In dubio pro reo [COMPLETO]

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por lovecastlebeckett el Dom Jul 28, 2013 6:30 am

agecastbet escribió:
lovecastlebeckett escribió:
agecastbet escribió:
lovecastlebeckett escribió:
agecastbet escribió:Ya se ha terminadoooooooo?????? pero si está en lo más interesánte, como me dejas a medias de esta forma??? No tienes corazón¡¡¡¡¡¡ Esto está buenísimo y me dejas asomarme para fisgonear, cerrándome la puerta en las narices a la primera de cambio, JOOOOOOOOOD............... pero qué manía de cortar en medio de una escena, acaso no sabéis medir los capítulos y cortarlos cuando ya se ha terminado todo lo interesante?????? AIIIIINNNNNNSSSSSSSSSSS con lo emocionada que estaba leyendo, que se me ha pasado el rato sin darme cuenta.
Sigue pronto por fa y una cosa no me molestan los capítulos a tu estilo, ni me cansan para nada, eso si me dejan con un colocon de aupa, jajajajaja
BESOTESSSSSSSSSSSSSSSSSS

Keep calm jajajaj esta tarde más Wink
Necesito despejar la mente y me voy a ensañar escribiendo para hacerlo, así que tu tranquila que dentro de nada sabrás más pero tendrás otra intriga. Además si te lo cuento todo en un capi no te tengo esperando ansiosa para el próximo, ¿verdad? Bleh 
Gracias por leer & comentar siempre Love 

Pues debo decir que me encanta tu ensañamiento, por mí puedes ensañarte todo lo que desees, si después el fruto son capítulos tan interesantes como los anteriores, jajajajajaja
Tú no te inquietes por si voy o no a seguir ansiosa los próximos capítulos, mientras haya historia que contar, yo seguiré igual de interesada en leer, jajajajaja si además son historias tan buenas y bien escritas como la tuya, no dejaré de enterarme del final, tarde lo que tarde en llegar, jajajajaja
Gracias a ti por escribir y leer mis comentarios, jajajajaja
Esta tarde dices, y se puede saber a qué hora empezará la sesión, pues ya estoy preparada para leer, jajajajajajaja

Uff... No tengo hora fija, yo trabajo siguiendo la inspiración jajajaja y aunque se lo que quiero que pase en el próximo capi pues siempre es mejor estar inspirada para que no salga una mierda, ¿sabes?

Pues sí alguna idea tengo, jajajaja pero viendo como escribes y la soltura que tienes haciéndolo, creo que no sería fácil que te salga dicho género, jajajajaja
Está bien esperaré como agua de mayo tu capi, de momento yo me ensañaré recordando la cuarta temporada de nuestros intrépidos protagonistas, jajajajajaja

Jajajajajaa eso está bien... Me gusta tu plan para la tarde Wink
Yo me voy a poner a darle al teclado, si me dejan claro, ¡que hay mucho charlatán suelto!

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por agecastbet el Dom Jul 28, 2013 6:40 am

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agecastbet escribió:Ya se ha terminadoooooooo?????? pero si está en lo más interesánte, como me dejas a medias de esta forma??? No tienes corazón¡¡¡¡¡¡ Esto está buenísimo y me dejas asomarme para fisgonear, cerrándome la puerta en las narices a la primera de cambio, JOOOOOOOOOD............... pero qué manía de cortar en medio de una escena, acaso no sabéis medir los capítulos y cortarlos cuando ya se ha terminado todo lo interesante?????? AIIIIINNNNNNSSSSSSSSSSS con lo emocionada que estaba leyendo, que se me ha pasado el rato sin darme cuenta.
Sigue pronto por fa y una cosa no me molestan los capítulos a tu estilo, ni me cansan para nada, eso si me dejan con un colocon de aupa, jajajajaja
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Keep calm jajajaj esta tarde más Wink
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Gracias por leer & comentar siempre Love 

Pues debo decir que me encanta tu ensañamiento, por mí puedes ensañarte todo lo que desees, si después el fruto son capítulos tan interesantes como los anteriores, jajajajajaja
Tú no te inquietes por si voy o no a seguir ansiosa los próximos capítulos, mientras haya historia que contar, yo seguiré igual de interesada en leer, jajajajaja si además son historias tan buenas y bien escritas como la tuya, no dejaré de enterarme del final, tarde lo que tarde en llegar, jajajajaja
Gracias a ti por escribir y leer mis comentarios, jajajajaja
Esta tarde dices, y se puede saber a qué hora empezará la sesión, pues ya estoy preparada para leer, jajajajajajaja

Uff... No tengo hora fija, yo trabajo siguiendo la inspiración jajajaja y aunque se lo que quiero que pase en el próximo capi pues siempre es mejor estar inspirada para que no salga una mierda, ¿sabes?

Pues sí alguna idea tengo, jajajaja pero viendo como escribes y la soltura que tienes haciéndolo, creo que no sería fácil que te salga dicho género, jajajajaja
Está bien esperaré como agua de mayo tu capi, de momento yo me ensañaré recordando la cuarta temporada de nuestros intrépidos protagonistas, jajajajajaja

Jajajajajaa eso está bien... Me gusta tu plan para la tarde Wink
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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por Laura413192 el Dom Jul 28, 2013 9:06 am

GEME! Pero como lo dejas hay, adoro los capis de verdad, son geniales estoy ultimos me han dejado muy ahsgydbshsb TE LOVEO MUCHO continua pronto que estoy impaciente por leer lis siguientes capitulos asique..... ya te puedes poner a escribir SIGUE QUE ME E ECHO ADICTA!!!! Smile

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por choleck el Dom Jul 28, 2013 10:24 am

Que lujo de finc. Gracias por compartir tu talento

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por rubiodav el Dom Jul 28, 2013 10:43 am

es simplemente genial
Ojala puedas continuar pronto, me encanta

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por KateC_17 el Dom Jul 28, 2013 1:52 pm

Me acabo de leer los capis atrasado jooooo hace mucho que no comento Facepalm a sorry por eso

djkfjshfaksfhjdf.... me encanta como va todo estooooo!! Happy Clap este fic me tiene enganchada y cada vez quiero leer mas Laughing

espero que sigass prontoo plisss Big Crying que ya quiero leer mas Very Happy ¡nos vemos!!

besotess Kiss

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por SaraS17 el Dom Jul 28, 2013 11:50 pm

No me pude pasar ayer, pero aquí estoy por fin!

Tres capítulos de golpe ayudan a subir el ánimo a cualquiera, y lo mejor, es que esto se pone cada vez más interesante Oh, my God! 

¡Vaya dos! Los dos empezando a sentir algo y los dos evitándolo. Menos mal que Lanie no se rinde nunca y está ahí insistente haciendo que Kate se de cuenta de las cosas, aunque sea poco a poco, le va abriendo los ojos. Y lo mismo pasa con Rob, haciendo que Rick recupere las esperanzas y las ganas de luchar por ella, si es que eso de andar escuchando cosas que no se deben pasa factura...

Los temas del pasado. Ambos sufrieron mucho en el pasado, tanto como influir en lo que son en el presente. Lo de Rick me lo imagino desde hace mucho, pero lo de Kate me tiene un poco más perdida, ¿que les habrá pasado? ¡A ver si nos lo cuentas pronto, eh! Razz

Y Josh... ¡maldito Josh! Es que cuando no es por un lado, es por el otro, el caso es estar siempre tocando las narices, uuff... a ver si se cae al mar de tanto seguirlo y lo caza un tiburón, ¡que tío! Neutral Y digo yo, ¿verá Kate la foto del periódico? ¿Como reaccionará? Y sobre todo, ¿que conclusiones sacará después de leer el titular?

No tardes mucho en subir, por favor, que siempre es un placer leerte y cuanto antes mejor, ¡un besazo!

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por lovecastlebeckett el Jue Ago 01, 2013 3:08 am

Perdón por la tardanza, había ciertos asuntos que requerían de mi atención Think 
-------------------------------------------------------------------------------------------
Capítulo 21:

El timbre de la casa del alcalde resonó por todas las habitaciones, llegando con su eco hasta la cocina, donde nosotros aún seguíamos hablando y discutiendo ciertos asuntos. Di un pequeño saltito en el taburete, no esperaba visita. Rob se río largo rato de mí y seguía riéndose cuando fue a mirar quien era.

Abrí el puño en el que se había convertido mi mano y me fijé en que aún tenía ahí la bola de papel que ahora era el asqueroso reportaje sobre mí, mi pasado y mi posible futuro con la detective. Futuro arruinado en cuanto ella leyera el periódico, porque era inevitable que lo hiciera, aunque yo intentara lo imposible para que no pasara. Y entonces un huracán entró en la cocina, arrasando a su paso con la tranquilidad que había en la casa:

- ¡Tío Castle! – gritó un pequeñajo antes de tirarse a mis brazos, sin dejarme tiempo para prepararme ni nada.

- ¡Ey! – respondí, soltando todo el aire de golpe cuando su pequeño cuerpo impactó contra mi pecho. Se me escapó un quedo quejido y le cogí en brazos. – Oye, has crecido bastante…

- ¡Claro! Los danoninos funcionan, tío. Además, mira que fuerte estoy – dijo el pequeño, haciendo fuerza con su brazo para intentar sacar algo de bíceps.

Solté una carcajada, y le bajé al suelo para después revolverle el pelo.

- Dentro de poco estarás como yo de alto, Jace.

El niño sonrió ampliamente, mostrando su desdentada sonrisa de mitad dientes de leche y la otra mitad no. Tras darle un beso a su padre, aquel pequeño huracán volvió a irse corriendo hacia su habitación, en el piso de arriba. Sacudí la cabeza mientras le veía subir las escaleras de dos en dos, y porque las piernas no le llegaban que si no lo haría de tres en tres. Rob se rascó la nuca y se quedó un momento perdido en sus pensamientos mientras yo me levantaba del taburete y me estiraba, dispuesto a volver al apartamento y hablarlo todo con la detective. Más que nada quería disculparme por haberla dejado tirada.

- ¿Te vas ya? – preguntó, alzando la cabeza para mirarme.

Asentí, subiendo las comisuras de mis labios para dibujar una sonrisa. El alcalde se empeñó en acompañarme a la salida, así que fuimos en silencio hasta que llegamos al patio, donde había aparcado. Rob se cruzó de brazos, pareciendo menos preocupado tras nuestra charla. Le di un suave golpe en el hombro, sonriendo.

- Siempre actuando como un hermano mayor, ¿eh? – bromeé.

- ¡Qué remedio! – dijo, siguiéndome el rollo y alzando los brazos al cielo como si estuviera desesperado.

Arranqué, notando vibrar mi asiento bajo las piernas y por unos segundos solo se escuchó el rugir del motor. Una pequeña cara se asomó a una de las ventanas frontales de la mansión y agitó su mano con gran ilusión. Le sonreí a Jace y le devolví el saludo. Aceleré mientras mantenía el freno pisado y entonces recordé un problema importante.

- Por cierto, nos habéis puesto en el mismo apartamento y hay solo una cama.

- ¿Te tocó el sillón? Pobre… - Rob fingió compasión, pero luego soltó una gran risotada y me golpeó suavemente el brazo con su puño. – Tienes la buhardilla.

- ¿Hay una buhardilla? – pregunté, sorprendido.

- Sí, lo que pasa es que la trampilla es de las de techo y casi no se ve, tienes que fijarte bien.

- ¡AAAAHmigo! – dije, entendiéndolo todo. – Gracias, Rob.

- ¿Por? – inquirió él, un poco descolocado.

- Por todo – me encogí de hombros, sonriendo.

Volví a acelerar pero esta vez solté el freno y salí disparado del jardín de grava. Miré por encima de mi hombro una última vez y saludé a Rob con la mano.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

No se lo podía creer. ¡La había dejado tirada allí! Sin medio de transporte ni tener idea alguna de donde estaba la casa del alcalde. Sabía que estaba cerca pero no donde. Beckett le dio una patada a una piedra, viéndola rebotar contra el suelo hasta que se coló entre unas plantas, llegando al final de su travesía. La detective se apartó el pelo de la cara, recogiéndoselo en un moño, y puso los brazos en jarra, mirando a ambos lados de la carretera, esperando que algún buen samaritano supiera donde vivía el alcalde de New York.

