Enséñame París. CAP 5 y 6

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Re: Enséñame París. CAP 5 y 6

Mensaje por Caskett(sariita) el Sáb Abr 19, 2014 3:22 pm

que linda historia  Love  Love alexis parece un poco chantajista no? me cae bien

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Re: Enséñame París. CAP 5 y 6

Mensaje por 28Caskett el Sáb Abr 19, 2014 5:14 pm

Me encanrta sigue prontoo

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Re: Enséñame París. CAP 5 y 6

Mensaje por 28Caskett el Vie Mayo 09, 2014 10:04 am

Porfa sigue

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Re: Enséñame París. CAP 5 y 6

Mensaje por Caskett(sariita) el Lun Mayo 26, 2014 4:19 pm

Sigue plissss!!

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Re: Enséñame París. CAP 5 y 6

Mensaje por maria_cs el Miér Ago 20, 2014 9:50 am

Perdón por la tardanza, aquí os dejo dos capítulos que tenía en FF

Capítulo 5

(Piso de Richard Castle)

-¿Qué tal la mañana?

Richard le dedicó a la guardaespaldas una mueca burlona. Alexis se acercó a él, tiró de su camisa para que se agachara y le dio un beso, antes de ir corriendo hacia la cocina, guiándose por el delicioso olor del pain au chocolat recién sacado del horno por Martha. Katherine se aseguró de que la niña estuviera lo suficientemente lejos para hablarle sin rodeos a su jefe, pero una voz femenina impidió su réplica. -¿Es usted Katherine Beckett? -Se volvió, mirando sorprendida a una guapa mujer unos años mayor que ella, pero que evidentemente se conservaba bien. Muy bien.

-Detective Jordan Shaw –dijo en voz baja, tendiéndole la mano -. Investigo el caso –añadió, señalando a la niña que comía sentada en el último escalón.

-¿Jordan… Shaw? ¿La agente del FBI?

-Ex agente –la corrigió -. Ahora detective privada –terminó con una espléndida sonrisa.

-Ya veo. ¿Y hay alguna novedad?

-Eso no es asunto suyo –intervino Richard Castle. La detective se rio. Kate frunció el ceño.

-Creo que me vendría bien saber cómo va la investigación para poder proteger a su hija, jefe.

-Pues yo pienso que echa de menos su trabajo y por eso pregunta.

-Rick, no seas borde –dijo ella, antes de mirar su reloj -. Debo irme, tengo que ocuparse de eso.

-¿Eso? ¿Qué es eso?

-Usted no se preocupe por nada, disfrute de su trabajo. Ojalá lo mío fuera tan sencillo como jugar a las muñecas, pero me tocó la parte dura.

Se la cambio encantada, zorra. –Sí, tengo mucha suerte –respondió, forzando una sonrisa.

-Ha sido un placer, Katherine. Y lamento lo que ocurrió en su comisaría.

-¿Cómo sabe usted…

Pero la detective ya se había marchado. Kate se volvió hacia su jefe, quien la observó, en silencio y sin decir palabra señaló hacia su despacho. De mal humor fue hacia allí, seguida por el escritor, que cerró cuidadosamente la puerta antes de volverse hacia ella.

-Sí, la detective Shaw la ha investigado. Como comprenderá no podía dejar que cualquiera cuidara de mi hija.

-Su hija, su hija que es…

-¿Tiene algo que decir de Alexis?

-Su hija es una malcriada.

-¿Qué ha pasado?

-¿Sabe la que me ha armado en la iglesia? –masculló, antes de explicarle el numerito de la pelirroja. Richard se limitó a mirarla, serio, antes de sentarse tras su escritorio y hablar.

-¿Así que usted le miente a una niña aprovechándose de su ceguera y la malcriada es ella?

-No me aproveché de ella. Yo sólo…

-Ella quería sentarse delante para oír bien y usted decidió libremente que eso era demasiado trabajo.

-Mire…

-No me extraña que le quitaran la placa. ¿Qué hizo? ¿Sentarse a esperar a que los sospechosos fueran a buscarla? ¿Correr era demasiado para una gran inspectora?

