The Dragon (Capítulo 13)

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por rubiodav el Miér Mar 27, 2013 10:57 am

Simplemente genial

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por AlwaysSerenity el Jue Mar 28, 2013 3:33 am

A ver loca...como puedes decir que es un capi flojillo? Punch
Por tu bien continua pronto porque me tienes en plan Eink? que esta pasando??!
Castle esta vivo, escondido dios sabe donde, al igual que los archivos que tenia la victima que con ellos se resolvera su caso y tambien hundira a Bracken, y con ellos dar justicia a la madre de Kate, mientras ella esta ''vigilada'' por Gates y tiene que averiguar donde estan los archivos y todo el mundo cree Que Castle es un asesino... la pobre lo tiene bastante complicado, pobrecita mia, que nadie la va a dejar tranquila Neutral Esperemos que todo acabe bien y que la pobre sea feliz :
CONTINUA PRONTO LOCA.ORNITORRINCO! Kiss

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por agecastbet el Sáb Mar 30, 2013 7:04 am

HOLAAAAAAA¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ ya estoy de nuevo por aquí, siento no haber podido seguir leyendo y comentando antes pero no me ha sido posible, por problemas de tiempo y espacio, de tiempo por que cuando lo tenía no era el sitio de hacerlo y viceversa.
Pero al volver me he encontrado con un montón de cosas y la mayoría buenas, pues por lo menos ya sabemos que Castle está vivo, jajajajajajaja, lo demás ya se arreglará con tiempo y paciencia por lo tanto tiene arreglo, lo de morirse ya no tiene solución, jajajajajajajaja; como ves he optado por dejarme las venas largas, de momento, jajajajajajaja. Tus capítulos cada vez mejores y el flojillo ya me gustaría a mí hacer uno de ese calibre, jajajajajaja. Sigue pronto que aunque no te comente de inmediato no te creas que te pierdo de vista.
BESOTESSSSSSSSSSSSSSSSSSS

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por saratheplatypus el Mar Abr 02, 2013 12:43 pm

Holaaaaaaaa! Razz Ya estoy de vuelta por aqui! Very Happy Siento si he tardado mucho en actualizar, pero queria que este capitulo quedase... bueno, decente. Y ya sabreis por que ^^ (aunque el titulo ya de por si... xdd). Decir que muchas gracias por seguir leyendo y comentando, QUE CASTLE HA HECHO 100 CAPITULOS Love (Y PEDAZO CAPITULAZO, POR DIOOOOOOOOH! Inlove quien no ha muerto de la adorabilidad que desprende todo ese cast? <3), que sean muchos mas y podamos seguir fangirleando y esas cosas y bueeeeno. Que me pongo ñoña xddd. Espero que os guste! ^^

***

Capítulo 10: Castle

Beckett está a la defensiva porque espera que un puñado de asesinos a sueldo se echen contra ella en cualquier momento. Es lo que suele pasar cuando empieza a tirar de la manta. Y desde que habló con Castle está mucho más intranquila.

Ya ha pasado una semana desde eso y no ha preferido decir nada a nadie. Ni siquiera a Martha y Alexis, ya que no sabe por dónde va a tirar todo eso –y no quiere tener una charla con ellas en la que les diga que algo parecido al hijo pródigo ha vuelto, pero van a tener que mandarlo a la cárcel por dos cargos de asesinato-.

Tampoco se ha molestado en pedir que rastrearan esa llamada porque está casi segura de que Castle se las habrá apañado para no dejar rastro. Así que, después de todo ese tiempo, sigue igual pero tirándose de los pelos. La llamada de Castle, más que un alivio, ha sido un flaco favor.

-Beckett, hemos revuelto todos los lugares habidos y por haber donde haya podido esconder esos documentos –Esposito se acerca hacia ella, a paso agotado con Ryan pisándole los pies totalmente fatigado. Ella suspira, mirando hacia el techo y encorvándose.

Lo que no se llegaron a imaginar es que ese caso minaría todo resquicio de ganas por encontrar una respuesta a todo el tinglado que se ha montado, y los tres ya están hartos de dar vueltas y sentir que dan palos de ciego.

-¿Seguro que tienen que existir necesariamente? Igual se equivocaron o–
-No –interrumpe la detective, tajante-. No me digas que a Helen la mataron en vano, no me digas que Castle ha desaparecido porque sí.
-Siento ser tan franco, Beckett, pero te lo estás tomando como algo demasiado personal –interviene Ryan, con miedo pero decisivo.

Ella resopla y su tono de voz se eleva a la vez que se levanta de su silla.

-¿Y cómo me lo voy a tomar, Kevin? Casi me matan, Castle se supone que estaba muerto y unos tíos contratados para cargarse a todo el que se ponga en medio andan por ahí sueltos.
-Solo digo que a lo mejor estamos buscando lo que no es. Puede que hubiera un motivo, sí. Pero ¿y si no son unos documentos?
-Entonces ¿qué son?

Ryan se encoge de hombros, mirando hacia otro lado y Esposito la observa, afligido. Su expresión es tan cercana que Beckett se quiebra levemente por dentro, bajando su cabeza medio intimidada para luego volver a mirarles.

-Lo siento, pero es que… –traga saliva mientras busca las palabras adecuadas- es demasiado difícil.
-¿En el correo no ponía nada más? –inquiere el moreno, mientras Beckett busca el papel entre todo el desorden policial habido sobre su escritorio.
Ojea el documento por décima vez desde que lo tiene- No. Solo que tiene algo importante, que si la pasase algo me llamara…
-Es como si contase con que ya supieras dónde estaban.

Hay veces que la detective odia que la gente espere grandes cosas de ella, porque cuando no puede dar más de sí se siente un tanto inútil. Y eso, de algún modo u otro, la acaba fatigando de tal manera que se acaba creyendo que no es capaz de hacer ni la o con un canuto. Aunque no sea verdad, pero es de las que se toman todo demasiado a pecho.

Trabaja en Homicidios. Capullos sueltos creyéndose con el derecho a quitarles la vida a los demás. Es algo que siempre ha hecho que le hierva la sangre.

Y cuando no puede dar justicia a esas personas, sus esquemas se desploman.

-Esta es su última voluntad, chicos –señala la hoja-, no podemos hacerle esto. Tenemos que encontrar la razón por la que la mataron y meter a esos cabrones entre rejas. Helen se lo merece.

---

Ryan y Esposito han vuelto a rastrear todos los movimientos que hizo Helen antes de morir porque Beckett les ha pedido que no dejen de seguir esa huella. Que, a lo mejor, estuvo en cierto sitio poco común y lo dejó allí sabiendo que en cualquier momento iba a palmar. Lo dijo con voz poco convencida y probablemente fuera una de sus muchas maneras de decirles que necesitaba un poco de espacio, y ellos accedieron. Sabiendo que iban a perder el tiempo, pero respetan todas y cada una de sus decisiones y más aún cuando tienen que ver con tener o no un poco de espacio vital.

Como era de esperar, y al cabo de una hora, siguen con las manos vacías. Exasperados, impotentes, con una fatiga casi inverosímil. A pesar de eso, siguen insistiendo como si no hubiera otra salida.

Mientras tanto Beckett se ha ido al almacén a reordenar las pertenencias de Helen y comprobar si hay alguna pista. Aparte de unas pocas guías de viajes, recetarios, agendas sin ningún dato relevante y literatura pesada, no hay nada digno de mención.

Las fotos tampoco dicen mucho. Casi todas son con su padre y la detective puede notar cómo se le encoge el corazón cuando las ve. No es justo. Para ninguno de los dos.

Decide apartar su pensamiento antes de que se haga personal y lo asocie directamente con su madre, sacude la cabeza, se revuelve el pelo y vuelve a reordenarlas.

Y entonces se acuerda vagamente de lo que le dio Castle. Ponte en el lugar del asesino si quieres descubrir el cómo y el por qué. O de la víctima. Y, por lo que ha sacado en claro, Helen tenía prácticamente dos hogares: el bufete y su casa. En el bufete ya han estado, en su casa, también. Pero quizá se sintiera más relajada y libre donde vivía.

---

-Espo, Ryan, creo que tengo una idea –dice, mientras se acerca a su silla para coger su cazadora-. Puede que encontremos la clave en su casa. Al menos para saber dónde pudo esconder todo eso.

Ellos asienten y no se mueven, volviendo a dirigir su atención a sus respectivos ordenadores. Beckett les mira, impaciente y carraspea un poco hasta que vuelve a tener su atención y sus compañeros la miran, confundidos y encogiéndose de hombros.

-¿Venís o qué?
-¿Qué? O sea, ¿qué pasa con esto? –pregunta Ryan, señalando la pantalla de su ordenador.
-No creo que hagáis demasiado aquí, siguiendo ese rastro. Además –sonríe, con calidez-, quiero que hagamos esto juntos. Los tres.

No hizo falta decirlo dos veces para que se levantaran corriendo y fueran con ella. Y sintieron a la vez que encajaban el uno con el otro, formando una especie de vínculo extraño, pero agradable y reconfortante.

---

Los tres detectives dan vueltas por la casa en silencio, pensativos, cada uno por su lado. Intentan recrearse y pensar como Helen. Beckett les recordó en el trayecto lo que le dijo Lanie sobre el lugar más seguro y descartar cualquier otro sitio como le indicó Castle. Y pensó que sí, que el lugar más seguro de todos y cada uno de los habitantes de ese planeta sería, probablemente, su casa. Algún lugar recóndito o quizá demasiado a la vista. Lo suficiente como para pasar desapercibido.

Beckett menea el llavero sobre su dedo índice, jugueteando con él mientras observa cada esquina. En algún momento de distracción se le cae al suelo, haciendo que Ryan y Esposito pregunten.

-Nada, no es nada. Se me han caído las llaves –se agacha, observando el suelo. Es de cerámica, así que descarta la posibilidad de que estén debajo de sus pies-. ¿Habéis pensado en algo?
-Sí, en que tengo hambre –responde Javier. Beckett reacciona con un suspiro y él se ríe-. Aparte de eso, creo que se han evaporado o algo, Beckett.
-Yo estoy igual que él –interviene Ryan-. ¿Tú cómo andas?
-Buscando una idea. O algo, yo qué sé –Beckett repara en las otras tres llaves, supone que una de ellas da al trastero. Se le ilumina la mente-. En el trastero no hemos buscado, ¿verdad?
-Sí, los de la CSU ya se encargaron de eso. Lo siento –ella resopla, sin dejar de mirar el llavero. Las otras dos deben ser del portal y el buzón. Después se da cuenta de una pequeña esfera dorada del tamaño de una moneda, algo desgastada por el tiempo, donde tiene grabado algo parecido a “para el mejor padre del mundo”.

La detective se frota un poco los ojos, odia ser tan susceptible para algunas cosas. Acaricia el pequeño regalo con las yemas de los dedos, suavemente. Tan suavemente que puede notar una especie de línea que separa la esfera por la mitad. La agita y hay algo que suena dentro. Como una especie de cascabel, pero más plástico. Más…

-¿Chicos? –llama a sus dos compañeros- El lugar más seguro aparte de la comisaría –remarca- sería vuestra casa, ¿verdad? –responden al unísono que sí, y ella prosigue- Y para entrar necesitáis unas llaves.
-¿A dónde quieres llegar? –pregunta Ryan, acercándose con Esposito.

A Beckett se le acelera la respiración tanto que hasta ellos se dan cuenta, poniéndose a su altura. Casi sonríe, agitada, enseñándoles la esfera.

-¿Qué es eso? –el moreno lo mira, extrañado. Ella no contesta, solo agranda más su sonrisa, nerviosa-. Beckett, ¿qué pasa?
-Tengo una corazonada –le cuesta sostener el llavero entre sus manos porque el pulso le tiembla, y le tiembla tanto que no es capaz de dar con la forma de separar ambas mitades.
-¿Qué haces? –pregunta Ryan- Espera, te lo vas a cargar. Intenta desenroscarlo, a lo mejor…

La detective asiente, inspirando profundamente mientras coloca ambas manos en esfera, a ambos lados de la fina línea. Lo intenta, para un lado y para otro y parece que empiezan a deslizarse una sobre otra. Sigue haciendo fuerza en esa misma dirección hasta que se separan.

Cuidadosamente, deposita el contenido sobre la palma de su mano, abierta, para ver una pequeña tarjeta micro SD. Mira a sus dos compañeros, estremecida y ellos responden de la misa manera.

-Beckett, dinos que es lo que creemos que es –suplica Esposito, con un hilillo de voz.

Ella se muerde el labio mientras saca su teléfono del bolsillo, buscando la ranura de la tarjeta micro SD. Con delicadeza, extrae la suya para poner la de Helen y espera a que se cargue. Da gracias a tener un iPhone equipado con todo tipo de aplicaciones porque parece que puede leer los archivos que hay dentro.

Cuando explora el contenido de la pequeña tarjeta, lo primero que ve es el informe del asesinato de Bob Armen, con los nombres de Raglan, McCallister y Montgomery.

No le hace falta seguir mirando para saber de qué trata todo eso.

-Lo es, chicos –se muerde el labio inferior, intentando contener un grito eufórico-. Lo es.

---

Gates se estremece de tal manera cuando entran los tres de golpe y sin avisar que Ryan y Esposito casi se ríen enfrente de sus narices, y Beckett agacha su cabeza con una sonrisa traviesa en sus labios. Se les inflan los carrillos y pretenden de hacer eso algo formal y profesional porque es lo que es y pasan de tener a Gates comiéndoles la oreja y recordándoles que parecen unos niñatos, aunque no puedan contener la felicidad.

-Pero ¿es que no saben lo que es llamar a la puerta? –pregunta, sobresaltada, mientras se levanta y rodea la mesa hasta quedar enfrente de los tres- ¿A qué ha venido eso, detectives?
-Señor, me gustaría hablar algo con usted –solicita Beckett y la seriedad empieza a restablecerse tras haberse tomado un respiro. Ella la mira, inquisitiva-. Es sobre… bueno, es sobre los documentos. Y todo lo que eso implica.
-¿Ya los han encontrado?

En el camino de ida han ido en el coche replanteándose si sería o no una buena idea dárselos de primera mano, porque eso supondría hundir un poco más en la mierda a Montgomery y dejar de encubrir los trapos sucios con los que se manejaba, y difunto o no, él no deja de ser su honorable capitán y todo un héroe para muchos –sobre todo para Beckett-. También se replantearon el hecho de que, a lo mejor, detrás de todo ese autoritarismo y falta de flexibilidad se escondía un corazón blando. Tan blando que en algún momento podría hacer la vista gorda.

O al menos lo suficiente como para impedir una investigación contra Montgomery. Es o eso o ir por su cuenta y Beckett es consciente de lo que pasa cuando la gente va por su cuenta. Y más si se trata de Bracken, porque es jugar sin leyes ni justicia. Totalmente desnudos bajo la desgraciada y soberana posibilidad de acabar con un tiro en la cabeza. Y todo al carajo.

Y, en el fondo, muy en el fondo, no puede evitar sentir el irrefrenable impulso de liberar a Castle de todo ese peso, porque también es consciente de que, en cuanto salga a la luz, el escritor no tendrá que ir ahí a lo ninja. Y tiene ganas de verle, de hablar con él y quizá mandarle a la mierda. O no y hacer borrón y cuenta nueva.

Sea lo que sea, ya es hora de que todos se tomen un respiro, empezando por ella.

-Señor, cuando los lea, nos gustaría pedirle un favor… –sugestiona Beckett en el tono más solemne y comprensivo que puede vocalizar, casi agachando la cabeza.
-Es sobre Montgomery, ¿verdad? –la detective asiente y su capitana suspira, cruzándose de brazos- ¿n qué estaba metido, realmente?
-Véalo usted misma –Beckett saca su móvil del bolsillo y busca la tarjeta micro SD dentro de este, sacándola y cediéndosela a su capitana, que la mira con extrañada curiosidad.
-No puedo prometerle nada, detective Beckett. Creo que tanto ustedes tres como yo somos conscientes de que–

Una explosión corta la conversación. Ha sido tan cerca que el edificio se ha tambaleado hasta tal punto que los cajones que había por el despacho de Gates se han balanceado dejando caer algunos archivos al suelo. Beckett aprieta sus rodillas, manteniendo el equilibrio, al igual que sus dos compañeros. Su capitana está aferrada a la mesa y lo único que son capaces de oír son gritos de alrededor, amortiguados.

-¡¿Qué cojones ha sido eso?! –pregunta Esposito, sacando su pistola de la cartuchera.
-Señor guarde esa tarjeta y póngase a cubierto en un lugar donde pueda mantenerse escondida. Vienen a por ella –Beckett repite el mismo gesto que el moreno, acercándose a la puerta del despacho, entreabierta, en postura isósceles.
-¿Quiénes?
-Probablemente los que mataron a Helen e intentaron matarnos a mí y a Castle. Hágame caso, ni siquiera sabemos si están aquí. O cuántos son. Lo que está claro es que quieren sembrar el pánico y que reaccionemos violentamente, no quieren derrumbar el edificio. Así que si mantenemos la calma creo que estaremos a salvo. No podemos ser un tiro fácil –mira a Ryan y a Esposito-, dirigíos a las plantas inferiores a ver qué ha pasado y si hay grandes daños. Yo me quedaré aquí.

Cuando se da la vuelta para observar a su capitana, esta ya está sosteniendo una pistola entre sus manos. Beckett resopla, exasperada ante la reprobatoria mirada de su superior, deseando que no tuviera ese poder de jurisdicción sobre ella.

-Beckett, no me pida que me cruce de brazos mientras destruyen mi comisaría –a Beckett le gusta el énfasis que pone porque se siente protegida y sabe que el resto también lo está. Gates tiene esa capacidad. Sabe que no va a dejar que los demás corran peligro-. Quédese esto –le cede la tarjeta, saliendo de su despacho-, intentaré poner un poco de orden. Los bomberos no tardarán mucho en llegar.

Realmente todo está bajo control. Es un edificio lleno de policías y todos llevan, como mínimo, una pistola en la cintura. Tardarán poco en sacarla y defenderse. Podría no estar preocupada. Podría pensar que, de hecho, ha sido toda una estupidez por parte de Bracken intentar atacar una comisaría. Pero se acuerda de la gente con la que se maneja y sabe cómo se las gastan. Son expertos en combate cuerpo a cuerpo, te dejarían como a un trasto inútil con un solo movimiento en el suelo y no tardarían ni dos segundos en colarte una bala entre ceja y ceja. Además, se infiltrarían con demasiada facilidad.

Ya lo hicieron una vez en los juzgados. Consiguieron pasar por polis. Eso también es algo que la come por dentro. El ser plenamente consciente de que, en esos momentos, no puede confiar en nadie alrededor de ella, porque cualquiera podría pegarle un tiro a traición.