Suspiró con frustración y sacó el móvil, buscando el número de Castle, pero no recordaba si lo tenía o no. ¿Se lo había pedido? Emitió un gruñido de enfado, no lo tenía. Sintió unas ganas tremendas de pegar a alguien, descargar toda esa rabia acumulada contra un saco de boxeo, eso siempre le ayudaba. Pero aquí no tenía saco de boxeo así que o usaba una almohada o…

- Se va a enterar ese escritorzuelo cuando venga. – masculló entre dientes.

Volvió a entrar en el apartamento, agradeciendo ese fresquito que le proporcionó el aire acondicionado contra la piel desnuda de sus brazos y cara. Beckett se quedó un rato parada en la entrada, dejando que la corriente la refrescara, y luego se sentó en el sillón con el portátil en las piernas. Era imposible que la casa del alcalde pasara desapercibida para los medios de comunicación, debía de haber algún artículo o algo. Vio encima de la mesa el periódico de ese día, lo había traído Dolly junto con las cerezas del desayuno. Una sonrisa asomó a sus labios al pensar en la amable mujer.

Beckett sacudió la cabeza, necesitaba concentrarse. Cogió el periódico sin abrirlo ni nada, solo quería ver como se llamaba la parte de la isla en la que estaban. En el portátil abrió el Google Maps y metió su dirección, para situarse y usar el Street View para buscar la casa del alcalde en caso de que no hubiera una dirección escrita en algún artículo.

- Vale, nosotros estamos en Barbados, Bath Beach. Y yo quiero ir a… - empezó a decir en voz baja lo que estaba haciendo, como siempre que tenían un caso un poco enrevesado en el que se habían atascado. Oírse a sí misma exponer las cosas a veces la conducían a pistas y la hacían ver cosas que antes no había considerado relevantes o en las que no había caído.

A la detective se le ocurrió mirar en el periódico que aún tenía en las manos, por si salía algo sobre el alcalde. Era una idea remota pero no imposible, y dar por hecho nunca se debe hacer, eso se lo enseñaron bien en la Academia de Policía. Dejó el portátil sobre la mesita del centro, sin prestar atención al Google Maps que estaba cargando el Street View, y abrió el periódico por el índice para buscar la sección de noticias de la sociedad.

Deslizó el dedo índice por todos los títulos, dejando que su mirada fuera rápida, usando esa capacidad que había desarrollado de tanto mirar registros telefónicos y bancarios.

- ¡Aja! – exclamó cuando encontró la sección de sociedad. Miró la página correspondiente, la 105.

Iba a buscarla cuando un estruendo frente a la puerta la sobresaltó, haciendo que dejara el periódico bruscamente en la mesa y se asomara a una ventana a ver quién era el imbécil con una moto que no sabía conducir sin armar escándalo.

Una moto negra se paró frente al portal y un hombre alto y delgado, con el casco puesto todavía, se bajó de ella, guardando los guantes en el cajón bajo el asiento. Beckett ladeó la cabeza, esperando a que se quitara el casco, y aprovechando para admirar el cuerpo de ese hombre. Éste se llevó las manos a la cabeza, desabrochando la cinta que le sujetaba el caso a la cabeza, y se lo quitó de espaldas a la detective. Kate admiró los músculos de su espalda, viéndolos contraerse y estirarse con sus movimientos, y se mordió el labio inferior inconscientemente, pensando que no estaba nada mal... Y entonces el hombre finalmente se giró, llevándose una mano a la cabeza para retirarse el mojado pelo de la cara en un gesto muy familiar para la detective.

- No me jodas… - susurró, con los ojos clavados en la cara de Castle.

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por lovecastlebeckett el Jue Ago 01, 2013 3:09 am

Capítulo 22:

Me colgué el casco del brazo y agarré la moto del manillar para llevarla al garaje. Fui empujándola suavemente, disfrutando el ruido de las ruedas haciendo crujir la arenisca del camino, y del brillo que le sacaba el sol a la pintura.

Estaba orgulloso de mi trabajo con aquella preciosidad, ser un loco de los motores de pequeño, mientras mi madre se empeñaba en hacerme actor, me había ayudado cuando la encontré muerta de asco en un desguace, esperando su turno para, o bien ser desvalijada por unos ladrones de piezas, o ser convertida en chatarra. Había requerido mucho tiempo y dinero, pero el resultado merecía la pena. Estaba incluso pensando en llevármela a New York.

La dejé apoyada sobre su pata de cabra y colgué el casco del manillar. Volviendo a echarme hacia atrás el pelo mojado, cerré la puerta del garaje y saqué las llaves del bolsillo para entrar en el apartamento mientras silbaba una alegre melodía que no recordaba donde la había escuchado. Pero era muy pegadiza. Estaba buscando la llave correcta, que siempre la confundía con otra, cuando la puerta se abrió de golpe, asustándome. Alcé la vista, guardando el llavero en el bolsillo, y sonreí cuando vi a Beckett ahí, pero aprecié que ella estaba entre enfadada y sorprendida.

- Gracias por abrirme – dije, intentando pasar dentro, pero la detective se había parado justo en medio del umbral, con los brazos fuertemente cruzados en el pecho.

Toda muestra de sorpresa había desaparecido de su rostro, ahora simplemente estaba cabreada, y mucho. Se echó a un lado, bruscamente, y yo entré, ligeramente asustado por su frialdad y calma. Beckett cerró la puerta tras ella de golpe y sin que pudiera reaccionar, me empujó en el pecho, echándome hacia atrás.

- ¡Ay! – protesté, recuperando el equilibrio.

- ¿¡Cómo que "ay"?! – gritó. Adiós a esa calma.

- Lo siento, sé que no debí… - empecé a disculparme, alzando las manos en señal de rendición y pidiéndole calma. Pero ella volvió a empujarme, fuerte.

- ¡No me digas que me calme!

- Yo no he… - volví a intentar hablar pero no me dejó porque recibí otro empujón.

- Leo el lenguaje corporal.

Me quedé en silencio, sabiendo que ahora venía lo gordo.

-¿¡Cómo se te ocurre irte sin mí?! ¿¡Tienes algún problema conmigo?! ¿¡Eh?! – la detective volvió a la carga, logrando que yo, poco a poco, empujón a empujón, retrocediera.

- No me pasa nada, solo que…

- ¡Cállate!

- ¿Y si no quiero? – rebatí, picándola.

Ella soltó un gruñido de frustración y volvió a empujarme.

- ¡Para! – pedí. – ¡Ya te he dicho que lo siento!

- ¡No me trago ninguna de tus mentiras! – Beckett extendió los brazos para darme otra vez, pero lo vi venir esta vez y reaccioné rápido. Cuando sus manos chocaron contra mi pecho, las agarré con las mías, deslizándolas rápido hacia las muñecas de la detective.

Atrasé un pie para equilibrarme y tiré de sus brazos hacia mí, haciendo que su cuerpo chocara contra el mío. Aguanté el golpe bien, sin tambalearme, y la miré a los ojos, a unos pocos centímetros de los míos. Mis manos estaban cerradas firmemente en sus muñecas a la altura de nuestros hombros, de forma que fueran lo único que se interponía entre nuestros cuerpos. Y yo hice que eso ya no fuera un problema. Separé nuestros brazos para que quedaran a ambos lados, y me pegué más a ella. Beckett se sacudió, intentando liberarse, pero la tenía bien sujeta y no iba a dejar que se soltara.

- Estate quieta – pedí, en voz baja.

- No me da la gana. ¡Suéltame! – exclamó ella, volviendo a retorcerse. Con uno de sus codos consiguió darme un golpe en las costillas, haciéndome daño y logrando que retrocediera. Mi pierna golpeó contra el sillón y tuve una idea.

Dejé que se me escapara uno de sus brazos y ella me empujó con él, tirando para liberarse. Lo hizo con tanta rabia que no midió su fuerza y logró desestabilizarme. Sin recordar mi plan, eché un pie hacia atrás pero me encontré con el borde del sillón y caí hacia él, tirando de Beckett tras de mí. En medio de la caída, giré sobre mí mismo de forma que cuando llegamos a los cojines, era Beckett la que estaba atrapada bajo mi cuerpo.

- Te dije que pararas.

- Y yo te dije que no. Quítate de encima – dijo ella, intentando salir de debajo de mí, sin éxito.

- No hasta que me dejes explicarme – pedí, colocándome mejor para no aplastarla. Apoyé un codo en los cojines para alzarme un poco y poder mirarla a la cara. Ella se giró hacia mí, volviendo a quedar nuestros rostros muy cerca.

- ¿A qué esperas? – preguntó Beckett, molesta todavía, pero tragando saliva con fuerza. Pude notar su acelerado corazón latir contra mi pecho, quizá por la pelea, quizá por la situación en la que estábamos.

Me mojé los labios nerviosamente y su mirada siguió el movimiento, moviéndola rápidamente cuando se dio cuenta de lo que hacía.

- Yo… Estaba a punto de llamar a tu puerta esta mañana para preguntarte si estabas lista cuando oí una parte de tu conversación telefónica.

- ¡Eso era privado! – gritó ella, removiéndose bajo mi cuerpo, empujando con sus manos mi pecho. Suspiré y le agarré ambas manos, colocándoselas a ambos lados de la cabeza.

- Lo sé y lo siento. Te juro que en cuanto oí eso me aparté, y no fue mi intención – me disculpé.

- ¿Y si no te creo?

- ¡Pues no me creas! – dije, exasperado. Ella sonrió de lado y me di cuenta de que solo estaba jugando conmigo y con mi paciencia. Sacudí la cabeza y continué.

- Me dolió escuchar que no confiabas en mí y eso, así que salí corriendo de aquí. – admití.

Noté como respiraba hondo, su pecho subiendo y bajando lentamente. Beckett intentó soltar una mano pero no la dejé.

- ¡Leñe! – Protestó – ¡No voy a hacer nada!

Contuve la risa y liberé su mano izquierda, cauteloso. La detective se apartó el pelo de la cara y dudó un momento, pero al final habló.

- No lo dije en serio, solo quería librarme de Lanie.

- Eso me dijo Rob – el alivio se extendió por mi pecho, calmándome.

- ¿Has hablado con el alcalde? – preguntó, frunciendo el ceño. Asentí, y como pensé que ya habíamos probado la confianza del otro, no vi venir el siguiente golpe.

- ¡Oye! – exclamé, sujetando la mano que antes le había dejado libre.

- Ese te lo mereces – dijo Beckett, sonriendo al final.

- Da gracias de que mi código de honor me impida pegarte.

- ¿Los ladrones tienen código de honor? ¿No es contradictorio? – preguntó la detective, bromeando.

- Ja, ja, ja. – dije, molesto. Despacio, me levanté de encima de ella y le ofrecí mi mano para ayudarla a levantarse.

Beckett la rechazó, sentándose en el sillón y colocándose bien la ropa y el pelo.

- Siento la… escenita – se disculpó, rascándose la cabeza mientras miraba el salón.

- No te preocupes, siempre viene bien hacer un poco de deporte. – bromeé, restándole importancia a todo con un gesto de la mano.

Ella sonrió, mientras asentía.

- Pero – añadí, alzando un dedo – Estaría bien que la próxima vez me dejes explicarme antes de atacarme.

La detective se sonrojó ligeramente, y entonces yo vi el periódico medio abierto encima de la mesa y el Google Maps en el ordenador puesto. Fruncí el ceño y me acerqué a ello.

- ¿Y esto? – pregunté, cogiendo el periódico y señalando el ordenador.

- Nada, me aburría. – mintió la detective. - ¿Vas a leer el periódico?

- Que no te extrañe, mi registro literario no solo son revistas porno y libros de adolescentes – bromeé, intentando despistarla. Ella soltó una carcajada pero no olvidó el tema.

- No, es que nunca te había visto leer el periódico. – se encogió de hombros al mismo tiempo que encogía los labios.

