The Dragon (Capítulo 13)

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por KateC_17 el Miér Mayo 22, 2013 2:17 am

¡OOOH ME HA GUSTADO MUCHO! Happy Clap dioscuantas ganas tenia de leer un capitulo nuevo Very Happy

Bien ahora Alexis y Marta ya saben que Rick esta vivo, ya pueden estar tranquilas Love

Tambien ya sebemos que pasó allí abajo en el sotano... esa parte me intrigaba un monton saberla... Think

Ahora solo falta que la situación entre Rick y Kate vuelta a la normalidad... noto como a veces no saben como actuar ante el otro... haber si Katese vuelve abrir...

En fin EXCELENTE capítulo y esperando con ansias la continuación sigueeee pliss Big Crying que ya quiero saber que pasaraaa!!! ¡nos vemos!
besotesss Kiss


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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por RcKb el Miér Mayo 22, 2013 3:23 am

A pesar de no haber comentado durante un tiempo, tengo que decirte que no he dejado de leer tu fic en ningun momento. Cada vez que subias otro capitulo lo primero que hacía era ir y ponerme a leerle como una loca.

Bueno, pues que me encanta este fic. ES uno de los mejores que he leido. Explicas todo. No dejas ningun cabo suelto, ni te olvidas de nada, ni dejas pasar nada por alto. Es GENIAL.

Sobre el capitulo, que me ha encantado. Creo que has sido muy realista y lo has plasmado tal cual ocurriría en la serie. Me quitaste la duda de lo que pasó en el sótano. Me parecía muy descabellado lo de la sangre de Castle pero al final lo has resuelto de una manera increíble.
Tambien, me encanto que les dejases un momento a Alexis y a Martha en el capitulo. Merecía saber que estaba vivo, y que mejor forma que venga a decirtelo él mismo.

Pues eso, que un capitulo ALUCINANTE. Sigue pronto porfavor!! Que a pesar de ser 20 hojas de word se me hacen cortisimos ! Very Happy

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por forever23 el Miér Mayo 22, 2013 4:22 am

Reverence Reverence Reverence Reverence
Big Crying Big Crying Big Crying Big Crying
Sara no tengo palabras.... INCREÍBLE!!
Espero que puedas subir pronto Razz

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por Yaye el Miér Mayo 22, 2013 5:21 am

Clap Clap Clap me ha encantado el capítulo, la sinceridad de Castle al contarle todo por lo que ha pasado y poder comprobar que no han perdido esa complicidad a la hora de intentar resolver un caso.

Con capitulos asi, merece la pena la espera. Mucha suerte en la selentividad, a darle duro Razz

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por _Caskett_ el Miér Mayo 22, 2013 7:14 am

Me encanta. Parece que las cosas han mejorado y eso me gusta.
Continua pronto.

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por L-beckett41319 el Miér Mayo 22, 2013 7:15 am

Guauu... La espera ha merecidooa pena, como siempre, espectacular me ha encantadoo!
Esperoo con ganas el siguiente, q al parecer va ha ser algo subidito de tonooo! Jeje
Un besoo de una fanlectora enganchadisimaa!

P.D Escribeees geniaaal !!

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por SaraS17 el Miér Mayo 22, 2013 10:16 am

I\'m Dead I\'m Dead I\'m Dead

Como te dije esta tarde, empecé a leer hoy este fic y me lo leí de golpe, no estoy enganchada, estoy enganchadisima, y no me gusta, ¡me encanta! Clap Clap

Sufrí mucho, sobre todo al principio, pero ahora las cosas empiezan a tener sentido y parece que todo vuelve a la normalidad, más o menos. Eso espero, como también espero que nos des una reconciliación en condiciones Razz

Más lindo Castle arriesgando su vida por ella Love Love ¡Menos mal que está vivo! Y que Alexis y Martha lo saben ya, las pobres tuvieron que sufrir mucho también... ¡como odio al maldito Bracken! Mad Muajaja Mad

En fin chica, que no me lío muchos más, demasiadas emociones en un mismo día Laughing Pero eso si, aunque me hicieses sufrir, me has alegrado con el fic, que estuve distraída, así que, aquí tienes una fiel seguidora más, que espera con ganas, muchas, el siguiente Thumb

Kiss

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por Beckett_Castle_Alba el Miér Mayo 22, 2013 12:05 pm

No hay nada mejor que acabar el día y descubrir que has subido nuevo capítulo.
La espera contigo siempre merece la pena, a la vista esta con este enorme y estupendo capítulo.

Me ha encantado el reencuentro de Castle con su madre y Alexis, ha sido muy emotivo.
Me alegró leer que no me equivocaba al pensar que en toda esta historia de la CIA el padre de Castle podía tener algo que ver. Me fascina el modo tuyo de describir cada escena con tremenda sutileza, sin dejarte ni un detalle, como la vuelta de Castle al apartamento de Beckett, el que una vez fue de los dos o el modo en que le cuenta como siempre estuvo pendiente de ella.


Fantastico Sara, esperare con ganas el siguiente capítulo.
Mucha suerte con la selectividad! Kiss

______________________




Castlet: What happens if you don’t like what you see?
Beckett: What happens if you don’t let me look?

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por saratheplatypus el Lun Mayo 27, 2013 8:42 am

Anver escribió:Sara!! Si nos has hecho esperar si, pero como siempre, la espera merece la pena al leer lo que escribes.

A por esa selectividad!!

MUCHISIMAS GRACIAS, ANAAAAAAA! Inlove Espero que el capitulo 13 tambien haya hecho que la espera merezca la pena ^^. Y muchas gracias! Love A por ella voy!

KateC_17 escribió:¡OOOH ME HA GUSTADO MUCHO! Happy Clap dioscuantas ganas tenia de leer un capitulo nuevo Very Happy

Bien ahora Alexis y Marta ya saben que Rick esta vivo, ya pueden estar tranquilas Love

Tambien ya sebemos que pasó allí abajo en el sotano... esa parte me intrigaba un monton saberla... Think

Ahora solo falta que la situación entre Rick y Kate vuelta a la normalidad... noto como a veces no saben como actuar ante el otro... haber si Katese vuelve abrir...

En fin EXCELENTE capítulo y esperando con ansias la continuación sigueeee pliss Big Crying que ya quiero saber que pasaraaa!!! ¡nos vemos!
besotesss Kiss


OOOOOOOIS, MUCHAS GRACIAS, NURIA! Love Siii, queria poner un momento familia. Me imagino que esto pasa en la serie y... no se, he intentado plasmarlo mas o menos Razz. Y seh, no iba a dejar ningun cabo suelto jajaja. Y bueno, eso ultimo... ya lo iras viendo a medida que leas Wink. De momento ahi te dejo el capi 13. Espero que te suga gustandooooo! Love y gracias por comentar! <3

RcKb escribió:A pesar de no haber comentado durante un tiempo, tengo que decirte que no he dejado de leer tu fic en ningun momento. Cada vez que subias otro capitulo lo primero que hacía era ir y ponerme a leerle como una loca.

Bueno, pues que me encanta este fic. ES uno de los mejores que he leido. Explicas todo. No dejas ningun cabo suelto, ni te olvidas de nada, ni dejas pasar nada por alto. Es GENIAL.

Sobre el capitulo, que me ha encantado. Creo que has sido muy realista y lo has plasmado tal cual ocurriría en la serie. Me quitaste la duda de lo que pasó en el sótano. Me parecía muy descabellado lo de la sangre de Castle pero al final lo has resuelto de una manera increíble.
Tambien, me encanto que les dejases un momento a Alexis y a Martha en el capitulo. Merecía saber que estaba vivo, y que mejor forma que venga a decirtelo él mismo.

Pues eso, que un capitulo ALUCINANTE. Sigue pronto porfavor!! Que a pesar de ser 20 hojas de word se me hacen cortisimos ! Very Happy

Joooo, me siento halagada Crying or Very sad. MUCHISIMAS GRACIAAAAS! Me alegro de que te este gustando! Love Ay dios, de los mejores? A mi me va a dar algo xdd a mi estos comentarios me emocionan mucho, en serio <33. Y seeeh, la verdad es que lo tenia todo planeado desde el principio (luego tengo que admitir que tuve que ir apuntandolo para que no se me pasara nada jajajaja). Pero bueno, ya lo sabeis Smile. Y lo del momento happy family tenia ganas de escribirlo, no se si habre conseguido que fuera lo emocional que pretendia, pero bueno. Lo he intentado Smile.

Aiii, mjuchas gracias otra vez por todo el comentario! Love Y te gustan los capis largos? Genial, el que voy a subir ahora tiene 27 paginas. No se si te acabaras arrepintiendo de eso jajajaja.

forever23 escribió: Reverence Reverence Reverence Reverence
Big Crying Big Crying Big Crying Big Crying
Sara no tengo palabras.... INCREÍBLE!!
Espero que puedas subir pronto Razz

AYYYYYY LAURAZAAAAAAA! Inlove MUCHAS GRACIAAAAAAAAAAAS LOCA! Big Crying Pues ahora mismito voy a subir. Espero que te guste el capitulo 13, loca! Love

Yaye escribió: Clap Clap Clap me ha encantado el capítulo, la sinceridad de Castle al contarle todo por lo que ha pasado y poder comprobar que no han perdido esa complicidad a la hora de intentar resolver un caso.

Con capitulos asi, merece la pena la espera. Mucha suerte en la selentividad, a darle duro Razz

MUCHISIMAS GRACIAAAAS, JU! Crying or Very sad Y nah, estos dos estan hechos el uno para el otro. No creo que nunca lleguen a perder eso que tienen Razz (y si lo hacen en algun momento... ya hablaremos seriamente con el tito marlowe Muajaja ). Y muchas gracias! ^^ Duro le voy a dar jajaja. Bueno, ahora voy a subir el capitulo 13, espero que te gusteee! Very Happy

_Caskett_ escribió:Me encanta. Parece que las cosas han mejorado y eso me gusta.
Continua pronto.

MUCHAS GRACIAAAS! ^^ Seh, las cosas van... mejorando Razz. Ahora mismito voy a subir el capitulo 13, espero que te guste! Smile

L-beckett41319 escribió:Guauu... La espera ha merecidooa pena, como siempre, espectacular me ha encantadoo!
Esperoo con ganas el siguiente, q al parecer va ha ser algo subidito de tonooo! Jeje
Un besoo de una fanlectora enganchadisimaa!

P.D Escribeees geniaaal !!

Jooo, me alegro de que lo haya hecho! ^^ MUCHAS GRACIAAAAS! Love Y bueno, subidito de tono... ya lo veras en cuanto lo leas Razz. Ahora mismo lo voy a subir, ya me diras que tal Wink. Y muchas gracias por el comentar, fanlectoraaaa! Heart

Pd.: ASDSDFASDFSD MUCHAS GRACIAS! Crying or Very sad

SaraS17 escribió: I\'m Dead I\'m Dead I\'m Dead

Como te dije esta tarde, empecé a leer hoy este fic y me lo leí de golpe, no estoy enganchada, estoy enganchadisima, y no me gusta, ¡me encanta! Clap Clap

Sufrí mucho, sobre todo al principio, pero ahora las cosas empiezan a tener sentido y parece que todo vuelve a la normalidad, más o menos. Eso espero, como también espero que nos des una reconciliación en condiciones Razz

Más lindo Castle arriesgando su vida por ella Love Love ¡Menos mal que está vivo! Y que Alexis y Martha lo saben ya, las pobres tuvieron que sufrir mucho también... ¡como odio al maldito Bracken! Mad Muajaja Mad

En fin chica, que no me lío muchos más, demasiadas emociones en un mismo día Laughing Pero eso si, aunque me hicieses sufrir, me has alegrado con el fic, que estuve distraída, así que, aquí tienes una fiel seguidora más, que espera con ganas, muchas, el siguiente Thumb

Kiss

Del tiron te lo has leido? Madrecita, me siento super halagada Crying or Very sad. Me alegro de que te haya gustado! Heart

Lo se, lo se. En el principio fui muy, MUY cruel jajajaja. Pero bueno, no soy capaz de matar a los personajes (Y MENOS A UNA MONADA COMO CASTLE Love ), asi que jugue con el suspense y... voila jajaja. Y ahora se estan empezando a solucionar las cosas Razz. Y sobre la reconciliacion... bueno, sigue leyendo, igual algun dia te encuentras algo Razz jajajaja.

