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Say Something

Mensaje por livingmylife el Sáb Jun 03, 2017 3:26 am

Buenas.
No sé si quedará alguien por aquí pero.. tengo una nueva historia de Castle y me gustaría compartirla con vosotros. Por si a alguien le siguen interesando, que espero que sí.

Historia situada a partir del capítulo 4x19. Beckett reconoce recordar todo del día que la dispararon. En esta historia, como se verá más adelante, después de que Beckett recibiera el disparo, lograron dar con el culpable aunque no llegaron a encerrarlo, como querían. Para ello tendrán que esperar a que el senador cometa un error (la historia realmente no se centra en eso y por ello no explica cómo dieron con él). Smith no llegó a aparecer y Castle no hizo un trato por la vida de ella.
Cuenta cómo se toma Castle esa noticia y las consecuencias.
Dadle una oportunidad. Espero que os guste!
Ya me contaréis!


CAPÍTULO 1

“¿Quieres saber lo que es un trauma?”. Espetó Beckett con rabia al tipo al que estaba interrogando. Castle, desde el otro lado del cristal los observaba sin perderse ningún detalle de la conversación. “Me dispararon en el pecho”. Continuó la inspectora. “Y recuerdo cada segundo”. Afirmó con contundencia, valiéndose de los gestos de su mano derecha para dejar claro aquel hecho.

La mirada del escritor se movió con rapidez al escuchar las palabras de ella hasta enfocar con claridad el gesto fruncido, taciturno y enfadado de la detective. Su corazón empezó a latir con fuerza. No podía ser. No podía haber escuchado bien. Sin embargo, la seriedad de Beckett le hizo caer de bruces contra esa aplastante verdad. “Todo este tiempo…”. Murmuró para sí mismo sin dar crédito. “…¿recordabas…?”. Preguntó a la nada, mirando los ojos color avellana de ella a través del cristal.

El rostro del escritor fue pasando de completo asombro a un enorme enfado y defraudo a medida que iba siendo consciente de lo que significaba que Beckett, su compañera, amiga, confidente y la mujer de la que estaba completamente enamorado, le hubiera ocultado durante meses que recordaba las dos palabras más importantes que él se había atrevido a pronunciarle. Aquella confesión de amor que tanto había retrasado por miedo a ahuyentar a la inspectora de su lado y que, ante el temor de perderla para siempre, había sido capaz de pronunciar mientras ella se debatía entre la vida y la muerte.

Apretó los puños con fuerza incapaz de seguir centrado en el interrogatorio y, ni siquiera, de estar allí encerrado. Tomó aire intentando controlar la rabia que sentía en su interior y salió lo más rápido que pudo. No perdió tiempo en recoger la chaqueta que había dejado apoyada en su silla, justo al lado de la mesa de ella. Tampoco se preocupó en responder a las preguntas de Espósito y Ryan que se extrañaron de verlo salir tan de repente y con tanta rapidez.

El frío aire de Nueva York le sacudió en la cara mientras caminaba por las calles de su ciudad, sin rumbo fijo, perdido en sus pensamientos. Perdido. Aquella era la palabra que tan bien le definía en aquel momento. Se encontraba completamente perdido. No entendía por qué le había mentido y le había ocultado que recordaba, que le había escuchado.

Se arrepintió de no haber cogido la chaqueta cuando un escalofrío lo sorprendió atravesándole la espalda. Pero no pensaba volver, no con las palabras de Beckett todavía resonando dentro de su cabeza. Metió las manos en los bolsillos de su pantalón y siguió caminando. Era lo único que le iba a calmar en ese momento. Caminar y beber un trago. Pero lo segundo siempre intentaba dejarlo como último recurso.

Apretó los labios al ver que sus pasos, sin haberse dado cuenta, lo habían llevado hasta el parque. Concretamente hasta los columpios donde, no hacía tanto, se habían vuelto a reencontrar y ella le había dado esperanzas. O eso creyó en aquel momento. Porque ahora no entendía nada. Sólo se le ocurría un motivo por el que Beckett le hubiera ocultado aquello: vergüenza por no sentir lo mismo que él. Pero entonces, ¿por qué justo en aquel lugar ella le había hablado de sus miedos y de su muro interno?

Se sentó en el mismo balancín que meses atrás, recordando la conversación que tuvo con ella tres meses después del disparo y de la confesión.

“Me gustaba de verdad”. Confesó Beckett. “Pero eso, no era suficiente”. Giró la cabeza hacia la izquierda, mirando a Castle. Sin embargo, él permanecía en silencio con la vista fija en el frente. Ella tomó aire y continuó hablando. “Después de que asesinaran a mi madre… algo en mi interior cambió. Es como si hubiera construido este muro en mi interior… No lo sé… Supongo que no quería volver a sufrir así… Y ahora… no voy a poder de ser el tipo de persona que quiero ser, no voy…”. Paró un momento para respirar y poder seguir. El suficiente para que él la mirara interesado en sus palabras. “… no voy a poder ser capaz de tener el tipo de relación que quiero hasta que el muro caiga”. Se abrió ante él, mirándole. Aquella fue la vez que hablaron con mayor claridad que a lo que acostumbraban en cuanto a sus sentimientos. “Y eso no va a poder ser hasta que termine con todo esto”.

La miró a los ojos y vio su completa sinceridad. Se decidió a hablar en aquel momento. “Entonces, tendremos que encontrar a esos tipos y acabar con ellos”.

Se dedicaron una pequeña sonrisa y aquel fue el principio de una nueva esperanza para él, para ella, para los dos.

Pero ahora… todo había cambiado. Habían encontrado a esos tipos y dado con el cabecilla de todo el caso de su madre. Pero, todavía, no habían podido hacerle pagar por todo el daño causado. Y además… ahora descubría que ella le había engañado, le había mirado a los ojos y le había mentido…

Se llevó las manos a la cabeza, peinando su flequillo hacia atrás. Tenía que tomar una decisión con respecto a ella, de una vez por todas. No podía seguir sufriendo de esa forma por alguien que le había ocultado aquello. Y por más vueltas que le diera, sólo encontraba dos posibles opciones: alejarse definitivamente de la comisaría, y por tanto de ella, sin más; o enfrentarse a la inspectora, decirle que sabía que guardaba ese secreto y pedirle explicaciones.