- Vale, me has pillado. Quiero ver como quedaron los Celtics – mentí.

Ella asintió, satisfecha.

- Luego me lo dejas, plis – pidió, mientras se estiraba para coger el mando y encender la tele.

- Claro – respondí. "Después de que haya eliminado del mapa la página 105" pensé.

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por agecastbet el Jue Ago 01, 2013 6:06 am

jojojojojojojojojo, cuando se entere Kate, jajajajajaja le va a faltar isla para correr y esconderse, jajajajaja. Muy buenos como siempre, y la buhardilla no debería estar ahí, para qué se necesita una, si tienen una habitación con una confortable cama de matrimonio, en la que han dormido tan ricamente, jajajaja
Claro que con las ocurrencias de este Castle nunca se sabe el uso que le va a dar, jajajaja La convivencia no es que sea nada del otro mundo pero a partir de ahora, y después de ver ella esa impresionante moto y fijarse en esa figura tan esbelta, (por cierto, tienes algún defecto en la visión, por que yo juraría que excepto en la altura, la descripción de Castle no corresponde con la mía), en fin que después de esa visión tan .............. atrayente de Rick, haberlo tenido sobre ella, ........... huy como suena eso .......... encima de que no se han comido un colín .......... tengo la ligera impresión de que harán lo posible por comérselo, jajajajajajajaja pero la habitación secreta no me ayuda en absoluto jajajajajajaja
Sigue pronto que esto está cada vez más ................. no se ni como está por que con semejante parsimonia, se va a terminar de resolver el caso y nos vamos a tener que seguir conformando con algún arrumaco despistado o algún besito después de la cogorza. jajajajajaja
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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por _Caskett_ el Vie Ago 02, 2013 5:01 am

Muy bueno, me encanta.
Continua pronto.

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por Yaye el Vie Ago 02, 2013 5:49 am

Muy bueno los dos capítulos. Estos dos deberían sincerarse de una vez contarse ya lo que les lleva a actuar así.

Espero que puedas continuar pronto.

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por SaraS17 el Mar Ago 06, 2013 2:48 am

Tu fic siempre me da un golpe de aire fresco, me divierte mucho, y es muy diferente, así que siempre estoy encantada de leerlo, me pone de buen humor Very Happy

¡Vayamos por partes! Me encanta la relación de amistad que tiene Rick con el alcalde, no estaría de más que viésemos más de eso en la serie, sería un puntazo. Y volviendo a la parejita...

¡Hay que ver Kate como devora al motorista con la mirada! Laughing Laughing Ese "No me jodas..." suena raro en ella, pero quedó muy gracioso jajajajaja Es que Rick es irresistible, a ver si se da cuenta de una vez y se deja llevar, que siga los consejos de Lanie, ¡están tardando! Razz

La pelea con ese final en el sofa, soy capaz de imaginarla totalmente, y es de lo más divertida, ¡vaya dos! Si es que son tal para cual, siempre con ese tira y afloja constante, ¡me encantan, de verdad! Y estoy deseando saber que pasa con el periódico y la hoja 105, porque por mucho que él la haga desaparecer, ella ya sabe de su existencia, así que... ¡esto está interesante!

Y digo yo, ¿logrará Rick encontrar la buhardilla? Es la casa a la que va siempre y no sabe de su existencia, que poco observador, ¡está perdiendo facultades! jajajaja

Sube cuanto antes el siguiente, por favor te lo pido Razz jajajaja

Kiss Kiss

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por cururi el Miér Ago 07, 2013 10:48 am

esto esta cada vez mas genial!continua pronto!Happy Clap Happy Clap Happy Clap 

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por lovecastlebeckett el Dom Ago 18, 2013 9:20 am

Lamento mucho el retraso pero estuve atrapada en mi pueblo sin internet y con muchas ganas de escribir. Sin embargo, creo que mi compensación os encantará: traigo 6 capítulos nuevos llenos de emoción (es broma). ¡Espero que os gusten! ¡Dejármelo saber con una review, plz!
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Capítulo 23:

Tras degustar un suculento arroz a la cubana (pero sin el plátano frito) preparado por mí, que hasta Beckett tuvo que admitir que estaba rico aunque me hubiera quedado el arroz un poco duro; la detective se tiró en el sillón con una revista de esas de chicas, en las que te ponen fotos criticando los vestuarios de los famosos y se basan en artículos de paparazis; y yo decidí buscar la ya-no-tan-secreta buhardilla, más que nada porque si en todo este tiempo no había sabido de su existencia, era muy probable que me la encontrara llena de polvo y de visitantes repelentes de 8 patas.

Recorrí el pasillo mirando al techo, buscando una anilla o algo de lo que tirar. Iba tan concentrado mirando para arriba que no me fijé en que había llegado al final del pasillo y me choqué contra la pared. Por suerte, no fue con la cara sino con las manos. Me froté los doloridos nudillos mientras me reía entre dientes:

- Mira que eres tonto, Rick. – me dije en voz alta, sacudiendo la cabeza.

Bajé a la cocina a por una silla, y volví a subir silenciosamente. La anilla estaba allí, en el techo, pero el cordón que debería colgar de ella para que se pudiera abrir fácilmente, no estaba. Se habría roto con el tiempo… Tiré de la escalera para abajo, mirando cómo se extendían los escalones, llenos de polvo. Soplé para apartar los diminutos ácaros de mi cara, moviendo la nariz para rascármela de alguna manera mientras tenía las manos ocupadas empujando la silla para que las escaleras bajaran del todo. Noté como un estornudo se aproximaba, con su cosquilleo recorriéndome la nariz, y abrí la boca con anticipación, esperando.

- Cierra la boca que te entran moscas, Castle. – dijo una voz, sobresaltándome.

Abrí los ojos de golpe para encontrarme con la detective apoyada contra la pared, con los brazos cruzados y expresión divertida en la cara. Hice una mueca:

- Iba a estornudar y me has cortado. – protesté, secándome los llorosos ojos por el supuesto estornudo y el polvo.

Beckett se acercó a mí, sonriente:

- La próxima vez mira a la luz y terminas antes.

Luché por no reírme pero finalmente la carcajada se abrió paso a través de mis apretados labios y me incliné hacia delante, sacudiendo la cabeza, mi cuerpo sacudido por la risa.

- Dios, eres como un adolescente, sacándole el lado verde a todo. – se quejó ella, visiblemente molesta.

- Ay… - luché por coger aire, presionándome con dos dedos un punto del estómago que me dolía – Por dios, ¡es que lo has dejado a huevo!

La detective resopló, poniendo los ojos en blanco y sacudiendo la cabeza con decepción.

- Madura, Castle. – resopló, antes de darse la vuelta y entrar en su habitación.

He de decir que ese último comentario me dolió un poco, pero dije un "Touché" en voz baja y continué a mi bola, bajando la silla de vuelta a la cocina y armándome con paños húmedos, la fregona, el recogedor y la escoba para subir a esa buhardilla y adecentarla un poco para que sirviera, sino como habitación, por lo menos como gimnasio provisional o despacho.

Ascendí por las escaleras, temiendo que se partieran en cualquier momento bajo mi cuerpo por la humedad y los bichos, pero se portaron bien, solo asustándome con unos cuantos crujidos. Cuando toqué suelo firme no pude evitar sentir cierto alivio, que se desvaneció en cuanto vi el estado de aquel sitio. El polvo campaba a sus anchas por la buhardilla, posándose en los muebles restantes, y la ventanita que daba al tejado y por la que debería de entrar el sol a raudales, estaba mancada por la acumulación de cacas de gaviotas y otras cosas que era mejor no saber. Suspiré, cansándome solo de pensar en lo que me iba a costar limpiar todo aquello. Giré sobre mí mismo, con cuidado de no caerme por las escaleras, y vi la cama en una esquina.

Estaba acercándome a ella para mirar si aún servía o tendría que volver al sillón, cuando algo entró en mi campo de visión, haciendo que me pusiera bizco para confirmar mis peores sospechas. Se me escapó un grito y empecé a sacudirme como loco, con escalofríos recorriéndome la columna vertebral.

- ¡Castle! ¡Rick! ¿¡Estás bien?! – oí gritar a Beckett, seguido de sus pasos en la escalera de madera.

Lo primero que asomó fue su cabeza, seguida de la pistola, desenfundada y lista para disparar en caso de un ataque. Llegó rápidamente a donde yo me encontraba, todavía sacudiéndome la ropa y el cuerpo, soltando pequeños "arg" de vez en cuando. La detective recorrió con la mirada la habitación y al no ver ningún peligro aparente, bajó la pistola, guardándola en la funda que todavía llevaba colgada en la cadera.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó, con preocupación.

- Una… - me recorrió un escalofrío solo de pensarlo – Una araña.

- ¿¡Qué?! – Beckett me dio un empujón en el pecho, incrédula.

- No empieces otra vez, aquí no hay sillón y la cama está llena de polvo.

- ¡Me asustaste! – exclamó ella.

- ¡Yo más! ¡Esa araña se paseó por mi cuerpo a su gusto! – solo de pensarlo me estremecí.

- Vaya hombre estás hecho…

- ¡Tengo aracnofobia! – grité, intentando excusarme por mi comportamiento más bien femenino. La detective se cruzó de brazos y alzó una ceja, divertida, esperando la historia sobre el origen de mi miedo.

Paseé la mirada por la buhardilla, intentando eliminar de mi cuerpo la sensación de esas pequeñas patas peludas paseándose por mi piel. Sin poder evitarlo, me sacudí la ropa una vez más, rascándome aquí y allá con mi reacción típica ante la mención de la palabra que comenzaba por "a" y terminaba en "raña".

- Yo tenía… - me paré a pensar unos segundos – 7 añitos. Mi madre me llevó al Zoo de Central Park y por aquella época yo tenía fascinación por cualquier tipo de animal, fuera como fuera. Recuerdo que, al final de la excursión, fuimos a la zona de los reptiles y animales exóticos. – Beckett asintió, se conocía el zoo de memoria – Bueno pues, imagíname a mí, de pequeño, caminando fascinado por aquel pasillo con vitrinas a ambos lados llenas de animales que solo conocía por el papel o la pantalla.

La detective sonrió ante la visión que yo le pintaba. Siempre me han dicho que yo tenía una gran capacidad para narrar, que lograba que la gente se imaginara lo que les contaba a la perfección. Supongo que eso, junto con otros desencadenantes, grandes dosis de trabajo, suerte y talento, eran lo que habían derivado en 20 best-sellers.

- Mi cabeza miraba a ambos lados, extasiado, con la boca abierta y pegándome a cada vitrina para intentar averiguar qué era lo que se escondía al otro lado del grueso cristal. Mi madre se quedó al lado de la puerta, discutiendo con su representante sobre algún nuevo papel en Broadway, pero yo pasaba de enfadarme aquel día, estaba en el mejor sitio del mundo.

Beckett abrió la boca para interrumpirme, pero alcé un dedo y le hice un gesto para darle a entender que lo preguntara luego, primero quería terminar de contar mi historia.

- Así que, andaba tan atontado, dando vueltas de aquí para allí y corriendo de una vitrina a otra, pegando la cabeza y aplastando la nariz contra el cristal, que no vi que había un empleado del zoo metiendo una nueva especie de tarántula recién llegada de… - fruncí el ceño – algún país exótico. Mi madre estaba tan ocupada que tampoco llegó a tiempo de advertirme antes de que chocara contra el señor, haciendo que mi espalda diera contra sus manos y que el bicho que llevaba en ellas se subiera por mi camiseta y me recorriera el cuerpo con las patas peludas. El empleado consiguió cogerla al minuto, pero el daño estaba hecho.

La detective sonrió, con compasión, y me dio un suave empujón en el brazo con su hombro.

- Vale, te perdono el grito aniñado.

Solté una carcajada y alcé la ceja en un gesto sensual:

- ¿Sabes, detective? Tengo la sensación de que encuentras mi cuerpo tan irresistible que me empujas para poder tocarlo.