Ayyy, MUCHISIMAS GRACIAS POR EL COMENTARIO! Love Ahora mismo voy a subir el capi 13. Espero que te siga alegrando los dias! Very Happy

Beckett_Castle_Alba escribió:No hay nada mejor que acabar el día y descubrir que has subido nuevo capítulo.
La espera contigo siempre merece la pena, a la vista esta con este enorme y estupendo capítulo.

Me ha encantado el reencuentro de Castle con su madre y Alexis, ha sido muy emotivo.
Me alegró leer que no me equivocaba al pensar que en toda esta historia de la CIA el padre de Castle podía tener algo que ver. Me fascina el modo tuyo de describir cada escena con tremenda sutileza, sin dejarte ni un detalle, como la vuelta de Castle al apartamento de Beckett, el que una vez fue de los dos o el modo en que le cuenta como siempre estuvo pendiente de ella.


Fantastico Sara, esperare con ganas el siguiente capítulo.
Mucha suerte con la selectividad! Kiss

ALBAAAAA! Love MUCHISIMAS GRACIAAAAS! Inlove Tenia miedo de como hacer el reencuentro, queria hacerlo emotivo y no sabia si me habia quedado creible. Pero me alegro de saber que si Love. Seeeeh, es que me encanta elt ema de su padre ahora que han decidido explotarlo en la serie, y estoy deseando volver a verlo aparecer Smile es taaan genial ese hombre! Y tenia que darle un poco de protagonismo en mi fic (VIVA PAPA CASTLE! Heart ). Jooo, muchas gracias por eso ultimo! Crying or Very sad Estos comentarios animan muchisimo <33. Y el 13 esta recien salido del horno, asi que ahora mismo lo vas a ver Smile. Muchsimas gracias por tu comentario Albaaaa! Love Espero que el siguiente capi te guste! Very Happy

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por saratheplatypus el Lun Mayo 27, 2013 8:51 am

Ya estoy aquiiiiii! Very Happy No sabeis lo bien que sienta haber terminado las clases, la musa se inspira sola xddd. Boooh vamos, que se ha inspirado TAN sola que de este capi han salido 27 paginas. Siento si se os hace super cargante, pero no podia cortarlo por ningun sitio (y cuando lo leais entendereis por que Razz). Bueno, este capitulo se lo queria dedicar a mis locas con cariño porque... si. Porque son geniales Inlove. Y porque me han ayudado con unas cosillas del capi Smile. Chicas, este va por vosotras! <3

Aiiis, no digo mas. Espero que os guste! ^^

Pd.: ya lo dije en el anterior capitulo, pero vuelvo a recordarlo: MENORES, ABSTENERSE. O por lo menos lo recomiendo jajaja.

---

Capítulo 13: Miedo

—Te lo dije. Al fiel escudero siempre lo acaban matando.

***

Nunca había agradecido tanto una llamada a deshoras como lo está haciendo ahora.

Ahí está Beckett, sentada sobre el colchón medio retorciéndose mientras se agarra la cabeza con ambas manos y deja la melodía del móvil sonar; no sabe si a modo de prueba fehaciente de que finalmente ha abandonado el estado onírico o porque todavía se está recomponiendo, rogando para que su respiración se normalice antes de que la falta de oxígeno se haga evidente y tenga que volver a dormir.

No quiere volver a tener que cargar con el riesgo de revivir una pesadilla.

Su corazón late desbocado y es como si su caja torácica fuera a explotar en cualquier momento, o el corazón saliera por la boca. Se frota su rostro, suspirando, humedeciéndose las manos y no sabe si es por el sudor de todo ese nerviosismo o porque ha vuelto a llorar en sueños.

Después se da un par de segundos para tomar aire profundamente, pensando en que con una poco de suerte una buena ducha y un café solo pueden quitarle ese dolor de cabeza. Y coge el móvil, mirando la pantalla, deslumbrándose por la claridad. Arquea una ceja, extrañada. Es demasiado pronto para que llame la comisaría.

—Beckett.

***

Siete y media de la mañana.

La comisaría parece más desolada que nunca a esas horas. Está vacía, fría y oscura. Tan oscura que la Decimosegunda parece el patrón que seguiría Caravaggio para pintar un cuadro y si no fuera una exigencia propia de las medidas de ahorro de energía, la detective ya habría encendido las luces. Pero aún es demasiado pronto y tiene que contentarse por la vaga luz que entra entre las rejillas de las persianas, esa luz anaranjada y pobre que hay en el cielo cuando amanece.

No sabe qué hace tan pronto en la comisaría. No es una mujer dormilona, ni es la primera vez que está desde antes de las ocho trabajando. Pero siempre suele ser por cuestiones extraoficiales o porque no puede parar quieta en casa.

Pero lo de hoy ha sido porque Gates la ha llamado. A las cinco. A esa hora ya estaba bebiendo su café con la voz raspada pero más o menos despejada, adelantándose al sol para dar los buenos días al mundo. Su capitana le dijo que tenía que estar pronto en la comisaría.

Que tenía que hablar con ella de algo.

—¿Señor?

Gates eleva la mirada, deslizando sus gafas por el puente de su nariz y observándola sobre estas. Parece preocupada por algo y la detective se remueve inquieta sobre la baldosa, de pie.

—Siéntese, Beckett.

Cuando Gates pone ese tono de voz, no suele avecinarse nada bueno. Cuando se sienta, ya puede empezar a palpar la tensión diluyéndose en el ambiente. Antes de dejarla decir nada, su superior suspira y Beckett se encoge.

—Señor, ¿ha pasado algo?
—Me han llamado de la CIA —ella traga saliva, y su corazón dobla la velocidad de pulsaciones—. Castle les envió ayer unas copias de lo que encontramos en casa de Helen, ¿verdad?

Beckett asiente, insegura. Ella se quita las gafas.

—¿Han averiguado algo sobre el senador?
Ella se lo piensa antes de contestar. Beckett se sigue poniendo más nerviosa—No quiero que se precipite hacia una muerte segura, Beckett.
—O sea, que sí. Helen estaba en lo cierto, ¿verdad?
—Beckett, escuche. Ha pasado a ser de su competencia.

Beckett abre la boca, levemente para luego cerrarla, confusa. Luego airada. Luego desafiante y soberbia, negándoselo a ella y a sí misma. Gates ante el gesto rebufa y ella le interrumpe.

—No, señor. Ese tío mató a mi madre hace quince años. No pueden hacerme eso.
—Pues lo han hecho. Usted es detective de homicidios, Beckett. Si quiere hacer de justiciera, hágalo con las víctimas inocentes de esos asesinatos que entran día sí y día también por esa puerta —señala con la mirada dirección al ascensor de la planta—, pero no por una mera cuestión de venganza.
—¿Venganza? ¿Perdone?
—Siento muchísimo lo de su madre, Kate. De verdad. Pero a usted lo que le interesa es ese homicidio, a la CIA le interesa lo demás —Beckett agacha la cabeza, intentando contener el aire—. Y créame, eso se le escapa, detective. Es mucho más grande de lo que pueda–
—No —suelta, cortante.

Expulsa el aire suavemente, en un vano intento de relajarse. Vuelve a elevar su mirada, la tensión sigue aumentando. Gates se remueve sobre su asiento. Y Beckett siente que está a punto de estallar. La respiración se le acelera y la velocidad de las pulsaciones vuelve a duplicarse o triplicarse.

Tiene tanta rabia contenida que empieza a temblar y los ojos, a escocerle. Por la impotencia, supone. Porque tiene la sensación de que Bracken se estará riendo de ella en alguna parte. Porque después de un año mentalizándose de que va a ser ella la que le ponga las esposas, siente que le han quitado una parte de su ser y le duele.

—¿Tiene idea de a cuánta gente se ha llevado ese hombre por delante? —una lágrima discurre por su mejilla— Mató a mi madre. Mató a Montgomery. Casi me mata a mí, y luego intentó matar a Castle.

Castle.

Quizá ese es el factor que hace de ese tema algo intocable porque la herida todavía está demasiado abierta. Lo que hace que todo eso se desequilibre por algún lado. Que sabe que está sano y salvo y a su lado, pero no hace mucho contaba con que no volvería a verlo. Se acuerda de lo que Castle le dijo la noche anterior y se lo imagina con el agua hasta el cuello y bebiendo los vientos para que ella no se encontrara de cara con la muerte y pudiera seguir más o menos tranquila.

Se acuerda de Castle y no puede evitar dejar que las lágrimas fluyan. Quizá esa jugarreta por parte de la CIA sea demasiado sucia por ella, pero lo que también caldea sus nervios es el hecho de que el escritor tampoco se lo merece. No cuando se ha dejado la piel para darle a Beckett esa oportunidad.

No cuando estaban tan cerca de hacer justicia. Juntos. Como siempre habían dicho.

—Beckett, le aseguro que lo encontrarán y será juzgado y procesado como cualquier otro criminal. Pero relájese.
—No, no voy a relajarme. Era mi caso. Me dispararon, me jugué la vida por esos archivos. Usted —niega con la cabeza, mordiéndose la lengua y resoplando, no quiere montar ese berrinche delante de su jefa, no de esa manera—, usted no lo entiende.
—No, Beckett. Es usted la que no lo entiende. Es precisamente por eso. Porque no quieren que se la juegue más. Tómese los días de descanso que quiera si le hacen falta, pero olvídese.

Beckett no contesta por el simple hecho de ahorrarse los kilos de papeleo que le supondrían enzarzarse en una disputa con su jefa. No tiene necesidad. Ahora mismo, no. Le es indiferente la mayoría de las cosas, pero no todas. Se levanta de la silla y le da la espalda a Gates. A su paso, cuando anda hacia la puerta, siente que el mundo se desmorona bajo sus pies. Y ella se hunde con él.

Gates no la reclama, pero le hubiera dado igual. Sale de su despacho y cierra la puerta a sus espaldas.

Y en ese momento todo lo que se ha estado guardando durante todos esos años cae por su propio peso sobre ella. Y llora. Llora como no lo ha hecho en varios meses.

***

Los nudillos de ambas manos le duelen.

Ya ha perdido la cuenta de las veces que ha salido el saco de boxeo volando. Se le hace hasta blando el relleno y parece que no es suficiente para paliar todo ese estado de agonía que necesita desahogar de algún modo.

Llevará un par de horas dedicándose solo a eso. A entregarse en cuerpo y alma a dar con todas las articulaciones de su cuerpo que le sea posible utilizar a ese objeto sin vida. Siente que le falta demasiado tiempo. Cuatro horas más. Y no aguanta.

Da una última patada y se arrodilla ante el tatami, no por el cansancio, sino por la desesperación y la impotencia, alimentadas por la angustia. Una gota de sudor resbala por su frente y se desliza por su ceja, ella se pasa la parte inferior del brazo por su cara y suspira.

La han relevado del caso. Se lo han quitado.

Vuelve a levantarse y da un par de puñetazos más, secos y febriles, como si tuviera la culpa de todo. Durante ese breve instante de choque, se siente, paradójicamente, la dueña del mundo, y posteriormente despojada de todo lo que tenía.

Ese ansía irrefrenable por conseguir lo que ha perdido. Esa furia patológica al verse con las manos vacías después de haberle costado sangre y sudor llegar hasta donde ha llegado. Y se acuerda del primer examen que suspendió, después de pasarse dos semanas encerrada en casa con los codos apoyados sobre el libro y la vista fija y nublada por el cansancio. De ese instante donde todo se dramatiza y ella se sentía una porquería.

Ahí está, sin recibir ningún tipo de agradecimiento. Ni nada que la ayude a sentirse un poco mejor. No es que un perdón y dos mil pavos por las molestias fueran la panacea, pero algo de consideración hubiera bastado para que no se sintiera la última mierda.

Pero ahí está. De pie, desfogándose con un trozo de tela inflado con el asesino de su madre suelto por ahí. Viviendo en paz y tranquilo. Durmiendo con la oreja pegada a la almohada de la forma más plácida posible, sin demasiadas cargas de conciencia.