Por eso, después de volver a meter la micro SD en su móvil, sale casi temblando, mirando hacia todas las esquinas. De momento le suenan todas las caras, no ve a nadie que pueda ponerles en peligro. Sigue abriéndose paso entre las hojas esparcidos por el suelo, tosiendo de vez en cuando por la abundancia de polvo y el olor a papel quemándose. La planta es un caos en esos momentos, siente decenas de policías corriendo sin rumbo y chocándose contra su cuerpo y ella está ahí, de pie y avanzando buscando algo claramente camaleónico.

Suspira, sin bajar su arma. Sería una locura ir a buscarles sola, pero no quiere exponerse a otra bomba. No quiere hacer de eso algo catastrófico. Lo intuye porque es algo relacionado con el senador y no suele tener menor reparo en hacer todo lo posible por conseguir lo que quiere y es algo que tiene ahora mismo. Y, por alguna razón, no puede evitar sentirse culpable de todo ese caos. Después de todo, el peso de la responsabilidad es tal que hasta hace que se ahogue y le entre una sensación de angustiosa vulnerabilidad.

Sube por las escaleras, dirigiéndose hacia el gimnasio. No suele haber muchos policías en horario laboral. Y menos cuando ha habido una explosión, así que supone que es esa especie de lugar idílico al que te irías a esconder si quieres prepararte para seguir haciendo más daño. Pistola en alto y piernas de acero, se adentra en los vestuarios.

Como sospechaba, no hay nadie. Aún así, se concentra para aislar todo sonido proveniente de los gritos de pánico de todo el personal y se esfuerza por oír algo fuera de lo normal. Algo como una presencia más aparte de la suya.

Algo como el seguro de una pistola quitándose, más un paso firme. Cerca, muy cerca. Tanto que cuando se va a dar la vuelta, no le da tiempo a prepararse física y mentalmente.

Le han dado un rodillazo en las costillas y ya está en el suelo, encogida sobre sí misma, en postura fetal, tosiendo. Le cuesta horrores respirar y la vista se le nubla parcialmente. Mira hacia arriba, observando a un hombre joven, de no más de treinta años, corpulento, metro setenta y cinco probablemente con pocos escrúpulos para matarla ahí mismo.

-Dame los archivos.

Ni siquiera se ha molestado en cubrirse la cara. Todo un detalle, normalmente la gente que se encuentra con uno de estos no suele vivir para contarlo.

Percibe como el tiempo se detiene de manera demasiado abstracta y mira hacia ambos lados. La pistola está demasiado lejos, pero afortunadamente sus pies no. Por eso, antes de que él pueda reaccionar, imita los mismos gestos de Nikki Heat y barre de una patada en el tobillo a aquel armario, haciendo que este caiga sobre el suelo. En el mismo movimiento rueda sobre su cuerpo para coger su pistola, pero aquel hombre parece que va por un paso por delante, interceptándola.

Descarga un hombro entre la parte de su espalda comprendida entre sus omoplatos, volviendo a quitarle ese oxígeno que tanto necesita ahora. Por lo menos ochenta kilos, piensa Beckett. Casi roza la empuñadora con las yemas de sus dedos, pero no lo suficiente. Tose un poco más, está empezando a sentirse mareada. Le duelen las costillas, le falta el aire, está aterrorizada y en cualquier momento va a morir.

Cierra los ojos, casi puede ver al tío apuntando directamente el cañón hacia su nuca. Cuenta en silencio. Tres, dos, uno.

Y suena un grito aterrador, agonizante, y excesivamente gutural. Un grito proveniente del tío que tiene encima. Después un par de pasos más y no sabe muy bien que está ocurriendo. Abre los ojos, intenta mirar hacia atrás como puede pero solo alcanza a ver parte del cuerpo del hombre que tiene encima, junto con dos piernas al lado de ellos. Dos piernas con un pantalón de uniforme de policía que se van doblando hasta acabar de rodillas, y dos manos sujetando dos pistolas, apuntando directamente al tío que quiere matarla.

-Apártate de ella si no quieres que te vuele la cabeza aquí mismo –hay una voz diferente que suena temblorosa, pero oscura. Tanto que a Beckett le asusta. Es tan profunda y su conmoción es tan grande que le cuesta reconocerla-. ¡Vamos!

El peso sobre su espalda se aparta, rodando sobre el suelo. Acto seguido, suena un disparo y vuelve a oír al armario soltar un grito. Le mira, está encorvado sobre el suelo mientras se agarra la rodilla apretando sobre ella, sangrando.

-Eh, eso me ha quedado genial. No, me ha quedado súper genial. Ya sabes, lo de “si no quieres que te vuele la cabeza aquí mismo”.

Cuando está un poco más aliviada y se hace a la idea de que ha vuelto a desafiar a la muerte, mientras recuperar la posesión de todas sus facultades físicas y mentales es capaz de reconocer esa voz. Un nudo se forma en su garganta mientras aparta la vista de su fracasado asesino para dirigirlas hacia el otro hombre, mientras re reincorpora hasta quedarse sentada.

El otro ya se ha acercado a ella, arrodillándose a su derecha, mientras le tiende una de sus pistolas. Beckett lo mira, incrédula, con la boca torcida y al borde del llanto.

-Uy, no. Esta no es la tuya. Perdón –cambia de mano y le tiende la izquierda. Beckett la coge, negando de un lado para otro sin saber qué hacer muy bien con ella-. Eh, Kate.

Nota la mano abierta de aquel hombre acariciando su mejilla. Nota la calidez de las yemas dedos deslizándose por debajo de sus ojos limpiando las incipientes lágrimas para acabar en su cabello, peinándolo con suavidad y dulzura hasta apartar unos pocos mechones y colocarlos detrás de su oreja. Quiere subir la mirada, pero no puede. Por alguna razón. A lo mejor porque está llorando, o porque siente la típica sensación de no saber cómo confrontar una situación que estabas deseando que llegara.

Y sabe que, a la hora de la verdad, siempre se ha quedado desnuda. Siempre ha estado quieta, sin saber muy bien que hacer porque, a pesar de haberse hecho multitud de veces a la idea de cómo sería eso, nunca sería suficiente como para llegar a estar a la altura de cómo vivirlo adecuadamente. Y ella ahí, en un punto de inflexión donde lo surrealista toca la superficie y se hace realidad.

-Eres un gilipollas, Castle. ¿Lo sabías?

Él suelta una carcajada, afligida, y asiente como si le diera la razón.

Le ha costado sudor decirlo sin atragantar y empezar el interminable berrinche. Lo ha conseguido. Ahí están las pruebas, en el móvil, y él ha vuelto como dijo. Pero no es capaz de hacerle frente a la situación. No es capaz de ver un modo de manejarlo porque es tan inverosímil que dan ganas de salir corriendo y no querer volver a saber nada más del tema.

-Te dije que nos veríamos pronto, ¿o no?

Siente al escritor agarrar una de sus manos mientras él se levanta, levantándola a ella también. Cuando por fin están de pie, con esfuerzo porque la contusión en sus costillas le quita la poca fuerza que le queda, consigue levantar cabeza y establecer contacto visual.

Y casi se muere en el intento.

Le parece irreal. No es capaz de tomarlo como algo que está sucediendo de verdad. No como en sus sueños. Ahí está, vivo, enfrente de ella y con esos ojos azules, electrizantes y mágicos recordándola que no puede con él. Que nunca ha podido y que, posiblemente para el resto de su vida, va a estar a su merced porque ahora mismo no se ve haciendo otra cosa que no sea desgastarlo con su mirada, totalmente embobada y convencerse de que es de carne y hueso y no es tan efímero como esas pesadillas que solía tener.

Y a pesar de todo este tiempo, no ha cambiado nada. Sigue igual que siempre. Igual de niño, inocente, persistente, payaso, chulo, absurdamente adorable y todas esas cosas que hacen que Beckett le adore como si fuera un dios. Es como si el paso del tiempo no hubiera tenido efecto en él.

E incluso le ve más perfecto que antes.

El escritor va acortando distancias y la detective casi puede sentir su pecho contra el de él subiendo y bajando al mismo ritmo, con ese calor proliferándose entre sus prendas. Para qué engañarse, lo echaba demasiado de menos. Duele, pero necesitaba sentirlo ya. Necesitaba tener esa sensación de que, de alguna manera, toda esa temperatura corporal era una mezcla de la suya propia con la de Castle y todo lo que le hacía sentir.

Necesitaba tenerle enfrente de ella y sentirse protegida de algún modo.

Pero, desgraciadamente, no es el momento en el que más protegida se encuentra. No cuando tiene mil preguntas con respuestas que ni siquiera sabe si quiere conocer. No cuando tiene que arrestarle porque, después de todo, está acusado de fuga y otras cosas más que prefiere no numerar porque se le cae el cielo encima. Así que, suspirando y dándose cinco segundos antes de romper aquel breve pero intenso contacto visual, dice casi susurrando:

-Sabes lo que toca ahora, ¿verdad? –odia esa pregunta lo suficiente como para dejar que su voz se resquebraje ante su tono autoritario porque este no es el tipo de reencuentro que ella se esperaba.
Castle se encoge de hombros, medio resignado, acariciando el mentón de la detective con suavidad con su pulgar- Sí. Haz lo que tengas que hacer, Kate.

Se deshace del contacto físico para darle la espalda lentamente a la detective, llevando ambas manos a su espalda. Beckett las mira con los ojos empañándose poco a poco. Sacude levemente la cabeza, casi rogando en silencio que haya una explicación para eso y no tenga que perderle de vista definitivamente. Porque tiene demasiada ira contenida y, de algún modo, se la tiene jurada.

Pero lo que siente por él es prácticamente incomparable a todo lo que ha tenido que tragar para llegar hasta ahí. Ya solo por el mero hecho de que está vivo, casi rozándola y la ha salvado. Por enésima vez –Beckett ya ha perdido la cuenta-. Además, le ha echado demasiado de menos.

-Espero que tengas una explicación para todo esto, Castle –saca las esposas de su cinturón y casi se le caen por la falta de pulso y el nerviosismo.

Castle ha debido de darse cuenta de que está llorando porque ha girado su rostro con cara de pena, agachando un poco su mirada. Esto destroza aún más a la detective.

-Confía en mí. Solo te pido eso.

A Beckett le hubiera gustado contestar eso negativamente solo por darse la satisfacción de verle sufrir un poco. Un poquito, lo justo y necesario porque después de todo ese tiempo desaparecido, se lo merece. Pero no es capaz.

Tarda en darse cuenta de que antes de ponerle las esposas le estaba acariciando las manos. También echaba de menos sentir su piel sobre la suya –y estar plenamente consciente de ello-. Se zafa de aquel arrebato antes de que se haga demasiado insufrible y coloca las esposas en sus muñecas.

-Richard Castle, queda arrestado por el asesinato de Jack Harbor y fuga.

No lo dice en voz alta, por orgullo o por evitar echarse a llorar de manera irrefrenable, pero Kate Beckett confía amplia y ciegamente en Richard Castle.

***

Muchas gracias por leer y tal! Inlove Nos vemos en el próximo! <3





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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por saratheplatypus el Mar Abr 02, 2013 12:57 pm

_Casckett_ escribió:me encanta un capi genial, continua pronto

Jjjjjjjjjjjjo, MUCHAS GRACIAS! Love Ya he subido el 10, espero que te siga gustando! ^^

Yaye escribió:Por fin tenemos pruebas más que suficientes de que Castle está vivo Laughing , por lo menos, hoy me he llevado una gran alegría cuando ha llamado a Becket, aunque sigo sin entender por que ha desaparecido de esa forma.

Continúa pronto y que se reencuentren yaaaa, jejejeje.


Jajajaja claaaaro, ya os lo dije Razz. No soy tan mala como para matar a un ser tan mono achuchable como Castle :3 jaja. Y bueno, todo a su tiempo, ya se ira viendo Smile. Ya he subido el capi 10, espero que te guste! ^^ Y MUCHAS GRACIAS POR EL COMENTARIOOOO! Love

L-beckett41319 escribió:Madree... Miaa me has dejado de piedra no me esperaba la llamada de Castle, pero al menos ya sabemos q esta vivo y q es inocente!
Continua pronto me encanta escribes de cine!

Me gusta dar sorpresas Razz jajaja. Jup, de verdad me veiais capaz de matar a Castle? CON LO AMORCIO QUE ES Y ASDASFSAD. No soy tan mala :3 jajaj. Jo, MUCHISIMAS GRACIAS POR EL COMENTARIO Y TODO! Inlove Espero que el 10 te gusteeee! Very Happy

RcKb escribió:Hay dios mio.... La ultima escena me a dejado helada. Muchas gracias por subir el capitulo el dia 26 y por hacerme disfrutas mis ultimos min de cumpleaos leyendi tu fic. GRANDIOSO!! Sigue pronto por favor.

Ooooh, lo subi en tu cumple? jo, FELICIDADES ATRASADAAAAAAAAS! Inlove Espero que te lo hayas pasado chachipiruli y tal Kiss. Y bueno, queria dar un toque de sorpresa a la historia Razz jajaja. Ya he subido el 10 Smile espero que te guste! Very Happy Y MUCHAS GRACIAS POR EL COMENTARIOOOO! Love

Delta5 escribió:Un capítulo genial, continúa así, que me encantan. Clap

Ohhhhh, MUCHAS GRACIAAAAAAS! Love Ya he continuado y tal, espero que te sigan encantando! Razz

Beckett_Castle_Alba escribió:Pero, ¿cómo puedes decir que este capitulo es flojillo?
Te digo que para nada lo es, Sara.
Puede que fuese de introducción para volver a meter a Kate de nuevo en la comisaría tras estar de baja, pero es tan bueno como lo han sido los 8 anteriores.
Me encanta el hecho de que los personajes son fieles a la serie, como esa amistad entre Lanie y Kate, como la forense está para apoyar a su amiga, o esa relación entre Ryan y Esposito.
El final ha sido precioso Love Y ese momento en que Castle le dice a Kate que encuentre al asesino para que ella esté a salvo y le recuerda que la quiere me encanta.
Genial Sara Clap

Porque es la verdad jo, era de los mas flojillos jaja. No habia mucha accion y tal Razz pero bueno, me alegro de que no haya sido tan toston como creia que iba a ser ^^. Y bueno, es que me enamoran los personajes de Castle y las relaciones entre ellos, ESTAN TAN BIEN HECHAS Y SON TAN ASFSDAFSDFSDFS Love. Tenia que plasmar toda esa perfeccion en mi fic. O al menos intentar que de un poco el pego Razz jajaja. Y bueeeeh, ya sabes que me gusta el elemento sorpresa, y estaba deseando empezar ya con la parte mas... Caskett por asi decirlo (ES QUE ADORO A ESOS DOS, VALE? SON MUY MONOS Y MUY ASDSDFSDFDFSDGFG Inlove ).

Ayyyy jo, Y MUCHAS GRACIAS POR EL COMENTARIO Y TODO, ALBAAAAAA! Big Crying Ya he subido el 10, espero que te siga gustando! <3

rubiodav escribió:Simplemente genial

MUCHAS GRACIAAAAAS! Inlove Espero que el 10 te guste! ^^

AlwaysSerenity escribió:A ver loca...como puedes decir que es un capi flojillo? Punch
Por tu bien continua pronto porque me tienes en plan Eink? que esta pasando??!
Castle esta vivo, escondido dios sabe donde, al igual que los archivos que tenia la victima que con ellos se resolvera su caso y tambien hundira a Bracken, y con ellos dar justicia a la madre de Kate, mientras ella esta ''vigilada'' por Gates y tiene que averiguar donde estan los archivos y todo el mundo cree Que Castle es un asesino... la pobre lo tiene bastante complicado, pobrecita mia, que nadie la va a dejar tranquila Neutral Esperemos que todo acabe bien y que la pobre sea feliz :
CONTINUA PRONTO LOCA.ORNITORRINCO! Kiss

Juuup, ya se lo he dicho a Alba. Comparado con los otros era un poco mas aburridillo, tenia poca accion Razz jajaja. BUeno, bueno, toooodo a su tiempo. Ya queda poco para que se vayan aclarando esas cosillas, muy poco Smile. Ains, MUCHISIMAS GRACIAS POR EL COMENTARIO, CLAAAAAAAAAAU! Inlove Ya e subido el 10, espero que te siga gustando! ^^

agecastbet escribió:HOLAAAAAAA¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ ya estoy de nuevo por aquí, siento no haber podido seguir leyendo y comentando antes pero no me ha sido posible, por problemas de tiempo y espacio, de tiempo por que cuando lo tenía no era el sitio de hacerlo y viceversa.
Pero al volver me he encontrado con un montón de cosas y la mayoría buenas, pues por lo menos ya sabemos que Castle está vivo, jajajajajajaja, lo demás ya se arreglará con tiempo y paciencia por lo tanto tiene arreglo, lo de morirse ya no tiene solución, jajajajajajajaja; como ves he optado por dejarme las venas largas, de momento, jajajajajajaja. Tus capítulos cada vez mejores y el flojillo ya me gustaría a mí hacer uno de ese calibre, jajajajajaja. Sigue pronto que aunque no te comente de inmediato no te creas que te pierdo de vista.
BESOTESSSSSSSSSSSSSSSSSSS

Joooooooo, pero si tampoco hace falta que comentes jajaja. A mi con que os guste me vale Razz. Y claro, ya lo he dicho antes, no soy capaz de matar a algo tan adorable y super asdsfasdfdskfhsdñklfjsdhjkl como es nuestro querido Castle. Aunque no lo parezca, tengo un poco de buena persona Smile jajaja. Y si, ya se ira arreglando mas adelante, os queda poquito para saber que ha pasado realmente Very Happy. Y mejor, mejor, dejatelas largas. No quiero ser la culpable de esas cosas Big Crying jajaja. Y bueno, flojillo porque era mas bien aburridillo, no tenia la accion que han podido tener otros capis o van a tener los proximos. Aun asi, me alegro de que no haya sido tan coñazo como esperaba Razz. Ains, MUCHAS GRACIAS POR EL COMENTARIOOOOOO! Inlove Ya he subido el capitulo 10. Espero que te gusteeee! ^^

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por Yaye el Mar Abr 02, 2013 1:22 pm

Por fin apareció, y justo en el mejor momento, para salvar nuevamente a Kate, aunque como consecuencia tenga que ir a la cárcel. Espero que sea por poco tiempo.

Me ha encantado el capítulo. Espero que puedas continuar pronto que no lo tengas mucho tiempo encerrado Laughing

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por Anver el Mar Abr 02, 2013 6:08 pm

Sara, con tu edad y tu forma de escribir, creo tener claro hacia donde va tu futuro. Ánimo y a por todas.

Perdona por no haber comentado antes. No hay excusa por mi parte.

Adelante, lo haces genial.

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por L-beckett41319 el Miér Abr 03, 2013 12:15 am

Cada capitulo nuevo q escribes me sorprende mas, escribes de maravilla sin duda tienes mucho talento para estoo! Clap
Continua prontoo me encanta tu historiaaa!