- Olvídate, sigues siendo un adolescente. – se corrigió Beckett rápidamente, pero manteniendo la sonrisa en su cara. – Venga, que te ayudo con eso. Voy a ponerme una ropa un poco menos…

- ¿Provocativa? – propuse.

- Yo iba a decir "formal".

- Me gusta más lo mío…

- Adolescenteee – dijo la detective mientras bajaba las escaleras, haciéndome sonreír.

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por lovecastlebeckett el Dom Ago 18, 2013 9:23 am

Capítulo 24:

Su cabeza volvió a asomarse minutos después por la abertura del suelo. Mi fijé en que se había sujetado el pelo en un moño tirante y llevaba puesto un top rosa fosforito y negro de deporte y las mallas negras que usaba para correr. Recorrí con la mirada lentamente su definido cuerpo bajo aquellas ajustadas prendas de deporte. La detective me pilló mirándola pero no hizo ningún comentario, sino que se mordió el labio inferior sensualmente.

- ¿Vas a hacer un maratón, detective? – bromeé, enarcando una ceja de modo sugerente.

- Quién sabe, Castle… Se pueden hacer maratones de tantos tipos… - jadeó ella, provocando.

Solté un gemido, y pensé en decir mi famoso "Touché" pero opté por apretar los labios, bajar la cabeza, y seguir pasando la escoba. La detective sonrió, victoriosa, y cogió los trapos para limpiar el polvo. Me di cuenta de que había una vieja radio en una estantería y me acerqué para ver si funcionaba. Tras pasar por varias cadenas en las que se oían más los crujidos estáticos que las voces de los comentaristas, encontré una emisora de música más o menos moderna. Justo cuando dejé la ruedecita quieta y aumenté el volumen estaban poniendo a Queen con su famosa "Radio Gaga".

- ¿Me vas a hacer escuchar esto? – preguntó Beckett, mirándome a través de los huecos de una de las estanterías.

- Detective, "esto" es una de las mejores bandas que jamás habrá. Además, que suene esta canción precisamente es como una señal del destino.

- ¿Y?

- Que yo respeto al destino – sonreí de lado, y volví a mi trabajo. La detective se quedó mirándome un rato más y luego siguió pasando el paño.

En una hora ya estaba el polvo limpio y el suelo también. Paramos un rato para admirar nuestro trabajo y despejarnos los pulmones de ácaros. Me acerqué a la cama, que en esos momentos se reducía a un colchón desnudo aguantado por cuatro patas de hierro. La colcha y mantas las habíamos tirado porque eran inservibles.

Me coloqué justo al lado de la cama y me tiré hacia atrás, dejándome caer de golpe sobre el colchón, muerto de cansancio.

- Castle, yo no… - empezó a decir Beckett, pero un estruendo la cortó de golpe – Haría eso – añadió, luchando por no reírse.

Me levanté de golpe de la cama, que ahora estaba sin una pata y, como resultado, habían fallado las otras y… ¡Cataplum! Al suelo. Le di una patada suave al colchón, receloso.

- Te juro que yo he sido. – me disculpé apresuradamente.

- Lo sé, me fijé antes en que tenía una pata medio rota.

- ¿¡Y no podías avisarme?! – me quejé, dejando que el susto de notar que la cama cedía bajo mi cuerpo se pasara.

- Lo hice. – Beckett no pudo más y soltó una carcajada – Pero llegué tarde.

La miré reírse, fastidiado. Yo había pasado auténtico miedo pensando que del golpe podía romperse el suelo y ya no sería caer a él, sino caer al piso de abajo. Mi corazón fue ralentizando sus latidos, yo me fui calmando y comencé a pensar más racionalmente.

- Yo no pienso dormir ahí, ¿eh? Aviso. – señalé el colchón con un dedo.

- ¿Volverás al sillón?

- Veremos… - dejé que mi voz se apagara, en un tono entre peligroso y fingido. Cogí la fregona con ambas manos y me fui a la esquina más alejada para empezar a frotar el suelo meticulosamente. – Fus, fus, detective. – dije, moviendo una mano para indicarle que se fuera.

Ella giró sobre sus talones en un movimiento de bailarina, y abandonó la buhardilla, dejándome solo con la radio y la fregona.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

La detective bajó alegremente las escaleras, al ritmo de una música invisible, y se tiró en el sillón, reposando un antebrazo en su frente y la otra mano posada suavemente sobre su abdomen. Cerró los ojos por unos segundos, entregándose a las horas de sueño-no-dormido que tenía acumuladas, pero no conseguía conciliar el sueño.

Se incorporó sobre un codo para colocarse un cojín bajo la cabeza y no tener que ponerla retorcida. Subió las piernas al sillón, quitándose los zapatos con la ayuda de los pies, e intento buscar una postura cómoda en aquellos cojines que parecían estar llenos de bultos. "¿¡Cómo demonios duerme Castle aquí?!" pensó, tras haberse girado por quinta vez. Finalmente, con una pierna por un lado tirada y la otra encima del reposabrazos, la espalda medio girada, un brazo bajo la cabeza y el otro puesto de cualquier forma encima del cojín, que había acabado en su barriga; Beckett encontró una postura más o menos aceptable.

Una vez acomodada recordó la historia de su niñez que Castle le había contado hacía un rato, y entonces le vino a la mente Lanie con su consejo de que se arriesgara con el escritor. Él había confiado lo suficiente en la detective para contarle el origen de su fobia, mientras que Beckett aún seguía siendo un completo misterio para Castle, que simplemente conocía ligeros detalles sobre ella, las pinceladas más recientes de aquel cuadro que podía ser su vida. Por mucho que renegara de ello, la detective sabía a la perfección que su amiga forense tenía razón y que debía dejar a un lado – porque nunca podría dejarlo atrás, olvidarlo – su trauma pasado, aunque ello no significara dejar de buscar venganza. Quizá si se lo contaba a Castle y trabajaban juntos, lograran cerrar ambos aquella herida que aún tenían abierta y supurando.

Sabiendo que, a pesar de estar ligeramente cómoda en el sillón, no iba a poder dormirse, tiró el cojín de cualquier forma y se levantó, resoplando para apartarse el flequillo que se le había soltado del moño. Viendo que ya estaba vestida para hacer deporte, y que con las prisas y el enfado de esa mañana no había salido a correr, decidió que lo haría ahora. El deporte era una parte importante de su vida, la mantenía en forma y con la mente ocupada.

Subió rápidamente a su habitación para coger el iPhone y los cascos, y después de seleccionar el orden aleatorio, subió el volumen y se sacó un auricular por el que salió el ruido de la canción elegida. Asomó la cabeza a la buhardilla para decirle a Castle que se iba.

- Me voy a correr – dijo la detective, alzando la voz para que le oyera por encima de la música.

- Oky doky, de aquí no me voy a mover – contestó el escritor desde detrás de un aparador al que estaba calzando para que no cojeara.

Se colocó de nuevo el casco, notando la música envolverla y aislar todos los demás ruidos, transportándola a otro mundo. Bajó las escaleras dando saltitos, moviendo las articulaciones en círculos, calentando, y se salió a la playa, yendo a la orilla para que no fuera tan cansado como correr por la arena blanda. El sol le calentó la espalda y la cabeza, y deseó haber cogido las gafas de sol aunque le fuera incómodo para hacer deporte.

Beckett se llevó una mano a la frente para hacerse visera y ver bien, y continuó la carrera, haciendo eses para no mojarse las deportivas con las olas. Después de haber llegado a un extremo de la playa, y haber vuelto al punto de partida, la detective se quedó quieta en el sitio, ralentizando su corazón y su respiración mientras estiraba los músculos con el fin de evitar las agujetas. Movió el cuello en círculos, de forma suave, llevándose ambas manos a él y masajeándolo. Al final, la postura en el sillón no era tan cómoda como parecía.

Entonces, notó unos golpecitos en el hombro, que la sobresaltaron. Beckett se volvió bruscamente y se quitó los cascos.

- Hola, Kate.

- Hola. – saludó la detective, borde. Los mensajitos de disculpa a última hora no lo arreglaban todo.

- Oye, lo siento, de verás – dijo Sorenson, alzando las manos.

- Claro, pero anoche no lo sentías mientras le metías la lengua hasta las amígdalas al camarero.

- Lo sé… Te dejé sola cuando había prometido ayudarte. – el surfero se rascó la nuca, parecía sentirlo de verdad. La detective se ablandó un poco, pero solo un poco.

- Ya no solo es que fueras a ayudarme, Will, los amigos van antes que un polvo.

- Perdóname, por favor. – pidió, poniendo ojos de cordero degollado.

Beckett sonrió ligeramente y asintió, aunque un poco reticente todavía.

- Está bien… - se rindió – Te perdono.

- ¡Gracias! – exclamó Sorenson, cogiéndola en brazos para darle un abrazo. La detective protestó diciendo que la estaba ahogando, y el surfero, entre risas, la soltó. - ¿Sigues necesitando mi ayuda para darle celos a Castle?

- No, no. Creo que las cosas están yendo bien entre nosotros – dijo Beckett, aun sin creerse que le hubiera pedido eso el día anterior al surfero, había pensado que en caso de que Castle le montara una escena (como la que montó) tenía la excusa de que era gay.

El surfero sonrió sinceramente.

- Me alegro por ti. – su teléfono sonó desde el interior de un bolsillo del bañador de Will y éste miró quien le llamaba en la pantalla. Una sonrisa tonta se extendió por su rostro.

- Cógelo, hablamos luego – dijo la detective, sabiendo que quien llamaba era o sería una persona especial.

El surfero le dio un rápido beso antes de responder al teléfono disculpándose por la tardanza. Beckett sacudió la cabeza, sonriendo y caminó de vuelta al apartamento a paso rápido, deseando darse una ducha. Sacó las llaves y las metió en la cerradura, empujando la puerta con el culo mientras enrollaba los cascos alrededor del iPhone. La detective solo había metido pie dentro del apartamento cuando notó algo raro. Había música relajante, olía a incienso y aceites de esencias y había unas cuantas velas encendidas. Con el ceño fruncido y una mala sensación sobre lo que se podría encontrar al entrar en semejante escenario, caminó hacia el salón, atenta a cualquier ruido.

Y entonces lo oyó. Y el enfado estalló en su interior. Mientras los gemidos de placer de Castle resonaban en los oídos de Beckett, cerró la puerta de un portazo y agradeció no tener a mano la pistola.

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por lovecastlebeckett el Dom Ago 18, 2013 9:25 am

Capítulo 25:

En cuanto oí la puerta de la calle cerrarse, bajé corriendo al salón, y apoyando una mano en el respaldo del sillón, salté por encima para caer sentado. Mientras estaba pasando la fregona en la buhardilla, pensado como librarme de volver a aquel incómodo sillón, se me había encendido la bombilla que tenía en la mente. Le cogí el portátil a Beckett, que lo tenía encendido todavía, e hice una rápida búsqueda por internet.

Media hora después sonó el timbre del apartamento, y acudí raudo a abrir la puerta. Una joven morena y sonriente, que se presentó como Mitzie, pasó al interior cargando con una bolsa blanca de deporte y una maleta. La conduje a la habitación y me quedé observando como desplegaba la maleta y tendía una toalla encima. Me indicó con un gesto tranquilo que me acercara, y sentí sus manos en mi camiseta, despojándome de ella.

- Quítese la ropa y envuélvase en esa toalla – ordenó.

Yo asentí y me dispuse a obedecerla. Dejé mis pantalones doblados en la cama y me puse la toalla mientras ella, de espaldas, encendía las velas y el incienso. Mitzie colocó los botes de aceites en fila encima del aparador, y me dijo que me tumbara.

Y entonces morí y fui al paraíso. Sus suaves pero fuertes manos recorrieron mi espalda, cuello, brazos, piernas… Cada centímetro de mi cuerpo que se podía tocar.

Mordí con fuerza la almohada, enterrando la cabeza en ella para ahogar un gemido. Noté sus manos bajarme por la espalda, presionando, acariciando, masajeando, arañando; haciéndome pasar del placer al dolor en cuestión de segundos.

- Mmmm… - mascullé, sin levantar la cabeza.