-¿Por qué no le pregunta a super Shaw? Ella le contará porque me despidieron –replicó, airada.

-¿Super Shaw? –repitió -. ¿La ex inspectora está celosa?

-Es usted un…

-¿Cabrón? ¿Gilipollas? –sugirió con desdén -. Vamos, desahóguese, si con eso consigo que empiece a trabajar como es debido…

-¡Soy policía, no niñera! ¡Joder! –explotó. Kate respiró un par de veces antes de volverse hacia su nuevo jefe, que esperaba de brazos cruzados –Yo no quería este trabajo. Cuando me dieron mi placa soñaba con meter a asesinos en la cárcel, no con ir a misa con una niña y aguantar a un hombre insoportable que me trata como si fuera una completa inútil. ¡Fui la mujer más joven en conseguir el ascenso a inspectora! ¡No me merezco esto!

-¿Ya? –preguntó él. Kate lo miró y sorprendentemente, se sintió mejor. Como si se hubiera quitado un peso de encima y lo hubiera lanzado al mar.

-Sí.

-Alexis se quedará en casa durante el resto del día, yo no saldré. Tiene el día libre. Vaya a hacer turismo, disfrute de París –pasó a su lado sin mirarla y se dirigió al salón, dejando la puerta abierta. Kate aún no entendía del todo lo que acaba de pasar. ¿Todos esos gritos y él no iba a despedirla? Decidió que no tentaría a la suerte y sin pensarlo más cogió su bolso y salió de la casa, cruzándose en el rellano con una guapa y bajita rubia que llevaba un bebé en brazos. La criatura la sorprendió echándole los brazos. La rubia se rio.

-Debes ser Kate –dijo, cargando a la niña sobre su lado izquierda para tenderle la mano -. Jenny, la mujer de Kevin. Y esta señorita es Sarah Grace.

-Oh… un placer –respondió, reprochándose su saludo poco entusiasta. Pero había llegado a un punto en el que el contacto con cualquier ser humano le resultaba… insoportable. Kate sentía que necesitaba estar sola. Al menos por unas horas.

-¿Una mala mañana? –preguntó, compasiva. Kate forzó una sonrisa -. Te dejo entonces, pero si algún día necesitas hablar, aquí estoy.

-Vale… gracias. –Supongo. Pensó en decir algo más pero Jenny simplemente llamó al piso del jefe, dando por terminada la conversación. –Una niña monísima –terminó, sintiéndose ridícula. Jenny asintió.

-Y muy despierta. Y mira, le has caído bien.

Kate miró a la criatura, que seguía echándole los brazos, impaciente por ser cogida, embobándola con unos adorables ojillos. Su madre la besó en la frente –Hoy no, tesoro, Kate no está en su mejor momento… Otro día tendrá tiempo para ti –Y tras dedicarle una última mirada simpática entró en la casa, intercambiando un caluroso saludo con Martha. Kate, decidida a no darle una oportunidad a la anciana de llamarla, se dirigió corriendo hacia las escaleras.

(Por las calles de París)

Llovía. Se encontraba sin paraguas cruzando el puente que comunica San Luis con la Isla de la Cité. A su alrededor una madre abrochaba los botones del chubasquero de su hijo, quien impaciente esperaba para seguir jugando en el parque; una mujer joven besaba a su novia mientras un desconocido les hacía una foto; un hombre paseaba en bicicleta con un gato de angora en la cesta. El mundo seguía su propio camino y parecía haberse olvidado de ella, pensó. Era irónico que estando en una de las más bellas ciudades de Europa se sintiera tan desgraciada. Se preguntó cuántos matarían por tener las mismas condiciones de trabajo que Richard Castle le había ofrecido. Pero para Kate aquello no era una oportunidad, sino un castigo. Añoraba su antigua vida, llegar temprano al escenario de un crimen, hacer justicia, redactar el aburrido papeleo… Y echaba de menos a Will. ¿Cómo estaría Will? ¿La extrañaría? Idiota… te dejó por un trabajo, no se merece que pienses en él.