Da una patada con su pierna derecha, girando sobre la izquierda como si imitase a esos guerreros profesionales de las películas, y la da tan fuerte que se hace daño en el tobillo, cayendo sobre su rodilla.

Genial, ahora no tiene caso, ni voluntad, ni juicio y además el pie derecho con una posible lesión. Es como si el mundo hubiera decidido confabular contra ella algún plan siniestro. Resopla y está a punto de gritar cuando una suave voz hace que su tensión se rebaje un poco y deje de pensar en todas esas cosas que la han minado sobremanera ese espíritu que se ha forjado durante años:

—Kate, déjalo. Te vas a hacer daño.

Castle se acerca hacia ella y esta aparta su mirada en un acto reflejo. Tal vez porque no es el momento de volver a recrear otro de sus momentos. O porque no puede evitar apartar toda esa mierda que la ahoga para hacer un hueco a la pregunta que le hizo anoche.

O quizá sea la pesadilla y ese miedo inconcebible a que en realidad la pesadilla sea la inmediata realidad y todo eso algún tipo de sueño maravilloso.

Sea como sea, no quiere que Castle esté ahí. No ahora, porque eso supondría tener que luchar contra un impulso más y no quiere que Castle sea la víctima de todo por lo que Beckett se está castigando —y la experiencia le dice que no es la primera vez que descarga sus pretensiones contra el escritor.

Aún así, no es capaz de pedirle que se vaya.

—Llegas tarde —murmura, medio sofocada. Ahora que se ha relajado un poco, empieza a sentir la fatiga por el esfuerzo continuado. Castle se arrodilla a su lado.
—Siéntate y extiende la pierna —asiente, sin oponer resistencia. No tiene muchas ganas de discutir con él—. Ha sido el pie derecho, ¿no?

Castle toma con suavidad su pie, palpando el tobillo con la mayor delicadeza posible. Arruga los labios, buscando algo en concreto por su hueso y la detective suelta algún que otro quejido. El escritor masajea la zona, cuidadosamente, concentrado e inseguro. Le sigue doliendo, pero en algún momento le deja de importar. Tener a Castle cerca hace que de alguna manera el ambiente se alivie y pueda tragar saliva con menor dificultad.

—No te has roto nada —dice, sin dejar de masajear la zona—, pero te va a estar molestando durante un par de días. Intenta no forzarlo mucho.
—¿Preocupado de que te toque cargar conmigo? —ironiza, sonando irritante pero no repelente. Con ese tono de voz que utiliza para picar al escritor.
—Nah, en realidad ya estoy acostumbrado —contesta, burlón, con una pícara sonrisa. Beckett le da suavemente con el pie y sonríe ella también, mirándolo.

Sigue acariciando su pie y se quedan en silencio. Quizá esperando a que el otro dé el paso aunque la detective tenga la sensación de que Castle sepa por qué está así —de lo contrario habría hecho demasiadas preguntas que la habrían puesto de los nervios—, pero Beckett se siente bastante mal por lo que pasó la noche anterior y siente el impulso irrefrenable por dejarle claro de alguna manera que no pasa nada. Que todo está bien. Podría estar mejor, pero por ahora está bien.

—Nos han quitado el caso —comenta, lo dice con un tono que lo excluye del resto del mundo haciendo que parezca que es algo que solo comparten ella y el escritor. Él la mira, afligido, consciente y encogiéndose de hombros como si ya lo supiera.
—Lo siento.
—Te lo ha dicho Gates, ¿verdad?
—Y mi padre. Esta mañana me ha llamado. He intentado venir lo antes posible para decírtelo, pero… —tuerce los labios, con desarraigo. Ella niega con la cabeza.
—Tampoco insististe mucho en que nos dejaran seguir, ¿verdad?

La pregunta es meramente retórica, quizá porque Beckett está acostumbrada a soltar la coletilla y llevar la última palabra. No es que pretenda hacer sentir mal de alguna manera a Castle —sabe que cualquier intento por hacerle cambiar de opinión va a resultar inútil en todos los aspectos—, básicamente porque entiende su egoísmo y ella lo respeta. Es más bien un mecanismo de autodefensa, desahogarse un poco porque ahora mismo espera algún tipo de consuelo para aliviar el disgusto.

—Kate, oye, yo–
—No, es igual —le interrumpe—. No te voy a pedir que lo hagas, más que nada porque acabarás haciendo lo que te sale de las narices —sonríe con amargura, pero sin mirarlo como si se la tuviera jurada. Él frunce el ceño y ella se encoge de hombros—, ¿o no?

Castle resopla, sus dedos aún se mantienen alrededor de la zona de la piel que comprende el tobillo, rozándola como una leve caricia. Agacha la cabeza, recomponiéndose para luego mirar a la detective con ese arrepentimiento típico de él, como si toda la culpa recayese bajo su responsabilidad. La sigue mirando con esa cara de perro desamparado cuando Kate aparta el pie, sentándose con las piernas cruzadas, y la detective siente una especie de rabia injustificada contra sí misma cuando los labios de Castle empiezan a temblar.

—No te preocupes. No te lo estoy echando en cara. Me da rabia, mucha, pero hasta ahí llego, Castle —le dedica una flaca sonrisa, básicamente porque su estado anímico no da para más, pero la expresión del escritor se relaja y con eso parece conformarse—. Yo habría hecho lo mismo si estuviera en tu pellejo. No dejaría que tu cabezonería te pusiera en peligro.

Se pregunta cuándo ha empezado a madurar realmente como persona.

Si fue a raíz de conocer a Castle. O cuando se dio cuenta de que estar a punto de palmar más convencional que ocasionalmente era por algo en particular. O quizá ambas, porque Castle siempre estaba implicado en su vida de una manera u otra, física y emocionalmente. Empieza a pensar esto porque en otras circunstancias probablemente se hubiera puesto a pegar gritos a Castle. O algo así, típico de ella; no sería la primera vez que por una nimiedad acaba todo por los suelos.

—Gracias —murmura Castle, su voz está teñida por el miedo.
—No —niega con la cabeza, su sonrisa se hace más dulce y comprensiva, tanto que él también acaba adoptando esa expresión—, gracias a ti —traga saliva, sintiéndose algo más aliviada que antes. Como si no le enervara tanto el hecho de verse sin caso—. Gracias por protegerme de mí misma.

Se pregunta si ese amor incondicional hacia el escritor es la razón primordial por la que Kate Beckett decidió reinventarse a sí misma.

***

—Sigues colada por él, nena.

Después de moverse entre papeles y todas esas cosas que aborrece de su profesión de sol a sol, esto era lo que necesitaba. Que le pusieran los pies en la tierra en unos aspectos y la elevasen por las nubes en otros tantos. Necesitaba ver a Lanie y sentirse relajada y segura.

La detective se encoge de hombros, poniendo poco o nada de esfuerzo por negarlo. Tiene un problema, severo. Si quiere arreglarlo, lo principal es asimilarlo. Es aceptar la evidencia, antes de que la nariz le crezca de tal forma que todas esas mentiras y excusas banales caigan por su propio peso.

—¿Y qué vas a hacer?
—Si lo supiera no estaría aquí, Lanie. Estaría… no sé.
—Tirándote a Castle.

Le mira suspicaz, arrugando su nariz, pero vuelve a pasarlo por alto. Es una posibilidad tan fácil que probablemente acabaría ocurriendo.

—Tu sutileza no me deja más tranquila.
—Ya, pero tú no buscas tranquilidad. Buscas una solución. Y chica, no va a estar ahí para siempre.
Resopla, apartándose un mechón de su frente y colocándoselo detrás de su oreja— Esto es todo un déjà vu.

Lanie arquea una ceja, irónica. La verdad es que llueve sobre mojado. No es la primera vez que Beckett está sentada sobre la fría camilla de acero, suspirando. No es la primera vez que viene a calentarle la oreja con preguntas de sencilla resolución. Podría estar haciéndola perder el tiempo. En realidad, la está haciendo perder el tiempo porque toda la dificultad extra que pueda tener eso se la impone Beckett.

El resto se presenta tal y como es. Ni más ni menos. Pero Kate tiene esa tendencia por tergiversar y dramatizar demasiado lo que se le escapa.

—Tengo miedo, Lanie. Eso es lo que pasa.
—¿Y cuándo no lo tienes?
—En serio. Ha estado un año y pico por ahí, desaparecido. No es que no confíe en él pero… —duda, nerviosa. Lanie se acerca a ella, de brazos cruzados, expectante— en quien no confío es en mí.
—Dios, Kate. No tiene mucho misterio. Tú le sigues queriendo y él te ha preguntado qué sois. Sí, ha pasado mucho tiempo. Y puede que todavía estés resentida de alguna manera, pero… oye. Castle es un tío que vale su peso en oro, y lo sabes. ¿A qué viene esa desconfianza?
—A no darle lo que él espera recibir. Me iba a pedir matrimonio, Lanie. Y no estoy segura de sentirme preparada. Y menos con este caso de por medio.
—¿No os habían relevado de él? —asiente, ladeando su cabeza— ¿Entonces?
—Ese es el problema, que no sabré si lo resolverán o dejarán a Bracken libre o lo ajusticiaran o… no sé. No sé nada, Lanie. Y cuando no sé nada llego a esconderme hasta de mí misma hasta que sepa algo.
—No es por meter el dedo en la llaga, chica, y lo sabes, pero ¿no se supone que ya lo habías superado?

Eso es lo que lleva preguntándose desde que Castle se fue de su casa.

Cuándo ha empezado a ir marcha atrás.

Cuándo la autocrítica y su afán de superación se han convertido en fórmulas carentes de sentido; cuándo ese curioso imperativo pasó a ser una excusa para buscar una fingida seguridad, una excusa para cruzarse de brazos y esperar a que el mundo se acabe.

—No —responde, con sinceridad. Ese es el segundo paso, la autosugestión—. O sea, sí. Pero no —la forense la mira con una ceja arqueada y las manos abiertas, como si buscase una explicación—. Todo empezó por Castle.
—No entiendo.
—Ni yo —suelta una carcajada, vaga—. ¿Sabes cómo me sentí cuando creía que había muerto? No tenía ganas ni de salir de casa.
—Pero está vivo.
—Ese es el problema, Lanie. Que está vivo —y por primera vez, lo vez con claridad. Traga saliva y mira a su amiga con cara de circunstancia, levemente horrorizada y ella niega con la cabeza—. Tengo miedo de hacer cualquier cosa que pueda ponerlo en peligro y… —suspira— Hay veces que pienso que estaría mejor alejado de mí. Ha sido conocerme y vivir bajo un peligro constante.
—¿Y con eso lo justificas, Kate? ¿De verdad? —arruga sus labios, con decepción. Beckett desvía su vista hacia el fondo, en los depósitos de cadáveres y algo se le remueve por dentro, intranquilizándola— Podría no haber elegido complicarse demasiado la vida, pero lo ha aceptado. Es por algo.
—Pero eso no significa que yo tenga que aceptarlo.
—¿Y le vas a soltar eso?

El móvil empieza a vibrar en su bolsillo, rompiendo el clímax de la conversación. Beckett da por concluido el sermón de la forense cuando ve en la pantalla un mensaje de Ryan. Aparentemente es un posible asesinato, y eso significa nuevo caso y una nueva distracción.

—Te tengo que dejar, Lanie.
—A veces pienso que lo haces a posta, chica.

Sonríe, con amargura, quedándose enfrente de ella. Beckett es una mujer con principios y uno de ellos es no dejar a nadie con la miel en los labios, porque le revienta que le hagan eso a ella. Así que decide terminar esa conversación de la mejor manera:

—No sé qué le voy a soltar, Lanie. Le podría decir eso, pero sé que le destrozaría, y me acabaría destrozando a mí también. Y aunque me diera un arrebato de sinceridad, no sé cómo intentaría acabar esa conversación. ¿Cómo le dices de la mejor manera a alguien que no quieres estar con él cuando en realidad…? —se muerde el labio, con cansancio— ¿Cómo se puede mentir así a alguien a quien quieres?