Sólo tenía que escoger entre una de las dos. Pero se le hacía imposible. Hiciera lo que hiciese, acabarían alejados. Y eso le dolía profundamente, en el alma. Aunque no había ningún dolor mayor que el de sentirse traicionado, defraudado.

Se puso en pie y reanudó los pasos hacia su loft tratando así de evitar que su cuerpo se congelara. Necesitaba una pequeña charla con su madre. A lo mejor ella, aunque a pesar de su edad era un poco alocada, sabía ver las cosas desde otra perspectiva y aconsejarle como siempre había hecho desde que era un crío.

Cuando llegó a casa agradeció el calor que desprendía su hogar. Sonrió ligeramente al ver la taza de la leche de Alexis sobre la encimera. Probablemente a su responsable hija se le había echado el tiempo encima repasando mientras desayunaba y no le había dado tiempo ni de recoger los cacharros del desayuno. Caminó hasta la cocina tras dejar las llaves en la entrada y recogió todo mientras daba tiempo a que su madre volviera a casa para comer.

Cuando Martha entró por la puerta se encontró la radio puesta mientras sonaba un nuevo éxito y a Richard parado de pie en mitad del salón, de espaldas a la entrada, y aparentemente escuchando con atención la letra de la balada. Se dedicó a observarle durante unos segundos hasta que a mitad de canción no pudo aguantar más y caminó hasta él. Colocó la mano sobre el hombro de su hijo con cautela. “Richard, hijo, ¿estás bien?”.

Castle reaccionó ante el contacto de su madre y su voz preguntándole. Asintió suavemente. “Sí”. Respondió guardando el título de aquella canción que tanto había llamado su atención en la memoria de su teléfono. Se giró para mirar a Martha y al ver su mirada preocupada suspiró agachando la cabeza y negando ligeramente. “La verdad es que no”. Confesó caminando hacia el sofá y dejándose caer sobre él con pesadez.

La actriz se acercó a él sentándose a su lado. Agarró su mano con cariño y esperó pacientemente a que hablara. Lo conocía lo suficiente como para saber que no se le daba bien hablar de sus preocupaciones, miedos o sentimientos. Pero también sabía distinguir cuando le pasaba algo más grave de lo normal y había aprendido a darle su espacio para que él, poco a poco, se abriera a ella.

“Lo recuerda todo, madre”. Arrancó a hablar él tras unos minutos de completo silencio por parte de los dos. “Se acuerda de cada segundo”. Repitió las palabras de ella en un susurro, como si apenas se lo creyera.

Martha alzó la cabeza y cambió la vista de sus manos unidas por la de los azulados, y ahora tristes, ojos de su hijo. Frunció el ceño dándole a entender que no comprendía de qué estaba hablando.

Castle, que a pesar de no estar mirando a su madre y sí a algún punto fijo de su estantería, vio aquel gesto de la actriz, suspiró con fuerza y se decidió a contarle lo que había pasado aquella mañana, lo que había descubierto, cómo se sentía al respecto y lo perdido que estaba con respecto a qué había hecho mal y qué tenía que hacer.

¿Qué os parece? ¿Os gusta? ¿Sigo?
Gracias por leer y agradecería los comentarios! Smile
Hasta la próxima!
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Mensaje por BRIGITTEALWAYSBELIEVE el Sáb Jun 03, 2017 4:36 am

Genial historia..sigue pronto
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Sáb Jun 03, 2017 11:24 am

BRIGITTEALWAYSBELIEVE escribió:Genial historia..sigue pronto

Gracias!! Sigo ahora mismo. A ver si os gusta! Smile
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Sáb Jun 03, 2017 11:28 am

CAPÍTULO 2

Cuando Beckett salió de la sala de interrogatorios aún con el ceño fruncido ante la intensidad de las palabras que había confesado allí dentro, fue directa a la sala de descanso deseando hacerse un café y que aquello la relajara. Frenó con rapidez sus pensamientos, que empezaban a tomar un rumbo no deseado: el de aquellos recuerdos del día que la dispararon, cuando escuchó las dos palabras más bonitas y sinceras que nadie le había dicho. Dos palabras que significaban todo para ella, y más viniendo de quien venían. De Castle. De aquel hombre que al principio ella odiaba, o creía odiar, y que poco a poco se fue introduciendo en su coraza hasta llegar a colarse completamente dentro de su corazón. Como nunca nadie había conseguido. Hasta el punto de tener pánico de los sentimientos tan profundos que sentía hacia el escritor.

Sacudió ligeramente la cabeza intentando no pensar en aquello y tomó su taza de café, ya preparada por la máquina, entre sus manos. Salió de la sala de descanso encaminada hacia su mesa y se frenó casi en seco, y casi derramándose el café por encima, al ver la chaqueta de Castle sobre su silla habitual y un cartón del café que él le llevaba cada mañana. Levantó la cabeza y echó un vistazo a su alrededor buscándolo, pero no lo encontró. Frunció el ceño y continuó su camino. Dejó la taza de café que se había preparado sin ni siquiera probarlo y miró la pizarra del caso en el que estaban. Pero realmente no se estaba fijando en los datos allí expuestos. Su mente estaba puesta, nuevamente, en el escritor. Giró la cabeza hacia la mesa y tomó el cartón de café entre sus manos. Aún estaba bastante caliente. Castle debía haber estado allí hacía poco tiempo. Frunció aún más el cejo pensando que era raro que no la estuviera esperando sentado en su silla. Bebió del café de él y se sentó en intentando concentrarse en el caso.

“¿No ha confesado?”. Preguntó el moreno acercándose a ella.

“Aún no”. Suspiró pasándose la mano por el pelo, peinándoselo hacia atrás. “Voy a dejarle un rato para que se lo piense”. Espo asintió y se fijó en que ella tenía el café entre sus manos. Beckett aprovechó el momento para preguntarle. “¿Ha venido Castle?”.

“Sí, antes. Pero se ha ido. De repente, sin decir nada”. Respondió mirando la chaqueta del escritor. “Debía tener prisa porque se ha dejado la chaqueta”. Beckett miró también su prenda. “Pues se va a helar. Empieza a hacer frío ahí afuera”. Comentó el detective mientras reanudaba su camino hasta su mesa para ponerse a trabajar.