Sus pensamientos le impidieron ver por dónde iba, sus pies caminaban solos, hasta llegar, otra vez, a la majestuosa Notre Dame. Kate apretó los labios, recordando la escenita de la niña malcriada. Miró su reloj, pronto sería la hora de comer, pero estaba delante de Notre Dame. Bien podría disfrutar de la catedral, ahora que no había incordios de por medio.

La lluvia había despejado una buena parte de la cola que se hacía para entrar en el templo. No hay mal que por bien no venga, se dijo mientras volvía a entrar. Hasta entonces no había notado que estaba empapada, su pelo chorreaba, empapándolo todo. Un guardia de seguridad la miró con reprobación y Kate se apresuró a adelantarse, no quería más visitas al calabozo. Al gruñón de su jefe no le gustaría ir a por ella. Otra vez.

Media hora después Kate salía con una sensación de desasosiego aún más profunda. Era como si la catedral la hubiera decepcionado, como si hubiera esperado que la belleza del lugar borrase en parte su depresión, pero nada más lejos de la realidad. Al salir se dejó caer en uno de los bancos de piedra de la plaza, para luego levantarse, sobresaltada.

-¡Mierda! –gritó, mirando al cielo -. Dame un puto respiro, ¿no?

Se había tenido que sentar en el único banco con un buen charco. Y ahora aparte del pelo, la ropa, la cara y los pies, tenía el culo empapado. Estupendo.

Incómoda e imaginándose la cara que pondría su jefe cuando la viera de esa guisa se encaminó hacia la isla vecina, diciéndose a sí misma que no podía tener más mala suerte y que en una mañana había alcanzado el cupo de calamidades.

-¿Kate?

Esa voz… No podía ser.


Capítulo 6

-¿Josh? –preguntó, con voz temblorosa, sin creérselo del todo. ¿Qué hacía allí él? No había vuelto a verlo desde aquel fatídico día. Tantos años atrás…

-Estoy aquí, cariño. Tranquila –le susurraba, mientras ella se deshacía en sollozos. La joven de apenas diecinueve años había tenido una mañana horrible. Primero el detective que llevaba el caso de la muerte de su madre le había informado de que las pistas no llevaban a nada y de que iba a archivarlo; segundo, su padre había rechazado su consuelo y se había abrazado a una botella; y por si fuera poco, había llegado una señora de la parroquia a llevarse las ropas de Johana Beckett. Kate había gritado y se había aferrado a una caja, pero su padre había sido inflexible. Ya no necesitamos esas cosas, gritó con voz fría, arrebatándosela de las manos. Era demasiado. ¿Cómo iba a ser ahora aquella su casa? ¿Su hogar? Ya nada sería igual sin aquel perfume floral que sólo su madre llevaba. Porque la colonia de Jim Beckett era varonil y la de Kate frutal, con aroma a cerezas. Sólo Johana había usado perfume de flores. Y aquel aroma pronto dejaría de invadir la casa. Y se lo llevaría todo.

-Ya no… ya no tengo nada –hipó. Su padre la había abandonado por una botella de whisky; su madre había muerto; para sus amigas no era más que la pobre huérfana del final de la calle. Josh le acarició el pelo.

-No digas eso –respondió, tierno -. Me tienes a mí. Siempre me tendrás.

Josh era su novio, lo había sido durante los últimos ocho meses. Se habían conocido en una fiesta de la universidad. Ella soñaba con ser abogada y se preparaba para ser la mejor; él, quería ser médico. A ella le atrajo ese afán por salvar vidas, a él, su valentía, su firmeza y sus convicciones. Se enamoraron. Hicieron el amor. Poco después él le confesó que había sido su primera chica. Kate no le había dicho nada, pero lo había sabido. Lo había notado en sus torpes movimientos, en su vergüenza a la hora de besar sus pechos, en su delicadeza en el momento de penetrarla, como si temiera romperla. Espero ser la única en tu vida, le había respondido, con aquella inocencia que sólo los jóvenes tienen. Con el tiempo la delicadeza se había convertido en pasión; la vergüenza, en ferocidad. Josh había conocido su cuerpo mejor que ella misma y había aprendido cada rincón para volverla loca. La había venerado cada noche. Se complementaron. Ella lo obligaba a fijar la vista en los libros de anatomía cuando él decía que estaba agotado de tanto estudiar; él le preguntaba por sorpresa artículos de Derecho. Habían sido felices en la facultad.