- ¿Cómo? – me preguntó ella, con su delicado acento barbadense.

- Ahí, en ese punto. – pedí.

La chica obedeció, diligente, y se inclinó sobre mi cuerpo. Pude notar su ropa rozar mi piel desnuda, el borde de su larga coleta acariciar mi espalda, y busqué toda mi fuerza interior para controlarme, pero la música suave y la mezcla del incienso con los aceites componían un ambiente muy sensual. Un gemido gutural murió ahogado en mi garganta, y oí su suave risa.

Todo era paz y tranquilidad, calma absoluta, hasta que… La puerta de la habitación se abrió de golpe, con tanta fuerza que el manillar chocó contra la pared. Mitzie pegó un bote similar al mío, que tuve que agarrarme la toalla de la cintura para no perderla.

- ¿¡Cómo demonios se te ocurre traerte a una chica a mi habitación?! – vociferó Beckett, solo faltaba que le saliera espuma de la boca como en los dibujos animados. - ¿¡Es que eres…?!

La rabia pasó a segundo plano cuando la detective se fijó mejor en lo que estaba pasando. Tragó saliva con fuerza y un ligero rubor apareció en sus mejillas.

- Señorita, solo soy una masajista – intervino Mitzie, con resignación. Algo me hizo pensar que no era la primera vez que se veía envuelta en un lío así.

- Dios… - masculló Beckett, llevándose ambas manos a la cara.

Yo me levanté, alcancé la cartera del pantalón y le di un billete de 50 a la masajista, a pesar de que no había terminado el masaje. Le indiqué se lo quedara todo, y ella, agradecida, se metió el billete en el escote y recogió rápidamente. Se despidió cordialmente antes de salir de la habitación y a los 3 minutos se oyó la puerta de la calle cerrarse. Sonreí, mirando a la detective, que aún estaba parada en el mismo sitio, muriéndose de la vergüenza.

- Ejem – carraspeé, esperando mi merecida disculpa.

- No me voy a disculpar contigo, en todo caso con ella.

- ¡Ey! ¿Por qué? Yo también me siento ofendido. ¿Me ves capaz de contratar a una prostituta y traerla aquí? – Me llevé una mano al pecho, fingiendo dolor – Ni que necesitara a una para tener sexo… - mascullé, en voz más baja.

- Voy a omitir esa última parte porque no quiero tener que rellenar todo el papeleo de tu muerte. – dijo ella, señalándome con un dedo.

- Venga, estaba de broma. Ya lo sabes.

- "Solo sé que no sé nada" – repuso la detective, esquivándome.

- Vale, Sócrates. Mensaje captado…

- Gracias.

Continué como si ella no hubiera dicho nada:

- La próxima vez que necesite un masaje te lo pediré a ti, así no tendrás que empujarme para poder tocarme. ¿Ves? Sí es que soy un cielo.

- Claro que sí – dijo ella, poniendo los ojos en blanco. – Baja Modesto que sube Richard Castle.

- ¡Que majo Modesto! Pero no me niegues que no te gustaría darme un masaje – bromeé.

- No sé yo, Rick – dijo, acercándose sensualmente – Mis manos suaves por el aceite recorriéndote el cuerpo… - se me secó la garganta de golpe – el incienso llenando el ambiente mientras yo te froto… - la detective calló y acercándose un poco más a mí dijo - ¡No!

Me tiró mi ropa al pecho con fuerza y yo di un paso atrás, recuperándome.

- Eso ha sido porno verbal, que lo sepas – me dirigí a la puerta de su habitación tras ver su cara de fastidio. – ¡Ah! – Giré rápidamente sobre mis talones y la miré – Te toca hacer la cena a ti.

Antes de que pudiera replicar o quejarse, cerré la puerta y bajé las escaleras silbando alegremente.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Beckett abrió las ventanas de su habitación de par en par para eliminar ese ambiente asfixiante lleno de incienso y aceites. Se quedó un ratito admirando las vistas de la playa, el sol a punto de ponerse por el horizonte, tiñendo las nubes y el cielo con tintes rosas, rojos, naranjas, morados y amarillos. Un auténtico espectáculo. La detective recordó que cuando era pequeña, a su padre le encantaba ver los atardeceres, y cuando se acercaba la hora siempre le podrías encontrar escrutando el horizonte, con una mano haciendo de visera, manteniendo la esperanza de ver el destello verde del que siempre hablaba.

"Solo lo puedes ver al anochecer. Cuando el sol se esconde tras el horizonte, preparado para darle el relevo a la luna y así él poder irse a trabajar a aquellos lugares que la luna acaba de abandonar. Hay varias historias sobre la luz verde. Algunos cuentan que, quien la vea, luego ya no se encuentra en el mismo mundo, sino en otro, como una dimensión paralela. Sin embargo, hay otros que dicen que si la ves y pides un deseo, se cumplirá.

- ¿Cómo si fuera una estrella fugaz? – había interrumpido una Beckett de 5 años, sin apartar por un segundo la mirada del horizonte.

- Exactamente, Katie. – su padre le había revuelto el pelo cariñosamente, y la había cogido en brazos. – Dicen que todo humano tiene una obsesión, un sueño muy fuerte que quiere cumplir antes de morirse. Algunos quieren ir de viaje a algún sitio, otros quieren formar un familia, otros escribir un libro que sea superventas… Yo lo que quiero es ver el destello verde.

- Es un sueño un poco tonto, papá. – Kate le había observado atentamente, viendo el brillo de sus ojos.

- Puede que así sea – respondió el padre, encogiéndose de hombros. - ¿Cuál es el tuyo?

Ella había fruncido el ceño y se había concentrado profundamente.

- ¡Quiero que mamá y tú jamás muráis! – exclamó. Su padre había echado la cabeza hacia atrás, riéndose.

- Cariño, aunque no estemos presentes siempre te llevaremos aquí – dijo, señalando su corazón.

- Siempre – había dicho la pequeña Beckett, sonriendo."


Una ráfaga de viento frío devolvió a la detective de vuelta a la realidad. Algo húmedo se deslizó por su mejilla, y se dio cuenta de que estaba llorando. Sintiéndose como una tonta, se secó la lágrima bruscamente y volvió a la habitación, cerrando las cortinas para no ver el atardecer.

Cogió su iPhone para contactar con sus compañeros en la comisaria, necesitaba pedirles ciertas cosas que le serían necesarias para la investigación. Tras colgar el Smartphone 10 minutos después, y ponerlo a cargar, oyó el timbre y bajó corriendo las escaleras.

- ¡Es para mí! – gritó para que Castle no fuera a abrir.

La cabeza del escritor apareció por encima del sillón, y Beckett pudo ver que le estaba sonriendo traviesamente.

- ¿También has pedido un masaje? Yo me habría presentado voluntario.

- Vuelve a leer, anda – respondió la detective, aguantado una sonrisa. Castle hizo un saludo militar y volvió a desaparecer tras el respaldo.

Beckett abrió la puerta.

- Aquí está su pedido, señorita – dijo un adolescente pecoso, sonriendo. La detective se fijó en el casco con una cresta de gallo y la moto roja, y le sonrió amablemente.

- Muchas gracias. Toma – le tendió un billete de 20. – Quédate con el cambio… Tim – dijo, leyendo su nombre en la plaquita de su camisa y le guiñó un ojo con complicidad, viendo cómo el adolescente se sonrojaba tras las pecas.

Se despidió y la detective cerró la puerta, alegrándose los sentidos con el calor de la caja sobre la palma de su mano y el olor a masa, tomate y mozzarella inundando su nariz.

- ¿Por qué le has rechazado? No me digas que era bajito y gordo. – comentó Castle, siendo una voz que hablaba desde algún lugar del sillón.

- No era un masaje, Castle.

- ¿Entonces que era? – preguntó el escritor, curioso, asomándose.

- ¡La cena!

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por lovecastlebeckett el Dom Ago 18, 2013 9:27 am

Capítulo 26:

- Que sepas que, aunque esté riquísima, esto no vale – dije, hablando con la boca llena de masa de pizza. Se me escapó un gemido y seguí masticando.

- ¿Por qué no? – Beckett estiró su brazo, comiendo el queso fundido que todavía no se había separado de la masa. Fue comiéndolo hasta que llegó al trozo de pizza y lo rompió.

- Se trata de cocinar, de ver las artes culinarias de cada uno.

- Yo no tengo de eso.

- Pues aprendes.

- Vale. ¿Te gusta la pizza que he hecho con todo mi cariño? – repuso ella, mirándole mientras sonreía burlonamente. Solté una carcajada y le di un sorbo a la cerveza.

- Está riquísima. Ñumi, Ñumi.

- Ala, todo solucionado. Ahora calla y pásame una cerveza, por favor.

- Esto es esclavismo – protesté mientras estiraba el brazo y cogía un botellín. Le quité la chapa y se la di. - ¿Algo más?

- Ssshh, que no oigo.

- De nada – repuse con ironía, en voz baja.

- Gracias, Castle, por ser tan amable – dijo ella con resignación.

- ¿Tanto costaba? – contesté, mirándola.

Ella puso los ojos en blanco y se concentró en la película. Yo volví mi atención a la tele, pero tenerla ahí al lado, a la distancia de un brazo estirado, no era lo mejor cuando estabas deseando tocarla. Como si me hubiera leído el pensamiento y estuviera dispuesta a hacérmelo pasar mal, ella se revolvió en su sitio, recogiéndose el pelo y echándoselo hacia un lado. La luz que se filtraba de la calle iluminó la piel al descubierto de su cuello, tan cercano, tan dulce, tan tentador… Katherine Beckett era una droga. Una vez la probabas, desengancharte de ella o resistirte a sus encantos requería de cada miligramo de voluntad que tuvieras en el cuerpo.

Yo la había probado el club. Sudorosa, sensual, ardiente y tentadora droga. Quizá había elegido el peor momento para probarla, porque una vez que está así, al tomarla de cualquier otra forma estaría insulsa.

Cerré la mano que tenía libre alrededor de la cerveza, rezando para no apretar demasiado y romperla. Mastiqué silenciosamente mi último trozo de pizza mientras escuchaba como los de Oceans Eleven planeaban el ataque al casino.

Cuando Brad Pitt apareció en acción junto a George Clooney, sentí como Beckett se removía a mi lado, dibujando una sonrisa tonta en su cara.

- Oh, ya pillo porque querías ver esta película…

- ¿Qué? ¡No! Es porque me gusta – se defendió la detective. Estaba demasiado oscuro para decirlo pero juraría que estaba sonrojada.

- Claro, claro – dije, callándome otra vez.

Pasó otro rato en el que mi fuerza de voluntad se puso a prueba, y entonces salió en pantalla Julia Roberts. Y mi interés en la película aumentó. Me incliné ligeramente hacia delante y recibí un codazo en las costillas.

- ¡Auch! – me quejé, acariciándome la zona.

- Mira quien es ahora el interesado.

- No lo niego, detective. Julia Roberts es Julia Roberts…

- Viva la lógica aplastante – dijo, metiéndose conmigo.

- Gracias, gracias – hice una burlona reverencia.

– Pero claro, la has visto y ya no sabes ni cómo te llamas. – continuó Beckett, haciendo caso omiso de mi broma.

- Nah – hice un gesto con la mano – Eso no me pasa con ella, me pasa con… - me callé de golpe antes de decir algo de lo que me arrepintiera.

Beckett se giró con cara de interés, ignorando la película.

- ¿Te pasa con…? – inquirió.

- Nadie.

- ¡Venga! ¡Ahora me lo dices!

- Nada, no quería decir eso – "A ver como sales de esta, tonto" pensé, estrujándome los sesos para buscar una salida.

- ¿Y que querías decir?

- Ssshh, nos estamos perdiendo la película. – intenté despistarla pero no picó.

- La he visto 5 veces. No pasa nada – Beckett se giró en el sillón hacia mí, dirigiéndome su mirada inquisitiva.

- ¿Cinco veces? ¡Luego dices de mí!

- Vale, acepto que George Clooney y Brad Pitt son un buen aliciente para verla, pero la trama también está muy bien.

