila o whiskey?

- Mejor una copa – dijo un poco más tranquilo.

Se acercó al mueble bar y sirvió una copa para cada uno. Se la dio, y puso la suya sobre la mesita. Castle dio un largo sorbo y suspiró. Ella solo dijo:

- Y ahora, cuéntame que es lo que ha pasado…

Él la miró muy serio:

- Ya sabes cuanto te quiero, y que junto con Alexis y mi madre, eres lo más importante de mi vida.

- Lo sé – dijo ella por toda respuesta.

- Tú mejor que nadie sabes como ha sido mi vida – suspiró – ha habido muchas mujeres, y créeme, no me enorgullezco de ello – dijo serio – Hoy me he enterado de algo, que no sé si va a afectar a nuestra relación, pasó hace mucho tiempo… nunca te hablé de ella, no por nada, sino porque no surgió la ocasión…

- ¿Ha vuelto a buscarte una antigua novia? – dijo entre temerosa y molesta, pensando en cualquier rubia despampanante ante la que ella en seguida se sintió en inferioridad de condiciones.

- Empezaré desde el principio – dijo él – hace varios años, como dos años antes de conocerte en aquella firma de libros, ¿te acuerdas? – le preguntó sin poder evitar una sonrisa.

- Claro que me acuerdo – contestó nostálgica ella.

- Bueno, pues como un par de años antes de conocerte, yo no pasaba por un buen momento que digamos. Acababa de separarme de Gina, y no de muy buenas formas, y a la que no tenía más remedio que seguir viendo. En una presentación de uno de mis libros, yo quería irme a casa enseguida, pues Alexis no se encontraba bien y estaba con una canguro, pero Gina insistía en que tenía que quedarme durante la fiesta, ya que era en mi honor y yo no podía quitarme de en medio.

- ¡Vaya! – dijo Kate a quien la rubia ex de su novio no le caía muy bien, odiándola un poquito más – no hay que conocerte mucho para saber lo que te preocupas por tu hija, no entiendo como no te excusó para que fueras a cuidarla.

- Si tú supieras… – empezó a decir él, pero se interrumpió diciendo – esa es otra historia, te sigo contando. En esa fiesta conocí a Rachel, era camarera del servicio de catering y me escuchó discutir con Gina, se me acercó ofreciéndome una copa y me dijo: “¡Vaya!, menuda fiera, ¿es tu jefa?”, o algo así, no recuerdo muy bien, yo le contesté que más o menos, y que también era mi ex mujer, y empezamos a charlar. Era una chica muy agradable, me contó que trabajaba de camarera porque quería ser actriz y estuvimos un rato hablando hasta que Gina vino a buscarme para que volviese a la fiesta. Me llamó la canguro para decirme que Alexis estaba peor, fui a decirle a Gina que ahora sí que me iba, y volvió a echarme la bronca y me prohibió irme. Rachel volvió a oírnos y me guiñó un ojo, como dando a entender lo bruja que era esa mujer. Al final y después de otra discusión, terminé yéndome de la fiesta.

- ¿Qué le pasaba a Alexis? – preguntó Kate con curiosidad.

- Anginas, de muy chica le dieron algo de lata, pero cuando empezó la pubertad, se descontrolaron y hubo que quitárselas.

- Y, ¿volviste a ver a esa chica?

- Si, a la semana siguiente en otra multitudinaria fiesta a las que Gina me obligaba a ir a promocionar mis libros. Era, y es parte de mi trabajo. Rachel, volvía a estar de turno en el servicio de catering, cuando me vio se acercó a preguntarme como estaba Alexis, me escabullí un poco y cada vez que teníamos ocasión ella o yo, nos quedábamos hablando. Claro que, a ella le riñó su jefe y a mi Gina. A esa fiesta si me quedé hasta el final. Al salir la vi esperando un taxi y me ofrecí a llevarla a su casa.

- ¿Y empezasteis a salir juntos? – preguntó curiosa.

- Nos hicimos amigos – contestó con tristeza – no he tenido muchos amigos en mi vida, ¿sabes?, con Rachel congenié enseguida, ella también acababa de salir de una relación complicada, teníamos gustos comunes, nos gustaba ir al cine con montañas de palomitas, montar en bicicleta, los parque de atracciones, los museos, el zoo. Nos gustaba estar juntos, y además no le importaba cuando venía Alexis, se llevaban bien las dos, incluso alguna vez le hizo de canguro.

- Pero, ¿no sería demasiado joven para cuidar de una niña?

- Bueno, tenía veintiséis años, a su edad yo hacía ya unos cuantos años que era padre.

- Pensé que era más joven – dijo Kate que visualizaba a la tal Rachel, como una Barbie loca y casi adolescente – ¿era bonita? – no pudo evitar preguntar.

- Sí que lo era – dijo él – y buena, eso era lo más importante.

- ¿Estuvisteis mucho tiempo juntos?

- No es lo que crees, Kate.

- ¿No irás a decirme que no te acostaste con ella?