Y ahora estaba allí, entre sus brazos, sentados en el suelo de su dormitorio. Josh no vivía en Nueva York pero no había dudado en viajar a la ciudad de los rascacielos cuando una destrozada Kate lo había llamado llorando. "Mi madre ha muerto". Esas cuatro palabras habían sido el billete de embarque para el futuro doctor y horas después la había encontrado en el tanatorio, con las piernas recogidas en el asiento, un pañuelo arrugado en su mano y los ojos rojos de tanto llorar. Ya había pasado un mes desde aquello. Era época de exámenes y se los estaba saltando todos. Pero le daba igual. Kate lo necesitaba.

-Josh…-ella alzó la mirada, para encontrarse con la suya. No se atrevía a sostenérsela. No sabía como decirle que… -Yo no… no voy a volver a la universidad.

-Lo entiendo, cielo, aún demasiado pronto. Tómate todo el tiempo que…

-No lo entiendes –le interrumpió -. No volveré. Nunca.

Ella no quería ser tan fría, pero le había salido así. Se había levantado y se había cruzado de brazos, como si aquello aliviara el frío que sentía su cuerpo sin el abrazo de su novio. Después, como si la rabia contra su padre, contra el asesino de su madre y contra el detective hubieran formado una bola de fuego en su interior, explotó. Le dijo cosas terribles. Cosas que no estaban destinadas para él pero que le tocó escuchar, porque era el único dispuesto. Josh aguantó sus gritos, su histeria, sus insultos. No se movió, apenas parpadeó hasta que llegó la palabra final. "Vete". Y entonces todo había terminado. Para siempre.

-Kate –repitió él. Entonces sonrió. Abiertamente. Se acercó a ella y la abrazó, con fuerza. Kate, tardó unos segundos en comprender que realmente estaba allí y le devolvió el abrazo. Y cuando él intentó soltarla, ella se aferró a él. Como años antes hiciera. Él no se apartó, no pudo. Fue como si comprendiera que aquella mujer, aquella hermosa mujer siguiera siendo la joven destrozada a la que había amado años atrás; la que había necesitado de su consuelo y de su valentía a la hora de aguantar su ira. Le acarició el pelo, maravillándose ante la suavidad. –Casi había olvidado lo guapa que eres –le dijo en voz baja -. Casi.

Al fin Kate se apartó, riendo. –No esperaba encontrarte aquí. En París –le dijo. Él se encogió de hombros.

-Me han invitado para dar unas charlas en la universidad. Ya sabes "cuando estéis en un quirófano recordad porque hacéis esto y bla bla bla". La típica charla que haga olvidar a los chicos el error que cometen eligiendo la medicina como carrera –dijo, con buen humor; luego se volvió más serio -. Y tú, Kate, ¿qué haces aquí?

-Pues… -Ni yo misma lo sé, hubiera querido decir. Josh miró su reloj, un reloj bastante caro, pudo observar ella y luego señaló hacia el otro lado del río Sena, en el Barrio Latino.

-Hay un sitio aquí al lado donde venden unos dulces increíbles. Tengo unas horas hasta la próxima charla, ¿te apetece una sobredosis de azúcar?

Ella se sorprendió sonriendo de verdad por primera vez en mucho tiempo. Miró hacia atrás, donde la catedral de París se levantaba majestuosa. Bien, el elegante edificio no había conseguido hacerla sentir mejor. Quizás la pastelería francesa fuera más eficaz. Au revoir, Notre Dame.

(Piso de Richard Castle)

Richard cerró el portátil y se frotó los ojos, cansado. No había sido capaz de escribir una sola línea, se había pasado la última media hora con la mirada fija en el último párrafo escrito, pero de poco o más bien nada le había valido. Se había quedado sin inspiración.