- Seguro – dije, rezando para que se olvidara del tema.

- Paso de discutir contigo – se dejó caer contra el respaldo y cruzó los brazos en el pecho.

Si no fuera porque no me parecía factible, juraría que se había colocado de esa manera para resistir la tentación. ¿Sería yo su droga? "No seas tonto" me respondió la voz repelente, pero por una vez le di la razón.

Vimos terminar la película en silencio, e intenté controlarme lo que faltaba, abriendo una cerveza tras otra y pasándole botellines a Beckett cada vez que ella me los pedía. Cuando terminó, estiré mis brazos por encima de la cabeza y arqueé la espalda.

- Esto pasa cuando te interrumpen a mitad de un masaje – protesté.

- Eres un quejica.

- ¿Por qué no duermes tú una noche en esto – señalé el sillón despectivamente – y me cuentas luego?

Beckett se quedó callada, considerando algo. Yo puse mi mejor cara de lástima.

- A ver… - empezó la detective.

- Por favor, por favor, por favor – supliqué, arrodillándome frente a ella – Te juro que no haré nada más que dormir en mi lado.

Beckett sonrió, con cara de pilla.

- Quédate ahí un momento que te saco una foto. El famoso Richard Castle arrodillado ante mí, suplicando.

- Lo que sea con tal de no pasar otra noche ahí.

- Seguro que recibe millones de RTs. – continuó bromeando la detective, pero aquello llamó mi atención.

- Espera… ¿Tienes twitter? ¡Oh! ¡Tengo que seguirte!

- No tengo twitter – rectificó ella. Demasiado tarde…

- Claro que no… - me quedé pensativo y la seguí por las escaleras - ¿Eres @KateBeckett o @Kate_Beckett? También puede ser que te hayas puesto un nombre diferente para que no te encuentren…

Ella me ignoró totalmente mientras yo seguía delirando, inventando nombres. Nos lavamos los dientes y ese fue el único momento de relativo silencio que hubo entre nosotros.

- ¡Ya lo tengo! Hiciste un juego de palabras y eres @HotCop. ¿Verdad? – pregunté, moviendo las cejas sugerentemente.

- No – contestó ella. – No lo adivinarías ni loco.

- Aaah – entrecerré los ojos, escrutándola. - ¿Lo tienes puesto en tu tarjeta?

- ¿Cómo lo voy a poner ahí? Soy Detective de Robos, Castle.

- Yo lo tengo puesto.

- Tú eres tú y yo soy yo. – replicó.

- Viva la lógica aplastante – contesté, imitándola. Ella acusó el golpe en silencio y abrió la cama.

Yo me cambié en la habitación mientras ella se cambiaba en el baño, y esta vez sí que se puso pantalones cortos bajo la camiseta rosa extra-grande. Sonreí con los recuerdos que aquel pijama trajo a mi mente, pero vi que no le gustaba nada mi cara y tuve que tragarme la sonrisa.

Transcurrieron 10 minutos en silencio, las luces ya estaban apagadas y yo tenía la vista clavada en las sombras que dibujaban las cortinas al moverse con la corriente. Me giré solo para encontrarme cara a cara con la barrera fortificada de cojines que la detective había colocado entre nosotros, y recordé su fastidio cuando le comenté que en vez de policía podría haber sido arquitecta.

- Beckett – susurré.

- ¿Qué? – contestó ella con voz adormilada.

- ¿Eres @Kbex?

Por toda respuesta recibí un cojinazo en la cara que me hizo saber que me había equivocado. Tiré el cojín al suelo, y, sonriendo, me volví a girar hacia el otro lado.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Safetysuit empezó a sonar a un volumen demasiado alto para ser las 4 de la mañana.

En aquellos instantes, mientras mi mano daba trompicones por la cama hasta llegar a la mesilla para hacer que se callaran, me sentí totalmente identificado con la canción. "These times are bad but they will pass" pronosticaba el cantante. "Pues que pasen rápido, ¡por dios!"

- Castle, cógelo ya – murmuró Beckett, medio dormida.

- En ello estoy – protesté, llegando al móvil por fin.

Con la vista borrosa por el sueño, ni me molesté en mirar quien me llamaba, solo quería que dejase de sonar.

- ¿Sí? – contesté con voz pastosa.

- Tío Castle – susurró una voz infantil al otro lado de la línea.

- ¿Jace? – Pregunté, rascándome un ojo con la palma de la mano - ¿Qué haces despierto a estas horas?

- Papá me ha dicho que te llame – respondió el niño, y por primera vez detecté en su voz un timbre de miedo que me despejó en seguida.

- ¿Qué ocurre? ¿Estáis bien?

- Creo que ha entrado alguien en casa.

- ¿Quién? Jace, ¿has podido…? – callé bruscamente cuando oí un golpe y los pasos de alguien corriendo. - ¿¡Jace?!

Pero nadie respondía.

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por lovecastlebeckett el Dom Ago 18, 2013 9:30 am

Capítulo 27:

- Contesta, por favor – rogué, escuchando los pitidos del teléfono mientras intentaba establecer la conexión.

Me levanté bruscamente de la cama, ignorando el manchón negro que nubló mi vista al marearme, sin pensar en la detective ni nada. En mi mente solo había sitio para una cosa en esos instantes: un niño de 7 años y su familia estaban en peligro, y si yo llegaba demasiado tarde para evitarlo, sería otra muerte más que estaría sobre mi conciencia. No podría soportarlo…

- Venga, cógelo.

- ¿Qué ha pasado, Castle? – preguntó Beckett, con un timbre asustado en su voz. Se puso un jersey encima de la camiseta del pijama. Me giré para darle algo de intimidad mientras se ponía las mallas de deporte y se calzaba las Reebook.

- Ha entrado alguien. – respondí simplemente, guardándome el móvil en el bolsillo y abrochándome los vaqueros. Cogí una chaqueta que encontré y abrí el compartimento secreto de mi maleta.

Miré por encima de mi hombro hacia la detective, que se estaba recogiendo el pelo en un moño. Escuché el click del cargador al engancharse en la pistola, y vi cómo se colgaba la placa de la cadera. Sin más dilación, descorrí la cremallera y cogí mi pistola.

- Castle, no… - empezó a decir Beckett al verme armado.

- Arréstame luego, ahora tenemos una familia que salvar. – la corté secamente, metiéndome un cargador extra en el bolsillo de la cazadora.

Bajamos corriendo las escaleras, parando solo para coger las llaves del apartamento. Abrí rápidamente la puerta del garaje y saqué la moto mientras Beckett se colocaba el casco y me alargaba el mío. Arranqué, pero no me deleité con el rugido del motor, sino que me limité a avisar a la detective de que se agarrara fuerte antes de salir disparados por el camino de tierra.

Beckett consideró más seguro, dada nuestra velocidad, sujetarme por la cintura en vez de ir agarrada a los asideros que tenía la parte trasera de la moto. Noté su cuerpo pegado al mío, amoldándose a mi postura, y lamenté que no estuviéramos en otra situación para poder disfrutar del momento como debería.

Si esa misma mañana había tardado 15 minutos en llegar a la pequeña mansión, en esos momentos estuvimos rozando los 7 u 8 minutos. Mientras mi mente anotaba ese récord para poder alardear luego, cuando todo el mundo estuviera a salvo, yo paré la moto unos metros antes de llegar a la casa, así no alertaríamos a los intrusos.

- Bien pensado – susurró Beckett – Y la elección de la ropa también está bien – señaló ella con ironía.

Miré la chaqueta que había cogido a toda prisa y vi que era de color azul clarito. Me encogí de hombros y me la quité, dejándola encima del manillar de la moto junto con los cascos de ambos. Fuimos corriendo hasta la entrada de la mansión, donde abrí la verja, agradeciendo mentalmente al jardinero su obsesión por tenerla engrasada siempre. Silenciosamente, recorrimos un lateral del edificio, pistolas en mano y comunicándonos con señales. Nos compenetrábamos bien. Girando el uno sobre el otro, nuestras espaldas siempre cerca, vimos que quien fuera que había entrado, no había dejado a nadie en la retaguardia para avisarles.

"Mejor para nosotros"
pensé con satisfacción. Hice un gesto de asentimiento y Beckett y yo nos deslizamos al interior de la mansión, entrando por la puerta trasera, que estaba abierta de par en par. Al llegar a la altura de las escaleras, le indiqué mediante señas que necesitábamos separarnos. Yo iría por el piso de arriba mientras ella miraba en ese.

La detective alzó su dedo pulgar en un gesto de conformidad y nos miramos una última vez antes de ir cada uno por su lado. Recé mentalmente para que no le pasara nada, y le pedí a quien fuera que estuviese en el cielo, que la protegiera. Me quedé allí abajo unos segundos, esperando a ver desaparecer la espalda de la detective tras una esquina, y cuando ya no la tuve en mi campo de visión, subí las escaleras agazapado.

Cuando estaba a punto de llegar arriba, oí un zumbido y una bala pasó rozándome el pelo. Contuve la respiración mientras buscaba refugio tras los barrotes del pasamanos, y busqué al tirador. Un movimiento en el pasillo llamó mi atención y me asomé rápidamente por encima de la barandilla para dispararle. Por desgracia, esto no era una película y yo no le iba a acertar con un simple disparo. Y esperaba que él tampoco. Subí corriendo las pocas escaleras que me quedaban y me escondí tras una esquina, con el arma en alto, el silenciador a punto, preparado para disparar.

Pero no pasó nada.

Concentrándome en el momento y prohibiéndole a mi mente divagar, recorrí el pasillo que se extendía oscuro por mi izquierda, intentando recordar para que servían aquellas habitaciones cuyas puertas iba dejando atrás. En una de ellas, había una mancha que me llamó la atención, pero la falta de luz no me dejaba ver bien que era. Una gran opresión se instaló en mi pecho mientras rezaba para que fuera sangre de uno de los atacantes y no de Jace, Rob o su mujer. Con cuidado, y protegiéndome tras la pared, abrí la puerta. Asomé la cabeza y volvía esconderme rápidamente antes de entrar, con el arma por delante, en la habitación.

Había alguien tirado en el suelo, y parecía muerto. Corrí hacia la persona y tiré de su hombro para darle la vuelta, fijándome en que había un gran charco de sangre en el suelo. El pasamontañas me impidió verle la cara, pero eliminó de mi mente mis peores sospechas. Me fijé en que tenía una herida de bala en el estómago, y supuse que, a pesar de todo, Rob seguía guardando aquella vieja pistola.

Unos ruidos en el piso de abajo llamaron mi atención antes de que le quitara el pasamontañas a aquel hombre. Dejé lo que estaba haciendo y, guardándome el arma del cadáver, me dirigí a paso rápido pero silencioso a las escaleras.

Sin embargo, el mismo tirador de antes no estaba dispuesto a dejarme pasar. Disparó una ráfaga de balas contra mí y tuve que esconderme tras una esquina. Estaba a unos pasos de las escaleras, pero arriesgarme a darlos sería firmar mi sentencia de muerte, así que empuñé mi arma y me dispuse a matar al tirador.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

La detective había registrado varias habitaciones sin encontrar nada relevante. La cocina, una sala de juegos y una habitación pequeña que parecía la de la asistenta o niñera, estaban vacías y sin signos de lucha. Era como si esos atacantes fueran fantasmas…

Beckett frunció el ceño cuando le pareció oír un ruido proveniente de lo que sería el despacho del alcalde. Se aproximó silenciosamente, siempre pegada a la pared en busca de protección y mirando a su alrededor. Nunca se sabía por donde te iban a salir. Con la glock preparada para disparar, se agachó junto a las gruesas puertas labradas de roble que impedían el paso. Calibró el peso de la madera y se resignó a intentar escuchar a través de ellas, ya que intentar romperlas de una patada e irrumpir en una habitación en la que quizá los ladrones tuvieran como rehén al alcalde, sería un suicidio. Eso si lograba romper las puertas…

Vigilando que estuviera sola, pegó una oreja a la madera, intentando captar algo de la conversación, pero las puertas eran demasiado gruesas para dejar pasar las voces bien. La detective se llevó una mano a la cabeza y buscó una solución. "Piensa, piensa, piensa, piensa…" se dijo mentalmente. Como si se le hubiera encendido una bombilla en la cabeza, la cara de Beckett se iluminó en cuanto se le ocurrió una idea. Retrocedió un poco, buscando una mesa que había dejado atrás en uno de los descansillos.