Lanie la mira, con tristeza, buscando algo para consolarla pero no parece encontrarlo a tiempo, y la detective tiene prisa. La forense le acaricia la parte superior del brazo, con familiaridad, tratando de animarla de algún modo. No le sirve de mucho, pero Beckett lo agradece con una sonrisa.

—Estoy jodida, ¿verdad?
Lanie succiona su labio inferior, indagando alguna respuesta— Estás jodida.

***

Ryan le dijo por teléfono que alguien había llamado a la policía porque escucharon disparos.

Que algún pobre vagabundo estaba dando una vuelta tranquilamente alrededor de los muelles buscando algo que llevarse a la boca y casi se muere del susto cuando pasó al lado de una de estas naves donde guardaban el pescado, abandonada ya. Que también oyó gritos. Que se fue corriendo gritando y pidiendo ayuda hasta que la buena voluntad de un señor decidió escucharlo y llamar a la policía.

Y ahí están. Beckett sosteniendo su chaleco, mientras se lo coloca y Castle a su lado, con el suyo ceñido al cuerpo. La detective lo mira con desaprobación y él se muestra inquisitivo.

—No deberías entrar.
—¿Qué? Vamos, Beckett.
—Ha habido disparos. Puede haber algún muerto.
—Ni que fuera la primera vez —contesta, con despreocupación. Ella resopla, impaciente, llevándose ambas manos a su cintura—. Venga, ¿a estas alturas te vas a preocupar de que me deje alguna secuela ver un cadáver?
—El asesino puede que siga dentro.
—Tranquila, no te preocupes —levanta las manos sobre su cara, abiertas, observándola inocentemente. Ella sigue con esa expresión de desconfianza—, este justiciero está de vacaciones… momentáneas. No le haré daño. O no mucho —bromea, con una sonrisa desafiante.

Beckett se cruza de brazos, su expresión se endurece y el escritor se restablece, mirándola con preocupación como si se sintiera ciertamente instigado.

—Beckett, ¿te pasa algo?

Ella traga saliva y contiene brevemente el aliento.

Más bien es una obligación auto impuesta. No sabe cómo decírselo sin que suene demasiado raro, o el escritor acabe mofándose de ello. Es una tontería. Suena a tontería y es improbable que salgan de ahí perjudicados porque la experiencia le dice que los asesinos suelen desaparecer después de hacer el trabajo sucio. Si no, no se dedicarían a eso.

Pero es un mero protocolo, una exigencia de la profesión. Tiene que andar sobreponiéndose un riesgo mínimo, pero admisible porque cabe la posibilidad de que el factor sorpresa no esté a su favor. Y Beckett prefiere prevenir antes que curar. Probablemente Castle lo vea como un miedo injustificado y más después de seis años haciéndose a esa vida. Pero a Beckett le da igual.

—Que no quiero que te expongas a un peligro innecesario. No dejas de ser un civil.
—Asesor civil —especifica, remilgado pero prudente—. ¿Te acuerdas de la cara que pusiste el día que firmé todo ese papeleo? La estás poniendo justo ahora —sonríe, confiado. Ella resopla con exasperación.
—Castle, por favor.
—¿Te acuerdas de lo que decían? He asumido esto. Lo asumí hace unos cuantos años. Ahora vamos, alguien necesita un poco de justicia.

Casi parece todo un detective usando esa jerga policial y eso aterroriza a Beckett. Se mantiene quieta, esperándolo y él se acerca. La mira con insistencia y una leve desesperación y ella niega con la cabeza.

—En serio, ¿a qué viene esto?
—Ya te lo he dicho, no quiero que te pongas en peligro.
Desvía su mirada, sopesando alguna respuesta para eso, después vuelve a centrarse en ella— Ni yo quiero que te expongas a él. Alguien tiene que cubrirte las espaldas ahí dentro.
—Eh, ¿qué hacéis?

La voz de Esposito quiebra vagamente la conversación, haciendo que ambos dejen de mirarse para mirar hacia él, que los mira con aburrimiento. Ryan está detrás de él, con el ceño fruncido, inquiriendo en algo en particular. Ambos se agitan con la expectación y Beckett intenta excusarles como puede.

—Vale, perdón. Ahora vamos —echa un último vistazo a Castle, que sigue inamovible y sin intención de cambiar de idea. Resopla, crispada pero resignada, avanzando hacia la nave con sus dos compañeros.

Hay veces que odia la enfermiza persistencia del escritor. Eso y la capacidad para persuadirla de algún modo que lleva connatural a él de manera inexplicable.

—Tengo a Ryan y a Esposito para cubrírmelas, no hay necesidad de que pases por eso —murmura, ladeando un poco la cabeza.
—Ryan y Esposito también tienen que estar pendientes de ellos mismos —reprocha, convencido.
—¿Y tú, Castle?
—Yo soy tu compañero.

Ha sido simple y conciso, y con eso basta para dejarle claro que, haga lo que haga, no se va a quitar al escritor de encima. Suspira, no dice nada. No contesta, solo sigue hacia delante, sacando la pistola de la cartuchera a medida que se acerca a la entrada de la nave.

El único esfuerzo que emplea de cara a ese tema es reprimir una sonrisa. Una de esas marca Castle, que acaban siendo únicas y especiales porque solo suelen salir cuando él está presente.

Apoya su espalda sobre el frío metal de la estructura, posicionándose en una postura defensiva. Ryan y Esposito están al otro lado, con la pistola en alto y pidiendo con la mirada el permiso para entrar ahí.

—Vamos —accede Beckett en un susurro, entrando.

La nave está oscura, salvo por algún rayo de luz crepuscular que se cuela en alguna ventana aislada o algún agujero o deterioro sobre las paredes y el amplio techo, proyectando formas anaranjadas sobre el suelo agrietado. Olfatea con precaución, todavía hay un leve resquicio de olor a pólvora en el ambiente, entremezclado con el fétido pescado podrido y la bruma marítima ocasionada por el Hudson. Los tres encienden sus linternas, iluminando la estancia en busca de sangre o algún resto que pueda justificar los disparos.

No hay nada.

Tampoco hay ningún ruido que merezca atención. Solo el de sus respiraciones, levemente contenidas y el traqueteo pobremente camuflado de los tacones de Beckett, que se mueve medio de puntillas.

—Ryan, Esposito, este sitio es demasiado grande. Id por ahí, a ver si encontráis algo —señala a su derecha, hacia un bloque de cestas y palés.
—¿Ves? Sigo vivo —oye susurrar a Castle cerca de su espalda.

No lo dice en alto, pero en realidad le reconforta tenerle cerca. Se siente más segura y siempre ha sido así. Es un acto de egoísmo, pero prefiere encararse al peligro con Castle al lado que sin él.

Beckett va hacia la izquierda, bordeando esos congeladores industriales, rememorando un desagradable recuerdo. Traga saliva, intentando despejar su mente y dejar todo eso de lado, manteniendo la postura isósceles y sosteniendo la pistola con fuerza, casi preparada en todo momento para cubrir a Castle.

—Tu pedantería te la acabará jugando un día de estos, Castle —bromea, desplazándose con cuidado, buscando algo en concreto.
—Yo prefiero llamarlo sinceridad con uno mismo. Eh, ¿a quién no le gusta sonreír?
— Te la va a jugar y bien —se reafirma, mirando hacia atrás, sonriendo de medio lado. Castle la observa con esos aires de grandeza enfatizados.
—Por suerte mi compañera tiene una pistola para protegerme.
—Pensaba que eras tú el que me protegía.
—Tendré que estar vivo y coleando para hacer eso, ¿no?

Ha echado demasiado de menos no tener a Castle calentándole la oreja con sus contradicciones y su interminable lista de las chorradas más soberanas habidas y por haber. En momentos de tensión era lo que la ayudaba a buscar ese punto de estabilidad antes de hacer algo.

Eso que conseguía enfriarle un poco los nervios.

—Por cierto, ¿cómo tienes el pie?
—No me molesta mucho —lo zarandea con suavidad sobre la punta de sus dedos.
—Ya, para llevar esos taconazos seguro que no. O eso o te va mucho la marcha —Kate mira hacia atrás brevemente, incriminándolo con su mirada. Él se encoge de hombros—. Todos tenemos un hobby.
—Cállate y estate atento, anda.

Avanzan un poco más, en silencio, iluminando el suelo con prudencia. A Beckett empieza a parecerle demasiado raro que ni Ryan ni Espo hayan encontrado nada, ni siquiera un rastro mínimo de sangre, o un cuerpo en un lugar visible. Se podría inquietar y buscar razones por las que eso está empezando a tener un cierto sentido retorcido, pero no tiene motivos.

—Eau de poisson malolient —ironiza, en un tono de queja. Beckett pone sus ojos en blanco, aborrecida—. Me va a costar seis duchas como mínimo quitarme este tufo.
—Tu francés deja tanto que desear.
—Estaba improvisando. Pero ha molado, ¿eh?

Tuerce sus labios en una conformista sonrisa, alegrándose de haber restablecido ese nivel de complicidad que ambos tenían. O al menos lo suficiente como para hacer ese tipo de comentarios y no sentirse intimidados por alguna fuerza ajena a todo eso.

Beckett sigue avanzando hasta oír un ruido metálico cerca, como si algo cayese contra el suelo.

—¿Y ahora qué? ¿Se te han caído las llaves?
—No, ¿y a ti?

En una fracción de segundo, y sin mirar hacia ningún lado para certificarlo, la detective tiene un presentimiento, como si fuera una epifanía intelectual o algo así y se da la vuelta, horrorizada. Castle la ve, confuso, a punto de preguntar algo. Pero no le da tiempo.

Kate salta sobre su pie izquierdo, envolviendo con ambos brazos a Castle, empujándolo con la intención de tirarlo contra el suelo.

Pero no les da tiempo.

Algo explota a sus espaldas con tal intensidad que una fuerza abrasadora les arrastra unos metros más allá, de forma violenta. Beckett puede sentir sobre su piel el impacto de la metralla de todo lo que había de por medio y que se había reducido a virutas ardientes. Cuando llegan al suelo, se siente desorientada, con el cuerpo dolorido como si estuviera embadurnado en napalm. Tarda en recomponerse y recuperar plenamente el sentido.

La cabeza le va a estallar en cualquier momento. El ritmo acelerado e irregular de sus pulsaciones se multiplica en forma de golpes dentro de su cráneo, retumbando y machacándola como si fuera una especie de himno macabro.

Después enumera prioridades vagamente. Sigue viva, presumiblemente estable y con todos los huesos en su sitio. Y sobre Castle.

Castle.

—¿Castle…? —susurra, con los ojos cerrados. Oye su voz amortiguada y solo espera que no se haya quedado medio sorda de un mono definitivo.

Nota su cuerpo yaciendo inmóvil bajo el suyo, cálido, abrazándola. Abre progresivamente los ojos y se levanta levemente, con esfuerzo. No cree que haya alguna parte de su cuerpo que no le produzca la sensación de estar nadando sobre un río de lava.

Cuando lo consigue vislumbrar, lo ve con los ojos cerrados. Beckett siente una opresión en el pecho al ver su magullado rostro, ahogándola. Puede ver varios cortes sobre su mejilla, sangrando, parte del rostro enrojecido por la irritación de la quemadura y su labio inferior sangrando.

Beckett ahoga un gemido, percibiendo un escozor en sus ojos seguido posteriormente de unas incipientes lágrimas. Su respiración se agita y no repara en cómo está todo a su alrededor, ni se molesta. Su túnel de visión se centra ampliamente en el escritor.

—Castle, dime que estás bien —ruega en un sollozo, con desesperación—. Por favor, no me dejes. Dime que estás bien —repite.

Su estómago sube y baja suavemente bajo el suyo, y eso consigue relajarla. Pero es aparentemente débil y no se hace una idea de la gravedad del asunto, ni parece querer saberlo. Acaricia su mejilla con miedo, rezando para que todo eso solo sea productor del aturdimiento.

Apoya su oído sobre su pecho, dejándose arropar por la calidez de su cuerpo mientras intenta escuchar el latido de su corazón. Comprueba que los latidos son mínimamente estables y da gracias en silencio por ello, pero no consigue tranquilizarse del todo.