Se levantó para hacerse un café cuando un ruido en la planta de arriba lo sobresaltó. Y lo asustó. Martha había salido a hacer unos recados, en la casa sólo estaban él y Alexis. Corrió hasta el dormitorio de su hija, donde Alexis yacía en el suelo, llorando, sujetándose la muñeca. A su lado, un charco de agua y cristales de un vaso roto. Se arrodilló a su lado y la acunó.

-¿Qué ha pasado, mi niña? ¿Dónde te duele?

-En… en el… -su pequeña hipó un par de veces –el brazo. –Lo alzó, dejando a la altura del rostro de su padre. Richard la examinó, un pequeño corte entre las dos líneas donde se unían la mano y el brazo. Nada grave, se dijo aliviado.

-Shhh –la arrulló -. Papá te curará ahora. No es nada –le dijo. Se levantó con ella en brazos y la llevó hasta el cuarto de baño. Le lavó la herida con agua y jabón y después le echó un poquito de alcohol. La niña ahogó un grito y apretó los dientes; Richard terminó con una gasa y un esparadrapo y volvió a cogerla. Se dirigió a su habitación, donde se recostó en la cama, con ella encima, frotando con ternura su espalda. –Ya está, nena, ya está.

-Duele –sollozó.

-Pronto dejará de doler –le prometió, aunque sabía que le mentía. Quizás el corte dejaría de doler pero aquella sensación de indefensión en la que su hija vivía permanentemente nunca pararía. El hecho de haber tropezado y haber caído sobre el vaso roto era algo normal, a cualquier niño le podría ocurrir. Pero ningún otro niño tendría que haberse quedado quieto, aterrado sin poder moverse, sin saber dónde podría pisar para no cortarse. Su pequeña vivía indefensa y por mucho que él lo deseara, no podía protegerla de todo. Pero sí había algo que podía hacer. Protegerla de su temor. Ahuyentar sus miedos. -¿Quieres que te cuente un cuento? –le preguntó. Alexis aún tenía la respiración entrecortada, pero asintió, moviendo la cabeza varias veces.

La pequeña se obligó a sí misma a calmarse y escuchar. Adoraba las historias de su papá. Los cuentos que creaba por y para ella. Para nadie más.

(En un banco en una plaza cualquiera)

El salón de té "Odette", especializado en el choux, un dulce parecido al buñuelo relleno de una crema de sabor y coronado con un sombrerito del mismo sabor, era diminuto y sentarse dentro aumentaba bastante el precio de los dulces, así que, aunque Josh aseguró que invitaría él y que no le importaba, compraron una caja de seis dulces y se sentaron en un banco –ella se aseguró primero de que no estuviera mojado- en una calle cercana, con un par de cafés en vasos de cartón. –Que glamour –comentó ella con una risita. Josh abrió la cajita y le pasó un choux de caramelo.

-No hace falta un lugar bonito para disfrutar de estos –dijo, señalando los dulces -. Además, ¿hay algo más bonito de París que una calle cualquiera?

-Creo que la Torre Eiffel está protestando ante semejante ofensa.

-La Torre Eiffel está sobrevalorada –repuso. Kate se llevó el dulce a la boca y le dio un buen mordisco. Gimió. –Dios, está buenísimo.

-Lo sé. Espera a probar el de limón.

-Ummm –se relamió, metiéndose el resto y cogiendo otro de la caja. Le dio un buen mordisco –Vainilla –suspiró, feliz -. Esto es mejor que el sexo.

-Ahora cientos de hombres protestan ante tal ofensa –se rio él.

-Que protesten –replicó -. Después de esto no creo que necesite orgasmos. Nunca más.

-Creo que he cometido un grave error al traerte aquí –señaló, divertido, cogiendo un dulce.

-Error o no, te lo agradezco. Creo que voy a hacerme muy amiga de los dueños.

-Lo que me sugiere que vas a pasar una buena temporada en París –concluyó él. Kate dejó de sonreír. –Esa cara… parece que te han condenado a muerte, ¿me lo quieres contar?