Beckett se quedó en completo silencio, con el café entre sus manos, pensativa. Frunció el ceño nuevamente sin comprender por qué el escritor se había ido así. A lo mejor le había pasado algo a su madre o a Alexis y por eso había salido corriendo. Pensó en llamarlo y preguntarle si todo iba bien, pero justo en ese momento se acercó Ryan rápidamente hasta su mesa diciéndole que tenía una nueva pista y que lo acompañara a ver la grabación de una cámara de tráfico. Suspiró levantándose y yendo junto con su compañero dispuesta a acabar cuanto antes con ese caso para después poder hablar con Castle con tranquilidad. Había algo que él había querido decirle al principio del caso pero sus compañeros los interrumpieron. Por una parte necesitaba saber qué era. Había visto mucha sinceridad en su mirada y en las pocas palabras que le había dicho. Pero por la otra, sentía miedo, pánico, terror a escuchar las palabras del escritor y tener que hacer frente a sus sentimientos hacia él, a sus miedos.

Decidió centrarse en el caso y ya tendría tiempo más delante de hacer frente a sus problemas personales.

Se les había echado la tarde encima con aquel caso y apenas habían tenido tiempo para comerse un sándwich que Ryan subió de Remy’s. Habían estado trabajando sin parar, los tres mano a mano para finalmente dar casi por finalizado el caso. Sólo faltaban algunos detalles que estaban ultimando para terminar, también, con la jornada

Castle salió del ascensor con pasos firmes y la cabeza bien alta. Renovado tras una charla con su madre, una comida y una buena copa de vino. La actriz, sabia como siempre, había intentado aconsejar a su hijo de la mejor forma. Le había hecho darse cuenta de que ellos dos habían pasado por tantas cosas juntos que ni él, ni ella, ni su amistad, relación o lo que fuera que tenían, se merecía que todo acabara repentinamente. Según Martha, el escritor debía armarse de valor, acercarse a Beckett y pedirle explicaciones. Ella tendría que hacer frente a los miedos que tenía, pero era lo justo después de haberle ocultado algo de semejante calibre a Castle.

Con aquella decisión tomada sólo le faltaba encontrar el momento y la manera de acercarse a ella, pillarla en un buen momento y pedirle que le explicara todo aquello. Y creía saber cómo hacerlo.

Caminó hasta la mesa de Beckett, con una nueva chaqueta puesta que había cogido de casa para no helarse en el camino hasta la comisaría. Los chicos se levantaron en ese momento sin ser conscientes de la presencia del escritor y fueron cada uno a sus mesas para terminar de hacer el papeleo de aquel caso.

Beckett sí se fijó en él, pero se puso en pie y se acercó a la pizarra para retirar todas las fotografías que habían ido poniendo durante el caso y borrar todos los datos.

“¿Caso cerrado?”. Preguntó él tomando asiento en su silla habitual. Apoyó los codos en los reposabrazos de la silla y dejó reposar la barbilla sobre sus manos con los dedos entrelazados.

“Sí”. Respondió ella únicamente mientras guardaba las fotografías retiradas en una caja de cartón.

“Me alegro”. Expresó con sinceridad. Aquel caso le había llegado muy hondo y aunque le hubiera gustado estar allí para ayudar a cerrarlo y conseguir que las víctimas tuvieran justicia, su mente y su corazón le obligaron a salir de allí durante un rato para despejarse y pensar con claridad.

Ella terminó de borrar todos los datos de la pizarra, dejándola blanca y preparada para un nuevo caso. Se sentó en su mesa para ordenar los papeles que tenía allí. “Te has dejado la chaqueta esta mañana”. Comentó como si nada, sin ni siquiera levantar la cabeza para mirarle. Quería saber el motivo por el que se había ido.

“Sí”. Contestó sin dejar de mirarla. “Tuve que irme”. Dijo sin revelar nada más, dejando así claro que no quería dar más explicaciones.

“¿Todo bien?”. Preguntó ella ahora sí mirándole y con el ceño fruncido ante su respuesta.

“Sí. Todo bien”. Respondió asintiendo a la vez para intentar sonar convencido, pero sin conseguirlo del todo realmente.

“Ya”. Volvió a bajar la cabeza hacia sus papeles sin querer darle mayor importancia al comportamiento del escritor. Siguió ordenando aquellos papeles durante unos minutos.

Espósito y Ryan se acercaron hasta la mesa de Beckett con sus papeles en la mano. “Ya hemos terminado, jefa”. Dijo el rubio pasándole los papeles de ambos. Beckett los cogió y metió los propios en la caja de cartón y dejó los otros sobre la mesa preparados para llevarlos al archivo.

“Hombre Castle. Por fin te dejas ver”. Comentó el moreno dándole una palmada al escritor en la espalda.

“Sí, he estado ocupado”. Respondió él mirando de reojo cómo Beckett se levantaba dispuesta a llevar la caja al sótano para archivarla.

“Voy a bajar esto chicos”. Se colocó la camisa que se le había quedado algo arrugada al estar sentada. “Podéis iros a casa”. Les dijo agarrando la caja por las dos asas.

“Hasta mañana, Beckett”. Dijeron los dos detectives a la vez mientras los tres observaban como ella se alejaba hasta el ascensor.

“¿Te vienes a tomar algo, Castle?”. Preguntó Ryan.

Castle dudó un momento qué contestarles. No se esperaba que le ofrecieran ir a tomar algo. Pensaba que tendría ese rato libre de ojos para poder hacer lo que había ido a hacer allí esa tarde. Finalmente se levantó de la silla para girarse y mirarles con facilidad. “No, gracias chicos. Voy a esperar a Beckett y luego he quedado con Alexis. Nos toca una sesión de pelis y helados variados. Os invitaría, pero creo que preferís pasar, ¿no?”. Les dijo tratando de bromear.

“¿Pelis de chicas?”. Dijo Espo torciendo el morro. “Quita, quita”. Se fue hasta su mesa para ponerse la chaqueta.

“Yo ya tengo bastante con las que me tengo que tragar en casa por culpa de Jenny”. Se quejó el irlandés, pero con una sonrisa en la cara. Castle le sonrió.

“Entonces, hasta mañana Castle”. Dijeron los dos detectives.

“Adiós, chicos”. Respondió esta vez el escritor utilizando aquella palabra como despedida en lugar de las dos que a él siempre le gustaba decir y que ahora los detectives habían cogido como costumbre utilizar.