—No —responde, su voz es débil y rasgada. Ella levanta la cabeza, con desesperación—, no lo estoy —lo ve abriendo un ojo, con pereza—. Pero creo que es normal.
—¿Rick? —suspira, aliviada. Intenta reincorporarse pero ella lo detiene, posando su mano sobre su torso— No, no hagas esfuerzos.
—Tranquila. Seré un pollo asado o algo así, pero creo que sigo vivo y no me falta ningún brazo. O pierna —se levanta lentamente, con un gesto de dolor, apretando la mandíbula. Beckett retrocede, acomodándose sobre él, sentándose con ambas piernas a los lados de los muslos del escritor, sus manos todavía están agarrando la pechera de su camisa— ¿Tú estás bien? —ella asiente, y Castle entrecierra los ojos inquisitivo— ¿Beckett? Estas… ¿llorando?

Ella contiene la respiración, intentando relajarse y normalizar algo ese berrinche, o al menos controlarlo un poco. Su compañero la sigue mirando, con preocupación y vuelve a sollozar una vez más, sonriendo. Y agarrándolo de la camisa, lo atrae hacia ella, envolviendo su cuello con sus brazos, delicada pero efusiva. Castle tarda en reaccionar, pero acaba correspondiendo el gesto, afianzando el contacto y estrechándola contra él, rodeando su cintura con sus brazos.

—Tenías razón. Mi pedantería me la acabaría jugando un día de estos.

Beckett sonríe sobre su hombro, aferrándose más a su cuerpo.

Si hay algo que también echaba de menos eran sus abrazos. Esa nube de familiaridad y protección que la abrumaba y la hacía sentir como si estuviera en casa.

—Vas a tener que dejar de protegerme de mí misma —susurra sobre su oído.
—Ni de coña, acaba mereciendo la pena.

Suelta una carcajada y se separan, mirándose a los ojos. Las comisuras de los labios del escritor se curvan hacia arriba, de forma inocente y Beckett desliza ambas manos hasta dejarlas en su cuello, acariciándolo.

—Qué bonito —ironiza una voz ajena, rompiendo el momento.

Ambos se dan la vuelta, separándose del todo e intentando como pueden ponerse de pie, tambaleándose. En ese momento Beckett se da cuenta de que su ropa está rasgada y abrasada en algunas partes, como la de Castle, con cercos de sangre alrededor de estas. Y sabe que los dos no están en condiciones de hacer frente a nada y eso le preocupa lo suficiente como para empezar a tener una visión pesimista sobre la resolución de ese caso.

—¿Quién hay ahí?
—Ha pasado bastante tiempo, detective Beckett. Demasiado.

Esa voz es una de esas que siempre se le van a quedar grabadas a fuego.

Intenta ver a través del humo, condensado por las cenizas y la pólvora, agitando sus brazos en el aire para dispersarlo de algún modo, intentando seguir el rastro de aquella voz. Eleva su mirada hacia la pasarela metálica que rodea la pared de aquella nave, hasta percibir la figura relajada y altiva de un hombre a lo alto, con las manos metidas en los bolsillos, mirándola divertido. Tiene esa sonrisa de siempre, esa que le produce tanto asco.

—Tengo que admitir que estoy impresionado. ¿Cómo consiguió salir vivo de ahí, señor Castle?
—Yo también tengo mis recursos —Beckett mira al escritor, que lo desafía con la mirada—. Aunque viniendo de usted me esperaba un movimiento más inteligente, senador.
—Ya, culpa mía. Le subestimé, pero eso no volverá a pasar.
—Está claro que no —añade Beckett, agachándose para remangarse el pantalón y buscar su pistola de reserva—. Se le han acabado la oportunidades, senador.
—Yo que usted no haría eso, detective. No si aprecia la vida de sus amigos.

Beckett traga saliva. Lo había olvidado.

—¿Dónde están Ryan y Espo?
—Vivos… —ladea su cabeza, pensativo— de momento. Depende de usted que siga así.
—Déjelos —su tono de voz es amenazante. Sabe que es peligroso, pero con Bracken suele tener ese defecto.
—Esperaba recibir algo a cambio —saca su mano derecha de su bolsillo, sosteniendo una pistola, apuntándola directamente. La detective se tensa ante la incipiente amenaza.
—Senador, esta nave está rodeada de policías —advierte, volviendo a su postura inicial—, no se arriesgue demasiado.
Suelta una carcajada— Su compañero me enterneció. El hispano no, el otro. Picó como un novato sin saber que ninguno de los policías que había ya ahí no eran de su distrito. Ni siquiera eran policías.

La detective cierra brevemente los ojos, inspirando aire profundamente para luego soltarlo. Siente su corazón palpitar contra su garganta.

—¿De verdad se creía que iba a venir solo y desarmado? Qué poco me conoce. Pero eso ya le da igual —vaticina, preparándose para disparar. A Beckett se le corta la respiración.

Castle se antepone entre ella y el ángulo de tiro del senador, que enarca una ceja extrañado, pero impasible. Se encoge de hombros, sin dejar de apuntar y Beckett se sobresalta ante el repentino arrebato del escritor por hacer la hazaña memorable de inmolarse por ella.

—Me da igual. Si lo prefiere empiezo por usted y luego mato a su chica.
—Castle, apártate —ruega, impaciente.
El escritor niega la cabeza con insistencia— Te dije que te cubriría las espaldas.
—Por favor, apártate —repite—. No tienes la necesidad de morir.
—Tú tampoco —reprocha, sin moverse.
—Les va a dar igual, señores. Los iba a matar de todos modos. Pero ya que el escritor se ha ofrecido, le dejaré algo de tiempo para que asimile su fin, detective —puede oír cómo Bracken quita el seguro de la pistola y se sobrecoge, ahogándose con su propia saliva.

Castle carraspea, encorvando su espalda, con pereza.

—Espere, espere. ¿Así? ¿Y ya está? ¿Y mi último deseo?
—Si así se siente mejor. Pero no aseguro que vaya a cumplirlo.
—Vale. Mi último deseo es… que Beckett salga con vida —el senador resopla, aburrido y Castle chasquea la lengua. La detective se siente en el filo de la navaja—. ¿En serio? Vale, vale.
—No me haga perder más tiempo.
—Sí, escuche. ¿Sabe que tengo recursos?
Bracken le resta importancia, lanzándole una mirada suspicaz— ¿Qué?
—Que si sabe que tengo recursos.
—¿Ese es su último deseo?
—No —sonríe desafiante, hinchando su pecho y relajando su postura—. Mi último deseo es que se acuerde de ello cuando se vaya a la tumba.

A la detective le sobresalta el ensordecedor ruido de un disparo, propagándose en forma de eco por las paredes metálicas. Dirige su mirada hacia Castle, horrorizada, pero le ve firme, mirando hacia arriba, todavía con esa postura relajada. Y ella lo imita, reparando en un Bracken agarrando su mano derecha, sangrando y gritando por el dolor del golpe de calor de la bala.

—Qué oportuno eres, papá —grita Castle, desviando su atención hacia la parte opuesta a ellos de la pasarela metálica.
—¿Papá?

La detective, todavía esforzándose por regular su respiración, desvía su mirada hacia ese lado en un amago de esclarecer los últimos treinta segundos nublados por la confusión la adrenalina, percibiendo la atenta y jactanciosa mirada de un hombre que tendrá la edad de su padre, aproximadamente, guardándose un arma en la cartuchera. Y todo le encaja.

Ahí está, alzándose poderoso como si fuera el mesías; es el padre del escritor, salvándole el pellejo una vez más.

—La policía está a punto de llegar. La de verdad, quiero decir —el hombre se dirige corriendo hacia el senador, medio retorcido y de rodillas en la pasarela.

La detective mira a su alrededor al reparar en que la nube de humo ocasionada por la explosión se había disipado lo suficiente como para poder distinguir todo con mayor facilidad, buscando a alguien en la espesura.

—¿Dónde están Ryan y Espo? –pregunta, alterada.
—No se preocupe, detective —el padre de su compañero la tranquiliza, llegando hacia Bracken y agarrándolo por el brazo, levantándolo. Puede ver cómo saca una especie de hilo trenzado de su cintura—. Están fuera, sanos y salvos.

Suspira, algo más relajada.

En el momento en el que siente la mano abierta del escritor sobre su espalda, acariciándola, empieza a abandonar el estado de alerta para aligerar la tensión que había mantenido desde que entraron.

***

—Lo siento, de verdad. Pensaba que–
—Ryan, déjalo —interrumpo Beckett, frotando su hombro con familiaridad, sonriendo—, yo también habría caído. Bracken sabe ingeniárselas, eso es todo. Lo importante es que estamos bien.
—Bueno, nosotros dos sí. Pero… —observa Esposito, alternando su mirada entre ella y el escritor. Se encoge de hombros.
—Por favor, Espo. Este cuerpecito está a prueba de todo. Es sólido y resistente —presume el escritor, marcando sus bíceps en un intento de parecer culturista. El moreno se mofa resoplando.

Beckett se alegra de ver que, más o menos, la situación se ha normalizado entre ellos. De ver que vuelven a ser esa pequeña familia. De percibir esa complicidad en el ambiente.

La detective desvía su mirada hacia uno de los coches patrulla, observando al senador apoyado en el lado contrario, dedicándole una fría mirada. Sigue sonriendo, con esa expresión desafiante y soberbia de siempre, y nota como se le hiela la sangre. Traga saliva, devolviéndosela.

—Eh, ya está. Ya se ha acabado. Relájate —oye susurrar al escritor sobre su oído. Ella lo mira, con una amarga sonrisa.
—No creo que lo haga hasta que vea su nombre esculpido en una tumba.

Castle no responde. Solo se muerde el labio, inseguro, como si estuviera buscando las palabras adecuadas. Beckett le quita hierro al asunto dándole suavemente con su hombro, apoyándose sobre él.

—Bueno, detective Beckett. Me hubiera gustado conocerla en otras circunstancias, pero…

La aludida se da la vuelta, siguiendo esa voz a sus espaldas para encontrarse con el hombre que los salvó antes, sonriéndolos impasible y es en ese momento cuando Beckett repara en la cantidad de rasgos familiares que comparten él y su hijo.

—Vale, no sé quién eres pero gracias por salvarnos el culo ahí dentro. De verdad —Beckett mira a Esposito, agradecido y empieza a encajarle todo bastante mejor.

Castle tiene muchos recursos. Y demasiado buenos.

—Papá, probablemente ya lo sepas, pero esta es mi compañera. Detective Katherine Beckett, homicidios —se adelanta y recita, orgulloso. Ella no puede evitar gesticular una sonrisa.
Su padre hace una especie de reverencia, tomando su mano y besando su dorso con galantería— Todo un placer, detective. Yo soy Jackson Hunt.

Se ratifica mentalmente. Demasiadas maneras similares. Casi le parece graciosa esa manera que tienen de moverse y una especie de ternura la invade al acordarse de cómo Castle parecía sentirse incómodo con el hecho de que no tenía padre.

—Parece falso —arquea una ceja, divertida.
—Vete acostumbrándote —murmura su compañero entre dientes, asintiendo.
—Espera, espera. ¿Ha dicho “papá”? —interviene Ryan, confuso. Esposito intercala miradas entre Castle y su padre, con la misma cara y este asiente.
—El mismo. Y no me deis las gracias. Este salvador solo cumplía con su deber —se cruza de brazos como si fuera una especie de justiciero y Castle lo mira suspicaz, medio avergonzado—. Por cierto, hijo mío. No sé cómo lo harás, pero siempre acabas con la mierda hasta el cuello.
Castle lo desafía con su mirada, irónico— No, ¿verdad? Yo creo que es herencia genética o algo, padre. Mamá y tú me cedisteis ese legado.
Hunt se encoge de hombros, despreocupado— Sí, pero ¿qué harías sin mí?

La detective mira a sus dos compañeros, que observan la curiosa rivalidad padre-hijo y se siente con la libertad de abandonar completamente el estado de alerta y relajarse. El ambiente se vuelve más familiar y empieza a respirar más tranquila, más desahogada.

—Bueno, caballeros. Y damisela —guiña un ojo a Beckett y Castle resopla—. No te pongas celoso, hijo. Solo iba a despedirme. Tengo que seguir con los trámites de ese tío —señala el coche de policía donde está el senador con la cabeza—. Todo un placer. Espero volver a verlos algún día.