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por KateC_17 el Miér Abr 03, 2013 1:23 am

Eink? OMG pedazooo fic me lo acabo de leer enterito y he quedado A-LU-CI-NA-DA I\'m Dead diooos me han gustado todos los capis y me he quedado tan enfrascada en la lectura que no me he dado cuenta que habia cambiado de assignatura (cuando comenzé estaba en ingles y ahora me doy cuenta que es la profe de literatura Facepalm )
en fin me ha gustado muchisimo el capi y es una alegria saber que Rick esta vivo Happy Clap aunque debe muchas explicaciones y sobretodo a Kate que lo ha pasado muy mal Crying or Very sad
uaa lo has dejado en una parte muy interesanteee No War me ha gustado muchisimo y tengo unas ganas terribles de leer masss jeje Laughing
en fin sube la contiii plisss Big Crying estaré esperando la conti con ansias
nos vemos! Hi!

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por _Caskett_ el Miér Abr 03, 2013 6:29 am

me encanta, continua pronto

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por Beckett_Castle_Alba el Miér Abr 03, 2013 6:38 am

Con cada capítulo te superas Sara.
Este ha sido increíble, ha tenido acción y escenas tremendamente tiernas. Lo del llavero me ha encantado, buen lugar para esconder la tarjeta.
El asalto a la comisaría y esa actiud de Gates por protegerlos ha todos me ha gustado mucho.
Y que decirte del final, ha sido triste y tierno a la vez. Por fin se han reencontrado, aunque el final no ha sido el mejor.
Espero que Castle tenga algo en mente que lo pueda sacar del lío en el que está metido.
Precioso Sara.

______________________




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Beckett: What happens if you don’t let me look?

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por suika el Miér Abr 03, 2013 6:52 am

Realmente sigue encantandome capítulo tras capítulo. Sigue así

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por AlwaysSerenity el Miér Abr 03, 2013 9:43 am

PERO POR QUE LO DEJAS AHI??! affraid
Despues de 1 año creyendo que estaba muerto (bueno, los ultimos dias sabia que estaba vivo) aparece para que lo arresten!
Espero que se pueda librar de los cargos... y pobres, no se han dado ni un beso.. Crying or Very sad
CONTINUA PRONTO ORNITORRINCO

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por saratheplatypus el Vie Abr 19, 2013 11:10 pm

HELOOOOOOOOOOU! Kiss Siento haber tardado tanto en subir, en serio. Pero es que la semana que viene acabo ya el insti, estoy hasta arriba de examenes, casi no tengo tiempo ni para respirar y... dsfdasjkfgskjl QUE ODIO SER ESTUDIANTE DE BACHILLERATO, ES LA MUERTE D: pero bueno, que el caso es que estoy un poco desahogada ahora y he aprovechado para terminar el capi 11 xd. Lo veo un poco lioso, la verdad, pero espero ir aclarandolo a medida que suba mas capis xd. Bueno, voy a dejar de tirarme el rollo xddd. ESPERO QUE OS GUSTEEEE! Love

***

Capítulo 11: Inocencia

Le está costando sudor y lágrimas bajar con Castle por las escaleras sin dejar que se vaya corriendo y desentenderse con sus deberes policiales porque se siente como si le estuviera obligando a beberse la cicuta sin mostrar mucha consideración –podría haberlo hecho, lo tenía a tiro de piedra, pero Beckett lo hubiera visto como una traición hacia sus propios principios morales-. Le está costando tanto que hasta seguir respirando empieza a ser algo complicado porque hay algo que la retuerce por dentro.

También el hecho de permitir que todo aquel jaleo policial sea testigo de lo que parece una especie de milagro y observarlos como si hubieran visto a un fantasma es algo que ayuda a que la voluntad de la detective se consuma. Al principio no se percatan mucho –están demasiado ocupados pensando en que pueden volar por los aires-, pero los primeros empiezan a reconocer ese rostro y, medio negándoselo a sí mismos con caras de asombrosa incredulidad, se van callando y dejando que una ola de silencio se vaya expandiendo y se coma sus voces.

La perplejidad llega hasta tal punto que lo único que se oye son los gritos enlatados de los pisos inferiores y los pasos acompasados de la detective y el escritor dirigiéndose hacia la sala de interrogaciones, acompañados por unos murmullos propagándose por toda la planta de homicidios.

En menos de un minuto, Beckett se convierte en la humillada espectadora que ve cómo la gente cotillea sobre ella indiscriminadamente sin disimularlo demasiado.

Cierra los ojos y suspira, abriendo la puerta de aquella habitación. Castle la sigue por detrás y, sin que ella le diga nada, se sienta sobre la silla, de cara al cristal polarizado.

Beckett mira el panorama medio aterrorizada, medio confusa. Hace un año lo último que esperaba era vivir algo así. Todavía no sabe cómo es capaz de mover sus piernas sin caerse, porque todo eso pesa muchísimo y no sabe por dónde sostenerlo.

-Siento el bochorno que te he hecho pasar, de verdad.

La voz del escritor suena tan arrepentida que se le deshace el corazón.

Le cuesta reaccionar y le lleva cinco segundos, que emplea en respirar acaloradamente e intentar medir la intensidad de sus palabras. No quiere ponerse a gritar. No de momento.

Se esfuerza por relajarse un poco, lo suficiente para pensar con aplomo. No se sienta, pero se coloca frente a él, apoyando ambas manos sobre la superficie de la mesa, descargando su peso sobre sus brazos mientras inclina su cuerpo hacia Castle. En ese momento, vuelve a establecer contacto visual con él y se hunde un poco por dentro, perdiendo parte de esa firmeza peligrosamente sostenida pero que había logrado construirse.

-¿Que lo sientes? –pregunta casi murmurando, inaudita.
-Sí, bueno. Quiero decir, después de todo lo que ha pasado, cómo soy visto de cara a la justicia, yo… –traga saliva, inseguro- yo…

Kate niega de un lado para otro con la cabeza, cortándole la conversación, con un resoplido frustrado.

No ha sido el bochorno en sí lo que ha hecho que esté tan airada. Ha sido la comprometida situación que se ha visto obligada a sobrellevar desde la explosión y encontrarse cara a cara con la muerte por segunda vez en dos meses, para que luego aparezca Castle gratuitamente sin ninguna explicación aparente, solo porque sí.

Era inevitable que toda la mierda acumulada reventase por algún lado.

-Oye, Kate.
-Un año y medio –vuelve a cortarle, sulfurada, aguantándose las lágrimas mientras lucha contra sí misma-. Un año y medio, Castle. ¿Tú tienes idea de todo por lo que he tenido que pasar?
-Kate, escucha–
-¿En qué mierdas estás metido? ¿Y qué tienes en la cabeza para haber hecho algo así?
-Es… una larga historia –dice poco convencido. Solo consigue poner a Beckett aún más de los nervios.

Odia cuando el escritor se cierra en banda porque es como si se cerrase también a ella. Como si no quisiera rendir cuentas de ningún tipo y ella se siente confiando en alguien al que ni siquiera conoce.

Y ni siquiera, después de todo ese tiempo, ha sido capaz de cambiar eso. Siempre ha sido igual. Siempre es igual.

-¿Larga historia? ¿En serio? –su tono de voz se eleva y va perdiendo esa fortaleza que la ayuda a no terminar su furia a base de lágrimas- Me has dejado sola durante un año y medio. A mí y a tu familia. ¿Cómo crees que se han sentido Martha y Alexis durante todo este tiempo? –nota la sensación húmeda de una lágrima discurriendo por su mejilla, lo cual aumenta su impotencia- ¿Y Ryan y Espo? A todos nos dejaste hechos polvo, Castle. Así que no me vengas con la excusa de que es una larga historia, por favor. No ahora.
-Sabía que podía confiar en ti. Que, de algún modo u otro, saldrías adelante. Eres una mujer fuerte, Kate. Y también contaba con que dejaba a mi madre y a mi hija en buenas manos. Y no me equivocaba –sonríe, cálido y orgulloso.

Beckett se muerde el labio, notando cómo su paciencia se disminuye hasta lo más bajo. Lo que más rabia le da es ver a Castle tan apacible, impasible. Como si nada le quitara el sueño.

-¿Y solo por esa innata intuición tuya has tenido que hacerme pasar por todo esto?
-No, no. Joder, Kate, iba a volver. Y he vuelto. Oye, en serio, siento haberte hecho todo esto. Créeme, yo también he–
-No me digas que tú también has sufrido porque no, Castle. Porque no es comparable. Tú lo has visto de lejos y yo he tenido que vivir creyendo que mi novio había muerto. ¿De verdad te quieres poner a mi altura?
-¡Pero estaba siempre ahí!
-¿Y qué? ¡Ni siquiera podía verte! ¿Y si hubiera hecho alguna locura, Castle? ¿Qué habría pasado ahí, entonces? ¿Eh?
-No te habría dejado. Habría vuelto, de alguna forma. Me las apañaría para estar contigo.
-Pero no te las apañaste para volver antes.

Recuerda que la última vez que cruzó la palabra con él terminaron así. Con una discusión donde prevalecían los gritos y hacerse daño el uno al otro. Justo como ahora. Beckett sabe que le está haciendo daño y lo ve en sus ojos. Pero ha sido demasiado tiempo y ella necesita desfogarse.

-Tenía cosas que hacer.
-¿Más importantes que yo? ¿Qué todos nosotros?
-Por dios, ¡estaba intentando salvarte!

La detective cierra la boca, extrañada, mirándolo inquisitiva. Se olía que Castle estaba metido en algo gordo y demasiado personal y se lo sigue oliendo. Y suponía que tenía que ver con Bracken. Lo que no entiende muy bien es qué pinta ella en todo eso. Realmente, ni siquiera sabe por qué Castle está en el ajo.

-¿Cómo que salvarme?
-Ya has conseguido los documentos, ¿verdad?
-Castle, responde.
-Oye, ¿seguro que puedes interrogarme? Quiero decir, ha habido una explosión, los artificieros estarán a punto de venir si no han venido ya, Gates te estará buscando. A lo mejor deberíamos salir fuera.
-¡Rick, déjalo ya y contéstame!

El escritor resopla, agachando su cabeza y mirándose las esposas. Beckett se aparta levemente de la mesa para enterrar su rostro entre sus manos mientras suspira, abatida. No puede contra eso. Castle es igual o más cabezota que ella y sabe que no va a conseguir que hable con tanta facilidad. Pero le sienta mal y le duele.

Duele tener la sensación de que parece que nada le importa. De que cualquier otro juramento tiene más valor que la palabra y el bienestar de Beckett y se siente como algo totalmente prescindible en su vida. Duele verse a sí misma como una pobre idiota por confiar tan ciegamente en el escritor y que no parezca lo mismo al revés.

Beckett tiene la sensación de estar cara a cara con un extraño.

-Kate, vamos a hablar de esto pero no aquí –la voz del escritor es suave y relajante, tanto que consigue tranquilizarla un poco-. Te lo prometo, te diré todo lo que quieras saber, solo que en otro momento, cuando estemos más relajados. Ahora tienes que llamar a Gates y enseñarle esos documentos. Por favor.

Kate le mira y observa cómo se levanta de su sitio para acercarse a ella, todavía con las esposas puestas. Se dirige hacia Beckett hasta que ésta nota su pecho contra el suyo, peligrosamente cerca, tanto que no puede evitar estremecerse ante el contacto. La punta de su nariz roza levemente contra la de Castle produciéndole un reconfortante cosquilleo que nace en el estómago y se expande como una corriente eléctrica hacia sus extremidades.

Hacía demasiado tiempo que no sentía algo así.

-Te he echado de menos. Mucho. No sabes las ganas que tenía de… –Castle suspira y Beckett nota cómo su corazón se contrae.

Ella se mantiene inmóvil, mirándolo. Y ve todo en sus ojos. Ve a través de ellos todo el miedo, la angustia y la necesidad por volver a compartir esa especie de lazo sentimental que ella misma ha sentido durante ese año y medio, hechizándola y una especie de hambre emocional comienza a devorarles.

Castle se acerca y ella siente su aliento chocando contra sus labios, cálido, invitándola. Casi está a punto de atrapar el escritor sus labios cuando ella aparta su rostro, agachándolo. No es capaz de alejarle ni de alejarse, no se ve con el valor de hacer ese sacrificio. Haría demasiado daño. Aún así, se las apaña para sufrir lo suficiente como para privarles de hacer eso.

No es lo mismo. No tienen lo mismo que antes. No ve en ellos la relación que había ahí antes de que todo se torciera. Beckett sería incapaz de vivir a gusto consigo misma dejando rienda suelta a sus emociones cuando hay una cortina de humo que espontáneamente se ha levantado entre ellos, demasiadas inseguridades. Y no ha dejado de sentirse abandonada y, en cierto modo, traicionada.

Ni siquiera sabe qué ha hecho con su vida en todo ese tiempo.

-¿Kate? –su tono es frágil y asustado. Ella levanta su cabeza, dejando derramar un par de lágrimas más.
-No. No lo hagas.
-Pero… ¿qué pasa?
Se muerde el labio inferior, dubitativa- ¿Cómo sabes que no he rehecho mi vida?

Lo suelta casi sin pensar. Más bien lo dice para buscar una excusa lo suficiente consistente como para que Castle se aleje y deje de sentirse tan oprimida. Para que no le cueste tanto esfuerzo contenerse y no hacer lo que quiere porque sabe que es lo moralmente correcto en estos momentos.

Él arruga los labios- Porque lo sé. Te veía todos los días. Todos.

Odia esa capacidad que tiene para devolverle un golpe bajo. Durante un momento ha olvidado con quién está hablando y en lo que está metido. Fallo suyo, Castle está muy por encima de todo eso. No contesta, solo resopla, estresada.

-¿De verdad creías que no te iba a quitar un ojo de encima? Tenía que protegerte y…
-¿Y ocuparte de que ningún tío se me acercara?
-No. No es eso. Créeme, lo habría entendido. Y probablemente no hubiera hecho nada, solo seguir asegurándome de que estabas viva –Beckett pone un gesto de escepticismo-. En serio. Además, en esos momentos me sentía como un auténtico capullo integral.
La detective decide ir por la tangente porque sabe que en ese terreno va a perder- ¿Y qué pasa contigo? ¿Cómo sé que tú no has rehecho tu vida?
-¿De verdad? –pregunta, casi ofendido. Ella le mira como si no estuviera dispuesta a dar su brazo a torcer- Oh, venga, Beckett. Casi no podía salir a la calle, tenía que mantenerme…

Se calla de repente, y eso hace que se abra una pequeña brecha en la curiosidad de Beckett. Otra pregunta más. Ella se cruza de brazos, medio decepcionada. La cantidad desmesurada de cosas que Castle le está ocultando hacen que los pilares de su seguridad se desequilibren.

-¿Mantenerte qué?
-Te dije que hablaríamos de esto en otro sitio. Antes.... tenemos deberes.
-No, yo tengo deberes. Porque hasta donde yo sé, tú eres un asesino –Beckett clava una mirada suspicaz en el escritor, resentida-, ¿o no?
-¿Me creerías si te contradijese?

Ella se muerde la lengua, cortada. No encuentra nada que sirva para contestarle.

Otra vez se la devuelve y otra vez vuelve a rebajarse a lo más humillante. No ha perdido esa capacidad para dejarla a la altura del betún. Es algo que siempre ha llevado innato y el tiempo no ha hecho que la detective se haga inmune a eso. Probablemente lo que más le ha hecho daño de eso es el tono de voz con el que le ha respondido, afligido pero sincero. Lo peor es que se nota que Castle no la está manipulando de ninguna manera y es como si estuviera desprotegido ante todo eso, siendo ella su único respaldo.

Y ella no puede darle ningún tipo de garantía.

Definitivamente, Beckett está entre la espada y la pared.

-Vale, no confías en mí –ve cómo su moral se desinfla, resignado.
-¿Y qué esperabas? –murmura, dolida. Tanto que se nota que está mintiendo, lo que hace que Castle se encoja de hombros, confuso.
-Kate, de verdad. Perdóname.

La puerta de la sala se abre, haciendo que ambos se giren para encontrarse cara a cara con Ryan y Esposito que empalidecen levemente al ver a Castle. Después pasan por una amplia gama de colores hasta recomponerse, sonriendo complacidos pero –y como nunca les ha visto Beckett- con el fuego ardiendo en sus ojos cuando ven al escritor. Como si en cualquier momento sacasen el poli malo que llevan dentro y le apaleasen hasta la muerte.

-Anda, pero si Jesucristo ha resucitado al cabo de un año y pico. Y vestido de poli. Iba a decir que me alegraba de verte, pero… –empieza Esposito, acercándose peligrosamente al escritor.
-Venga, Espo. ¿Tan jurada me la tenéis? –el moreno quita esa sonrisa y parece más enfadado que nunca. El escritor cambia su atención hacia Ryan, que tiene una postura más relajada, pero amenazante e impasible. Como si se estuviera conteniendo las ganas de pegarle un tiro- Ryan. Chicos –resopla-. Vale, sé que no tengo ningún perdón, pero…
-¿Pero, Castle? –cuestiona Ryan, cruzándose de brazos- Después de hacernos creer durante todo este tiempo que la habías palmado, de repente nos enteramos de que eres un mercenario o algo parecido y te dedicas a hacer justicia en nombre de otros. No pretendas que te tiremos laureles.
-Todo tiene una explicación, en serio.
-Pues vete preparándola, tío. Tenemos que ir llamando a los del centro de detención.

Castle dirige su atención hacia la detective, agobiado, a punto de decir algo. Ella se da cuenta de si situación pero prefiere ignorarla levemente desentendiéndose del tema, arrugando sus labios con desinterés.

-Somos policías, Castle –casi le duele tener que hablarle con esa frialdad y de hecho se aprecia fácilmente en su voz pero no es nada más lejos que la verdad. Son policías y él, un delincuente.

No pueden tener ese favoritismo injustificado hacia él.

-Antes quisiera hablar con mi abogado –solicita Castle, volviendo a la mesa para sentarse en el sitio de antes.

Beckett asiente, volviendo a mirar a Esposito y a Ryan que, aun esforzándose por mantener esa pose de polis chulos e intransigentes, no pueden evitar ocultar una especie de melancólico remordimiento en sus ojos. Tienen su atención puesta en Castle y puede ver la ardua tarea que les supone no echarse sobre él a desfigurarle un poco la cara para luego culminarle de abrazos porque también ha sido duro para ellos.

Lo típico, siempre han sido como una familia.