Las puertas del ascensor se cerraron dejando así a Castle fuera del campo de visión de los detectives y entonces el escritor, tras cerciorarse de que nadie ponía demasiada atención en él y que Beckett no subía por las escaleras, introdujo la mano en el bolsillo interior de su chaqueta y sacó un sobre. Se agachó para abrir la cajonera de Beckett. Concretamente aquel cajón en el que ella guardaba todos los días su bolso y los objetos de uso personal. Dejó el sobre con cuidado sobre el bolso y se aseguró varias veces de que el sobre no se movería de allí como por arte de magia. Cerró el cajón y se puso de pie mirando a su alrededor para comprobar que nadie había visto lo que hacía. Cogió la chaqueta que se había dejado aquella mañana y caminó hasta el ascensor, llamándolo para salir de la comisaría.

Antes de que el ascensor llegara donde él, Castle giró la cabeza y barrió aquel lugar con la mirada. Un sentimiento de nostalgia se implantó en la boca de su estómago. Era muy probable que aquella fuera la última vez que pisaba la comisaría 12 y más concretamente la planta de homicidios. Respiró hondo cuando escuchó que el ascensor llegaba y rezó por no cruzarse con Beckett en él. Para su suerte, estaba vació. Se montó, pulsó el botón de la planta baja y cerró los ojos durante el trayecto hasta abajo, con sus manos entrelazadas delante de su pelvis, tratando de controlar sus nervios.

¿Qué habrá decidido hacer Castle?
Pronto, más! Smile
Espero que os guste y que me lo hagáis saber para continuar o no.
Saludos!
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Mar Jun 06, 2017 2:56 am

Buenas, pese a no haber obtenido ningún comentario acerca del segundo capítulo, os traigo el tercero, para quién esté leyendo la historia y quiera seguirla.
Me encantaría saber vuestra opinión de los nuevos capítulos. Espero vuestros comentarios! Smile


CAPÍTULO 3

Beckett subió del sótano por las escaleras. Estaba agotada, pero sentía que necesitaba hacer algo de ejercicio para desestresarse. El caso había sido duro y largo. Y la actitud de Castle tampoco había ayudado.

Esperaba encontrárselo cuando subiera nuevamente, pero al llegar a la planta de homicidios se dio cuenta de que ni el escritor ni sus compañeros se encontraban ya allí. En el próximo caso intentaría hablar con él.

Se acercó a su mesa sopesando si irse ya a casa o subir un rato al gimnasio de la comisaría a dar algunos golpes al saco de boxeo. Hacía tiempo que no lo hacía y lo cierto era que le vendría de perlas. Pero su agotamiento ganó la batalla. Decidió que compraría algo de cena de camino a casa, se daría un buen baño relajante de espuma con algo de música de fondo y un buen libro y se iría a dormir temprano para comenzar al día siguiente con las energías completamente recargadas.

Recogió su mesa y se puso la chaqueta abrochándosela hasta la altura del pecho. Se puso una bufanda también para combatir el frío. Abrió su cajón de siempre para recoger sus cosas y sus ojos no pudieron más que fijarse en el sobre de color tostado que descansaba sobre su bolso. Frunció el ceño y lo cogió con cuidado. Lo giró para mirar si tenía algo escrito y únicamente pudo ver las letras que componían su nombre perfectamente delineadas. Su corazón dio un vuelco al creer reconocer la letra de Castle en ellas. Miró a su alrededor para saber si alguien la observaba. Vio al resto de policías concentrados cada uno en sus cosas y cogió el bolso del cajón guardando en él el sobre. Sería mejor abrirlo en casa con tranquilidad.

Salió de la comisaría encaminándose a su coche y puso rumbo a su casa. No perdió tiempo siquiera en parar a por cena. De repente el estómago se le había cerrado. Cuando llegó, dejó el bolso en el sofá, se quitó la bufanda y la chaqueta colgándolas correctamente y se descalzo librándose de los altos tacones que acostumbraba a llevar.

No se quitó ni la ropa. Directamente se sentó en el sofá con las piernas cruzadas debajo de su trasero. Sacó el sobre del bolso mientras sentía como su corazón latía acelerado. Acarició su nombre allí escrito con suavidad y se mordió el labio. No estaba del todo segura de querer abrir aquel sobre.

Tomó aire despacio y finalmente se decidió a abrirlo. En su interior encontró una pequeña carta y un CD.

Decidió escuchar primero el contenido del CD. Dejó el sobre con la carta todavía doblada sobre la mesita que tenía frente al sofá y se levantó para coger su portátil. Volvió al sofá retomando la postura que tenía hacía unos segundos. Posó el ordenador sobre sus piernas, lo encendió con impaciencia mientras no podía evitar morderse la uña del pulgar izquierdo. Estaba nerviosa. ¿Qué contendría el CD? ¿Y la carta? Algo en su interior le decía que no era nada bueno…

Cuando por fin el ordenador se encendió, se apresuró a meter el disco dentro. Únicamente contenía una canción, cuyo título leía así: Say something. Frunció el ceño. No le sonaba. Le dio al play y se dedicó a escucharla mientras sentía como su corazón se iba empequeñeciendo y las lágrimas inundaban sus ojos, aunque intentara retenerlas.

Say something, I'm giving up on you
I'll be the one if you want me to
Anywhere I would've followed you
Say something, I'm giving up on you

And I... am feeling so small
It was over my head
I know nothing at all
And I... will stumble and fall
I'm still learning to love
Just starting to crawl

Say something, I'm giving up on you
I'm sorry that I couldn't get to you
Anywhere I would've followed you
Say something, I'm giving up on you

And I... will swallow my pride
You're the one that I love
And I'm saying goodbye

Say something, I'm giving up on you
And I'm sorry that I couldn't get to you
And anywhere I would've followed you (Oh-Ooh)
Say something, I'm giving up on you

Say something, I'm giving up on you
Say something...

Cuando la canción terminó estaba todavía más confusa que antes de empezar a escucharla. ¿Qué significaba aquello? ¿Era una indirecta (bastante directa) para ella? ¿Era de Castle? ¿Y si era así, de verdad Castle se estaba rindiendo de esperarla? ¿Tan mal lo estaba haciendo con él?

Realmente, sí. Ella sabía perfectamente que no estaba actuando nada bien con él. Le había mentido, le había ocultado cosas y no era capaz de enfrentarse a sus sentimientos… Pero… aquello no se lo esperaba.