Se separa del grupo y Beckett observa cómo se aleja, dirigiéndose hacia el senador. Después mira a Castle, su mirada revolotea entre el gentío, probablemente abochornado y ella lo sonríe, restándole esa poca importancia que pueda arrojar el escritor. Podría sentirse incómoda por los comentarios de su padre, pero no lo está.

Ahora no le interesan todos esos mensajes subliminales, ni se molesta en alejar sus dudas con esa angustia que usaba cuando todo esto empezó. Ahora solo quiere descansar.

—Vámonos a casa —dice Beckett, dándose la vuelta hacia su coche—, quedan sobras de la cena de ayer y creo que nos vendría bien una ducha —Castle se queda mirándola mientras se va, confuso y ella se detiene, observándolo como si tuviera prisa—. ¿Vienes o qué, Castle?
—Espera. ¿A tu casa?
Ella se encoge de hombros, torciendo los labios con tranquilidad— No voy a dejar que tu madre vea esa cara que tienes; das miedo. Y pensará que soy una irresponsable.
—¿Tan mal estoy? —pregunta con desesperación.
Ella suelta una carcajada, siguiendo su camino hacia el coche, Castle va detrás— Por cierto. Ryan, Espo, decidle a la capitana que estaba demasiado cansada y que mañana interrogaré al senador. Encerradlo en la peor celda que haya en la comisaría, ¿vale?
—No hay problema —Ryan levanta su mano en señal de despedida y ella termina de darse la vuelta—. Ah, y Beckett…

Les lanza una fugaz mirada, inquisitiva, deteniéndose brevemente, para encontrarse con sus dos compañeros mirándola sugerentes, como si intentaran averiguar algo. Beckett no capta el mensaje hasta que sus miradas pasan de ella al escritor, que ya está entrando en el coche. Ella resopla.

—Iros a la mierda —contesta, poniendo sus ojos en blanco.

***

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Última edición por iamaplatypus el Lun Mayo 27, 2013 8:59 am, editado 2 veces

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por saratheplatypus el Lun Mayo 27, 2013 8:52 am

***

—Ay, Beckett, escuece —Castle se remueve sobre el sillón, retrocediendo. La detective intenta sacar paciencia de algún sitio por el bien de ambos, dándole un poco de margen.
—Venga, Castle. Dudo mucho que quieras que se te infecte. Eso sí que te va a escocer.

El escritor se resigna, acercándose nuevamente a la detective, arrugando sus labios poco convencido. Ella se siente medio culpable. La estampa es divertida —Castle siempre ha sido un niño metido en el cuerpo de un adulto—, pero le da pena ver cómo cierra los ojos y resopla al sentir el alcohol sobre las heridas. Intenta ser lo más delicada posible, en realidad sí debe de escocer. Tiene parte de la cara levemente abrasada, le estará costando.

—Pero sé suave y delicada, por favor.
—Te podrás quejar de mí —replica, volviendo a mojar la gasa en alcohol, pasándosela por los rasguños de su mejilla con suavidad. Él cierra los ojos, conteniendo el aire—. Qué melodramático eres, de verdad.
—En serio, escuece —repite, suspirando.
—Si no se te hubiera metido en la cabeza entrar no tendrías que pasar por eso.
Ladea su cabeza, despreocupado— Culpable entonces. Ya te lo dije, acaba mereciendo la pena.
—¿Tanto como para soportar el intenso sufrimiento que te produzco curándote las heridas?
—Estás viva. Con eso me conformo.

Beckett roza por última vez la herida de su mejilla con la gasa, mirándolo. Sus ojos se encuentran y establecen el contacto visual, en silencio, comunicándose a base de ese pequeño gesto. Castle sonríe con devoción y ella siente el mágico hormigueo en su estómago, otra vez, como hace un día, viendo todo a través de sus ojos y dejándose llevar por el cristalino azul de sus ojos, haciéndola recordar todo eso que ha añorado demasiado cuando no estaba. Después se acuerda de la charla con Lanie en la morgue.

La explosión. Castle entre ella y la pistola del senador.

Rompe el hermetismo del momento, agachando su cabeza y mirando hacia sus labios, enrojecidos por las heridas. Ella traga saliva, castigándose mentalmente.

—¿Cómo sabías que tu padre iba a venir?
—No lo sabía, pero es mi padre. Hacemos ese tipo de locuras, debe ser genética o algo.
—Podrías haber muerto.
—Pero estoy vivo.
—¿Y si no hubiera aparecido?
—Beckett, déjalo. Ya ha pasado.
—Dime. ¿Y si no lo hubiera hecho? —repite.

Castle se relame los labios, pensativo, reincorporándose enfrente de ella en una postura más cómoda, con un ligero nerviosismo. La detective lo observa a la expectativa, con angustia.

—Igual debería hacerme un seguro de vida, por si acaso.
—Ya lo veo, te da igual.
—No, no es que me dé igual, pero me importas más tú. Soy tu compañero, tengo que cubrirte las espaldas.
—¿A costa de tu vida? —cuestiona, aburrida y decepcionada. Él sonríe de medio lado.
— ¿De verdad pretendes que pase y haga como si nada?
—Castle, yo soy la que lleva la placa.

Se quedan en silencio durante un momento y ambos casi pueden leer en los ojos del otro que es porque esta conversación se les hace demasiado familiar. Porque les recuerda a algo por lo que ya han pasado y llueve sobre mojado. Partiendo de ahí, Beckett sabe que la obcecación del escritor supera todas sus leyes morales y va a ser inútil convencerle de lo contrario, y desiste.

—Oye, lo siento, en serio —susurra el escritor al ver que ella ha cedido— No sabía que...
—Tú nunca sabes nada —interrumpe. Cierra los ojos y toma aire antes de continuar—. Pensaba que volvería a perderte ahí dentro, ¿sabes?

La voz de Beckett se quiebra momentáneamente y el escritor se tensa, manteniéndose inquieto y tambaleándose. Ella cierra los ojos porque siente que unas ganas irrefrenables de llorar se van apoderando de ella y agacha su mirada, frustrada.

Le duele admitir que Castle está sobre la cúspide de todos sus miedos. Que el centro de gravedad de sus mayores debilidades está puesto sobre él.

Exhala el aire, abatida. Nota los dedos el escritor rozando su barbilla, elevando su rostro hasta que sus miradas vuelven a cruzarse, casi de una manera decisiva. La atenuada iluminación de su salón juega con su pelo revuelto y húmedo y con el color de sus ojos, que se va haciendo inapreciable porque sus pupilas se engrandecen por momentos y ella se siente instigada en todos los aspectos, pero a la vez consiguen tranquilizarla. Castle la mira serio, pero cercano, con esa suavidad teñida en su expresión y ella se sobrecoge ante esa ola de emociones.

—Nunca —dice, en un susurro casi inaudible. Lo dice como si fuera una especie de promesa y ella siente una especie de hormigueo por todas y cada una de sus extremidades.

En una fracción de segundo, la detective percibe que algo ha cambiado y se siente oprimida por algún tipo de atracción inexplicable, pero mágica.

Ella se estremece ante la repentina intensidad que ha adquirido el momento y tiembla levemente, desviando su vista inconsciente hacia sus labios. Están entreabiertos como una especie de mensaje subliminal. Vuelve a poner su atención sobre los ojos de Castle, que la miran con desesperada expectación y ella se hace cada vez más pequeña. Sin buscarlo, el hechizo personal se acaba rompiendo por algún sitio.

No puede. No es capaz.

Sus dedos dejan de sostenerle el mentón y él suspira con frustración, reincorporándose hacia el frente, dejando de mirarla. Eso le duele lo suficiente como para auto castigarse mentalmente por no sacar esa soberbia suya a la hora de llevar a cabo lo que está deseando hacer.

—Es… es tarde. Y después de la explosión y toda la pesca mi madre y Alexis… —ella lo mira por el rabillo del ojo, sin moverse demasiado. Él se pone en pie, dirigiéndose hacia la puerta— Te veo mañana. Descansa, ¿vale?

El escritor pasa al lado suyo, dejando ese enjabonado olor impregnado en su piel, envolviéndola. Vuelve a acordarse de Lanie, del sótano y de la explosión, una y otra vez, elevando su mirada para reparar en el escritor de espaldas deteniéndose brevemente en la puerta, como si le costase salir. Como si no quisiera salir y estuviera esperando a que alguna especie de milagro le clavase los pies ahí mismo.

En ese momento siente que su pecho va a explotar.

Inspira y espira el aire profundamente, soltándolo por la boca, cerrando los ojos. Se acuerda de todas esas tardes llorando en el cementerio enfrente de la tumba de Castle hasta sentir que no podía llorar más porque estaba demasiado cansada como para seguir insistiendo en lo vacía que era su vida. Se acuerda del pánico que la invadió cuando desapareció repentinamente meses atrás y del que le volvió a invadir esta tarde al verlo tendido en el suelo y a punto de ser disparado.

Se acuerda de lo que podría haber sido un desenlace funesto y de la famosa historia del pudo ser y no fue y todo su interior se encoge, dejándola sin aliento.

La mano se Castle se enrosca alrededor del pomo, girándolo y abriendo la puerta, retrocediendo para salir. Y cuando observa la puerta abrirse lentamente, el tiempo se detiene y la detective se levanta, casi de forma autómata, con la mente en blanco y sus instintos guiándola, actuando contra su aparentemente propia naturaleza.

Se dirige hacia él, ya terminando de abrirla, todavía con la mano sobre el pomo. Sin pensarlo demasiado para no arrepentirse del hecho de arriesgarse de esa manera, empuja la puerta con su mano izquierda, cerrándola. Castle se da la vuelta, retrocediendo hacia atrás al notar el peso de Beckett descargándose sobre su cuerpo, mirándola con dudosa angustia. La puerta se cierra, el escritor se apoya en ella, Beckett lleva su mano libre al cuello de Castle y todo adquiere una atmósfera gravitatoria donde quedan ambos aislados del mundo exterior.

Atrae al escritor hacia ella, mirando sus labios entreabiertos mientras deja que el miedo por no volver a verle se apodere de todas y cada una de sus facultades mentales; probablemente Castle iba a decirle o preguntarle algo. Pero no lo deja terminar.

Cierra sus ojos, despidiéndose de su autocontrol sin demasiada objeción de conciencia, buscando sus labios a tientas hasta que los nota sobre los suyos, cálidos y suaves, y es una sensación similar a la de volver a casa después de un largo y desolado viaje. Los aprieta contra los del escritor, en un breve pero urgente beso, recuperándose un poco y sintiéndose más segura.

Beckett se separa y siente el aliento del escritor sobre sus labios en un suspiro, agitado. Lo busca con la mirada, está inmóvil, parece inseguro. Tartamudea un par de veces en un intento de decir algo.

—Shhh, no —murmura, deslizando su mano desde el cuello hasta sus labios, acariciándolos con sus dedos, sintiendo esa deliciosa textura. Su otra mano se aparta de la puerta, llevándola a su nuca, dejando que su húmedo pelo se cuele entre sus falanges, acariciándolo— Shhh.

No recordaba la agradable sensación que le producía sentir al escritor tan cerca. Tan familiar. Tan suyo. Vuelve a acercar su rostro al de Castle, moviendo sus dedos desde su boca hasta el perfil de su mandíbula. Los labios de Castle se abren tímidamente, esperando a recibirla y ella se deja recibir.

Sus bocas vuelven a encontrarse, con más seguridad y desesperación, como si no estuvieran seguros de que no fuera su última noche. Los brazos del escritor envuelven la cintura de la detective y la aprieta contra él, en una necesidad de sentirla cerca y ella se deja abrumar por la cercanía, rodeando su cuello con los suyos.

Sus labios pasan de oprimirse con dudoso afecto a abrirse y dejar paso al deseo de volver a recordar ese sabor de la boca del otro, dejando que sus lenguas se exploren mutuamente. Ese afán urgente por embriagarse con sus aromas profundiza más el beso y ambos sueltan un pequeño gruñido ambas se rozan, y la detective se siente plena, volando.