La encontró enseguida guiada por su buena memoria, y agarró el florero que había encima. Con cuidado de no hacer ruido, dejó las flores encima de la mesa y tiró el agua al suelo. Cuando estuvo otra vez frente a las decoradas puertas, colocó el jarrón en ellas, de forma que la abertura estuviera apoyada en la madera, y pegó su oreja al culo del jarrón. Aguzó el oído al máximo y se concentró.

Comenzaba a captar algo de lo que se decía ahí dentro…

- A ver – decía la grave voz de un hombre – no pensarás que nos vamos a ir de aquí con las manos vacías.

- Coger lo que queráis – respondía el alcalde, con el pánico inundando su voz.

- Ah, pero no me sirven... Has matado a uno de mis compañeros, a un hermano de...

- Oiga, lo siento mucho, pero ¿cómo creían…?

- Oh, desde luego no matando… – replicó la voz del hombre.

Se oyeron una serie de murmullos y Beckett pegó más la oreja al jarrón, tratando de oír lo que decían, pero no pudo. Frunció el ceño y se concentró de nuevo en los retazos de conversación que le llegaban.

- … me las vas a pagar – estaba diciendo el hombre.

- Por favor… No ha hecho nada – respondía el alcalde, suplicando.

Unos sollozos ahogados aumentaron de volumen y se convirtieron en un grito que fue rápidamente callado con un golpe. Beckett cerró las manos en dos puños y se decidió a actuar.

"Ahora o nunca, Kate" pensó, ideando un plan. Dejó caer el jarrón al suelo y salió corriendo, sabiendo que si lograba esconderse bien, aquello les mantendría ocupados un ratito mientras buscaban ese eslabón suelto en su ataque, el que había tirado un jarrón sin querer. Les oyó pasar corriendo, gritándose cosas los unos a los otros, pero ella se mordió la lengua, casi ni respiró mientras les miraba desde arriba. En el último momento, cuando ya estaba pensando en desistir y buscarse otro escondite, logró subirse a una de las vigas que cruzaban el techo de la cocina.

Cuando los ladrones se dirigieron al piso de arriba, Beckett se dejó caer, haciendo más ruido del que le habría gustado, y se dirigió a paso rápido pero cauteloso al despacho. Sacó un cuchillo que había cogido de la cocina y se aproximó a las sillas que estaban colocadas en el centro del despacho.

- ¿Detective Beckett? – exclamó el alcalde, con el sufrimiento aun marcado en su cara.

- Ssshh – susurró ella, agachándose junto a su silla y liberando uno de sus pies.

- ¿Y Rick? – inquirió Rob, moviendo los tobillos, ya libres, en círculos.

Beckett señaló con una mano el techo y fue a desatar las manos del alcalde. Entonces algo sonó en el pasillo, haciendo que se llevara un dedo a los labios para indicar que se mantuvieran en silencio. Agarró el cuchillo bien fuerte, hasta que sus dedos se tornaron blancos, y se asomó a la puerta.

Alguien la agarró por detrás antes de que pudiera reaccionar y, a pesar de que se revolvió con todas sus fuerzas y más, clavando el cuchillo en todo lo que se le ponía a mano, lograron desarmarla. La cogieron del pelo bruscamente, haciendo que Beckett apretara los dientes para que no la oyeran quejarse, y la hicieron alzar la cabeza. La detective se sacudió una última vez cuando notó la mano de uno de ellos en su cintura.

- Hum… ¿Una detective de New York aquí? – inquirió alguien a sus espaldas, la misma voz que Beckett había oído antes.

La detective solo gruñó como respuesta, y la sangre se le heló en las venas cuando oyó la siguiente orden del cabecilla.

- Matadla.

Beckett se revolvió, soltando patadas a diestro y siniestro, pero alguien le dio un culatazo en la nuca y perdió la fuerza, mientras notaba, impotente, como la inconsciencia tiraba de ella con ganas, arrastrándola a la negrura.

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por lovecastlebeckett el Dom Ago 18, 2013 9:32 am

Capítulo 28:

- ¡Bien! – exclamé cuando por fin conseguí abatir a mi tirador.

Había oído mucho revuelo en el piso de abajo y mi preocupación aumentaba por momentos. ¿Y si Beckett estaba en peligro? ¿Y dónde estaban Rob, su mujer y el pequeño?

Iba tan preocupado que al bajar las escaleras no me acordé de que aún había miembros de la banda sueltos. Había uno esperándome al final de los escalones, pero le dispare en la rodilla antes de que pudiera reaccionar y le dejé inconsciente al pasar junto a él. La sala de juegos estaba vacía, así como la habitación de la asistenta.

Entré cautelosamente en la cocina, pero no había signos de lucha, solo faltaba un cuchillo del soporte de encima de la encimera. Sin darle mucha importancia a ese detalle, fui al despacho de Rob. En el pasillo me paré de golpe, luchando por no dejarme vencer por el pánico. En el suelo, caída de cualquier manera y abandonada, estaba la placa de Beckett, y junto a ella, el cuchillo desaparecido de la cocina manchado de sangre. Me agaché a coger la placa del NYPD, notando como el miedo me aplastaba los pulmones, casi impidiéndome respirar. Era como si alguien hubiera dejado caer una piedra encima de mi pecho de golpe.

Oí unos ruidos raros saliendo por las puertas entreabiertas del despacho de Rob, lo que me alertó, ya que él nunca cerraba esas puertas. Me asomé, cauteloso y lleno de rabia, como les hubieran hecho daño... Pero lo que me encontré no era para nada lo esperado. El alcalde, mi amigo, estaba retorcido en una silla, intentando soltarse de las ataduras de sus muñecas, y por las cuerdas caídas en el suelo, parecía que había logrado quitarse la de los tobillos. Me acerqué a él corriendo:

- ¡Rob! ¿Estás bien?

- Sí, sí, un poco golpeado – dijo. Por primera vez pude verle la cara y vi que tenía unos cuantos cortes.

Miré a mí alrededor y me fijé en que su mujer también estaba atada a una silla, pero parecía desmayada.

- Oh, dios mío. ¿No estará…? – no terminé la pregunta pero vi que Rob estaba negando ya con la cabeza.

- Se desmayó cuando me pegaron.

Le liberé de las cuerdas y se acercó a su mujer, llamándola suavemente, preocupado. Pero entonces pareció recordar algo y se giró hacia mí bruscamente.

- La detective, ¡corre! ¡Querían matarla!

Tragué saliva, o lo intenté, pero el nudo de mi garganta me impidió hacerlo. Respiré hondo a duras penas y salí del despacho corriendo.

- Piensa como un ladrón, Rick. ¿A dónde la llevarían? – dije, pensando en voz alta.

Decidí mirar en el garaje, ya que en el piso de arriba no podrían estar, les habría visto subir. Bajé corriendo las escaleras que conducían al garaje, recargando la glock a toda prisa. Abrí la puerta mientras encendía la luz, apuntando con el arma a todos lados, pero el garaje estaba vacío.

Entonces, a través de la ventanita que daba al jardín trasero, vi como las ruedas de un todoterreno negro sin matrícula derrapaban en la grava antes de encontrar sujeción y salir disparados. Llevaban las ventanas tintadas, por lo que no pude verles las caras, pero si me fijé en que aún quedaba otro todoterreno aparcado.

Sentí renovarse mis esperanzas, y salí corriendo al jardín, sabiendo donde podría encontrar a Beckett.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Despertó en un lugar oscuro y que parecía que la estructura de madera que lo sostenía se iba a venir abajo en cualquier momento. Algunos rayos de luna lograban colarse a través de huecos entre las tablas de madera, algo roñosas y con musgo.

Beckett intentó moverse, pero notó una punzada de dolor en la nuca, donde le habían golpeado con una pistola. Los recuerdos le iban llegando en pequeñas dosis, un poco borrosos al principio, pero se fueron clarificando con el paso de los segundos. Miró a su alrededor, y con los detalles que fue recopilando a medida que sus ojos se iban enfocando, logró deducir que estaría en alguna especie de granero o establo abandonado. Las cuerdas que habían usado para atarla a la silla se le estaban clavando en las muñecas, haciéndola rozaduras.

Intentó protestar pero se dio cuenta de que le habían puesto un trapo en la boca, atado en la parte de atrás de la boca, de manera que solo podía gemir y gritar, pero no articular palabras. Oyó un ruido tras ella, pasos sobre el suelo, haciendo crujir algunas de las piedrecitas al ser pisadas. Pero lo peor fue el sonido que siguió a las pisadas, aquel que había oído tantas veces pero que nunca había tenido ese efecto sobre ella. Se le secó la boca, el corazón se aceleró y la respiración se volvió superficial y entrecortada. El seguro de la pistola ya no estaba puesto, así que no se iban a andar con contemplaciones.

Llegaron a su altura, uno por cada lado de la silla, solo para que uno se quedara junto a ella mientras el otro se situaba enfrente, tapándole las vistas de la salida con su cuerpo.

- Veo que ya has despertado – dijo el de enfrente, inclinándose hacia delante ligeramente.

- ¿Sabes? Eres una detective muy sexy – susurró que estaba a su lado, acariciándole la mejilla con su aliento.

Beckett tragó saliva y apartó la cara de él, intentando mantener la calma.

- El jefe nos ha ordenado matarte – hablo el de enfrente mientras miraba a su compañero con un brillo perverso en los ojos.

- Pero no lo haremos sin jugar un poquito antes – terminó el de al lado, cambiando de lugar para colocarse junto al otro.

Beckett trató de que no se le notara que estaba a punto de colapsarse. Le habían dicho de todo pero nunca lo había sufrido de aquella manera, atada e indefensa.

- Tranquila, hermosa, no te haremos nada – uno de ellos intentó cogerla de la barbilla pero la detective apartó la cara bruscamente, huyendo de su mano.

- Va a ser peleona – le dijo uno a otro, que se encogió de hombros y sonrió con lascivia.

- Me gustan las salvajes.

Se llevó las manos al cinturón, desabrochándolo lentamente, deleitándose de la reacción de Beckett. Mientras uno se desnudaba, el otro le acarició a la detective la cara con el cañón de la pistola, yendo desde la sien hasta la barbilla. Kate intentó que no la tocara pero las ataduras no daban para más. La piel de una de sus muñecas se estaba despellejando dolorosamente y le estaba sangrando.

El que se estaba desnudando, dejó caer los pantalones por las rodillas, dejando ver un bulto notable en su bóxer. La detective tuvo que contener las ganas de vomitar, y junto con las arcadas, se tragó las lágrimas, sabiendo que si la veían llorar solo aumentaría su excitación. Uno de ellos se echó para atrás, dejándoles "intimidad", y el que se encontraba medio desnudo frente a Beckett, le deshizo el nudo de la mordaza. La detective apretó la mandíbula con fuerza, girando la cabeza hasta que le dolió el cuello. Pero el hombre ya estaba con el calentón y no iba a dejar pasar la oportunidad, agarró a Beckett de la cara bruscamente y la besó, haciéndola daño. Kate se revolvió, girándose lo máximo que le permitían las duras cuerdas que mordían la carne despellejada y dolorida de sus muñecas y tobillos, intentando apartarse de aquellos labios duros y exigentes que la forzaban. Él la agarró bruscamente de la cara, impidiendo que se moviera, así que Beckett tuvo que pensar en un plan B.

La detective solo quería librarse de él, así que mordió uno de sus labios lo más fuerte que pudo, notando el sabor a sangre colarse en su boca. Le escupió a la cara, ganándose una fuerte bofetada por parte del hombre que le reventó el labio por dentro a Beckett. Ésta se revolvió en la silla pero el compañero que se había retirado apareció por su espalda para sujetarla y que se estuviera quieta.