Cogió un pañuelo de papel de encima de la mesa y se secó la cara de todas las lágrimas que había soltado. Cogió aire con fuerza intentando así que se le pasara la sensación de angustia, pánico y dolor que se estaba instalando a la altura de su pecho. Bastante cerca de la cicatriz del disparo. Justo en su corazón.

Sacó la carta del sobre, la desdobló con dedos temblorosos y sus ojos fueron directos a las letras que allí había estampadas, con una perfecta caligrafía. Efectivamente, la carta, y por lo tanto el CD también, era de Castle, tal y como ella creía.

Creerás que últimamente estoy loco. Primero, intenté hablar contigo el otro día, pero fuimos interrumpidos. Y ahora, te encuentras con este sobre, esta carta y una canción... Olvídate de nada que te dijera el otro día. Eso, ahora mismo, carece de importancia para mí. Sobre todo después de haberme enterado de algo.

Te escuché, Kate... Te escuché y te vi decirle al sospechoso que recordabas cada segundo de aquel día… No hace falta que te diga de qué día estoy hablando, ¿verdad? Al principio pensé que era mentira, que sólo utilizaste aquello para que confesara… Pero vi tu cara, tus gestos, tus ojos y todo me quedó claro. Tus ojos siempre me han hablado, incluso más de lo que tus palabras y tus gestos me decían… O eso creía…

No he sido más que un pelele para ti.
Lo recordabas.
Las dos palabras más importantes que habré dicho nunca. Aquello que guardaba porque tenía miedo de abrirme a ti y que huyeras, que te alejaras de mí.
Y resulta que cuando consigo decirlas, pensando que no volvería a tenerte… me mientes, me engañas y finges no recordarlo.
¿Por qué?
¿Qué he hecho tan mal para que me castigues de esta forma, Kate?

Sí, conozco tus miedos, tus problemas y tu maldito muro… Pero… ¿realmente eso justifica que me puedas castigar y dañar de esta forma?

Si no sentías lo mismo no tenías más que decírmelo, dejármelo claro. Habría sufrido, sí. Pero no tanto como te aseguro que estoy sufriendo ahora mismo.

Como dice la canción: me estoy rindiendo. Me gustaría poder decir que después de lo de hoy ya me he rendido del todo. Porque eso significaría sufrir menos… Pero no puedo. No puedo porque no es la verdad. Y Kate, yo no miento. Siempre has sabido lo que he sentido por ti, aunque no te lo dijera tan abiertamente. Y, desgraciadamente, lo que siento por ti es tan profundo que ahora mismo, incluso después de saber que me has estado mintiendo, no puedo decir que me haya rendido del todo. Pero sí puedo asegurarte que estoy a punto de hacerlo, de conseguirlo. Y sólo de ti depende que cambie de opinión, de rumbo.  

Y… aunque no quieras que cambie de opinión, creo que al menos, por todo lo que hemos pasado juntos, me merezco una explicación, tu sinceridad, al menos una vez en tu vida. Después de eso, prometo alejarme de ti y dejar que sigas con tu camino.

Esta vez no voy a ser yo quien vaya tras de ti. Voy a dejar que seas tú quien me encuentre, si es que quieres, si es que te he llegado a importar tanto como creía que lo hacía.

Piensa dónde puedo estar. No uses tu instinto de policía. Utiliza tu corazón y sabrás dónde encontrarme.

Y Kate… pase lo que pase, sé que te seguiré amando, SIEMPRE.

Rick Castle.


Había tenido que parar de leer la carta en tres ocasiones. Sus ojos no paraban de derramar lágrimas. Su cuerpo no dejaba de temblar ante el llanto. Y su corazón… había podido escuchar cómo se le iba rompiendo el corazón en pedacitos a medida que leía la carta.

Ahora comprendía su extraño comportamiento… Le dolía en el alma saber el daño que le estaba causando. ¿Cómo no iba a importarle? Estaba enamorada de él. Sí, lo reconocía. Aunque posiblemente ya fuera tarde.

Se secó las lágrimas con la manga del jersey sin reparar en que se estaba emborronando ligeramente el maquillaje. Puso una mano en su pecho intentando tranquilizar así su respiración. Tomó aire hondo un par de veces intentando calmarse. Tenía que encontrarlo, ir a por él y enfrentarse a sus sentimientos. Por ella, pero sobre todo, por él. No se merecía sufrir así.

Se puso en pie, guardó la carta en el bolsillo de su chaqueta, se la puso y tras coger las llaves de casa, las del coche y el móvil y salió corriendo, con el único pensamiento de encontrarlo cuanto antes.

TRADUCCIÓN DE LA CANCIÓN:
Di algo,
estoy perdiendo la fe en ti (me rindo)
Seré el hombre de tu vida,
si quieres que lo sea.
A cualquier sitio, te hubiera seguido,
di algo,
estoy perdiendo la fe en ti (me estoy rindiendo contigo).
Y yo, yo me siento tan pequeño,
no lo entendía,
no sé nada de nada.
Y me tropezaré y me caeré,
todavía estoy aprendiendo a amar,
estoy solo empezando a gatear.
Di algo,
estoy perdiendo la fe en ti.
Lo siento por no poder llegar hasta ti,
a cualquier sitio, te hubiera seguido,
di algo,
estoy perdiendo la fe en ti.
Y me tragaré mi orgullo,
tú eres a la que quiero,
y estoy diciendo adiós.
Di algo,
estoy perdiendo la fe en ti.
Lo siento por no poder llegar hasta ti,
a cualquier sitio, te hubiera seguido,
di algo,
estoy perdiendo la fe en ti.
Di algo,
estoy perdiendo la fe en ti.
Di algo.
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Jue Jun 08, 2017 12:39 am

Hola! Veo que algunos seguís leyendo esta pequeña historia, así que como no quiero que os quedéis a medias, traigo el cuarto capítulo. De todas formas, agradecería que alguno se animara a comentarla y decirme qué le va pareciendo. Si queréis que siga.. en fin, algo aunque sea. Gracias.
E igualmente, muchas gracias a los que me leéis!
Allá vamos!