-¿Todo en orden ahí abajo? –intenta quitar hierro al asunto como puede y dejar que todo aquel tema resulte demasiado abrumador.
-Sí, nos han dicho que no ha encontrado a nadie sospechoso. Todavía están rastreando el edificio, pero… –contesta Ryan, ladeando su cabeza-. También han encontrado dónde estaba la bomba. La habían colocado en los aseos, dentro de un váter. Parece que solo pretendían hacer un poco de ruido. Como si quisieran desviar la atención de algo.
-Sí, lo suponía. Oye, cuando podáis id al gimnasio, he… –traga saliva, contestando casi irracionalmente- dejado allí a uno de los implicados en esto. Con un tiro en la rodilla. No quiero que se desangre mucho, tiene que aclararme un par de cosas.

Suspira y desvía su atención brevemente hacia Castle. Cinco segundos como mucho. No dice nada pero con esa sonrisa y ese brillo en sus ojos se le queda casi grabado a fuego su agradecimiento. Aparta la vista porque cada vez que le ve siente que es un poco más débil, más vulnerable. Y más con esa sonrisa y esa mirada.

Y sabe que no puede evitar protegerle cuando más lo necesita, como siempre ha hecho.

Odia que todo eso esté por encima de sus capacidades. Lo odia con toda su alma, porque es en situaciones como las de ahora mismo en las que les pasa factura ese pequeño pero poderoso defecto.

-Vale, ahora vamos a por él. Ah, por cierto, hay que desalojar el edificio, los artificieros están a punto de venir –Esposito va hacia la puerta acompañado de Ryan. Antes de salir, pregunta-: ¿Llamamos a Gates?

La detective asiente, dándoles las gracias cuando cierran la puerta, volviendo a dejarles solos. Dejando un ambiente que es tan incómodamente tenso que lo único que Beckett quiere hacer es desaparecer, porque nota cómo todo eso se le queda demasiado grande. Castle no dice nada y ella agradece que sepa conocerle tan bien, porque es lo que necesita. Espacio.

Mucho espacio y, sobre todo, tiempo para asimilar los hechos de manera racional.

Al cabo de unos minutos, el escritor decide romper el silencio-: Uhm, oye.
Un escalofrío recorre su cuerpo- ¿Sí?
-¿Por qué has hecho eso? –ella le mira arqueando una ceja, confusa- Sí, encubrirme. Ya sabes, lo del tiro en la rodilla.
Niega con la cabeza- No lo sé, sinceramente.

A Castle no se le quita esa sonrisa de la cara y Beckett tiene que hacer un esfuerzo considerable para no observarle cada dos por tres, porque resulta demasiado atrayente y todavía no se lo puede creer. Resopla, desplomándose contra el cristal polarizado, mirando hacia todas y cada una de las esquinas de la sala, todo con tal de no establecer contacto visual con el escritor.

Solo desea que Gates venga lo antes posible.

-Muchas gracias.
Contra sus propios impulsos, no puede evitar sonreír ella también, aunque sea débil e inapreciablemente- No me las des. Todavía no hemos acabado.

---

Lo primero que hizo Gates cuando entro en la sala de interrogatorios fue mirarles como si fueran idiotas o algo parecido. Lo segundos, decirles a gritos que desalojasen la comisaría mientras por el camino les preguntaba constantemente cómo se les había ocurrido permanecer dentro con esa parsimonia cuando había un aviso de bomba vigente.

Lo tercero, y repitiéndolo en numerosas ocasiones mientras esperaban fuera a que descartaran la posibilidad de que hubiera más explosivos en el edificio, mirar a Castle con esa cara suya que suele usar cuando quiere bajarle los pantalones. Esa expresión tan típica de Gates que quitaría el aliento a cualquiera y le haría temblar, pero ligeramente diferente. Ligeramente fuera de personalidad. Fuera de lo que suele ser la dama de hierro.

Beckett ve en sus ojos la misma expresión de Ryan y Esposito y la misma que podría apreciar si se mirara ahora mismo en el espejo. Y es como si ni siquiera la temida capitana de la Decimosegunda quisiera seguir con eso. Como si estuviera actuando contra natura y la detective casi se asombra.

Sin lugar a dudas, Castle se ha conseguido un pequeño hueco bastante significativo y personal en esa pequeña porción del cuerpo de policía.

Castle se acaba dando cuenta de ello porque ni siquiera la capitana es capaz de ser sutil en una situación tan extrema. A Beckett le parece ver que está arrepentido y decepcionado consigo mismo porque no puede evitar agachar la cabeza. Y ella se remueve un poco por dentro, incómoda.

Es demasiado desagradable. Es ese típico asunto que está en medio de todo y se necesita sobrellevar por narices, pero nadie parece querer hacerlo porque resulta muy abrumador y es llevarse un mal trago para el cuerpo que no hay la necesidad de sufrir.

Durante la media hora que dura la supervisión de la comisaría, una especie de nube se cierne poco a poco sobre los detectives y ellos dos haciendo que se enrarezca el ambiente.

---

Por suerte o por desgracia, la bomba no ha dejado daños importantes, ni ha habido ningún herido. Quizá algún que otro administrativo que tuvo la mala suerte de nacer con una demacrada sensibilidad y ahora está en la ambulancia con un ataque de pánico, pero nada fuera de lo normal. Solo que los de la planta del explosivo tendrán que subir a los baños de arriba si les entran ganas de mear hasta que consigan dejar los suyos en condiciones.

Así que, en cuando ha pasado el aparente peligro, todos vuelven a entrar en la Decimosegunda a seguir con el trabajo como si nada hubiera pasado. Empezando por Beckett, que sabe que no puede perder mucho más el tiempo.

Pero ahora está deseando tener un poco más. Justo ahora, que tiene los ojos de Gates clavados en su persona a expensas de una respuesta mientras ella tiene los suyos en Castle, a través del cristal polarizado. Está sentado, inquieto, inseguro como si tuviera miedo de algo y verle así le obliga a encontrarse mal.

No sabe hasta qué punto su capitana va a ser benevolente con el escritor.

-¿Y bien? –la dama de hierro rompe el silencio y la detective se estremece ligeramente.
-¿Usted que cree que debería hacer?
-No sé, Beckett. Es usted la detective asignada al caso.

Ella lo sabe. Sabe que es su deber. Pueden entrar Ryan o Esposito con ella, pero normalmente los interrogatorios más o menos decisivos los suele llevar a cabo Beckett, porque a su vez suele ser la que se encarga de ese tipo de casos que requieren algo más de fría inteligencia.

Pero ahora no se ve capaz de sacar las tripas y ser objetiva e imparcial porque se trata de Richard Castle. Algo demasiado superior a ella.

-Creo que… –traga saliva- debería mantenerme al margen.
-Sí, yo también lo creo.

Beckett expulsa el aire que estaba conteniendo aliviada, agradeciendo que Gates sepa dónde están todos sus límites y cuándo debe quedarse dentro de estos. Antes de que Gates abandone la habitación, Beckett murmura un gracias. Su capitana se da la vuelta, confusa.

-¿Por qué?
Ella se encoge de hombros- Por facilitarme mucho más las cosas, señor. Y créame, es algo que me hace mucha falta ahora.
Gates asiente y sonríe de medio lado- Creo que Esposito y Ryan estaban preparando los documentos que habían encontrado, ¿no? –Beckett lo afirma con un sonido- Cuando los tengan, avísenme.

La capitana sale y Beckett observa cómo entra en la sala de interrogatorios. Se muerde el labio, nerviosa, sintiendo una mezcla entre frustración, expectación y ganas de salir corriendo porque no está muy segura de querer presenciar ese interrogatorio. Castle está de cara al cristal, puede ver todas y cada una de sus expresiones faciales y es algo que no hace que resulte más fácil estar ahí, de pie.

Resopla, esperando que se haga lo más corto y llevadero posible.

-Supongo que le han leído sus derechos, señor Castle –él asiente-. Entonces no sé de qué más quiere que hablemos.
-Venga, señor. No soy un asesino. Y lo sabe –replica, con resentimiento. Lo dice con una entonación que parece sincera y eso relaja levemente a la detective.
-¿De verdad? ¿Entonces por qué está tan inquieto, señor Castle?
-Por… otras razones –Castle desvía casi imperceptiblemente la mirada hacia el cristal, como si supiera que la detective está detrás. Beckett agacha la cabeza, con una sensación agridulce traspasándole el estómago- . Pero no porque no esté seguro de que pueda probar o no que soy inocente.
-No es eso lo que dicen las pruebas –él la mira, inquisitivo y Beckett empieza a sudar-. Encontraron su sangre en el cuerpo de la víctima.
-¿Víctima? –pregunta, incrédulo- Era un asesino, ¿lo sabía? –suspira- ¡Me iba a matar!
-Entonces está admitiendo que lo asesinó en legítima defensa.
-No, no. Tenía mi sangre porque me disparó en la rodilla y le saltó. En serio, si quiere se lo demuestro –señala su rodilla con la cabeza y la capitana niega con la cabeza-. Además, luego se echó encima de mí a darme una paliza.
-¿Tiene un informe médico?
-Mi abogado se lo traerá en cuanto venga.
-Vale, pero eso no explica por qué apareció con un tiro en la frente.

Kate se inclina hacia el cristal, observando a Castle dispuesto a dar una respuesta, pero titubeante. Solo quiere esclarecer todas sus dudas. Saber que Castle no es ningún asesino porque siente que cuanto más tiempo pasa, más insostenible se vuelve su vida.

-Alguien se lo pegó. No fui yo.
-¿Tiene alguna prueba que reafirme eso?
-¿No analizaron los casquillos de bala que encontraron en el sótano? Si, ese en el que supuestamente yo había muerto –Gates asiente-. Si lo compara con la bala que tiene en la sien, verá que no coinciden. No son del mismo arma.
-Así que me va a hacer creer que usted estuvo a punto de morir y, repentinamente, vino alguien que se cargó al que iba a ser su asesino y los dos desaparecieron, llevándose al cadáver.
-Oiga, señor, ni siquiera se encontró el arma del crimen, ¿verdad?
-Pudo haberla escondido.

Castle agacha su cabeza, suspirando y Beckett niega con la cabeza, apartándose el pelo de la cara con ambas manos y mirando hacia el techo. Se acuerda de cómo empezó todo y las vueltas que ha dado este caso, iba a ser demasiado fácil encontrar una respuesta tan simple a algo tan tergiversado.

Lo que aún no entiende es por qué Castle niega ser un asesino cuando tiene todas las evidencias en su contra y a su vez se las apaña para que suene verídico. Es una cosa que no acaba de encajar en todo eso y espera a que Gates también se haya dado cuenta.

En el mejor momento, entra Esposito en la habitación y Beckett dirige su atención hacia él. Está inquieto, enardecido, con una sonrisa en sus labios como si hubiera encontrado el arca perdida o algo parecido. Lo puede ver en sus ojos de tal manera que termina asustándose.

-¿Qué pasa? –pregunta, intranquila.
-Ya hemos pasado los archivos. Tenías razón, va todo sobre el caso de tu madre –Beckett sonríe, esperanzada y él asiente-. Y te vas a llevar una sorpresa.
-¿Por qué?
-Porque esto es muchísimo más de lo que conseguisteis descubrir. No solo está lo de tu madre. Está toda la mierda por la que se removía Bracken. Y cuando digo toda, me refiero a toda. Toda.

Beckett ve el cielo abierto. Casi pega un grito cuando empieza a ser más o menos consciente de lo que eso va a suponer a partir de ahora.

-Llama a Gates, corre.

---

Ha estado deseando tanto vivir este momento que no sabe cómo sentirse, porque realmente es un arma de doble filo.

Ahí están Gates, ella y los chicos, en la habitación de la pantalla, proyectando todos los informes y dejando que su capitana ande hurgando en su pasado –porque realmente de eso consta su pasado, y esa es la razón por la que ahora mismo trabaja en una comisaría- y observando con la boca abierta todos los documentos e intercalando mirada con ella. Beckett suspira, encogiéndose de hombros cuando Gates llega a la parte de las fotos de los respectivos asesinatos. La expresión con la que mira a la pantalla cuando ve a Johanna tendida en el suelo y todos los tejemanejes en los que Bracken andaba metido desde que empezó todo eso es indescriptible. Casi puede ver cómo se descompone ligeramente y luego suspira, intentando relajarse.

Kate se sobrecoge ligeramente. También están los informes del asesinato de Bob Armen y el nombre de Montgomery se repite innumerables veces junto con los de Raglan y McCallister. De todos modos, ya estaba preparada para esto. Sabía que no iba a conseguir sacar todos los trapos sucios sin dejar que su difunto capitán se viera salpicado por todo esto.

Luego viene la parte posterior. La parte en la que se ven todas las gestiones que hizo Bracken para contratar a todos los asesinos y todas las premisas que llevaban a Helen a sospechar que todos formaban parte de una misma red. De una especie de organización estrechamente relacionada con el senador por alguna razón. Beckett supuso que simplemente tenía contactos y demasiado dinero, pero no que realmente fueran un grupo ordenado, con algún fin.

Ve los nombres de Dick Coonan, Hal Loockwood y Cole Maddox y se deshace un poco. No puede evitar recordar todo por lo que ha tenido que pasar porque es algo que se le queda demasiado cercano.

Hay unos cuantos informes más y ahí acaba todo. Parece un arma de destrucción masiva. Es como una especie de pasaporte que va a permitirle hundir a Bracken, quince años después de haberse preparado física y psicológicamente. Se pregunta con qué clase de gente se movían Helen y su padre para haber conseguido llegar a todo esto porque se ve con una bomba de relojería entre las manos.

Ahora que Gates sabe la verdad, y contra todo pronóstico, se siente mucho más desahogada porque no tiene que andar con pies de plomo fingiendo no saber nada.

-A Jack Harbor le contrato el senador, ¿verdad? –pregunta Gates. Beckett asiente.
-Seguro que coinciden estos números de cuentas con la que transfirió el dinero a la de Harbor. No hay duda.
-¿Y qué pinta Castle en todo esto? –pregunta Esposito.

Beckett está tan acalorada y avivada por todo el poder que tiene ahora entre las manos que no sabe cómo contestarle realmente, porque no encuentra una explicación posible y ahora no está en pos de pensar algo.

-No lo sé. Pero él también buscaba esto. Y creo que lo hacía por mí –observa a Gates, que sigue atónita mirando los documentos-. Señor, ¿ya ha venido su abogado?
-No… no lo sé. Volvamos a la sala de interrogatorios, a ver si con esto abre un poco más la boca.

Beckett asiente, dirigiéndose casi como un resorte hacia esta. Gates la sigue y la llama, haciendo que la detective se dé la vuelta, interrogativa.

-Esos archivos… la dispararon debido a ellos, ¿verdad?

Es la primera vez que es testigo de una Gates hablando con inseguridad. Resulta bastante extraño, porque siempre ha dado esa imagen de mujer fuerte y decisiva.

Beckett asiente- Perdone si le oculté todo esto, pero… tenía que basar mis razonamientos en pruebas.
-Lo entiendo. Por eso también protegía a Montgomery, ¿verdad?
Su expresión se ensombrece levemente- Fue uno de los culpables de que mataran a mi madre. Pero no dejaba de ser mi capitán y dio su vida por mí. Y me hubiera gustado que no le salpicara todo esto, pero… –se encoge de hombros.
Su capitana la mira con lástima- Procuraré que los de asuntos internos no se metan demasiado en esto.

Beckett le da las gracias antes de entrar las dos en la sala de interrogatorios. Ahora que se encuentra algo más animada se siente preparada para atar el último cabo suelto.

Y espera que Castle también esté preparado.

Cuando están dentro, un señor trajeado de mediana edad, apariencia impasible y relajada, con una carpeta llena de hojas está sentado a su lado. Su abogado, supone la detective. Es como el día en el que toda la basura sale a relucir. Raro, pero no le acaba de desagradar demasiado a la detective. Se sientan enfrente de los dos esperando llegar a alguna conclusión razonable.

-Señor Castle, ¿puede explicarme por qué el senador Bracken quería matarle? –inquiere Gates. Castle sonríe ampliamente, mirando a Beckett con orgullo.
-El señor Castle no tiene por qué responder a sus preguntas –replica el abogado.
Castle levanta la mano, apaciguado, bastante más de lo que estaba antes. Ahora no tiene esa duda en su expresión- No pasa nada, quiero contestar a esto –dice, para luego mirar a la detective-. Sabía que lo conseguirías –ella se remueve un poco sobre la silla, medio emocionada, medio exasperada. Intenta no sonreír demasiado porque todavía queda una duda considerable en el aire-. La verdad es que no lo sé. Estaba de camino a la comisaría, de noche y alguien me vino por la espalda. Me debió de poner un pañuelo con cloroformo y me desmayé –explica, colocando su mano abierta sobre su nariz y boca, enfatizando más el relato-. No recuerdo mucho más, si le digo la verdad. Solo que, cuando me desperté, estaba en un sitio oscuro, atado de pies y manos, que olía a rata y había un tío apuntándome con una pistola enfrente de mí. Pensaba que se trataba del 3XK, por todo lo que estaba ocurriendo, pero luego… Bueno, me encontré con esto.
-Si mal no recuerdo, usted estaba bajo protección policial –rememora, echando a Castle una mirada suspicaz.
Sonríe, nervioso, enseñando sus dientes- Me escapé. Fui un chico malo, lo siento. El caso es que no pude haberlo matado, ¿lo ve?
-No baje la guardia, señor Castle. Sigue estando acusado de asesinato, aún no ha demostrado nada.
-Ahora sí –pronuncia su abogado, enseñándoles un papel, como una especie de testificación.

Gates lo toma, inclinándolo un poco para que Beckett pudiera leerlo. En él, una persona asume los cargos de asesinato por Castle, alegando que tiene la pertinente autoridad para haberse tomado la libertad de quitarles la vida a Jack Harbor y el tío que disparó a Beckett en casa de Helen, dos meses atrás.

Ya solo por eso, ambas empiezan a intranquilizarse, porque quiere decir que hay algo mucho más grande detrás de todo eso de lo que no conocen prácticamente nada y supone otro bache más. Pero la cosa se terminó de complicar cuando vieron el sello que hacía las veces de firma y a Beckett casi se le corta la respiración en el momento en el que lo reconoce.

Mira a Castle con inexplicable desconcierto, abriendo y cerrando la boca varias veces porque no sabe qué decir. Castle se desliza sobre la silla, resoplando aliviado con los ojos cerrados, y por primera vez desde que se han encontrado lo ve solemne y tranquilo, como si ya no estuviera preocupado. Al menos no demasiado. Sonríe de esa forma tan particularmente suya, como jactancioso, pero a la vez cálido y cercano cuando es a Beckett a la que se dirige. Sus ojos adquieren un brillo especial en cuanto cruzan una tímida mirada con Beckett y esta se remueve por dentro, abrumada.

Vuelve a volcar su atención a aquella peculiar confesión, más desahogada que antes –porque ahora, con total seguridad, puede afirmar que Castle no irá a la cárcel, ya que no es un asesino y más o menos se alegra de saber que su ciega confianza no va a estrellarla contra el suelo- pero al mismo tiempo, considerablemente preocupada. El escritor no es un homicida, pero como sospechaba, está involucrado plenamente en algo que a todos ellos se les queda demasiado grande.