-Me ha… salido un trabajo. Es temporal –se limitó a decir. Josh no insistió, no tenía derecho después de una década sin verla. Kate cambió de tema rápidamente.

-¿Y? ¿Qué hay de ti? ¿Qué hay de tu vida?

-Pues… terminé la carrera y me especialicé en cirugía cardiotorácica… conseguí un buen trabajo en Nueva York, me casé, no funcionó y ahora veo a mis hijos menos de lo que me gustaría.

-Vaya…-comentó -. Has estado entretenido.

-Un poquito -. Limpiándose las manos en una servilleta de papel sacó su cartera y le enseñó dos fotos -. Allison tiene cinco años, sueña con ser profesora, aunque el año pasado quería ser bailarina. Michael tiene tres y acaba de empezar el cole.

-Son muy guapos –respondió, sincera. La pequeña tenía el cabello oscuro como su padre y Michael, aunque rubio, había heredado sus ojos marrones. Esos que la habían vuelto loca.

-Lo son –coincidió, orgulloso -. Su madre es una zorra, aunque jamás lo diría delante de ellos –añadió, con un gruñido. Kate, que tenía la mirada clavada en el suelo, sonrió. Josh la tomó de la barbilla, acariciándole la mejilla con el pulgar. -¿Conseguiste lo que querías?

-No –respondió. Podría haber fingido no entenderle, pero ellos nunca habían actuado así. Cuando algo los había molestado le habían hecho frente, juntos -. Nunca lo averigüé. Le fallé y… después de tanto tiempo intentándolo me rendí. Y ahora mi vida se ha ido a la mierda, Josh.

-Lo siento –murmuró. Kate clavó sus ojos en los suyos y, sin poder contenerse, pegó su boca a la suya. Y Josh respondió, con la misma ansiedad. La misma necesidad. Se separaron cuando sus pulmones reclamaron por aire. Al mismo tiempo unas gotas de lluvia cayeron sobre sus mejillas. –Vamos a mi hotel –dijo, levantándose y extiendo su mano. Y ella la aceptó. Sin reparos. Sin pensar.

(En la imaginación de un padre y una hija)

Molly era una niña feliz, sus papás se habían asegurado de ello. Vivía en una casita agradable, cercana a un río. Tenía muchos amigos y todos la adoraban. Y ella los adoraba a todos. Sobre todo, quería a su papá, que siempre la despertaba con cosquillas y la dormía con preciosas historias. Pero había algo que la apenaba: a su mamá no podía verla tanto como quería, porque vivía en un palacio blanco, un palacio encantado en el que los niños sólo podían entrar un ratito a la semana porque si se quedaban más tiempo, el suelo desaparecía y entonces, Molly se perdería. Al principio, Molly se había enfadado con papá y había gritado, porque no entendía:

-¿Por qué mamá tiene que vivir en ese palacio y no puede quedarse con nosotros?

-Porque el corazón de mamá está enfermo y en el palacio vive un duende que sopla sobre él, para que no se pare –le había explicado su papá y al final, Molly había entendido. Y, para que no se pusiera triste, papá todos los días iba a ver a su mamá y le contaba como estaba ella. Le decía que estaba muy guapa y así, Molly se quedaba contenta. Y esperaba, ansiosa a que llegase el día de la semana que podía entrar en el palacio.

Esa era la vida de Molly, que además de ser una niña feliz con una mamá en un palacio y un papá que contaba historias, era una niña con poderes mágicos. Y es que Molly, a diferencia de los demás niños, no podía ver, porque sus ojitos habían sido el blanco de una horrible maldición lanzada por un malvado mago. Pero un hada buena había querido tanto a la niña que había convertido la maldición en una bendición y le había dicho, tocándola con su varita mágica "ahora tú, mi hermosa niña, tendrás ojos por todas partes, y verás las cosas tal como tú quieras verla". Y así Molly, no tenía que ver las cosas malas del mundo y sólo disfrutaba de las más bonitas. A veces, cuando salía a la calle, los niños la señalaban, pero ella, como eso no lo podía ver, los ignoraba y se dedicaba a ver lo que le gustaba. Así Molly sabía de lo bonito que era el río que había cerca de casa, un río que escondía un gran tesoro, un tesoro alimentado por parejas de enamorados; cuando Molly iba al palacio a darle un beso a su mamá, a veces volvía triste y entonces pensaba en la música y sus ojos mágicos la guiaban: y así veía como tocaban las campanas de la iglesia, esas que según algunos, cuida un jorobado. Molly no podía ver con sus ojos, pero veía con los de los demás. Y ese, era el mejor regalo que…