El hombre medio desnudo se hartó de esperar, su deseo haciéndose cada vez más notable bajo la tela de sus calzoncillos, y se los iba a quitar cuando la puerta del granero se abrió de golpe.

- Ve a mirar – ordenó, parando de bajarse el bóxer.

El que sujetaba a Beckett se asomó, desconfiado y entonces apareció Castle de repente, chocando con él. Cayeron al suelo, cual largos eran, hechos uno nudo de brazos y piernas, forcejeando por el control del arma. De repente el sonido de un disparo resonó por todo el granero, haciendo que la detective gritara cuando vio al escritor quedarse totalmente quieto, la sangre manando lentamente. Pero Castle se sacudió al tipo de encima, había logrado dispararle con la pistola que hacía unos segundos estaba recorriendo la cara de Beckett. Viendo que su compañero estaba muerto y que él se encontraba desarmado, el casi violador intentó subirse los pantalones y escapar, pero se tropezó con ellos y cayó de morros al suelo, donde Castle saltó encima de él, sujetándole contra el suelo por el peso de su cuerpo y le golpeó hasta que los nudillos se le despellejaron y comenzaron a sangrarle.

Cuando Castle vio que el hombre bajo su cuerpo estaba ido, sino muerto, se acercó rápidamente a Beckett por la espalda, quitándole las ataduras de las muñecas y tobillos. La detective, temblando, se acarició la magullada piel de sus extremidades. El escritor rodeó la silla, cauteloso, sin saber cómo iba a reaccionar Beckett tras vivir eso. Ella le miró a los ojos, y reposó sus manos en su regazo en un intento de dejar de temblar, pero no funcionó.

- Kate… - susurró Castle, agachándose frente a ella.

Los ojos de la detective se llenaron de lágrimas, sin poder contenerse más. El escritor acercó una mano a su pierna, en un intento de consolarla cuando la vio cerrar los ojos fuertemente, sin querer llorar frente a él, pero Beckett se levantó bruscamente de la silla, alejándose de Castle y de sus casi violadores, dándole la espalda a todo como si así fuese a desaparecer. Comenzó a llorar silenciosamente y el escritor no podía hacer nada más que mirarla, sin saber que hacer o cómo reaccionaría ella. Finalmente, decidió arriesgarse.

Mientras Beckett se ahogaba en un mar de sentimientos, que iban desde el alivio al horror por haber tenido que vivir ese momento, parecía que estaba cayendo en un pozo negro y sin fondo. Otra vez… Ella luchaba por agarrarse a cualquier cosa que encontrara a mano, pero todo se rompía bajo su peso. Hasta que notó unos fuertes brazos rodeándola por la espalda, un familiar pecho junto a ella, unos acelerados latidos de corazón acompasados con los suyos. La detective se giró e hundió la cara en el hombro de Castle, llorando sin importarle que la oyeran o la vieran, simplemente dejando que cada lágrima se llevara todo el miedo y la desesperación que había sentido. Beckett agarró la camiseta negra del escritor con dos manos convertidas en puños, mientras que éste notaba como los sollozos ahogados de la detective estremecían su cuerpo entero y como las lágrimas empapaban su cuello y su camiseta.

El escritor se echó hacia atrás ligeramente y la miró a la cara, viendo como esos ojos verde avellana se encontraban llenos de sentimientos y lágrimas. Castle acarició su mejilla y entonces se fijó en el labio hinchado de la detective, como prueba del golpe que había recibido. Sus cejas se juntaron, frunciendo el ceño mientras los labios del escritor se convertían en una fina y apretada línea, y sus ojos, de un azul siempre límpido y transparente se oscurecían por el dolor y la rabia.

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por rubiodav el Dom Ago 18, 2013 10:08 am

simplemente genial

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por saratheplatypus el Dom Ago 18, 2013 10:21 am

Dios santisimo, pero como los dejas asi? Big Crying ME DA ALGO, EN SERIO.

Cuando he visto que habias colgado 6 capis de golpe ha sido como si me jubiera tocado la loteria xdd. A ver... por donde empiezo? He visto capitulos geniales en tu fic, pero con estos ultimos te has salido. El progreso en su relacion es genial, me recuerda muchisimo a la serie. Y eso es bueno, muy bueno. OOOOOGH y la parte del atraco, eso ya ha sido sublime. Me encanta como has descrito sus movimientos, lo ocurrente que has sido y la preocupacion de Castle por lo que pueda pasarle a Beckett Inlove. Y al final... pffff, increible. He estado todo el rato conteniendo la respiracion y que alivio cuando ha aparecido Castle Love (que por cierto, estoy enamorada de los ultimos parrafos, con ese abrazo Crying or Very sad


En resumidas, que I love tu fic, chica. Es maravilloso de pies a cabeza Heart. No tardes mucho en continuar, pir favor Big Crying que presiento un gran momentazo entre estos dos despues de lo que han pasado Very Happy.

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por Yaye el Dom Ago 18, 2013 11:02 pm

Wow, vaya seis capítulos mas buenos, me han encantado. Menos mal que no han conseguido hacerle nada de lo que pretendían a Kate.

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por SaraS17 el Lun Ago 19, 2013 8:28 am

WOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOWW!!! Clap Clap Clap Clap Clap 

6 capítulos de golpe, ¡eso si que mola! jajajaja Aunque ya te fui comentando según leía, bien mereces que te deje un comentario en condiciones Razz

Sabes que con el primer capítulo quise matarte, ¡ya te vale! Neutral Neutral  Estuve un buen rato rascando por todos lados, con lo poco que me molan y vas tu y no te ahorras detalles, no me vuelvas a hacer esto, ¡por favor! No War 

Pero bueno, pronto te perdoné, en cuanto empecé a leer lo de la masajista, el twitter y los cojines, de verdad, me iba mal jajajaja Esa parte es para enmarcar, tiene frases que madre mía, menudos puntazos, y además es muy fácil imaginarse la situación, y divertido también jajajajaja Rick preguntando todo el rato por el usuario, y luego el cojinazo en la cara, ¡perfect! Laughing  "y recordé su fastidio cuando le comenté que en vez de policía podría haber sido arquitecta.", me imagino también el muro perfecto que puso Kate entre los dos, ¡pero será tonta! Si se muere de ganas por tenerlo pegadito, si que me ponía yo a hacer de arquitecta, eh! Encendía hasta el aire acondicionado en nivel frío polar para que se arrimase bien Bleh Bleh  jajajajajaja

Y después de las risas, el momento de tensión e intriga(con alguna pincelada de humor, ya le vale ir vestido de azul clarito jajajajaja). Sufrí mucho pensando que les podría haber pasado algo al alcalde y a su familia, y después cuando Rick y Kate se separaron, madre mía, no podía parar de leer, te juro que quise matarte otra vez cuando por mi mente pasó la idea de que lo dejarías en el "Matadla", pero luego vi que había otro capítulo y las ganas se esfumaron Razz

Había otro capítulo si, y pedazo capítulo, ¡me quito el sombrero! Reverence Reverence  (Y es literalmente, que llevo puesta una gorra(Obvia el hecho de que este dentro de casa y no hagas preguntas, porque no hay respuesta lógica Laughing ) En serio, se me pusieron los pelos de punta con el final, por un momento pensé que Rick no llegaría a tiempo y los asquerosos eses le harían algo, y luego con el disparo, el pensar que Rick podría estar herido y Kate indefensa y a su merced, uuf... pero por suerte consiguió salvarla y les dio su merecido a eses mal nacidos. Y ahora llega lo fuerte, ese final, cuando la desata y no sabe lo que hacer, y ella intenta guardar la compostura ante él y se aleja, para finalmente caer en sus brazos cuando la rodea por la espalda, y así dejar salir todo lo que sintió en esos momentos, en serio, ¡brutal! Reverence 

Cierto es que son muchos capítulos juntos, pero hay que destacar que hay de todo, cosas espeluznantes, graciosas, momentos de tensión e intriga, de dolor, de ternura... en serio, cada vez me encanta más como escribes, estoy deseando leer la continuación, porque tal y como dejaste las cosas, tiene que ser uuf...

Chapó una vez más, y gracias por compartir tus dotes con nosotros, ¡abrazote! Kiss Kiss

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Re: In dubio pro reo [COMPLETO]

Mensaje por agecastbet el Lun Ago 19, 2013 10:50 am

Gustarme no, me han encantado, yo quiero que sean todos así, jajajajajaja Esto es una buena lectura y lo demás son tonterías.
Bueno después del esfuerzo realizado, creo que lo mejor es agradecértelo de la misma forma, es decir, comentar uno por uno los capítulos.

Capítulo 23

Me he reído mucho con la búsqueda de la buhardilla, ya le estaba viendo como iba buscando por el techo la dichosa arandela, y sobre todo con el encontronazo con la pared, me imagino a Kate mirando cómo se daba y riéndose en sus narices. Muy bueno ese momento de confesión debido a su fobia, pero más interesante ver como ella se preocupa y corre en su auxilio.

Capítulo 24

No sé para qué la pincha si es él el más perjudicado siempre, en el momento que ella se medio insinúa, se le caen los palos del sombrajo, jajajajaja El detalle de la vieja radio me ha gustado mucho pues me he acordado de la radio de mis abuelos.
Claro que el episodio de la cama no tiene desperdicio, jajajajajaja menudo golpe, como era de esperar.
Aunque la experiencia de la detective con el sofá no fue mucho mejor, jajajajaja y el encuentro con Sorenson parece que las aguas están calmas, jajajaja mira que dejarla en medio de aquella bacanal, jajajajajaja y de nuevo los celos.

Capítulo 25

Pero lo que es insuperable es la situación con la masajista, claro que la chica se la ve más que acostumbrada a las confusiones, jajajajaja Menudo patinazo, si es que los celos son muy traicioneros. Aunque de nuevo es Castle el que sigue perdiendo, con las descripciones de Kate, le pone taquicárdico perdido.
Preciosa la historia de la luz verde, y mucho más los recuerdos de todo lo que habló con su padre.

Capítulo 26

La película tenía su interés para cada uno, pero casi se le escapa lo que ella le provocaba, si lo llega a decir, de fijo que no le deja dormir con ella, jajajajaja ni con cojines ni con un muro de ladrillo macizo.
Eso sí con la llamada del hijo del alcalde me has puesto los pelos de punta. Ya iba todo demasiado bien.

Capítulo 27

Un auténtico capítulo de la serie, actuan rápidamente y con rotundidad, Castle no se deja influenciar por Kate, no se trata de un juego la vida de una familia corre peligro, muy bien expresados los sentimientos de Castle, son sus amigos y no se va a andar con miramientos. Claro que el detalle de que ella se sujete a su cuerpo en la moto no le pasa desapercibido y a su manera lo disfruta.
La que no lo disfruta tanto es Kate cuando la pillan y encima oye las órdenes del jefe, de matarla, sin dejar ni siquiera que se pueda defender.

Capítulo 28

Menuda desesperación e impotencia, ver como no te puedes defender y encima dos animales están dispuestos a saltar sobre ti, sin que puedas hacer nada para evitarlo. Claro que ella no se va a quedar quieta mientras intenten atentar contra ella.
Pero Castle está en modo defensa de su chica, y ante eso no hay nada ni nadie que se salve de su ira. Es estupenda la forma en la que consigues que a pesar de la ira, y la rabia que le embargan respecto de los agresores, que después de matarlos sin parpadear, como se siente indefenso ante Kate, sin saber como va a reaccionar, y la deja espacio, justo lo que ella necesita.
Pero a mi me dejas en ascuas, justo en el peor de los momentos, jajajajaja
Sigue pronto que esto está demasiado interesante como para que me quede tranquila, ya se me olvidaron los seis capítulos, ahora el que me interesa, justo es el siguiente, jajajajajajaja
Eso sí es de bien nacidos ser agradecidos, y yo te agradezco en su justa medida el regalazo que nos has dedicado, medio fic casi, así da gusto esperar la vuelta de vacaciones, jajajajajajaja y si encima los capítulos tienen tantos detalles y tantas genialidades mejor.
BESOTESSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

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