De hecho ni siquiera sabe cómo todo ese asunto ha llegado hasta ese punto, ni por qué. Y no está segura de querer seguir tirando de la manta después de ver lo que está sobre la mesa.

-¿Se lo dije o no, señor? No soy ningún asesino.
En un momento de lucidez, Beckett consigue reordenar sus pensamientos- ¿La… la CIA?

***

Muchas gracias por leer y comentaaaaaar! <333 A lo mejor entre hoy y mañana tambien subo el primer capi de Recess, lo tengo casi terminado ^^. Nos vemos en el siguiente!

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por saratheplatypus el Vie Abr 19, 2013 11:30 pm

Yaye escribió:Por fin apareció, y justo en el mejor momento, para salvar nuevamente a Kate, aunque como consecuencia tenga que ir a la cárcel. Espero que sea por poco tiempo.

Me ha encantado el capítulo. Espero que puedas continuar pronto que no lo tengas mucho tiempo encerrado Laughing

Siiii, no iba a dejar que a su novia le pasara nada Razz jajaja. Y bueno, eso ya se vera Wink. Jup, MUCHISIMAS GRACIAAAAAAAAS! Love Ya he subido la conti, espero que te gusteeee! ^^

Anver escribió:Sara, con tu edad y tu forma de escribir, creo tener claro hacia donde va tu futuro. Ánimo y a por todas.

Perdona por no haber comentado antes. No hay excusa por mi parte.

Adelante, lo haces genial.

Hala Crying or Very sad MUCHAS GRACIAAAAAAAAAAAS ANA, JO! Big Crying Ya me gustaria, es uno de mis sueños ^^ pero bueno, eso se lo dejo a los profesionales xd. Jo, si no pasa nada, tampoco teneis que comentar Smile. Y muchas gracias otra vez! :'( Espero que el capi nuevo te guste! Very Happy

L-beckett41319 escribió:Cada capitulo nuevo q escribes me sorprende mas, escribes de maravilla sin duda tienes mucho talento para estoo! Clap
Continua prontoo me encanta tu historiaaa!

JJJJJJO, MUCHISIMAS GRACIAS! Big Crying No sabeis lo que ayudan esos comentarios, en serio <33. Ya he subido el nuevo capi, a ver que te parece! Inlove

KateC_17 escribió: Eink? OMG pedazooo fic me lo acabo de leer enterito y he quedado A-LU-CI-NA-DA I\'m Dead diooos me han gustado todos los capis y me he quedado tan enfrascada en la lectura que no me he dado cuenta que habia cambiado de assignatura (cuando comenzé estaba en ingles y ahora me doy cuenta que es la profe de literatura Facepalm )
en fin me ha gustado muchisimo el capi y es una alegria saber que Rick esta vivo Happy Clap aunque debe muchas explicaciones y sobretodo a Kate que lo ha pasado muy mal Crying or Very sad
uaa lo has dejado en una parte muy interesanteee No War me ha gustado muchisimo y tengo unas ganas terribles de leer masss jeje Laughing
en fin sube la contiii plisss Big Crying estaré esperando la conti con ansias
nos vemos! Hi!

Ay dios, entero? Jooo, ME ALEGRO MUCHO DE QUE TE HAYA ENGANCHADO! Big Crying Y sip, no habria sido capaz de matar a Castle, con lo amor que es <33. Y ademas Beckett se lo merecia (ES QUE ESTOS DOS ESTAN DESTINADOS A ESTAR JUNTOS VALE? Inlove ). Pues ya lo he continuado, a ver que te parece! ^^ Y muchisimas gracias por tu comentarioooo, jo! *_____*

_Casckett_ escribió:me encanta, continua pronto

MUCHAS GRACIAAAAAS! Inlove Ya he subido capi nuevo, espero que te gusteeee! Very Happy

Beckett_Castle_Alba escribió:Con cada capítulo te superas Sara.
Este ha sido increíble, ha tenido acción y escenas tremendamente tiernas. Lo del llavero me ha encantado, buen lugar para esconder la tarjeta.
El asalto a la comisaría y esa actiud de Gates por protegerlos ha todos me ha gustado mucho.
Y que decirte del final, ha sido triste y tierno a la vez. Por fin se han reencontrado, aunque el final no ha sido el mejor.
Espero que Castle tenga algo en mente que lo pueda sacar del lío en el que está metido.
Precioso Sara.

ALBAAAA! *___* MUCHAS GRACIAAAAAAAAS! Big Crying La verdad es que le estuve dando mucho al coco para idear un buen lugar donde esconderlo xdd. Y gates en realidad es un amor y todos lo sabemos, QUIERO QUE EN LA SERIE SAQUE ESA FACETA! <3 Y yaaa, a ver, me gusta hacerlos sufrir un poco Razz. Pero bueno, que todavia queda historia por delante jajaja. Jo, muchas gracias por tu comentario! Inlove Ya he subido el 11, a ver que te parece *-*.

suika escribió:Realmente sigue encantandome capítulo tras capítulo. Sigue así

HALA, MUCHISIMAS GRACIAS! Big Crying Ya he subido el 11, espero que te guste! ^^

AlwaysSerenity escribió:PERO POR QUE LO DEJAS AHI??! affraid
Despues de 1 año creyendo que estaba muerto (bueno, los ultimos dias sabia que estaba vivo) aparece para que lo arresten!
Espero que se pueda librar de los cargos... y pobres, no se han dado ni un beso.. Crying or Very sad
CONTINUA PRONTO ORNITORRINCO

Es que me gusta meter suspense, ya sabes Razz jajaja. Y bueno, ya habra tiempo para aclarar el tinglado donde esta metido Castle xd. Ais mi Clau, MUCHAS GRACIAS POR EL COMENTARIOOOO! Inlove Espero que te guste el capi 11! ^^

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por KateC_17 el Sáb Abr 20, 2013 12:04 am

woooo capi nuevooo!!! Happy Clap uuuh a Rick se le veia muy tranquilo Shocked jaja
ains Kate, la pobre ya no sabe que hacer... No War hay tantos sentimientos que hay en su interior...
despues jaja me he reido en la parte final Laughing Out Loud ¿la CIA? Eink? Rick se ha vuelto espía? Shocked jojo eso quiero verlo
practicamente les ha dejado calladas a Gates y a Kate seguro Laughing jeje
en fin me ha gustadooo muchooo el capítulo y estaré esperando con ansias el siguiente Reverence asi que no tardessss ¿okissss? Big Crying jeje
¡nos vemos! Hi!

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por AlwaysSerenity el Sáb Abr 20, 2013 12:07 am

La CIA!? Eink?
Wow! Bueno por fin van a hacer justicia con el caso de Johanna...espero que pronto se arregle todo...
CONTINUA PRONTO ORNITORRINCO! Wink

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por agecastbet el Sáb Abr 20, 2013 12:33 am

Pero como que a lo mejor, subelo, no seas ca....... labaza, qué quieres que ahora, en éste momento me entren los sudores fríos de la impaciencia, la curiosidad y la incontinencia .............. haber que estamos pensando, que todavía no tengo que llevar pañal, ........... aunque lo mismo como sigamos así me lo recetan, jajajajajajajaja............. la incontinencia de ambas dos que me llevan a estar pendiente de cuándo nos vas a dar la alegría, de que Beckett le arrechuche un poco, !!!!!!!!! que ya va siendo hora ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡.
Bueno sube el capítulo cuando puedas o te apetezca, pero a ser posible que no pase de hoy, lo más esta noche, jajajajajajajaja
Estupendo como siempre, no esperaba menos de ti, pero eres una jo.......robada, que no dejas de maltratarnos, poniéndonos a todos a los pies de los caballos, con esa endiablada imaginación, jajajajaja
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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por Beckett_Castle_Alba el Sáb Abr 20, 2013 6:04 am

Guau, que bien montada tienes la trama Sara.
Parece que esté viendo uno de los grandes capítulos de la serie, eso que te deja con ganas de más, de mucho más.
Me encanta como ha sucedido todo con respecto a Castle. El comportamiento de Beckett al verlo, como le cuesta mantenerse alejado de él, como consigue desarmarla, y lo contrariados que están Espo, Ryan y Gates.
El hecho de que todo esto esté relacionado con Bracken hace que la historia sea aun más interesante, y además tu la mezclas con la CIA.
¿Será que Castle ha contado con la ayuda de su padre para algo? Porque es lo primero que se me ha venido a la mente...
Es genial Sara, no sé a donde quieres ir a parar con todo este caso, pero presiento que va a ser un caso de los grandes.

______________________




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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por Yaye el Sáb Abr 20, 2013 12:01 pm

No se como lo haces pero con cada capítulo te superas. Te ha quedado genial!!!

Por cierto, será que por fin alguna teoría de Castle se ha hecho realidad y está trabajando con la CIA???

Espero que puedas continuar pronto. Mucha suerte con esos exámenes.

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por _Caskett_ el Sáb Abr 20, 2013 10:50 pm

me encanta Clap , parece que las cosas ya van mejorando. continua pronto.

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por L-beckett41319 el Sáb Abr 20, 2013 11:45 pm

Como siempreee genial, me ha encantado el capiuloo, sigueloo pronto q aqui tines a una lecttora enganchadisimaaa! Wink

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por saratheplatypus el Mar Mayo 21, 2013 10:11 pm

KateC_17 escribió:woooo capi nuevooo!!! Happy Clap uuuh a Rick se le veia muy tranquilo Shocked jaja
ains Kate, la pobre ya no sabe que hacer... No War hay tantos sentimientos que hay en su interior...
despues jaja me he reido en la parte final Laughing Out Loud ¿la CIA? Eink? Rick se ha vuelto espía? Shocked jojo eso quiero verlo
practicamente les ha dejado calladas a Gates y a Kate seguro Laughing jeje
en fin me ha gustadooo muchooo el capítulo y estaré esperando con ansias el siguiente Reverence asi que no tardessss ¿okissss? Big Crying jeje
¡nos vemos! Hi!

Jajaja ya vereis que le pasa a Castle y por que esta tan tranquilo Razz y yaaaaa, creo que me estoy pasando con ella Crying or Very sad con lo que quiero yo a mi Beckett <33. Y seeeh, la CIA. Pero dentro de nada sabreis a que viene todo esto. Joooo, MUCHAS GRACIAS POR EL COMENTARIOOOOOO! Love Creo que eso de tardar poco... jajajaja pero bueno, ya lo he escrito y en seguida lo voy a subir ^^. Espero que la espera haya merecido la pena y te guste! Kiss

AlwaysSerenity escribió:La CIA!? Eink?
Wow! Bueno por fin van a hacer justicia con el caso de Johanna...espero que pronto se arregle todo...
CONTINUA PRONTO ORNITORRINCO! Wink

MI CLAAAAAAAAU! Inlove Parece que lo de la CIA no lo veiais venir jajajaja. Y bueno, eso de arreglarse pronto... ya lo veras Razz. Ahora mismo voy a subir el 12. Espero que te gusteeee! Love Y MUCHAS GRACIAS POR EL COMENTARIO, PRESIIII! Inlove

agecastbet escribió:Pero como que a lo mejor, subelo, no seas ca....... labaza, qué quieres que ahora, en éste momento me entren los sudores fríos de la impaciencia, la curiosidad y la incontinencia .............. haber que estamos pensando, que todavía no tengo que llevar pañal, ........... aunque lo mismo como sigamos así me lo recetan, jajajajajajajaja............. la incontinencia de ambas dos que me llevan a estar pendiente de cuándo nos vas a dar la alegría, de que Beckett le arrechuche un poco, !!!!!!!!! que ya va siendo hora ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡.
Bueno sube el capítulo cuando puedas o te apetezca, pero a ser posible que no pase de hoy, lo más esta noche, jajajajajajajaja
Estupendo como siempre, no esperaba menos de ti, pero eres una jo.......robada, que no dejas de maltratarnos, poniéndonos a todos a los pies de los caballos, con esa endiablada imaginación, jajajajaja
BESOTESSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

Jajajaja joooo, lo siento Crying or Very sad. Es que soy una chica con una agenda muy apretada Razz xddd. Bueno, bueno, esa alegria... no se si llegara. Puede que si, puede que no. Ya lo vereis Razz (lo se, estoy hecha una mala pecora Cool jajaja). Bueno, he tardado casi un mes en subirlo, o mas. Lo se lo se, merezco la muerte, LO SIENTOOOOOO! Crying or Very sad Pero bueno, aqui tiene el capi 12 Razz. JOOOOOOO, MUCHISIMAS GRACIAAAAS! Big Crying Espero que la espera haya merecido la pena y el nuevo capi te guste! ^^

Beckett_Castle_Alba escribió:Guau, que bien montada tienes la trama Sara.
Parece que esté viendo uno de los grandes capítulos de la serie, eso que te deja con ganas de más, de mucho más.
Me encanta como ha sucedido todo con respecto a Castle. El comportamiento de Beckett al verlo, como le cuesta mantenerse alejado de él, como consigue desarmarla, y lo contrariados que están Espo, Ryan y Gates.
El hecho de que todo esto esté relacionado con Bracken hace que la historia sea aun más interesante, y además tu la mezclas con la CIA.
¿Será que Castle ha contado con la ayuda de su padre para algo? Porque es lo primero que se me ha venido a la mente...
Es genial Sara, no sé a donde quieres ir a parar con todo este caso, pero presiento que va a ser un caso de los grandes.

OHHHHH, MUCHISIMAS GRACIAS, ALBA! Big Crying Que me lo digas tu con las pedazo tramas que te montas... jo, en serio, es un gran honor Love. La verdad es que eso es lo que mas me esta costanto escribir porque no estoy muy segura de como reaccionaria aqui la family si esto pasara en la serie. Me alegro de no haberlo dejado muy fuera de sus personalidades ^^. Y uuuuuuy, me gusta como usas la logica, Alba. Ya veras a que viene lo de la CIA y ahi veras si has acertado o no Razz. Y muchas gracias otra veeeeeez! Inlove Ahora mismo voy a subir el 12. Espero qe te gusteeeee! Kiss

Yaye escribió:No se como lo haces pero con cada capítulo te superas. Te ha quedado genial!!!

Por cierto, será que por fin alguna teoría de Castle se ha hecho realidad y está trabajando con la CIA???

Espero que puedas continuar pronto. Mucha suerte con esos exámenes.

OOOOOOISH, MUCHAS GRACIAS! Crying or Very sad Y lo de la CIA tiene una explicacion bastante simple, ya la veras conforme vayas leyendo Razz. Y ahora mismo voy a actualizar. Siento haber tardado tanto Crying or Very sad pero aqui estoy! Very Happy Y muchisimas graciaaaaas! ^^ Aunque ahora me queda la parte mas dificil jajaja. Bueno, espero que te guste el capitulo 12! Love

_Caskett_ escribió:me encanta Clap , parece que las cosas ya van mejorando. continua pronto.

MUCHAS GRACIAAAAAS! Love Si, la verdad es que van mejorando... un poquito. Un poquitin Razz aun os queda mucho jajaja. Bueno, pronto lo que se dice pronto... creo que no jajajaja. Y lo siento Crying or Very sad pero ahora mismito voy a subir el 12! Espero que te gusteeee! Kiss

L-beckett41319 escribió:Como siempreee genial, me ha encantado el capiuloo, sigueloo pronto q aqui tines a una lecttora enganchadisimaaa! Wink

Oooooooh MUCHAS GRACIAAAAAS! Kiss Jo, enganchadisima? Ayayayayayay me alegro de que mi historia te guste! ^^ Ya voy a subir el 12. Espero que te siga enganchandooo! Love


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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por saratheplatypus el Mar Mayo 21, 2013 10:17 pm

HEEEEEEEEEEELLO! Kiss Perdon por el retraso, en serio. Ya se que ha sido casi un mes y todo eso, teneis todo el derecho del mundo a practicar voodoo conmigo Crying or Very sad. Es que el insti me tenia absorbida Big Crying pero bueno, que ya he terminado todo Very Happy 8Y HAGO SELECTIVIDAD, YUUUUUUUUJUUUUUU! Happy Clap). Bueno, que voy a lo que voy. Aqui teneis el capi 12, recien salido del horno ^^. El word dice que tiene 20 paginas, ahi teneis todo un mes de ideas contenidas. Espero compensar asi la espera jajaja. BUeno, como siempre, muchisimas gracias por leer y comentar, sois unos cielos Inlove. ESPERO QUE OS GUSTEEEE! Awesome

---

Capítulo 12: Hogar

Uno, dos, tres.

El café está tan amargo y tan caliente que casi lo escupe por toda la máquina. Resulta hasta asqueroso, pero es algo necesario. Ahora quiere algo que rebaje sus ganas de pegarle un tiro al escritor. Quiere algo que la mantenga en su sitio, que la dé esa serenidad y aplomo de la que suele hacer uso normalmente cuando la situación ligeramente se le escapa por algún lado.

Pero lo de ahora está lleno de agujeros y se hunde por su propio peso, y Beckett con ello porque está comprometida y con el agua hasta el cuello con lo que no le compete, pero de alguna manera son daños colaterales. No debería estar preocupada. No tiene una razón de peso para estar preocupada.

Pero lo está. Demasiado. Tanto que a este paso se le va a caer el pelo.

Cuatro, cinco, seis.

Montgomery le decía que, antes de someterse a sus propios impulsos y dejarse llevar, debía respirar profundamente y contar hasta diez antes de sacar la pistola y ponerse a disparar sin juicio ni razón. Cerrar los ojos, quitarse un poco de tensión y volver al tajo. Es un requerimiento que va implícito en su profesión, y más cuando algún gallito se pone chulo delante de ellos.

Montgomery le decía que le ahorraría un montón de problemas y trámites. Que era algo pasajero, que se acabaría acostumbrando tanto a estar todo el día de mala hostia que ni se le notaría porque dejaría de tener el efecto devastador que suele tener en los novatos que acaban de salir de la academia.

—Estás enfadada, ¿verdad?

Pero es que con Castle pierde todos esos años de experiencia y todo lo que le aconseja a su difunto capitán se reduce a un mero “me importa un carajo” y sabe que si todavía no le ha cruzado la cara es porque no quiere estar en boca de todos durante semanas y que la miren como si fuera la protagonista de uno de estos programas de telebasura. Ni a ella ni a Castle.

Pero eso no quiere decir que esté obligada a aguantar todas y cada una de sus sandeces.

—Mira, Castle, ahora mismo no me apetece hablar con nadie, y menos contigo. De hecho ni siquiera me apetece verte la cara. Así que, a no ser que vayas a decirme algo que sea sustancial para el caso, te sugiero que te des la vuelta y te vayas a la mierda.
—Sí, sí que lo estás.