CAPÍTULO 4

Había salido de casa como alma que se llevaba el diablo. Ni siquiera le había dado tiempo a pensar adónde tenía que ir, dónde estaría él. Tras caminar durante unos minutos, casi sin dirección, por las calles de Nueva York se paró en seco intentando parar también la marea de sentimientos que la acechaban en ese momento. Respiró hondo y se secó las lágrimas que habían conseguido escapar nuevamente de sus ojos. Miró a su al rededor. Sin darse cuenta había llegado a la calle de loft de él. Pero era absurdo. No estaría allí. Sino no le habría pedido que lo buscara, que pensara.

Su primera idea fue ir a “La guarida”. Ese bar que Castle había comprado únicamente para que no se perdiera su historia. Miró el reloj y comprendió que un día entre semana a esas horas probablemente el bar estaría cerrado. Se abrochó la chaqueta y levantó la cabeza para mirar hacia las ventanas del loft del escritor. Se mordió el labio con fuerza para retener las lágrimas y entonces se le encendió la bombilla.

Reanudó la marcha con un nudo en la garganta que apenas le dejaba respirar. O a lo mejor era que el ritmo que sus piernas habían tomado era demasiado rápido; pero estaba nerviosa. No estaba segura de encontrárselo allí y aunque lo hiciera, tampoco sabía qué le iba a decir, cómo le iba a pedir perdón, ni siquiera si aquello bastaría para que la perdonara.

A medida que se iba acercando su corazón latía con mayor velocidad y cuando pudo divisar aquel sitio, aquel lugar en el que ella había sido capaz de hablar de su muro interno con él, sintió como su corazón se paraba durante unos instantes, a la vez que sus pasos.

Allí estaba él, encogido en sí mismo mientras se balanceaba casi imperceptiblemente en aquel columpio. Tenía las manos entrelazadas sobre su regazo y la vista fija en sus dedos. Parecía que tenía los ojos cerrados. Aquella imagen de él se le antojo terriblemente dolorosa. Ahí fue realmente consciente del daño que le había causado. No se veía al jovial Richard Castle que la acompañaba en comisaría, sino más bien parecía un niño pequeño, asustado.

Tragó saliva, tomó aire y sin pensarlo dos veces caminó hasta él, en silencio, con la mirada fija en el suelo. Se sentó en el columpio de al lado sin poder siquiera mirarle.

Castle levantó la mirada al escuchar pasos y borró fugazmente una lágrima al comprobar que se trataba de ella.

Permanecieron los dos en silencio durante unos largos minutos. Se balanceaban ligeramente y mientras él permanecía con las manos sobre sus piernas, ella se aferraba a las cadenas del columpio, como si de aquella forma ganara fuerzas y ordenara sus ideas y sus palabras en la cabeza.

Finalmente fue él quien rompió el silencio. “Has venido…”. Susurró sin levantar la cabeza, con un tono bastante rudo, que agrandó la angustia de la detective.

“Sí…”. Respondió ella en el mismo tono, unos segundos después.

“Me has encontrado…” Casi susurró nuevamente, esta vez algo más suave. En la misma postura, sin moverse. “Sinceramente, tuve mis dudas de si vendrías, si me encontrarías”. Rió con ironía provocando que los ojos de la inspectora volvieran a empaparse de lágrimas.

“Rick, lo siento…”. Dijo ella con absoluta sinceridad parando con los pies el movimiento de su propio columpio. Aquello sólo la estaba poniendo más nerviosa.

“Y yo. Yo también lo siento. No sabes cuánto”. Contestó con visible dolor.

“Escucha… yo… no estaba preparada. No podía. No en ese momento”. Levantó la cabeza y le miró. Pero él no la imitó. “Me acababan de disparar, había estado a punto de morir, había descubierto todo lo de Montgomery, por fin avanzaba en el caso de mi madre hasta casi poder cerrarlo… Simplemente era demasiado con lo que luchar… Necesitaba… recuperarme, volver a estar fuerte para poder hacerme cargo de… de mis sentimientos”. Cogió aire con fuerza para poder seguir hablando. Él únicamente había levantado la vista un segundo para mirarla y después la había vuelto a bajar. “No se me ocurrió otra cosa… Fue cobarde, mucho… Créeme, lo sé… No ha habido un día en el que no me haya lamentado por ello”.

“¿Y no podías, simplemente, contarme la verdad?”. Preguntó tras unos segundos de silencio.

“No me atreví…” Susurró. “Eso hubiera sido confesar que sentía algo por ti, y en aquel momento no podía permitírmelo… Tenía miedo, Castle. Pánico, terror. Antes del disparo y, después muchísimo más”.

“¿De mí?”. Preguntó casi con incredulidad levantando la cabeza para mirarla a los ojos con dolor.

Cerró los ojos fugazmente al sentir la mirada de él y los volvió a abrir para responderle, negando suavemente. “No. De ti no. De mí, de la vida. De volver a sufrir… Pensaba… pensaba que no volvería a soportar un dolor tan grande como el que sentí con la muerte de mi madre… Huía y huyo de toda relación afectiva, bien sea de amistad o de amor, para intentar evitar volver a sufrir de ese modo…”. Ahora fue el turno de ella de reír con ironía. “Ya ves. Estaba completamente equivocada. Así sólo estaba consiguiendo todo lo contrario… Este dolor es peor que ninguno…”.

Los dos se quedaron callados. Cada uno pensando en las palabras del otro. Kate intentando encontrar la manera de que él la entendiera, aunque fuera una pizca, para poder tener una oportunidad de que la perdonara.

“Rick…” Susurró y giró su columpio para poder mirarle directamente con mayor facilidad. Él la miró nuevamente. La mirada de ambos estaba teñida de tristeza, de dolor, de arrepentimiento… Ella respiró hondo y se atrevió a estirar el brazo y alcanzar la mano del escritor hasta apretarla suavemente. Él no la quitó, pero no la dejo seguir hablando, la interrumpió.