- Sí que me acosté, pero no enseguida. Nos hicimos amigos, amigos de verdad, nos teníamos confianza, al menos eso creía yo – dijo triste – y sí, nos acostamos, unas cuantas veces, pero no estábamos enamorados y no funcionó. Nos dio miedo que esa relación, rompiera nuestra amistad, y lo dejamos… dejamos de tener sexo, pero seguimos siendo amigos. Estuvimos juntos unos meses. Un día vino contentísima, porque le habían ofrecido un papel de actriz en una comedia, pero tenía que marcharse a Canadá. Le deseé suerte, nos despedimos prometiéndonos que nos llamaríamos. Yo la llamé algunas veces para saber de ella, como le iba y eso, pero nunca me contestó. No volví a saber de ella y de lo que le pasó hasta esta tarde.

- ¿Ha estado aquí?, ¿Vino a visitarte? – preguntó sintiéndose celosa.

- Kate – dijo con profunda tristeza – Rachel ha muerto.

- ¡Oh! – solo pudo decir ella, sin poder evitar sentirse como una mala persona pues en el fondo de su corazón, saber que Rachel no volvería le había hecho sentir cierto alivio – lo siento, de verdad, ¿Qué ocurrió?

- Ha estado muy enferma durante casi dos años, hasta que al final el cáncer pudo con ella, todavía no entiendo porque no me llamó.

- ¿Cómo lo has sabido?, ¿Quién te lo dijo?

- Esta tarde vino un abogado a verme. Su bufete llevaba los asuntos legales de Rachel.

- ¿Y por qué vino a verte a ti? – preguntó curiosa.

- Por lo visto Rachel no tenía familia, su abogado me dijo que cuando arregló los detalles de su herencia, me nombró a mí su único heredero.

- ¡Mira qué bien! – dijo con ironía – millonario y heredero, ¡qué suerte la tuya, ¿y por eso estabas tan angustiado?, no lo entiendo… bueno supongo que estarás triste por la muerte de tu amiga, pero la angustia de antes sigo sin entenderla. Yo sabía que habías estado con muchas mujeres antes de estar conmigo – dijo recordando su anterior conversación con Lanie – pero eso es parte de tu vida anterior, no tengo derecho a echártelo en cara, lo importante es lo que pase a partir de ahora.

- No es solo eso… hay más.

- ¿Más? – preguntó sin entender.

- Rachel tenía un hijo, tiene algo más de cinco años. En su testamento dice que es hijo mío, por eso vino el abogado, por si quiero hacerme cargo del niño, o por el contrario lo dejo en manos del estado.

- ¡Oh Castle!, no tenía ni idea.

- Ni yo – dijo con pesar – eso es lo que no entiendo, que Rachel no me dijera nunca que estaba embarazada, o que estaba enferma, yo la hubiese ayudado, a ella y al niño.

- Lo sé – dijo Kate – pero ¿y si no es hijo tuyo?, quizás por eso no te llamó.

- ¿Y por qué me lo deja a mí, diciendo que yo soy su padre?, es más, el abogado me dijo que el niño está inscrito como hijo mío, por lo visto tiene hasta mi apellido, yo figuro como su padre en la partida de nacimiento.

- ¿Y realmente podría ser hijo tuyo? – le preguntó Kate tratando de aparentar una calma que no tenía.

- Las fechas coinciden, llevo toda la tarde echando las cuentas, perfectamente podría ser mi hijo.

- ¿Dónde está el niño ahora?

- En Washington. Rachel ha muerto allí y el niño está a cargo de los servicios sociales. Por lo visto ha estado entrando y saliendo del sistema, cada vez que Rachel tenía una crisis en su enfermedad, lo mismo en algún centro, que con alguna familia de acogida. Y yo que supuestamente soy su padre, aquí tan tranquilo – dijo apesadumbrado.

- ¿Qué vas a hacer? – preguntó sabiendo positivamente la respuesta que iba a darle.

- Pues ir a buscarlo y traerlos a Nueva York, a él y a su madre.

- ¿También vas a traerla a ella? – preguntó asombrada.

- Claro que sí, quiero enterrarla aquí, lo más cerca posible de su hijo. Kate – dijo mirándola muy serio – yo sé que esto es algo totalmente inesperado, sé que puede dañar nuestra recién iniciada relación, pero te juro que no tenía ni idea.

- Lo sé – dijo ella acariciándole la cara – pero, ¿y si no es tuyo?

- Cuando lo traiga, nos haremos unas pruebas de ADN – dijo con seguridad – cuando a Meredith y a mí, se nos coló Alexis, éramos muy jóvenes. A partir de entonces, he tenido siempre mucho cuidado en mis relaciones, no es responsable ir dejando hijos regados por ahí, pero por lo visto algo pasó y este niño puede ser hijo mío, por eso no quiero que pase ni un minuto más en un centro de acogida, Kate, yo sé lo que es ir de colegio en colegio, no tener padre, no quiero que mi hijo pase por lo mismo.

- ¿Por eso tienes preparada la maleta?, ¿Cuándo tienes que irte?

- Esta noche… Kate, yo sé que esto tiene que resultarte difícil, para mí también lo es y yo… – titubeó – tengo que hacerlo, Kate, pero entendería que no estuvieras aquí cuando regresara.