Ella suspira, terminando de beberse el café de un pronunciado y largo sorbo y apoyando la taza sobre la encimera de mala manera. Tan fuerte que casi la rompe. Pero le da igual. Se gira sobre sus pies para quedar enfrente de Castle. Está con esa pose de siempre; manos metidas en los bolsillos, espalda arqueada vagamente y mirándola como si el mundo se fuera a acabar.

—Oye, Kate¬–
—No, cállate —lo interrumpe, acercándose pero no demasiado, quedándose a una distancia prudencial—, ¿vale? Cállate.
—Solo quería preguntarte si hacías algo esta noche.
Beckett lo mira frunciendo el ceño, medio sorprendida, medio airada— ¿Qué? O sea, ¿me lo estás diciendo en serio?

Él siempre ha sido demasiado descarado y lo sabe. Richard Castle es el típico tío que primero se toma la libertad de hacer cualquier tontería por su cuenta y luego te da la noticia con parsimonia. No pregunta. Solo avisa por si algo sale mal. Para que el desastre, cuando se les venga encima, no resulte tan pesado. Así que, partiendo de eso, al menos agradece que pregunte antes de verse comprometida en algo con lo que no quiere tratar.

Aún así se sorprende de lo insistente que es Castle con una cosa cuando sabe de primera mano el resultado. Como un niño pequeño. Hay cosas que nunca cambian.

—Pues… ¿sí? —Beckett resopla, medio riéndose de forma escéptica— Solo quiero que hablemos, ponernos al día; han pasado casi dos años —Beckett entreabre la boca para replicar, pero Castle hace un gesto con su mano—. Déjame terminar —Castle apoya su costado sobre el borde de la encimera—, también será sustancial para el caso. No te haré perder el tiempo, si es lo que te preocupa. Solo será una… cena informal.

Ella se cruza de brazos, exasperada, impaciente, pero con la voluntad levemente aflojada. Apartando cualquier tema que no sea profesional, necesita pistas y él las tiene. Desgraciadamente, Castle las tiene todas y aunque suene demasiado sórdido hasta para ella, se ve en la comprometida situación de poner su mejor sonrisa, tragarse sus penas y hacer uso de toda la paciencia que la inspectora pudiera tener a costa de sacarle lo que necesita.

—Soy una mujer ocupada, Castle, no sé si lo sabrás. No quiero dedicar una noche a complicarme más la vida cuando podría estar haciendo cualquier otra cosa más importante.
—Tu senador puede esperar. Es más, tiene que esperar. No se lo tires todavía a los tiburones.
—¿De verdad estás diciéndome cómo hacer mi trabajo?
—No —se relame los labios, frunciendo el ceño como si fuera consciente de algo peligroso y ella se intranquiliza un poco—, te estoy diciendo que sabe nadar. Se está preparando y vosotros deberíais hacer lo mismo.
—¿Cómo estás tan seguro?

Castle abandona esa postura de alerta para sacar las manos de sus bolsillos, relajado pero sin bajar la guardia totalmente. Desvía su atención de la inspectora y se remanga su muñeca izquierda para mirar su reloj, pensativo. Ella empieza a zarandearse con impaciencia, pensando en la cara que tiene. En que no es comedido con lo que suelta por esa boca y está lejos de serlo, y siempre le ha dado igual.

—¿A las diez y media te viene bien?
—Castle, por favor.
—O a lo mejor a las once —propone, volviendo a mirarla, con esa sonrisa desafiante de medio lado. Beckett se siente instigada en todos los aspectos—. Creo que tenemos mucho trabajo.
—Deja de hacer eso, por favor. Ya basta.

Castle deja de sonreír y ella no sabe si es por ese tono de súplica mal camuflado por el poco interés que tiene en volver a saber de él y tener que aguantar todas y cada una de sus payasadas. No quiere volver a sentirse vulnerable y mucho menos darle el placer de presenciarlo, pero esto está muy por encima de lo que ella se suele exigir a sí misma.

Él se acerca, lento, como si estuviera inseguro de algo. Lo ve en su mirada. Ella se queda quita mientras ve cómo acorta la distancia hasta que la distancia prudencial que había impuesto se ve reducida al peligro de un par de centímetros tentados por todo contra lo que Beckett lucha y se resiste. Inspira honda y lentamente, su corazón se acelera cuando el aroma de la colonia del escritor se empieza a infundir por todo su cuerpo, engrandecida por su calor corporal.

—Perdóname, Kate —ella sigue inmóvil, haciéndose pequeña por momentos. No quiere que la desarme, no puede desarmarla de esa manera—. Lo siento, pero no quiero perder mucho más tiempo, ni te quiero poner en peligro. Esta noche podrás recordarme hasta que te aburras la mierda de persona que soy, pero ahora tenemos que terminar de hacer esto, ¿vale?

El escritor levanta su mano con cuidado, tembloroso, dudando brevemente pero cediendo a esa necesidad incontenible por tocarla y ella contiene el aire. Roza suavemente con su dedo pulgar su barbilla, ascendiendo hasta rozar el perfil de su labio inferior, acariciándolo y Beckett siente cómo se le eriza el vello por todo su cuerpo. La situación genera tanta tensión e incomodidad que el escritor tarda poco más de cinco segundos en romper ese contacto físico haciendo un favor a ambos y suspirando, resignado. Como si se sintiera mal.

—Vamos, Gates nos estará esperando.

Y Castle se va, Beckett deja de contener la respiración mientras se deshace por dentro y se aparta unos mechones de su cara, intentando recuperar el aliento y la cordura que ha perdido en ese momento.

La ha desarmado completamente.

***

Después del violento pero irresistible encontronazo en la sala de descanso, a Beckett le entran ganas de vomitar. Estaba a punto de ir al baño para empaparse la cara y esperar que el frío del chorro consiguiera despejar sus ideas y, de paso, asegurarse de que su estómago estuviera lo suficiente estable como para no darle una sorpresa tan desagradable en el momento más inoportuno, pero no lo hace.

Se da un par de minutos para normalizar el ritmo de su respiración, apoyando el peso de su cuerpo contra la pared, deslizando su espalda por esta hasta que se siente más o menos renovada y va hacia donde estaba la pantalla con los archivos de Helen. Al llegar, ya están planificando algún tipo de asalto para detener a Bracken y especulando sobre los hechos mientras Ryan y Espo miran con vehemencia a Castle y este se remueve intimidado. Como si pretendiesen matarlo con la mirada o algo. Gates la mira y le indica con un movimiento de cabeza que cierre la puerta.

—Tío, ese cabronazo anda suelto y sigue teniendo los mismos escrúpulos que hace dos años. Ya se habrá enterado de esto y volverá a mandar a un tío a que la mate —Esposito suena desesperado y resentido, tanto que a Beckett le conmueve ese afán por mantenerla a salvo—, ¿de verdad nos estás sugiriendo que le dejemos en paz?
—De momento, Esposito. Solo de momento. Tú lo has dicho, tiene los mismos escrúpulos y ahora está acorralado. Puso una bomba en la comisaría.
—De distracción —replica.
—Llámalo como quieras, pero tiene recursos.

La detective mira a Ryan, también desesperado y resentido, también cabreado con el escritor, pero sin decir ni una palabra. Por la manera con la que lo mira, sabe que tiene razón y se pregunta si su compañero es tan bueno que no se ve con la capacidad de guardarle rencor durante un tiempo indefinido a una persona.

—¿Entonces qué hacemos? —Beckett interviene y Castle la mira. Ella se dirige hacia la mesa, sentándose a la expectativa, arrugando sus labios.
—Mis… —traga saliva, dubitativo— contactos nos ayudarán con esto. Solo necesito enviarles una copia de los informes y harán el resto.
—Pero… Castle. ¿con qué panda de sicarios te estás juntando? —Javier lo observa con suspicacia y Castle se pone nervioso— En serio, ¿dónde te has metido?
—Que te oigan llamarles sicarios, Esposito, y cuando menos te lo esperes acabarás colgado de un puente por los… —advierte, dejándoselo a su imaginación. Esposito lo mira horrorizado y algo en la mente de la detective hace click.
—¿La CIA? ¿Esos son tus contactos?

Ante la revelación, a sus dos compañeros se les desencajan las mandíbulas, observándolos como si estuvieran hablando en chino o algo parecido. Castle mira a Beckett con una sonrisa de medio lado y esa mirada que solo tiene para ella. Esa mirada que le solía poner cuando resolvían cualquier caso juntos, en perfecta sincronía y tiene que bajar la mirada para no ahogarse con su propia respiración.

—Señor Castle, ¿de verdad pretende que la CIA se involucre en esto? Tiene competencias bastante más… importantes que esto, sin que suene como una ofensa, detective —ella niega con la cabeza, restándole importancia. Castle se encoge de hombros, con naturalidad—. No sé cómo habrá llegado a mezclarse con esa gente, pero dudo mucho que consiga arrastrarlos hacia aquí.
—Créame, capitán, puedo hacerlo. Yo también tengo recursos —se acerca a la pantalla, señalando con su dedo índice los informes escaneados—. ¿No se da cuenta de los líos en los que estaba metido? Una organización de asesinos a sueldo que en realidad son ex-militantes, siendo él el cabecilla.
—Eso son conjeturas, Castle —Beckett le refuta, le cuesta pero tiene que mirar hacia otra posibilidad menos jugosa. No puede dar nada por hecho en un asunto tan delicado—. Todavía no lo sabemos.
—Solo necesitamos rastrear los movimientos de Bracken. No me trago que un tío pasará de fiscal adjunto del distrito a pertenecer al senado en cuatro años con esa facilidad. Además, seguro que se baña en billetes de cien dólares, le sobra el dinero por alguna razón. Si conseguimos relacionar a Bracken con el ejército, pasará a ser un peligro a escala nacional. Solo con eso, la CIA tendrá motivos de sobra para meterse en esto.
—Vale, pero mientras nosotros discutimos aquí una conjetura, porque es una conjetura —el moreno intenta reprocharle de todas las maneras posibles la teoría de Bracken y Castle resopla, aburrido—, ese tío podría estar cogiendo un avión para irse a la isla más deshabitada que hay en el planeta.
—Entonces haremos que deje de ser una conjetura —Castle dirige su atención hacia la detective, buscando su aprobación y ella se encoge de hombros, cediendo.

Castle es el amo y señor de las teorías descabelladas y peligrosas —sobre todo peligrosas— y Beckett está acostumbrada a encontrarse cara a cara con el desafortunado producto de su imaginación, pero no se lo reprocha. No esta vez. No pone ninguna excusa para tirarla por tierra. Sabe su trayectoria y la desbordante capacidad para recrearse todas esas fantasías criminales que tiene, pero también sabe que tiene ese don especial para convertir la suposición más surrealista que se haya podido plantear en algo lo suficiente verídico para usarlo en contra de un sospechoso. Y, para su desgracia, es un caso en el que tiene que andar con pies de plomo y agarrándose a un clavo ardiendo.

—La ambulancia se llevó al tío que intentó matarme en el gimnasio, ¿verdad? Quizá el pueda decirnos en qué anda metido Bracken o… algo así. No sé —señala a Ryan y Esposito con su dedo índice—. Vosotros quedaos por aquí, intentad seguid el rastro de los documentos a ver si arrojáis un poco de luz a esto. Castle y yo iremos al hospital, a ver si suena la flauta.

***

Hay dos cosas que agradece en ese momento: que el hospital no quede demasiado lejos de la comisaría y el hecho de que Castle la conozca lo suficiente como para saber qué es lo que necesita con solo mirarla. Por eso ahí está; sentado, quieto, con un nerviosismo mal disimulado y probablemente luchando contra todas esas tentaciones por soltar alguna de sus típicas tonterías para romper el hielo. Puede parecer una tontería pero para ella no lo es. No es una tontería, es todo un detalle y hace que acabe sintiéndose mal por alejarlo de esa manera y levantar una cortina de humo entre ambos.

En cuanto aparece un semáforo en rojo, ella suspira, deteniendo el coche, esperando. La sensación del silencio sepulcral en el vehículo, únicamente perturbada por el rugido del motor es tan abrumadora que es Beckett la que cede y se somete al impulso de romperlo por algún lado.

—Castle —no lo mira, pero sabe que ha captado su atención—, ¿cómo sabías que iban a poner una bomba en la comisaría?
—No lo sabía.
—Apareciste de repente en el lugar más apropiado. Algo te tendrías que oler.
—Siempre me huelo algo. Ya te lo dije antes en la sala, no te podía quitar el ojo de encima, ni a ti ni a ningún detalle relacionado que me pareciera lo suficiente sospechoso como para preocuparme —Beckett hace un esfuerzo sobrehumano por no sonreír.
—¿Y de dónde sacaste el uniforme de poli? ¿Cómo conseguiste infiltrarte con esa facilidad?
—Tengo contactos.
—Tú siempre tienes contactos para todo —lo dice quejándose entre dientes, con desprecio. El semáforo se pone en verde y ella se inquieta, acelerando.
—No siempre, solo cuanto intento salvarte la vida.

Lo dice en tono neutral, sin más. Simple y contundente, como tiene que ser. Así que Beckett cierra la boca y sigue el trayecto en silencio preguntándose si la única razón por la que busca refutarle todo lo que dice es por el hecho de que la vida le ha enseñado a construirse un orgullo propio y no dejar que nadie se lo lleve por delante. Porque no es capaz de morderse la lengua, tragarse la soberbia y admitir que a partir de ese momento, todas las pegas que haya entre ellos las coloca ella. Con o sin fundamentos, pero ahí están porque Beckett quiere que estén.

Cuando parece que la conversación no da más de sí y el silencio incómodo vuelve a hacerse con el control de la situación, a Beckett le da un arrebato de honestidad y decide sincerarse con Castle y consigo misma.

—Muchas gracias —Castle suelta un sonido de interrogación y Beckett se relame los labios antes de seguir—, por salvarme la vida.

Pensaba que, después de tragarse parte de su orgullo se sentiría peor, pero no. No se siente mal ni está cerca de eso. Se siente desahogada y es como si respirar fuera más fácil ahora.

—Para eso están los compañeros.

La detective lo mira levemente por el rabillo del ojo, Castle la está sonriendo complacido, cercano, encogiéndose de hombros. Como en la sala de interrogatorios. Como cuando estaban juntos. Como siempre.

Como si nada hubiera cambiado.

Antes de que se dé cuenta, está sonriendo también. No tanto como él, pero lo está haciendo. No puede borrar ese gesto porque los labios se le arquean solos y se rinde, dejando por una vez de someterse tanto a sus propias obligaciones y dándose un respiro.

Se pregunta si no quedará mucho para que deje de estar enfadada con el escritor.

***

La frialdad por el abusivo color blanco de aquel edificio hace que Beckett se remueva un poco inquieta mientras camina, de la misma manera que Castle también lo hace a su lado. Se miran durante un momento antes de buscar a algún pobre celador perdido sin mucho trabajo para preguntar por el tío del gimnasio y lo ve algo perturbado. A su paso, Beckett recuerda el par de veces que ha tenido que estar hospitalizada aquí. La cicatriz le quema de alguna manera y ella se lleva la mano a su pecho en un movimiento rápido, lo suficiente como para ser imperceptible y no dejar que Castle preste mucha atención.

No parece hacerlo. Está ausente, con el cuerpo presente a su lado pero su cabeza probablemente en otro lugar. Se pregunta si será por algún vago recuerdo suyo o porque ha tenido que hacer dos veces frente a la misma situación.

Y por una vez, Beckett deja de sentirse sola y se relaja un poco.

—Perdone —Beckett aprovecha la distracción de uno de los médicos mirando su carpeta, supone que debe saber algo. Se saca la placa del cinturón y la eleva para mostrársela—, policía de Nueva York. Estamos buscando a un hombre al que ingresaron hará una hora más o menos con una herida de bala en la rodilla.

Castle sonríe medio travieso ante el comentario y Beckett le lanza una mirada acusadora, haciendo que recupere un poco de seriedad.

—Ah, sí, creo que… —el médico se lleva su mano a los labios, humedeciendo con la lengua su dedo pulgar antes de pasar las hojas de su carpeta. Es de mediana edad, con una alegre sonrisa sobre los labios— vaya, lo siento. Ha fallecido.
—¿Qué? ¿Cómo que…?
—No sabemos muy bien qué ha pasado. Le dejamos cinco minutos solo y cuando llegamos no daba señales de vida. Creemos que pudo entrar en parada cardiorrespiratoria. Hemos intentado contactar con sus familiares, pero…
—Sí, sí, nos lo imaginamos —la detective mira con horror a su compañero, este comparte el mismo gesto, negando con la cabeza—. Vale, gracias por su ayuda y perdón por las molestias.

Beckett se aparta un poco del gentío alborotado yendo de un lado para otro para sacar el móvil del bolsillo de su pantalón y hacer una llamada. Castle va detrás, mirando a su alrededor, perdido y con pinta de de estar concienciándose por algo que le quita demasiado el sueño.

—Ryan, han matado al hombre que se llevaron. Dicen que entró en parada, pero qué quieres que te diga, no me lo trago. Avisa a Gates y que envíe al CSU y a los forenses.

Cuando cuelga, ve a Castle mirando hacia todo y nada en particular, tan inquieto y nervioso que se acerca a él a preguntar qué es lo que le pasa para que reaccione de esa manera porque está consiguiendo ponerle nerviosa a ella también. Él niega con la cabeza, observándola con una preocupación tan acentuada que se acaba sintiendo conmovida.

—No quieren dejar ni un solo cabo suelto. ¿Has visto cuánto han tardado en ir a por él? Te apuesto lo que quieras a que quien quiera que lo haya matado sigue aquí dentro.
—¿Y qué? Montaremos una rueda de reconocimiento y ya está, pero relájate. No van a hacerme nada.
—Aquí, no. En cuanto pises la calle no sabrás qué es lo que te vendrá cuando gires la esquina.

Ella agacha la cabeza, mirando hacia otro lado. Tiene miedo. No lo exterioriza de la misma manera que puede hacerlo Castle, o sus compañeros, o cualquier otra persona porque ya se ha acostumbrado a llevar esa sensación consigo misma. A levantarse pensando que ese será su último día y dando demasiadas cosas por hecho. Es una sensación tan cotidiana que se siente rara cuando tiene esa sensación de alivio relajándola y haciendo que se cerciore de que no va a pasar nada.

Pero ahí está. Literal, como ha dicho Castle. La muerte está a la vuelta de la esquina y si hay algo que le ha enseñado su dura profesión es que es un factor tan imprevisible que se descuidará y al cabo de medio segundo yacerá en el suelo sin vida.

Suspira, notando la cálida sensación de una mano sobre su hombro, haciendo que vuelva a subir su mirada. Castle está enfrente de ella, con expresión ilegible, intentando reconfortarla de alguna manera.