“Lo que dice la canción es cierto. Me estoy rindiendo, Kate. Estoy harto. Estoy cansado de darlo todo y no recibir nada a cambio… Puedo entender que tuvieras tus dudas conmigo. Mi fama me precede”. Alzó la ceja de nuevo con cierta ironía. “Pero creo que en estos casi 4 años te he demostrado que estaría para ti, en cualquier situación, en cualquier momento, a cualquier hora del día… siempre…”. Dijo sin poder evitar retener una lágrima. Se soltó de la mano de ella y se la secó con rapidez. Llevó aquella mano a su propio pecho, cerca del corazón y siguió hablando mientras ella no había podido mantenerle la mirada al ver tanto dolor y había bajado la cabeza. “Lo que siento por ti… es… es lo más grande que he sentido jamás… Y, ¿crees que a mí no me da miedo? ¿Crees que yo no temo sufrir? Claro que lo hago. Pero… pensaba… creía… deseaba tener una oportunidad contigo… El que no arriesga no gana, ¿sabes?”. Ella le miró a los ojos en aquel momento y asintió de acuerdo con aquella frase.

Beckett volvió a estirar el brazo y a agarrar la mano de Castle que volvía a reposar sobre la pierna. “Rick… me importas como nunca nadie me ha importado. Siento cosas por ti… tan profundas que creo que no sería capaz de ponerlas en palabras”. Se mordió con fuerza el labio y miró hacia arriba intentando contener las lágrimas. “Entiendo que estés enfadado, dolido… y comprendería perfectamente que quisieras terminar de rendirte, de perder la fe en mí…”. Una fugitiva lágrima atravesó su mejilla mientras cerraba los ojos con fuerza. Abrió los ojos sorprendida cuando sintió una tenue caricia sobre su pómulo secando la lágrima. Ese gesto del escritor la conmovió por dentro haciendo que más lágrimas se escaparan de sus ojos. Le dedicó una pequeña sonrisa de agradecimiento y agarró también esa otra mano de Castle que se había desplazado hasta su rostro para secar los rastros de las lágrimas. Se las apretó con fuerza y respiró hondo. “Pero… me gustaría decirte algo, si no es demasiado tarde… Después, entenderé cualquier decisión que tomes”.

Se perdieron en sus ojos. Los de color avellana de ella y los azulados de él… Se decían tantas cosas únicamente con la mirada…

“Dime”. Susurró él apretando las manos de ella con suavidad para animarla a hablar. Su corazón empezó a latir todavía más rápido de lo que ya lo hacía. Sabía que lo que la inspectora iba a decirle podría ser crucial para su futuro.

Futuro que podrían comenzar juntos o por separado.

¿Qué le dirá Beckett? ¿Hará cambiar de idea a Castle?
Próximamente, más! Smile
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Jue Jun 08, 2017 12:01 pm

Buenas, traigo el siguiente. A ver qué os parece


CAPÍTULO 5

Ambos giraron por completo sus columpios para poder mirarse de frente. Sus manos seguían entrelazadas.

Beckett acarició con el pulgar el dorso de la mano de Castle y por fin habló. “El muro del que te hablé justo aquí mismo… lo acabas de derribar, de golpe, de un plumazo. Has tirado todos sus ladrillos. Me has abierto los ojos… y el corazón…”. Apretó con suavidad de nuevo sus manos mientras él no podía más que mirarla a los ojos y escucharla con atención. “Rick…” Cogió aire despacio y se mordió el labio. “Pase lo que pase… yo ya te amo…” Confesó sin cortarse, con sinceridad, con amor. Como sólo alguien que siente el amor verdadero puede hacer. “Y te seguiré amando… pase lo que pase, decidas lo que decidas… Siempre”.

Ninguno de los dos podía moverse. No querían dejar de mirarse a los ojos, de sentir sus palabras. De ver sus verdades por fin a la luz, sin tapujos, sin metáforas.

Beckett se puso más nerviosa aún al ver que él no decía nada ante su confesión. “Y… sé que no tengo derecho a decirte todo esto ahora. Que lo tendría que haber hecho hace mucho tiempo. Que no he actuado bien, que te he hecho mucho daño… Lo siento… no he sabido hacerlo mejor y me arrepiento, no sabes cuánto. Y… si quieres que me vaya, si ahora mismo sólo quieres que me vaya y dejarte pensar… lo haré porque…”.

No pudo seguir hablando porque él se acercó todo lo que pudo a ella levantándose del columpio y la abrazó con fuerza. No quería dejar que siguiera diciendo aquello. Necesitaba que comprendiera que él también la amaba y que lo seguiría haciendo. Aunque tuvieran que luchar por volver a confiar plenamente el uno en el otro.

Ella se aferró al cuerpo del escritor, apoyando la cabeza en su pecho. Dejándose llevar por todas las sensaciones que estaba teniendo y no pudo evitar el llanto. Al igual que él, que tampoco pudo evitar llorar con ella abrazada en mitad del parque.

“Lo siento… lo siento…”. Murmuró pegada a su pecho. Se separó ligeramente de él cuando se dio cuenta de que le estaba empapando la camiseta con sus lágrimas. Bajó la cabeza enfadada consigo misma por todo lo que le había causado al escritor.

Él la obligó a ponerse en pie y volvió a abrazarla con fuerza. La diferencia de estatura provocó que la cabeza de Kate quedara a la altura del cuello del escritor. Ella volvió a abrazarse a él. Jamás se había sentido tan protegida como se sentía en ese mismo momento, entre sus brazos. “Ya está, no lo sientas más…”. Murmuró él frente a su pelo, depositando un tierno beso en la parte superior de la cabeza de la inspectora.

Permanecieron en esa misma postura durante varios minutos, sin decir nada más. Hasta que el cuerpo de Castle tembló ligeramente. Llevaba demasiado tiempo a la intemperie.

Beckett alzó la cabeza al sentir su temblor y ambos se dedicaron una pequeña sonrisa. Ella se soltó un poco del abrazo con suavidad y elevó la mano hasta la cara del escritor. La posó sobre su mejilla, acariciándole tiernamente. Ese gesto provocó que los dos temblaran, pero esta vez no de frío, sino de la emoción que experimentaron ante esa nueva cercanía entre ellos.

Ante su tacto, Castle cerró los ojos e inclinó la cara hacia la mano de ella para sentir más su contacto. Kate sonrió ligeramente y sin retirar la mano de su rostro habló. “Voy a luchar, Rick. Voy a intentar con todas mis fuerzas que puedas volver a confiar en mí…”. Prometió acariciando su mejilla y nuca con suavidad. Él fue a hablar pero ella anduvo más rápida y se lo interrumpió colocando el dedo índice sobre sus labios. “Desde que murió mi madre mi vida ha girado en torno al trabajo y a su caso. A partir de ahora tendré otra prioridad, completamente diferente. Y esa prioridad eres tú”. Confesó acariciando los labios del escritor con ternura. “Si quieres…” Añadió con la vista perdida en sus ojos azules.