Richard dejó de narrar y besó a la pequeña, que se había quedado dormida. La sostuvo contra su pecho, preguntándose cuando llegaría a la parte en la que otra hada buena le devolvería a su niña su visión. Su seguridad.

Y mientras en aquella habitación un padre lloraba por la injusticia que su hija vivía, otra alma destrozada se desahogaba como podía en la habitación de un hotel, aun sabiendo que una vez más estaba usando a un inocente para calmar su rabia.

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Re: Enséñame París. CAP 5 y 6

Mensaje por 28Caskett el Miér Ago 20, 2014 2:08 pm

Sigue sigue!!!!

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Re: Enséñame París. CAP 5 y 6

Mensaje por cururi el Miér Ago 20, 2014 4:28 pm

buenisimo como siempre continua pronto!  Happy Clap Happy Clap Happy Clap 

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Re: Enséñame París. CAP 5 y 6

Mensaje por castle&beckett..cris el Jue Ago 21, 2014 9:17 am

Siguee

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Re: Enséñame París. CAP 5 y 6

Mensaje por Aylin_NYPD el Jue Ago 21, 2014 10:10 am

Continuaa *-*

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Re: Enséñame París. CAP 5 y 6

Mensaje por 28Caskett el Miér Ago 27, 2014 7:27 am

Pero sigue

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Re: Enséñame París. CAP 5 y 6

Mensaje por love.C.and.B.mabel12 el Vie Jul 17, 2015 11:54 am

Pero sigue, he leído esta historia en otro foro y también está acabada por el mismo capi y eso molesta mucho, por que una persona lee con ganas de leer la historia completa. Pero veo que no lo es en esta historia.

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Re: Enséñame París. CAP 5 y 6

Mensaje por maria_cs el Dom Nov 08, 2015 2:00 am

love.C.and.B.mabel12 escribió:Pero sigue, he leído esta historia en otro foro y también está acabada por el mismo capi y eso molesta mucho, por que una persona lee con ganas de leer la historia completa. Pero veo que no lo es en esta historia.

Hola, hace mucho que dejé de escribir aquí, esta historia continúa en la web oficial de FanFiction (y está mucho más avanzada). ¿Podrías decirme en que otro foro has leído este fic? Porque yo no escribo en ningún otro, sólo en FanFiction. Un saludo.

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Re: Enséñame París. CAP 5 y 6

Mensaje por love.C.and.B.mabel12 el Dom Nov 08, 2015 3:07 am

Quería decir en fan fiction por qué también leo algunas historias por ahí y hace tiempo que no miro si está la historia más avanzada o no pero si haces más capítulos me gustaría saberlo, un saludo

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Re: Enséñame París. CAP 5 y 6

Mensaje por BRIGITTEALWAYSBELIEVE el Dom Nov 08, 2015 11:22 am

maria_cs escribió:
love.C.and.B.mabel12 escribió:Pero sigue, he leído esta historia en otro foro y también está acabada por el mismo capi y eso molesta mucho, por que una persona lee con ganas de leer la historia completa. Pero veo que no lo es en esta historia.

Hola, hace mucho que dejé de escribir aquí, esta  historia continúa en la web oficial de FanFiction (y está mucho más avanzada). ¿Podrías decirme en que otro foro has leído este fic? Porque yo no escribo en ningún otro, sólo en FanFiction. Un saludo.


Puedes dejar el enlace de esta historia porque quiero terminar de leerla esta super... Happy Clap Happy Clap Happy Clap Thumb Thumb

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