—Eh, siento haberme puesto así. Debería ser yo el que te ayudara a relajarte.
Ella se esfuerza por sonreír, en un acto meramente altruista, no sabe por qué— No es culpa tuya. Los dos sabemos mejor que nadie lo que es vivir dentro de este caso.
—Pero eso no quiere decir que tenga que acostumbrarme.

Beckett traga saliva dura y amargamente. Por un momento se olvida de todas las trabas que ha impuesto entre ella y Castle, reencontrándose con un viejo amigo. Podrá estar resentida y cabreada con él —y no descarta que lo siga estando de alguna manera—, pero el escritor tiene ese curioso efecto sobre ella y Beckett ahora necesita ser arropada. Y él se ofrece a arroparla.

—Volvamos a la comisaría. No nos queda mucho por hacer.

Lo sonríe antes de darse la vuelta y buscar la salida del hospital. Con sinceridad, dulzura. Y devoción. Con esa sonrisa que aprendió a utilizar cuando dejó que él entrara en su vida. No había vuelto a sonreír así desde que lo dio por muerto y una agradable sensación de nostalgia la envuelve haciendo que deje de estar preocupada.

Probablemente lo realmente necesario, ese punto que le hacía falta esclarecer en su vida era esa falta de sinceridad consigo misma.

—Kate —la llama, mientras se pone a su altura. Parece algo nervioso, como si no supiera qué decir, pero luego consigue aclararse—, no te preocupes demasiado, ¿vale? No te pasará nada —traga saliva, aclarándose la garganta—. Yo… no dejaré que te pase nada.

Y ella deja de engañarse a sí misma, casi de un modo definitivo.

—Lo sé.

***

Los ojos le escuecen y se le cierran involuntariamente, una y otra vez. Ella se los frota levemente, disminuyendo un poco la fatiga visual. Tras darse un par de segundos y luego los abre, volviendo a concentrarse en la tarea.

Se ha tirado por lo menos una hora así, haciendo eso, enfrente de la pantalla digital casi sin relajarse ni un solo momento, estudiando cada una de las suposiciones de Helen. Lo hace sin ninguna razón en particular, solo porque se aburre demasiado. Y porque no quiere distraerse mucho porque eso supondría tener tiempo para pensar, comerse la cabeza y ponerse en la peor de las situaciones.

Kate es esa mujer que la mayor de sus virtudes la tiene consagrada de tal manera que también es el mayor de sus defectos. Quizá por eso siempre ha envidiado de alguna manera a Castle y su falta de realismo. Porque ahora le haría falta un poco de esa ilusión e irracionalismo que el escritor derrocha por todos sus poros.

Se sienta sobre el borde de la mesa, cerrando los ojos y llevándose ambas manos a su cabeza, descansando el peso de esta en sus brazos. Pero solo durante medio minuto, o menos. Lo justo y necesario antes de que le dé tiempo a pensar.

Cuando abre los ojos para volver al esfuerzo repetitivo por esclarecer algo sin un remedio normalizado, se encuentra con Castle cara a cara, una taza en su mano izquierda y otra en la derecha, extendiéndola hacia ella, humeante. Ella le dedica una sonrisa familiar.

Hasta ese momento no se da cuenta de lo mucho que ha echado de menos un gesto como ese. Estar haciendo cualquier cosa, dejar de concentrarse, levantar la mirada y ver ese café. Y sonreír. Ese pequeño detalle que hacía que la comisaría no fuera solo la comisaría, sino algo parecido a un segundo hogar.

Vuelve a revivir esa misma sensación, melancólica pero agradecida. Y seguir estando allí, de pie, cuestionando el tiempo que le queda de vida deja de ser algo desagradable.

—Se te ve cansada.
Beckett lo mira, encogiéndose de hombros, ligeramente agotada pero sonriendo de medio lado mientras coge el café— Gracias —da un sorbo mientras el escritor se sienta a su lado.
—Esposito acaba de llamar. Dicen que no han visto nada raro en las cámaras así que están pensando en la posibilidad de que hayan manipulado los videos de seguridad.
—Típico de ellos —deja la taza de café a su derecha, encorvando su espalda a medida que se desliza por el borde, sentándose sobre la superficie—. Y aunque consiguiéramos ver quiénes son, ¿de qué nos serviría? Bracken siempre juega con esa carta.

Mira a Castle buscando algún tipo de consuelo viniendo del. Ese chiste que rompe el hielo, inapropiado en todos los sentidos pero que de alguna forma consigue diluir la tensión del ambiente. Pero no hay chiste ni un vano intento de hacerlo. Solo está él, con la mirada desnuda, tímida y alarmada. Parece que quiere decir algo, pero no acaba de reconciliarse con sus ideas y Beckett no le echa la culpa. Es normal.

¿Qué va a decir que no le haya dicho antes?

—Ya he enviado la copia de los archivos a la CIA. Probablemente ya se estarán encargando de gestionar y cotejar los documentos con las bases de datos del ejército.

Beckett asiente, intento parecer que le interesa el tema pero sabe que ha sido un acto totalmente desganado. Castle se aclara la garganta, intentando captar su atención y pasa a mirarlo por el rabillo del ojo.

—No sé si te acordarás de aquella vez que perdiste la cartera de Gates —suelta Castle, ladeando su cabeza, pensativo.
Beckett ahoga una carcajada— Dios mío, cómo para no acordarse. Te juro que pensaba que me quedaba sin trabajo, como poco. Estaba muerta de miedo.
—¿Y yo? Tenías intención de echarme a mí la culpa.
—Tú tampoco te negaste —replica, mordiéndose el labio, con inocencia. Él la mira suspicaz.
—Porque soy demasiado bueno, admítelo. Además, ¿de dónde iba a sacar la inspiración si mi musa dejase de trabajar? Aún así, lo pasé fatal. Me costaba dormir y todo.
—Lo sé, Castle. Lo sé —resopla—, ¿tú sabes qué noches me hiciste pasar? No dejabas de dar vueltas en la cama y deshacer las sábanas.
—Pero eh, al final la encontramos. Y en el cajón de tu escritorio —responde automáticamente, completando su frase—. Y nunca había salido ahí. Dos días tirándonos de los pelos para que estuviera donde Gates la dejó. Qué idiota me sentí, por favor.
—¿Más todavía? —le cuestiona, irónica pero desafiante. Él se cruza de brazos, falsamente resentido, arrugando sus labios en un gesto burlón. Ella se ríe— Y la encontramos, no. La encontré. Tú no querías salir de casa.
—Porque aprecio mi integridad física. Necesito ambas manos para escribir —las agita, gesticulando—. Un poco más y hubiera llegado a tener pesadillas con esa mujer.
—No exageres tanto. Al final no pasó nada. Y aunque hubiera pasado, no habría sido capaz de ponerte en ese compromiso.

El escritor relaja su expresión, sus labios se arquean como si estuviera complacido con algo y Beckett se lo agradece rozándole cariñosamente el brazo con el suyo. Siempre le ha parecido curiosa la forma que tiene de levantarle el ánimo. Cómo aparentemente le recuerda algo que no parece tener mucho sentido pero al final sí lo tiene, porque hace uso de esa especie de paralelismo para ensalzar la capacidad que tiene para hacerse con el control de cualquier cosa. Y a la vez consigue ensalzarla a ella misma, haciendo que se sienta un poco mejor.

Como ahora.

—Es tarde —observa la detective, mirando su reloj—, y yo tengo muchas preguntas.
—Ya estabas tardando en sacar el tema —se separa de la mesa, señalando la puerta del cuarto con su cabeza. Ella lo sigue—, pero antes me gustaría que me hicieras un favor. No tardaré nada, es solo que… —Beckett lo espera, impaciente— necesito ver a alguien. Y quiero que estés conmigo cuando lo haga.

Por alguna razón, asiente sin poner pega alguna.

***

—Castle, tranquilo.

Antes de llamar a la puerta se asegura de que el escritor permanezca estable en todos los aspectos. O al menos, en casi todos, porque lleva desde que se han montado en el coche temblando, agitándose sobre el asiento, suspirando y Beckett cree que a este paso hiperventilará y le dará un telele. No deja de toquetearse el pelo y revolvérselo, apoyado en la pared, quieto pero a la vez impaciente. Ya ha perdido la cuenta de las veces que ha doblado y desdoblado sus brazos.

—Espera, espera, aún no llames —suplica con un hilillo de voz, como si le costara hablar.

Se pregunta si estuvo así antes de reencontrarse con ella; tembloroso, incontenible y sudando nerviosismo y preocupación. Si se lo pensó diez veces antes de hacer cualquier movimiento o fue lo suficiente impulsivo como para tirarse a la piscina. Eran situaciones diferentes, pero no puede evitar pensar en ello.

No puede evitar intentar comprender a Castle en alguna manera e intentar ponerse en su lugar. Cuando lo hace, la cortina de humo entre ambos empieza a desvanecerse.

Beckett se prepara y lo mira, en silencio, compartiendo una mirada en la que Castle asiente y ella capta el mensaje. Sus nudillos dan un par de golpes limpios contra la superficie y oye suspirar a su compañero por última vez antes de que la puerta se abra.

—Katherine, me alegro de verte —los brazos de la mujer la envuelven en un tierno abrazo familiar y ella corresponde el gesto, apretándola contra su cuerpo—. ¿Qué tal el… ya sabes? —se señala el estómago con delicadeza.
—Bien, bien. He estado peor. Gracias por preguntar, Martha —se rasca la nuca y puede vislumbrar por detrás a Alexis acercándose con una sonrisa en sus labios, recibiéndola con la misma efusividad que su abuela.
—Nos has dejado preocupadas cuando nos llamaste por teléfono. ¿Qué ha pasado? —Beckett traga saliva, titubeando— Es sobre el caso de mi padre, ¿verdad?

Asiente, con dificultad. La pelirroja desvía su mirada hacia abajo, levemente afligida, reponiéndose antes de volver a hablar con la detective. Ella se pone aún más nerviosa.

—Kate, haz lo que tengas que hacer. En serio, nosotras estaremos bien.
—Es que… han cambiado muchas cosas desde que hable con vosotras sobre esto —ambas comparten una mirada, confusas—. Relajaos, ¿vale? Necesito que os relajéis. Necesito que os toméis todo lo que os pueda enseñar con calma. Sé que… va a ser difícil. Pero intentadlo.
—Katherine, ¿qué ha pasado?
—Mejor… que os lo explique alguien por mí.

Beckett se da la libertad para entrar en el loft, con un pacto de secretismo absoluto, dejando un espacio en el umbral de la puerta. Ellas la siguen con la mirada, extrañadas, volviendo a poner su atención en el marco al oír unas pisadas acercándose hacia ellas. Beckett traga saliva, la figura aparece frente a las dos como si fuera un viejo recuerdo, como una especie de fantasma.

Ahí está Richard Castle, haciendo de Jesucristo neoyorkino mientras contiene la respiración con una sonrisa floja, con una expresión de desasosiego en su rostro. Como si esperara a que algún tipo de catástrofe se desencadenara sobre él.

Alexis y Martha se quedan quietas, su piel empieza a cobrar una palidez casi patológica y empiezan a mascullar palabras sin sentido, ladeándose ligeramente para observar a Beckett, que las sonríe de la mejor manera posible. De la más adecuada a la situación.

Tampoco sabe muy bien cómo comportarse ante eso, sinceramente. Nadie sabría. En la Academia no la entrenaron para esto, ni Royce se la hizo ver como una posibilidad a tener en cuenta. Ni siquiera Montgomery se lo planteó. Y aunque existiera algún modo de comunicar una noticia así de la manera más suave posible, la reacción seguiría siendo demasiado violenta.

—¿Hogar, dulce hogar? —pregunta Castle, sonriendo de manera nerviosa con los brazos medio abiertos como si buscara un abrazo.

Nieta y abuela se dan la vuelta otra vez para buscar la aprobación de Beckett, no sabe por qué. A lo mejor para cerciorarse de que eso es real, de que no están soñando. De que el hijo pródigo o algo parecido ha vuelto, y en el momento en el que la detective asiente, los ojos de ambas empiezan a adquirir ese aspecto vidrioso. Después dirigen su atención hacia Castle, que entra en su casa con anhelo.

—No puede ser —murmura su madre. Castle se detiene delante de ella, limpiando con su dedo pulgar las incipientes lágrimas de su madre, sonriéndola.
—Lo siento, madre. De verdad que lo siento —mira a su hija, que está detrás de Martha, negando con la cabeza, y en ese momento el tiempo se detiene. Beckett siente su corazón encogiéndose lentamente en su pecho, quitándole el aliento.
—Richard Alexander Rodgers —Martha cae rendida, abrazándose a su hijo. En ese momento en el que sus cuerpos hacen contacto, ambos se echan a llorar, apretándose el uno contra el otro—, no vuelvas a hacer eso. No vuelvas, por favor. No lo hagas —el escritor no contesta, pero la detective puede ver cómo su expresión se carga con la conciencia de la culpabilidad—. ¿Dónde estabas? ¿Qué ha pasado? ¿Por qué…?
—Ya está, ¿vale? Todo ha terminado —gime, sin romper el contacto. Abre sus ojos, llorosos para admirar a su hija, que espera detrás, todavía negándose a sí misma que todo eso no sea fruto de su imaginación o algo parecido.

Castle se separa suavemente de su madre, abriendo sus brazos a medida que se acerca a Alexis. Antes de hacer lo mismo, ella lo frena, poniéndole una mano sobre el pecho. Beckett puede ver el esfuerzo sobrehumano que está utilizando para no romper a llorar también. Aún así, es capaz de vislumbrar dos lágrimas discurriendo por sus mejillas.

—Estás hecho un idiota, papá.
—Lo sé, cariño. Lo sé. Estás hablando de mí, ¿esperabas otra cosa?

Y la distancia de ambos se disuelve en cuanto la pelirroja se deja caer hacia delante, como si no fuera capaz de sostenerse, descargando su peso contra su padre. Se aferra a él, con fuerza como si no quisiera irse a ningún lado ni dejara tampoco que él se fuera. Llora sobre su hombro y puede oír a Castle susurrando lo siento repetidas veces sobre su pelo, besándolo con esa delicadeza y dulzura que se ha estado guardando durante todo este tiempo.

Sin separarse de Alexis, eleva su cabeza, abriendo sus ojos, buscando a la detective. Y ella se deja encontrar, manteniendo un breve contacto visual con el azul cristalino de Castle, enrojecido por las lágrimas pero profundo, y en ese momento tiene la sensación de que su corazón se ha parado. Hacía mucho que no veía a Castle llorar. No así.

—Bienvenido a casa, papá —oye murmurar a Alexis, entrecortada.

No le ve el rostro entero pero le está sonriendo. Y Beckett le sonríe también.

Y hasta ahora, Beckett no ha sido capaz de afirmar lo segura que se siente con todos los aspectos de su alrededor, sintiéndose recogida en esa pequeña familia. Y respira tranquila.

***

La puerta de su casa se abre, como siempre suele hacer Beckett cuando llega de trabajar. Es algo totalmente normal. Pero hoy siente que todo es distinto, porque Castle entra detrás, como años atrás cuando empezaron a vivir juntos y en ese momento el ambiente se enrarece.

No recuerda cuándo fue la última vez que entró y sintió la relajación extenderse por sus músculos hasta quitar la tensión acumulada de todo un día.

Cuándo las paredes de su casa solo eran paredes y no muros que de alguna manera se estrechaban y la asfixiaban.

Cuándo su hogar era su hogar, en su definición íntegra; el lugar al que estaba deseando volver porque era el único donde podía respirar tranquila y sentir que el peso del mundo se rebajaba hasta encontrarse en una condición estable. Ese lugar donde no se preocupaba demasiado de sus problemas porque si lo hacía, estaría Castle por detrás abrazándola y susurrándole al oído que no pasaba nada.

Busca al escritor con la mirada, apartando ese sentimiento melancólico antes de que este se diera cuenta. Cuando lo ve, está encendiendo las luces y tras ver la estancia bien iluminada se queda maravillado como si hubiera encontrado un oasis en medio de un desierto. A Beckett la imagen le parece hasta conmovedora.

—Está todo igual —se dirige a paso lento hacia el interior, contemplando cada una de las paredes.
—Claro, ¿te lo esperabas diferente? —cuestiona, cerrando la puerta a sus espaldas. Él se da la vuelta antes de seguir hacia dentro.
—No sé. Pensaba que como… bueno, yo…

Podría haberlo hecho.

Podría haber cambiado la casa de pies a cabeza hasta que no quedara rastro alguno de esos toques personales que Castle le dio para que el apartamento de Beckett pasara a ser el apartamento de Castle y Beckett. No porque no le gustara —tiene que admitir que Castle tiene dotes como diseñador de interiores—, más bien era una cuestión personal. Levantarse y no tener la sensación de que Castle va a volver en cualquier momento.

No acordarse de él cuando está cenando, duchándose o cualquier otra cosa. Pero, por respeto, no quiso hacerlo. Y porque le echaba tanto de menos que en un acto de altruismo decidió dejar todo como estaba. Solo para tener esa pequeña estela que había dejado el escritor en su vida. Para recordarse a sí misma lo que pasó.

—Tu ropa sigue en el armario —le recuerda, sentándose sobre el sofá—, si te quieres cambiar o algo para salir ya sabes.
—¿Salir? ¿A dónde?
—¿No se supone que íbamos a cenar?
—Tenemos una casa con aire acondicionado, sofás, una tele y un porrón de comodidades más. Además, no voy a dejarte salir sabiendo que te están buscando —contesta, desde el fondo. Beckett puede oír a Castle yendo de un lado para otro—. Tú ponte cómoda, hoy mando yo.
—Qué miedo me estás dando, Castle.


***

—Tenías razón. No ha estado mal.
—Pues claro que tenía razón. Por favor, Beckett, yo controlo.
—No te lo creas tanto, Castle. Lo que pasa es que me conoces demasiado bien.

Castle la sonríe por detrás de la puerta del frigorífico, metiendo el último plato de sobras, medio sorprendido. Ella agacha la mirada, tímida, buscando el sofá a tientas, descargando su peso sobre la acolchada superficie. No es que se arrepienta de haberlo dicho, pero todavía se siente rara.

—Entonces queda atribuida la comida brasileña como producto de primera necesidad. Gracias, Castle —dice para sí mismo, cambiando de tema, cerrando el frigorífico. Beckett agradece que se haya dado cuenta y haya intentado estabilizar nuevamente la situación—. Ahora en serio, está buenísima.
—Sí, sí, la verdad es que… —se rasca la nuca, nerviosa. Castle se sienta en el mismo sofá, lejos pero no tanto. Manteniendo esa pequeña distancia que a Beckett le hace falta para ir asimilando las cosas.

Agradece que Castle sepa dónde empieza y termina la línea delgada entre lo soportable y lo incómodo para ella. Sabe cuáles son los pequeños detonantes y sabe que son intocables, al menos hasta que la detective no se haya reconciliado consigo misma primero. Suspira, intentando relajarse.