El apetito se relaja durante un momento, separándose para tomar un poco de aire. Beckett se recompone progresivamente y vuelve a unir sus labios en un corto pero dulce beso. Apoya su frente sobre la del escritor y se da un momento para estabilizar sus cinco sentidos antes de hablar.

—No te vayas —murmura, con un trasfondo angustioso tiñendo su voz—, no te vayas otra vez. Por favor.
Abre los ojos levemente y puede ver las comisuras de sus labios encorvarse en una sonrisa— No lo haré.

Ella sonríe también, cerrando los ojos y volviendo a unir sus labios, buscando esa esencia perdida que hacía demasiado que no sentía, y vuelven a profundizar el beso.

Beckett se aferra con fuerza a su pecho, notando a Castle empujándola hacia dentro y sabe dónde van a acabar. Retroceden pegados, agarrándose; sus cuerpos se balanceaban juntos en medio de esa especie de liberación de uno mismo, casi como si estuvieran bailando al son de la misma suculenta canción.

En el camino hacia el interior percibe un intenso escalofrío al contacto de las manos del escritor descendiendo a lo largo de su espalda hasta acabar en la parte inferior de sus nalgas, presionándolas. Ella capta el mensaje y da un suave brinco hasta estar en esa altura idónea para enredar sus piernas alrededor de la cintura del escritor. Siente su pelvis endurecerse bajo sus piernas, manteniéndola en alto, y al mismo tiempo Castle deshace el contacto entre sus labios para ir descendiendo por su mandíbula, en una especie de caricia hasta perderse en su cuello, puliéndolo a base de más besos. Leves, suaves, picantes, húmedos besos depositados sobre su piel.

Ella suspira contra su oído, agradeciendo que hayan hecho ese recorrido las suficientes veces como para aprendérselo de memoria y utilizarlo a su favor en una situación en la que sus capacidades sensoriales están puestas únicamente en la satisfacción del otro.

No sabe muy bien cuando han llegado a su habitación, se entera una vez el escritor la deja caer suavemente sobre su colchón. Lo mira, de pie, arrodillándose ante la mullida superficie acercándose hacia ella, con ese rostro iluminado únicamente por la tenue luz del salón que se cuela vagamente por el marco de la puerta. El azul deja de ser fácilmente perceptible, opacado por sus dilatadas pupilas, pero aún así es capaz de distinguir ese brillo cristalino en ellos, tentándola y llamándola Y ella acude.

Castle se cuela entre sus piernas y la detective se endereza, con ansia, agarrando su cuello y mordiendo suavemente su labio inferior hasta oír a Castle gemir contra su boca, pasando a besarlo y volver a la constante lucha por el dominio del otro.

El cuerpo del escritor la empuja, tumbándola, esparciéndose física y emocionalmente sobre la cama. Beckett se adelanta a cualquiera de sus movimientos y se adueña de su cuello, rozando su nariz contra su piel. Se mantiene así hasta que su olor consigue envolverla y pasa a dejar unos mordiscos alrededor, succionando su piel y saboreando el aroma de su colonia sobre sus labios. Después acerca su boca a su oído, atrapando con sus dientes el lóbulo de su oreja. Le hace gracia ese suspiro que suele soltar Castle cuando encuentra uno de sus puntos erógenos.

—Te he echado de menos —murmura—. Muchísimo.
—Y yo —el escritor ladea su cabeza, quedando su rostro enfrente del de la detective. Unen sus labios, con brevedad. Y Castle susurra—: Yo sí que te he echado de menos.

Vuelven a besarse y Beckett nota la sonrisa del escritor sobre sus labios, provocando que ella sonría también. Sus manos se cuelan hábiles bajo su camiseta, acariciando la piel de su abdomen. Un escalofrío recorre su cuerpo y tiende los brazos cuando nota a Castle subiéndosela. Lo ayuda a quitársela y el escritor la tira en algún lugar de la habitación.

Ella lo imita, agradeciendo que Castle se haya decantado por ponerse un nicki y no tener que eternizarse con cada uno de los botones de sus camisas por lo rápido que iba todo eso. Se lo quita con desesperación, impaciente y él suelta una carcajada.

—Si esto lo llego a saber no me complico la vida en pensar qué ponerme para sorprenderte.
—Créeme, te agradezco que me lo hayas dejado tan fácil —sus manos bajan hacia la hebilla de su cinturón, desabrochándolo torpemente—. Pero la próxima vez no te pongas nada.

Castle se ríe ante su comentario, deslizándose hacia los pies de la cama mientras agarra el elástico de los pantalones de chándal de la detective bajándolos en el camino. Los suyos desaparecen, Castle se toma unos segundos para deshacerse de sus vaqueros y vuelve a tumbarse sobre ella. Pasa sus manos por debajo de la espalda, guiando sus dedos por la banda del sujetador y ella encorva su espalda ligeramente, dejando que se mueva con más facilidad. Lo desabrocha, ella extiende sus brazos y otra prenda más que va a parar al suelo.

Vuelve a dejarse caer, relajando su cuerpo y dejando que Castle relaje el suyo. Este vuelve a arrimarse a ella y nota su pecho desnudo caer sobre el suyo, con suavidad, y sus brazos agarrándose a sus hombros en un afán por no dejar que haya ningún espacio entre sus cuerpos. Se acuerda de lo mucho que adoraba ese momento, cuando sus pieles estaban unidas sin nada de por medio y podía sentir su calor proliferándose sobre su pecho, cuando necesitaban sentirse cercanos.

Se muerde el labio inferior y cierra los ojos al sentir sus labios indagando por su cuello como si estuviera emocionalmente famélico y necesitara suplir esa necesidad, dejando un camino húmedo sobre este extendiéndose a lo largo y ancho de esa zona y sus clavículas. Sus pechos suben y bajan acompasados, nerviosos como una sintonía especial en la que los dos participan equitativamente en la misma acción y a Beckett le encanta sentirse parte de esa forma de vida.

Le encanta sentir cómo el cuerpo de Castle se amolda al suyo y viceversa sin mucha dificultad.

El escritor sigue descendiendo y se detiene. Ella abre sus ojos, mirándolo pero no de forma inquisitiva porque entiende ese repentino cambio en la dinámica del momento. El escritor se separa levemente, mirando su pecho y Beckett lo observa suspirar, en una especie de traba emocional.

Ella se endereza suavemente captando su atención, murmurando—: Rick —sus labios se rozan cuando él levanta la vista y sigue hablando sobre ellos—, estoy aquí, ¿vale?
—Lo sé —acorta la distancia entre sus bocas, haciéndole recordar a la detective lo delicioso que era ese contacto breve pero eléctrico.

Los desliza, saltando desde sus labios hacia su seno, empujando a Beckett con dulzura, acomodándola sobre el colchón y acomodándose sobre ella. Los posa sobre esa zona entre sus pechos, besándola con tanta delicadeza que ella puede sentir el miedo sobre su piel. Lo besa uno, dos y tres veces; la detective se estremece, abrumada y repara en esa curiosa costumbre que tenía el escritor de besarle esa cicatriz cada vez que hacían el amor, y ella se deshacía por ese gesto tan entrañable, tan suyo.

Y en ese momento en el que su cuerpo se derrite bajo el cálido contacto de sus labios, se da cuenta de que ambos sufren por la misma dolencia.

De que ella también es el centro de todos sus miedos.

Castle desciende, recorriendo su abdomen con su lengua y provocando que se le ponga la carne de gallina allá por donde pasa el escritor. Sus dedos se enredan con sutileza en la tira de sus bragas, quitándoselas a su paso. Sigue lamiendo, Beckett suspira y se le escapa un débil gemido cuando nota la humedad de su boca presionando sobre sus genitales. Su cuerpo se dobla hacia el escritor mientras nota su lengua desenvolviéndose delicada pero febril en su zona, alzándola hacia el infinito y perdiendo todo resquicio de cordura y siente que va a explotar en cualquier momento.

Rick, Rick, Rick. Eso es lo único que sabe y puede hacer en este momento, susurrar su nombre en un acto puramente inconsciente porque es el centro de gravitación de su mundo, y todo gira en torno a él. Se muerde el labio y sigue ahogando una retahíla de quejidos como si tratase de decirle de algún modo que eso la supera, que no puede con su cuerpo, que no sabe dónde empieza y acaba lo real y lo quimérico; que no pare ahora porque podría pasarse el resto de sus días así, perdida en ese pequeño mundo.

Siente su abdomen contraerse y expandirse al mismo ritmo que Castle despliega esas habilidades para elevarla al cielo con solo utilizar su lengua. Casi se sorprende a sí misma al ratificarse mentalmente una y otra vez que ese hombre ha nacido para desenvolverse haciendo uso de su boca, metafórica y literalmente. Su interior arde, ella se muerde el labio, con fuerza; los gemidos se vuelven más intensos mientras una intensa sensación de plenitud se expande a lo largo y ancho de su cuerpo.

El escritor se separa y ella tiembla levemente, recomponiéndose y tomando el aire. Vuelve a hacer el mismo recorrido de antes, ascendiendo por su cuerpo. Todavía con el pulso inestable, intenta agarrar el elástico de sus bóxers y Castle repara en eso, ayudándola. Sube, intercalando ese camino definido por un rastro de saliva con suaves y puntuales besos hasta llegar a su rostro, deteniéndose en su oído y murmurando:

—No sabes lo mucho que echaba en falta tu sabor.

Su cálido aliento golpeando contra su oreja le hace tiritar. Beckett no quiere que eso es prolongue demasiado y lo pilla por sorpresa, rodando sobre el colchón hasta quedar encima de él. Castle la sonríe impresionado, pero desafiante, y aparentemente casi tan impaciente como ella. Se extiende sobre él, depositando un dulce beso sobre su cuello mientras alarga el brazo buscado a tientas el cajón de su mesilla. Lo abre y reza para que la caja de preservativos siga ahí.

Cuando la tiene entre sus dedos, exhala sobre su cuello, aliviada.

Se arrodilla sobre el colchón, sacando uno de los envoltorios de la cajita, dejando esta sobre la mesilla y sosteniendo el preservativo entre sus dientes. Abre el plástico con ellos con cuidado, retrocede hasta estar a la altura de sus rodillas y lo mira sugerente, relamiéndose los labios antes de volcar toda su atención en colocar el preservativo en su endurecido miembro.

Avanza y se tumba sobre su cuerpo, dejando que ambos encuentren una adaptación mutua mientras vuelve a besarlo insaciable. Se detiene, respira dos segundos, vuelve a besarlo y lo repite una y otra vez hasta que le duele la boca porque sabe que con Castle nunca es suficiente, y siempre tendrá ganas de saborearlo.

De pulirlo a base de caricias hasta que no sepa distinguir si forma o no parte de su cuerpo.

El escritor lleva una mano a su cabeza y enreda sus dedos entre su revuelta melena, jugando con cada uno de sus mechones. Está todavía húmeda por la ducha de antes, quizá tardando en secarse por la aparición del sudor. Se levanta, sentándose sobre el colchón, atrayendo a la detective hacia su cuerpo con la otra mano, agarrando su espalda con urgente necesidad pero sin abandonar esa sensibilidad que no puede evitar sacar a relucir cuando se trata de ella. Beckett se sienta a horcajadas envolviendo su abdomen con sus piernas, ansiosa y con tanta fuerza que parece no querer abandonar ese lugar nunca, como si fuera su tierra firme.

—No sabes las ganas que tenía de volver a sentirme así —musita, como si le faltara el aliento. Beckett se aferra más a él.
—No sabes las ganas que tenía de volver a sentirte.

Nota su pene rozando esa parte tan íntima, esperando el momento y ella decide dejar de prolongarlo más. Se acomoda encima él, sintiendo como sus cuerpos se unen progresivamente en su plenitud y ahoga un quejido cuando lo nota dentro de ella, mientras un delicioso cosquilleo recorre su cuerpo de arriba abajo y de abajo a arriba entumeciendo sus músculos, provocando que deje de pensar. Y la piel de Castle se hace fuego sobre la suya, fuego que la incendia y se propaga alrededor de ellos de manera irresistible.

Se miran a los ojos, en silencio, en ese pequeño momento en el que cualquier palabra carecería de sentido y lo único que tuviera significado fuese esa comunicación basada en las miradas. Y ambos se sienten glorificados.