- No te entiendo, ¿Qué has querido decir?

- Que si esto te incomoda, aunque me dolería mucho, entendería que me dejaras.

- ¿Piensa que voy a dejarte porque te ha aparecido un hijo perdido por ahí?, ¿por eso me pedías perdón antes?, ya me has dicho que no lo sabías y yo te he creído, sé como quieres a Alexis, no me cabe en la cabeza que ignoraras un hijo, conociendo su existencia. Eso pertenece a tu pasado, yo también he tenido un pasado, y todavía nos quedan muchas cosas que contarnos Castle, pero yo te quiero a ti, con hijos o sin ellos, y si ahora resulta que ha aparecido un nuevo miembro en la familia, pues habrá que acostumbrarse y aceptarlo. Ese niño no tiene la culpa.

Castle sintió un gran alivio ante las palabras de Kate, se acercó a ella y la abrazó. Ella correspondió gustosa al abrazo.

- Necesitaba este abrazo, inspectora, he pasado un día espantoso.

- ¿Por qué no me llamaste?

- Para decirte: Kate acabo de enterarme que soy padre de un niño de cinco años, ¿Qué te parece?

- Podría haber venido a hacerte compañía. Sabes que te acompañaría si no acabara de reincorporarme, ¿verdad?

- Te quiero Kate, no lo olvides, no lo olvides nunca – le dijo antes de darle un beso – debería irme al aeropuerto, mi vuelo sale en un par de horas. Pediré un taxi.

- Nada de taxis, yo te llevaré.

- Pero, ¡estarás cansada!

- Ya dormiré luego, además mañana es viernes, y el fin de semana no trabajo.

- Y todavía tengo que decírselo a Alexis y a mi madre, no sé cuando llegarán. ¿Te irás a tu casa ahora que me voy?

- Supongo que sí, tampoco es plan que vuelva tu familia, y me encuentren aquí sin ti.

- Si quieres quedarte les mandaré un mensaje diciéndoles que tengo que ir a Washington por unos asuntos y que a lo mejor me esperas en casa.

- Bueno ya veremos, ¿nos vamos?

Kate lo llevó hasta el aeropuerto, y estuvo esperando con él, hasta que llegó la hora de embarcar. Se despidieron cariñosos, con un beso.

- Gracias Kate, no te haces una idea de lo que ha significado para mí, que me apoyes en esto, y que no hayas salido corriendo espantada – mientras apoyaba su frente sobre la de ella.

- No soy de esas Castle, no voy a salir corriendo al primer problema que se nos presente, como espero que tampoco lo hagas tú. Estaremos juntos en esto, ya verás como todo se soluciona de la mejor manera posible.

Volvieron a besarse, hasta que ya no tuvo más remedio que irse.

- Llámame cuando llegues – le dijo ella.

- Pero será muy tarde.

- Pues me mandas un mensaje.

- De acuerdo. Te quiero Kate.

- Y yo a ti.

Lo vio entrar por la puerta de embarque, y sintió una gran tristeza por no poder acompañarlo. Mientras salía del aeropuerto, imaginaba lo mal que lo debía estar pasando, y sintió unos poquitos de celos de la relación de él con esa tal Rachel. Evidentemente había sido importante para él, como lo fueron Meredith y Gina, o incluso aquella ex novia con la que se reencontró en un caso, aquella que por esas casualidades de la vida tenía las mismas iniciales que ella, KB.

Recordó la conversación que tuvo esa misma tarde con Lanie, como si hubiera sido premonitorio de lo que iba a pasar. No tenía nada que reprocharle, el comportamiento de Castle desde que estaban juntos, e incluso desde antes era intachable, y ella no tenía derecho a echarle en cara algo que había pasado antes de que se conociesen oficialmente, así que no le quedaba otra que aceptar a ese crío, solo esperaba que tuviera los mismo genes que Alexis y no fuese un pequeño monstruo mal criado. Nada más pensar eso, se sintió terriblemente culpable, a saber que penurias habría pasado el chiquillo. Solo quedaba esperar a ver como era.

CONTINUARÁ…

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por Massycb el Vie Sep 28, 2012 3:22 am

Me encanta!!!!

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por amnigl el Vie Sep 28, 2012 4:40 am

Oh.... siii.... esto se pone muy interesante. Seguramente ese niño sera un diablillo adorable... eso espero.

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por Maku_Stanathan el Vie Sep 28, 2012 4:54 am

Hay que susto que me pegaste, pense que era un asesino o algo por el estilo. Muy buena la reaccion de Kathe. Ya veremos como es el niño con ellos Smile
Exito!!

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por castle&beckett..cris el Vie Sep 28, 2012 7:13 am

sigue prontooooo!!!
por un momento crei ke la iba a dejar ejjeejej Razz

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

Mensaje por Jorja el Vie Sep 28, 2012 10:11 am

Un pequeño Castle, claro está que lo primero será un análisis de ADN...Muy buen cap!

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Re: Y tú, ¿Quién eres?, Epílogo

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