No sabe qué es lo que la tiene más crispada; si el hecho de enterarse de la otra mitad de la historia y no estar segura de querer saberlo o que sean más de las once y el escritor siga ahí, sin nada entre ellos esclarecido.

Antes de dejar que el silencio se haga algo tangible y consiga dominarlos —y cuando pasa la situación se suele hacer insostenible— su compañero decide volver a tirar del carro:

—Bueno, tienes carta blanca para preguntar.
—¿Cualquier cosa?
Asiente— Cualquier cosa. Prometido —pone su dedo meñique en forma de gancho.
—No sé, no quiero que te peguen un tiro por mi culpa, Castle. Ya sabes, como la última vez que trabajamos con la CIA estábamos bajo un pacto de silencio… —pone sus ojos en blanco, divertida.
—Oh, qué conmovido me siento por tu preocupación Beckett —los dos sueltan una carcajada y Castle la observa, inquisitivo. Ella se lo piensa antes de elegir qué es lo primero que debe resolver.
—Ya que he sacado el tema —se relame los labios, preparándose—, ¿la CIA? ¿En serio?
El escritor asiente— No es una coña. Están metidos en esto. O… sin querer les he metido yo. Bueno, sin querer queriendo. O sea, quiero decir…
—¿Puedo o no puedo preguntar, Castle? —se ríe entre dientes, le hace gracia ese nerviosismo que suele sufrir el escritor cuando él tampoco sabe por dónde empezar.
—Es mi padre —confiesa. Ella atiende, confusa, no le suena esa historia—. ¿Te acuerdas de cuando secuestraron a Alexis?

Ahí empiezan a cuadrar cosas en su cabeza. Se acuerda de ver a Castle sosteniendo el libro de Casino Royale, esquivando el tema pero no negándolo en rotundo. Como si le diera miedo a hablar más que otra cosa.

—Siento si estuve en plan secretista cuando volví, pero no sabía si podía contarte todo eso.
—Entonces Sophia Turner tenía razón. ¿Pero qué tiene que ver en todo esto?
—Un padre haría cualquier cosa por su hijo. O eso quiero pensar, si no, nada tendría sentido —se humedece los labios con la lengua y traga saliva, antes de continuar—. El sótano donde encontrasteis mi sangre —Beckett acorta la distancia inconscientemente, solo para enterarse mejor—, estuve a punto de palmar. De verdad, tenía la pistola en la cabeza. El tío que me amordazó me dio dos opciones: podría morir yo o… —ella inquiere con la mirada— te dejaba morir a ti. Y elegí.

Aparta la mirada, incómoda. Una desagradable sensación recorre su estómago. Se da cuenta de que lleva todo el día enfadada consigo misma por la misma razón: dejar que Castle se haya acercado a ella después de todo ese tiempo. En ambas vertientes. Antes porque no debería haberlo hecho, ahora por haberlo evitado. Y paradójicamente, se seguiría sintiendo mal eligiera lo que eligiera, como si estas se complementaran.

Se da una breve pausa antes de continuar. Podría dudar de él, pero no lo haces. Le cree y ciegamente, y por alguna razón sabe que no está mintiendo. Y sigue enfadándose más.

—Estaba a punto de morir cuando oí un disparo. Estaba con los ojos cerrados, en shock, pensaba que así sería la muerte. Fue todo muy poético —ella sonríe de medio lado—, pero no. No fui yo. Fue el tío que intentó matarme. Se desplomó en el suelo y, como si fuera un milagro, apareció mi padre.

Eso solo ha hecho que Beckett tenga más dudas.

—¿Y la sangre? Había por lo menos…
—Tranquila, déjame terminar —la interrumpe, levantando la mano. Ella se disculpa—, había por lo menos medio litro, ¿verdad? Y tenía un par de días antes de que os dierais cuenta de que había desaparecido. Al final mi padre y yo llegamos a la conclusión de que, hasta que resolviéramos esto, lo mejor sería que me dieran por muerto. Llamó a sus contactos de la CIA, me hicieron una extracción y derramamos la sangre en el sótano. Después desaparecimos y nos llevamos el cuerpo del tío con nosotros.
—¿Cómo supiste que Bracken estaba detrás de todo esto?
—Porque me dieron a elegir. Podría haber pensado que era el 3XK, torturándome hasta el fin de mi existencia. Hubiera sido muy típico de él, pero no. Me dieron a elegir. Y eso me dejó claras dos cosas —ella espera expectante, pero insegura—: la primera, que tú eras el objetivo primordial de ese tío, no yo; la segunda, que le habían pagado. No se cubría la cara, no llevaba guantes… Ese tío no estaba fichado, así que le daba igual dejar algún rastro. Tyson se mueve entre presidiarios, no asesinos a sueldo profesionales. No tiene tanto dinero como para costear todo eso. Y también hay otra razón.

Castle mira hacia otro lado como si se estuviera replanteando decirlo o no. Como si fuera demasiado importante, o fuera algo con lo que ambos viviesen incómodos por alguna razón. Beckett lo llama, observándolo como si esperase algo. Él toma aire antes de empezar a hablar.

—Vinieron a por mí. No directamente a por ti, sino que… pasaron y me cogieron.
—¿Y eso qué tiene que ver?
—Que tú estabas con el caso de Helen. Si seguías tirando de la manta encontrarías la forma de vincularlo con Bracken. Como ahora. Pero ya han intentado ir a por ti varias veces y en todas ellas han salido perdiendo. Supongo que al final lo que buscaban era que… —traga saliva— dejases de investigar. Solo con eso les bastaba.

Beckett capta el mensaje.

No podía seguir investigando. No quería seguir investigando. Se acuerda del funeral y de Ryan y Esposito abrazándola, de las innumerables sesiones de Burke a la semana, decirle a Gates día si y día no que no sabía si dimitir. Se acuerda de no tener fuerza de voluntad para conseguir hacer algo bien y de haber perdido varios casos. De tener que delegar casos en otros detective porque se ofuscaba y no podía trabajar.

Se acuerda de las noches en vela y las pesadillas cuando conseguía dormir. Pero sobre todo, se acuerda de haber roto esa tradición de tomar café todas las mañanas porque sin Castle no era lo mismo. De tener que quitar la silla de su lado porque se le caía el alma a los pies cada vez que la veía.

Todo a causa de Castle. Dieron en el clavo. Castle siempre ha sido la única persona que ha podido mantenerla lejos del caso, por activa y por pasiva.

—Bracken es demasiado listo —murmura Beckett, intentando alejar ese recuerdo.
—Lo siento, en serio.
—Tú no tienes la culpa.

Podría habérselo recriminado, pero estaría siendo injusta con él y consigo misma. Y ahora que ha empezado a sincerarse y a poner en orden sus prioridades no quiere dar marcha atrás, retroceder y volver al principio de todos sus problemas, como hace seis años. Se estaría haciendo un flaco favor que a la larga solo conseguiría perjudicarla.

—Al final conseguí alejar la atención de esos tíos de ti. Bracken no le dio más importancia al asesino a sueldo, yo desaparecí y tú dejaste de investigar.
—Y decidiste auto regalarte el placer de hundirle el día de tu cumple.
—Yo también le tenía ganas —se encoge de hombros, con una sonrisa pícara—. Sabía que lo acabarías consiguiendo. Que tirarías de la manta hasta ver hacia dónde te llevaba todo eso. Y tenía razón.

El ambiente se vuelve algo más cálido y agradable, pero Beckett sigue estando tensa. Y Castle, como reacción ante eso, se vuelve a tensar también.

—Entonces tú no los mataste. Ni a él ni a ninguno de los que pudieran ir detrás de mí.
—No, yo no hacía el trabajo sucio. Tuve ocasión, más de una vez. Y, sinceramente, no me hubiera importado. Pero no. Lo único que hice fue volarle la rodilla al tío ese del gimnasio.

Beckett lo analiza rigurosamente con la mirada y no hay secretos. Solo sinceridad. Al principio cuesta tragárselo, pero al final cede. Y sea verdad o no, no van a cambiar las cosas de todas maneras. Él sigue ahí, a su lado.

—Pero sí puse el cuerpo del tío congelado en el Fire Museum. Esperaba que pillaras el mensaje, pero…
—El Dragón, claro. Los dragones escupen fuego —suelta una carcajada silenciosa, asombrada por la lógica irónica de su compañero. Él asiente.
—Todo lo demás me lo olía. Pero la CIA necesitaba pruebas sólidas y no podía poner a mi padre en ese compromiso. Así que, cuando ya te tuve dentro del caso, esperé a que terminaras de hacer el trabajo. No podía involucrarme demasiado. Me hubiera gustado ayudarte más, pero…
—No podías aparecer sin ponerme en riesgo, ¿verdad?
Vuelve a asentir— Pero investigué por mi cuenta también. Estuve en casa de Helen buscando los archivos para poder dártelos de alguna manera. Rastree sus movimientos con ayuda de la CIA y no encontré nada.
—Por eso me llamaste esa noche. Para que dejáramos de perder recursos en hacer lo que tú ya habías hecho. Y una vez encontrados, te sería mucho más fácil volver porque destaparía todos los trapos sucios del senador.
—Sería mucho más difícil para él contactar con todos esos asesinos teniendo a la policía, federales e incluso inteligencia detrás de él —a Beckett se le escapa una débil sonrisa al darse cuenta de que lo vuelven a hacer. De que esa capacidad para desarrollar esa especie de telepatía no se ha borrado del todo—. Supuse que en cuanto lo consiguieras, Bracken intentaría dar un último golpe antes de que las autoridades se le echaran encima, así que me colé en la comisaría y esperé.

Beckett está algo más relajada, pero tiene sembrada la duda y de alguna forma le sigue inquietando todo eso.

Le inquieta esa ciega confianza que tiene el escritor por él y su manera de dar por hecho todas las cosas, aunque no estén del todo esclarecidas.

—¿Por eso volviste, Castle? ¿Porque había atado todos los cabos sueltos?
Niega con la cabeza— En parte, sí. Pero no. Esa es una de las razones, pero… bah.
Beckett inquiere en el asunto, mirándolo a la expectativa— ¿Por qué volviste?
Castle se mueve un poco, pensativo, como si estuviera buscando su propia comodidad antes de hablar— Porque te echaba de menos.

La detective traga saliva, ligeramente incómoda. Siente la incipiente presión de la angustia recorriendo su pecho, no por lo que ha dicho, sino más bien por no saber cómo contestar a eso. Porque aún no ha pasado ese margen de tiempo que necesita para poner en orden sus prioridades y restablecer otra vez el punto de gravedad en su vida.

Porque aún no es capaz de controlar y aceptar lo que piensa como si fuera algo normal y rechaza todo eso que le parece raro. Castle se ha debido de dar cuenta porque deja de sostenerle la mirada y se rasca la coronilla, inquieto.

—De todos modos, estuve a punto de volver un par de veces. Como el día que Tyson entró en casa o… —inspira aire, intentando relajarse. Beckett se pregunta si alguna vez llegarán a un tipo de acuerdo mutuo para dejar de tener miedo el uno del otro— cuando te dispararon.

Se roza la cicatriz suavemente con los dedos, recordando su efímero reencuentro. Todavía le duele un poco. Mira a Castle que desvía su atención a la zona del disparo para luego volver a mirarla a los ojos y siente un pequeño vuelco en su estómago.

Casi lo había olvidado. El anillo.

—¿Cómo conseguí salir viva?
—Nunca te he dejado sola, Beckett. Nunca. Estuve a una distancia prudencial, pero cerca. Hasta que oímos los disparos mi padre y yo. Fuimos corriendo, mi padre se cargó al tío y te llevamos a la base.
—La policía estaba de camino.
—Pero quería verte y hablar contigo. Y no sabíamos lo grave que sería. Después movimos hilos para llevarte al hospital. Siento muchísimo lo de ese día, de verdad.
Ella niega con la cabeza, arqueando sus labios, restándola importancia— Estoy bien. Eso es lo que importa.
—Yo todavía me sigo castigando por eso. Fue por mi culpa, no tenía que haberte empujado.
—Castle–
—Podrías haber muerto —suelta, con la voz medio quebrada.

Siente a Castle lejos, auto flagelándose de alguna manera. Le importa, no tiene dudas de eso. Le importa demasiado. Ha pasado un calvario por su culpa, pero era casi una obligación. Y, realmente, nunca ha estado sola y ahora lo sabe. O por lo menos se lo cree, porque como historia encaja todo.

Castle le estaba cubriendo las espaldas en todo momento. Como siempre. Si Beckett sigue teniendo algún resentimiento hacia él, se acaba esfumando.

—Ya, bueno. Tienes esa cualidad, Castle —bromea, intentando levantarle el ánimo—. Siempre acabas metiéndome en líos. Pero ¿sabes? —se acerca más a él, hasta el punto de notar su muslo rozando contra el suyo— También acabas sacándome de ellos. Y eso hace que me supere a mí misma y valore más lo que tengo. Y dudo mucho que sin ti —su tono de voz se aumenta, y la detective decide hablar con el corazón en la mano— haya conseguido llegar hasta donde estoy. O ser la persona que soy ahora. Y habrá muchas cosas de las que me arrepienta, pero te aseguro que conocerte no es una de ellas.

Castle se ladea ligeramente, quedando enfrente de ella, mirándola con precaución. Con miedo. Como si estuviera preocupado de que algo demasiado grande se le viniera encima. Entreabre la boca en un amago de decir algo y luego vuelve a cerrarla, pensativo, revolviéndose contra el sillón. Beckett se relame los labios, preparándose porque sabe que ha ido demasiado lejos y Castle está a punto de contestar.

Al final, parece conseguir ponerse de acuerdo de un modo decisivo y hablar, y Beckett se sobrecoge, pavorosa pero atenta en todo momento.

—Kate —susurra, suplicante. Ella asiente, sin romper el contacto visual, firme—, ¿puedo preguntar algo?

Su corazón golpea contra el pecho de la detective con una oprimida velocidad, airado y nervioso. Como si pretendiese huir de algo. Beckett siente que en cualquier momento se desbocará y dejará de formar parte de su cuerpo porque nota una especie de estampida sanguínea recorriendo todas las partes de su cuerpo. Y suda lo que no ha sudado en su vida, no sabe si por la impaciencia del momento o por lo que se imagina que viene después.

Y mira a Castle, asintiendo, casi temblando. Este, relamiéndose los labios, ladea la cabeza, inseguro. Como si se lo pensase. Como si supiera que lo que va a decir está mal. Pero se deja llevar.

—¿Qué somos?

Su cerebro colapsa por algún sitio, dejándola en blanco.

Ahí está. El principio de acción y reacción. Él mueve ficha y Beckett se contrapone retrocediendo ante ese gesto, abatida. Podría contestar, sería lo más apropiado antes que dejar a Castle con la palabra en la boca, además es necesario. Esa misma pregunta es la que se lleva haciendo desde que sabe que está vivo. Y ahí, blanco y en botella, Beckett se queda inmóvil como una estatua, sin tener mucha idea de qué hacer. Traga saliva, casi ahogándose con ella y piensa en todo lo relacionado con Castle.

Estar fuera de su vida, pero dentro a la vez, velando por su seguridad.

Jugarse el pellejo por ella.

El anillo. Le iba a pedir matrimonio. Esa noche no tenía intención de elegir su muerte prematura, tenía intención de pedirle que se casara con él.

Inconscientemente rompe el contacto visual con su compañero.

No puede hacerlo. No puede.

Pasan los segundos y ella se viene abajo, soltando el aire, extenuada. Y a punto de llorar. Solo puede pensar en el anillo. En lo que tenía pensado hacer antes de que todo de desmoronase. En lo mucho que odia a Bracken. En todo eso en lo que se ha metido Castle por ella.

En Castle. Solo piensa en él. Y en las ganas que tiene de abrazarlo, besarlo y decirle que le ha echado mucho de menos y que lo necesita. Merece oír todo eso. Se lo merece por la misma razón por la que Beckett merece tener la oportunidad de recordárselo.

Pero no lo hace. Solo se mantiene en silencio, temblando y con el pulso sanguíneo a punto de hacer que eche el vuelo por algún sitio.

—Es igual, déjalo. No… no debería… —oye a Castle soltar un profundo suspiro, y siente como sus nervios se retuercen. Quiere pedirle perdón y que se quede con ella, pero no se acuerda ni de cómo respirar— lo siento. Me voy a… al loft. Por cierto, muchas gracias por haber cuidado de Alexis y de mi madre. En serio. Sabía que podía confiar en ti.

Nota la cálida mano del escritor sobre su mejilla, acariciándola con suavidad, para luego sentir sus labios dejando un beso sobre la otra, con temerosa dulzura. Y deja de respirar, perdiendo toda capacidad de raciocinio. Siente una especie de descarga mágica circulando por todo su cuerpo, haciendo que se encoja su corazón y percibiendo ese intenso y sofocante cosquilleo sobre su estómago. Ella se queda inmóvil mientras observa a Castle por el rabillo del ojo levantarse. Oye sus pasos alejándose y alcanzando la puerta, abriéndola. Antes de que pueda salir, su subconsciente habla por sí mismo. Y ella no se interpone.

—Castle —este se da media vuelta, dudoso, con miedo. Ella saca fuerzas para sonreír medianamente despreocupada, tranquilizándolo—, hasta mañana.

Beckett lo dice como si sonase a promesa. Y Castle asiente, como si él también lo estuviera prometiendo. Cierra la puerta y la detective se desploma sobre el sofá, llevándose su mano a la mejilla que segundos antes le había besado el escritor, rozándosela con sus dedos.

Es en ese momento cuando se da cuenta de que la magia no ha acabado de desaparecer. De que Castle la sigue haciendo sentir como si sobrevolase los cielos en una especie de sueño delicioso.

De que se intentará negar demasiadas cosas a sí misma porque es una mujer soberanamente obstinada, y a veces hasta soberbia. Pero lo irrefutable es lo que suele demostrarle el escritor cuando menos se lo espera. Y esa es una de esas cosas.

El hecho de que puede interponer todas las trabas que quiera porque está demasiado resentida como para vendarse los ojos y pasarlo por alto, pero a pesar de todas ellas, nunca ha dejado de querer a Castle.

Nunca.

Y cuando se lo repite a sí misma, sonríe.

---

Hasta ahi! ^^ Muchas gracias por leer y tal, os espero en el siguiente! Very Happy

Pd.: hablando del siguiente... los menores de 16 años que se abstengan de leerlo. Puede tener contenido... erm... algo inapropiado para vosotros Razz xdddd.








Última edición por iamaplatypus el Miér Mayo 22, 2013 12:48 am, editado 1 vez

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por Anver el Mar Mayo 21, 2013 10:36 pm

Sara!! Si nos has hecho esperar si, pero como siempre, la espera merece la pena al leer lo que escribes.

A por esa selectividad!!

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

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