Poco a poco deja de preocuparse de todo eso que la acaba quitando el sueño mientras ambos cuerpos se sumergen en una especie de danza en la que todo ese erotismo contenido se diluye con facilidad y ambos se agitan sincronizados, como si compartieran la misma capacidad extrasensorial.

La detective rodea su cuello y espalda mientras se mueve sobre él, percibiendo como se le nubla la vista a medida que la velocidad de todo eso se va a acelerando y con ella el proceso de abstracción de toda la cordura humana que pudieran tener. Castle la sostiene protector como si no la quisiera dejar escapar, embistiéndola con más vigor a cada momento. Ambos se aprietan con desesperación, sintiendo el calor del uno envolviendo al otro y viceversa y se siguen apretando más y más como si no quisiera que hubiera un espacio entre ellos, como si quisieran acabar formando parte de un mismo ser.

Beckett gruñe sobre su hombro, arañándole su espalda; no violenta porque lo último que querría es hacerle daño pero sí ferviente, pasional. Como siempre suele ser ella en esos momentos porque con Castle las cosas funcionan de esa manera.

Lo oye susurrar su nombre entrecortado, cada vez costándole más y sintiendo como todo eso va demasiado rápido. Su interior se expande, proyecta todo ese pánico por perderlo a base de besos y más rasguños en su espalda y cree que Castle también es consciente de todo eso porque nota las yemas de sus dedos clavándose en sus hombros y deslizándose hacia abajo.

Y siente que no volverán a tener la sensación de echarse de menos. Que nunca volverán a estar ausentes tanto tiempo como para que la angustia vuelva a manifestarse de algún modo.

Percibe que está a punto de llegar al clímax de todo eso, aislándose del resto del mundo mientras el cuerpo del escritor se tensa entre sus brazos y el suyo en los de él, juntos, medio gritando cualquier palabra inescrutable en medio de todo ese caos puramente libidinoso. Castle embiste por última vez y sus sentidos se dispersan en la atmósfera hermética y erótica de la habitación, cerrando los ojos al notar como sus músculos se contraen ante el incipiente orgasmo, quedándose inmóvil ante esa paralización general después de sentir ese hormigueo candente dentro de ella.

Él se detiene, Beckett recupera su respiración y ambos suspiran a la vez. Se quedan un rato así, quietos, abrazándose, dejando que la capa de sudor entre sus cuerpos se condense e intentando restablecer el sentido de la orientación después de haberse sometido a esa pérdida momentánea de la constancia espacio-temporal. Los dedos de Castle recorren su espalda con sutileza y ella sonríe ante esa caricia, como si intentara aliviar lo que antes pudo haber irritado. Hunde su rostro en su cuello, relajándose, mentalizándose de que eso no es un sueño ni nada parecido y él va a quedarse ahí. Y ella igual, porque en estos momentos siente que podría pasar el resto de sus días así sin mayor reparo, arropada por la esencia y la calidez de su compañero, y que eso la mantendría viva.

—Rick —susurra débilmente contra su cuello. Él la estrecha más contra él.
—¿Sí?
—Quédate conmigo. Por favor.
Siente los labios el escritor sobre su sien, apretándolos contra ella— Siempre.

En ese momento, deja de tener miedo.

---

Espero que os haya gustado! ^^ Nos vemos en el siguiente!

Pd.:
si, he tenido que cortarlo. El foro no me ha dejado postear el capi entero XDDDDDD







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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por KateC_17 el Lun Mayo 27, 2013 9:47 am

¡OOOOOOOHHH! DIOSSSS PERO QUE OBRA MAESTRA HAS HECHOOOOO!!!! Happy Clap antes de dormir, subes un capi jeje ahora ya si puedo dormir tranquila jajaja Laughing Dreaming
I\'m Dead I\'m Dead suerte que ahora hace fresquito que si no... ¡me muero de calorrrrr!! jaja jsdasjkdhsjkdjdkansdj buenísimoooo el capitulooooo Reverence Reverence Reverence Reverence Reverence Reverence Reverence Reverence Reverence Reverence Reverence Reverence Reverence Reverence Reverence Reverence Reverence Reverence

Sara, me ha GUSTADO MUCHO Hysterical
ahora por fin el senador ya esta fuera, ellos se vuelven a ser ellos, ¡YA PODRAN SER FELICESS WIIII!!! Inlove me encanta Laughing
muchas alavanzas de tu super-fan y sigueeee prontooo plissss Big Crying que ya quiero saber que pasara!!! ¡nos vemos!
besotesssss Kiss


Última edición por KateC_17 el Miér Mayo 29, 2013 10:14 pm, editado 1 vez

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por R_P el Lun Mayo 27, 2013 1:15 pm

WOW!! Clap

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por Yaye el Mar Mayo 28, 2013 12:52 am

Wow, un capítulo extraordinario Clap Clap , ha pasado de todo, jejeje. Por fin se han reconciliado, han detenido al senador y podrán vivir sin miedos a sentirse perseguidos y amenazados todo el día. Que me gusta que las cosas se vayan arreglando por fin!!! Laughing

Espero que puedas continuar pronto.


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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por _Caskett_ el Mar Mayo 28, 2013 2:55 am

Me a encantado, precioso.
Continuaaa.

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por SaraS17 el Mar Mayo 28, 2013 7:29 am

iamaplatypus escribió:
SaraS17 escribió: I\'m Dead I\'m Dead I\'m Dead

Como te dije esta tarde, empecé a leer hoy este fic y me lo leí de golpe, no estoy enganchada, estoy enganchadisima, y no me gusta, ¡me encanta! Clap Clap

Sufrí mucho, sobre todo al principio, pero ahora las cosas empiezan a tener sentido y parece que todo vuelve a la normalidad, más o menos. Eso espero, como también espero que nos des una reconciliación en condiciones Razz

Más lindo Castle arriesgando su vida por ella Love Love ¡Menos mal que está vivo! Y que Alexis y Martha lo saben ya, las pobres tuvieron que sufrir mucho también... ¡como odio al maldito Bracken! Mad Muajaja Mad

En fin chica, que no me lío muchos más, demasiadas emociones en un mismo día Laughing Pero eso si, aunque me hicieses sufrir, me has alegrado con el fic, que estuve distraída, así que, aquí tienes una fiel seguidora más, que espera con ganas, muchas, el siguiente Thumb

Kiss

Del tiron te lo has leido? Madrecita, me siento super halagada Crying or Very sad. Me alegro de que te haya gustado! Heart

Lo se, lo se. En el principio fui muy, MUY cruel jajajaja. Pero bueno, no soy capaz de matar a los personajes (Y MENOS A UNA MONADA COMO CASTLE Love ), asi que jugue con el suspense y... voila jajaja. Y ahora se estan empezando a solucionar las cosas Razz. Y sobre la reconciliacion... bueno, sigue leyendo, igual algun dia te encuentras algo Razz jajajaja.

Ayyy, MUCHISIMAS GRACIAS POR EL COMENTARIO! Love Ahora mismo voy a subir el capi 13. Espero que te siga alegrando los dias! Very Happy


Del tirón casi, un pequeño parón en el medio porque tenía que hacer unas cosas pero nada más Razz jajajajaja ¡Es que me encanta! Con decirte que hoy tenía dos exámenes y vi por la mañana que subieras y no me pudo resistir a leerlo antes de ir a clase Laughing Laughing

Creo que decir que al principio fuiste MUY cruel es quedarse corto, pero bueno, se te perdona No War No War Está bien saber eso de que no los vas a matar, da un poco de seguridad, pero sólo un poco, a ver si te da el arrebato y nos quedamos todos a cuadros Oh, my God!

Y pasamos ya al capitulo en cuestión, el 13, que bueno, más que capitulo... ¡CAPITULAZO! Reverence Reverence Reverence En primer lugar es largo, muy largo, y eso está muy pero que muy bien, ¡así da gusto! Clap Clap Y después es que pasa de todo, tenemos acción, momentos de tensión, reconciliación... ¡Y VAYA RECONCILIACIÓN! I\'m Dead Inlove I\'m Dead Inlove Me gusto mucho el momento "tengo recursos", Castle todo jefe, y encima aparece su padre en el momento exacto y le sale bien el asunto Laughing Laughing Esperemos que el maldito Bracken no de más por el saco Muajaja Muajaja

En fin, que me enrollo más que una persiana, que escribes de vicio, aquí tienes una fan para toda la vida Razz jajajaja Y que espero con muchas ganas el siguiente, a ver que le pasa ahora a la parejita después de ese bonito final Love Love

Un beso tocaya Kiss

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por Beckett_Castle_Alba el Mar Mayo 28, 2013 8:58 am

Después de leerme el capítulo en dos días porque es tremendamente largo y mi tiempo es escaso, tengo que decirte que... ¡ha sido precioso!
Te superas con cada capítulo Sara, este ha tenido de todo, desde momentos de tensión con Braken hasta momentos tiernos entre Castle y Beckett para pasar a escenas de ellos dos juntos, ¡por fin!
Me dejas sin palabras, es un capítulo muy completo que entiendo que no pudieras contar porque no se podía cortar nada, es genial.
De momento, mi capítulo favorito de este fic. La historia te esta quedando de maravilla Sara.
Besos

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Beckett: What happens if you don’t let me look?

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por forever23 el Mar Mayo 28, 2013 2:36 pm

Buaa que pasadaa de capítulo!! Reverence Reverence
Me gusta mucho este fic
Escribes muy muy bien Sara Razz Wink
Sigue pronto, porfa plis Dreaming
Las locas te queremoosss Love

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por Elena_NyPD@ el Mar Jun 11, 2013 10:19 am

Dios es la segunda vez que me lo leo, en serio. Increíble. Soy tú fan numero 1. Eh! Dios escribes increíblemente perfecto.

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por agecastbet el Mar Jun 11, 2013 1:42 pm

Bueno Sara me has dejado en trance, no se si podré definir lo que ha sido leer tu capítulo, por que es intenso, apabullante, arrollador y mil cosas más, eres un torbellino mezclando tal cantidad de sentimientos que arrastrándome al centro del tornado de tu relato no me has dejado ni reaccionar. En fin has conjuntado todo, tú has sido capaz de resolver las situaciones tan enconadas que habías planteado en los otros capítulos, y encima elevarnos hasta la cumbre de la victoria moral, con la detención del ca...... con pintas del senador, de la victoria del compañerismo y la camaraderia pero sobre todo del amor filial y el broche de oro del amor en toda su expresión en la pareja.
No te ha faltado ni un solo ingrediente, lo has puesto todo y además en su justa medida y con su puntito de sal y pimienta, en definitiva, un menú extraordinariamente rematado con el derroche de amor y sensualidad.
Estupendo capi, largo como los que me gustan a mí, con mucha enjundia, y completo en todos los ámbitos, mis felicitaciones, pero ahora estoy esperando al siguiente y no te voy a consentir que me bajes ni una pizca el nivel que has alcanzado con este, ansi que te toca trabajar y de lo lindo, jajajajajaja, eso si confío en ti seguro que sabrás pasar el reto por todo lo alto.
BESOTESSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por patri_lanish el Jue Jun 13, 2013 1:40 pm

este fic es para leerlo millones de veces sin cansarse nunca jamas

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por Casbeck.mongar el Vie Jun 14, 2013 3:57 am

es ecepcional la forma en la que nos transportas... gracias

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por Apocalipsis. el Jue Ago 08, 2013 1:34 pm

Woooohoooooowwww!!! Me lo e leído de un tirón Inlove me he enganchado desde el principio y con lo sensiblera que soy yo lloro y todo Crying or Very sad menos mal que Castle está bien, pensaba que se había muerto de verdad...

Pues eso que soy tu fan : happyclap: : heart: y me he mueeerto con el final del capi 13... I\'m Dead

Espero que no tardes mucho Crying or Very sad

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por Ethan3 el Jue Ago 08, 2013 8:31 pm

queremos maaaas! queremoooooos maaaaas!!!

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

Mensaje por castle&beckett..cris el Vie Ago 09, 2013 12:55 pm

Preciosoooo sigueee

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Re: The Dragon (Capítulo 13)

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