“Suena bien”. Se sonrieron con ternura. Rick alargó la mano hasta llegar a colocar un mechón de pelo de ella detrás de su oreja, aprovechando para rozar su mejilla. Al sentir la caricia, Kate inclinó la cabeza hacia su mano, tal y como había hecho él anteriormente.

Se mordió el labio y agarró la mano del escritor, entrelazándola con la suya. “¿Puedo invitarte a cenar en mi casa?”.

“Inspectora Beckett, creí que nunca me lo pediría”. Bromeó él consiguiendo sacarle una bonita sonrisa, lo que provocó que él también sonriera.

“Tonto…” Murmuró ella acariciando la mano de él. Se puso de puntillas lo suficiente para colocarse a su misma altura. Se acercó a él depositando un suave beso en la comisura de sus labios. Se mordió el labio soltando despacio su mano y se separó de él, lentamente. Recogió su bolso que había dejado tirado en la hierba y se lo colgó atravesado. Se giró en la dirección por la que había llegado dispuesta a emprender el camino de vuelta hasta su casa, pero esta vez, con él.

Dio un par de pasos y al advertir que él no la seguía se paró y giró 180 grados para mirarle. Lo vio observándola desde los columpios, medio sonriendo. Caminó de nuevo hasta él con una ceja alzada. Chasqueó los dedos frente a sus ojos llamando su atención. “Tierra llamando a Castle. ¿Me recibes?”. Bromeó con una pícara sonrisa.

“Me vas a matar, Beckett”. Respondió él agarrándola rápidamente por la cintura para aproximarla a él y darle un beso rápido en los labios, soltándola nuevamente para empezar él mismo a caminar hacia la casa de Beckett.

Se quedó de pie, plantada, con una sonrisa tonta. Ese juego que siempre habían tenido entre ellos parecía estar intensificándose tras la charla y las confesiones. Y eso, lejos de asustarla, le encantaba. No es que hubiera dejado de tener miedo de un minuto para el siguiente, sino que ahora se sentía con fuerzas y capaz de hacer frente a sus sentimientos, de luchar por él, por ella, por ellos.

Se apresuró a girarse con un nuevo sentimiento de principio de euforia y mayor tranquilidad. Siguió los pasos del escritor y los dos caminaron casi en silencio, uno al lado del otro.

A mitad de camino, Kate agarró la mano del escritor y entrelazó sus dedos, aprovechando para acercar más sus hombros y caminar más pegados hasta su apartamento.

Cuando llegaron, Beckett soltó su mano suavemente para poder abrir la puerta. Le dejó pasar a él primero. Después, cerró la puerta y se quitó la chaqueta. Tomó la que él le ofrecía y colgó las dos en el perchero de la entrada. Se miraron con una sonrisa nerviosa. No sabían cómo actuar.

Él todavía se sentía dolido y sabía que le faltaba confianza en ella para poder lanzarse a una relación juntos. Y ella sabía perfectamente el daño que le había causado y que tendría que esforzarse por ganarse nuevamente su confianza. Pero no pensaba desistir. Lucharía. Sólo que no estaba muy segura de cómo tenía que hacerlo. Ella, la inspectora Kate Beckett que siempre parecía segura de todo lo que hacía, realmente no era tan segura como aparentaba.

“Sólo puedo ofrecerte una ensalada de pasta. Es todo lo que tengo”. Dijo ella descalzándose y librándose de sus zapatos de tacón en un intento por sentirse más cómoda, más relajada y poder pasar una velada a gusto.

“Una ensalada de pasta estará bien”. La tranquilizó él con una pequeña sonrisa.

“Bien, pues ponte cómodo mientras la preparo”. Se encaminó a la cocina para poner la cena.

“¿No quieres que te ayude?”. Preguntó él asomando su cabeza por la entrada de la cocina.

“Eres mi invitado. ¿Qué clase de anfitrión deja que su invitado prepare la cena?”. Le sonrió mientras sacaba todo lo que necesitaba. Castle le sonrió en comprensión. “Puedes cotillear mis cosas mientras termino”. Le propuso poniendo pasta a cocer mientras cortaba el resto de ingredientes.

“¿Qué clase de invitado sería si me dedicara a cotillear las cosas personales de mi anfitrión o anfitriona?”. Le devolvió la pregunta acercándose a la encimera donde ella cocinaba y sentándose al otro lado mientras no dejaba de observarla.

“Buen punto”. Sonrió ella agradecida de que se quedara cerca.

Hasta pronto Smile
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Vie Jun 09, 2017 10:53 pm

CAPÍTULO 6

Estuvieron un rato en silencio mientras ella trasteaba en la cocina y él no dejaba de observar cada uno de sus movimientos.

Cuando vio que estaba terminando, se puso en pie. “¿Voy poniendo la mesa?”.

Levantó la cabeza del bol de ensalada que estaba preparando para mirarle a los ojos y le sonrió asintiendo. Le dio los platos, las copas y los cubiertos necesarios y él lo llevó todo a la mesa y lo preparó.

“¿Vino?”. Preguntó ella desde la cocina.

“Por favor”. Respondió él volviendo de la mesa hasta donde ella.

Fue hasta su vinoteca particular y tomó el mejor vino que tenía. Lo guardaba para ocasiones especiales y aquella, sin duda era una ocasión que merecía descorchar aquella botella.

Se sentaron a degustar la cena y el vino en completo silencio, dedicándose alguna mirada furtiva y sonrisas nerviosas.

“Rick…” / “Kate…” Dijeron a la vez provocando la risa en ambos.

“Tú primero”. Dijo ella llevándose un tenedor con ensalada a la boca.

Castle sonrió asintiendo y permitiéndose ser él el que hablara primero. “Gracias… por… haber venido a por mí”. Bebió un sorbo de vino después para que no se notara tanto su nerviosismo.

Ella le miró negando ligeramente. “No, Rick. Soy yo la que tiene que darte las gracias. Por la paciencia que me has tenido, por quererme como lo haces, por atreverte a darme otra oportunidad a pesar de todo el daño que te he hecho… por todo”. Agarró su mano que descansaba sobre la mesa y se la apretó con cariño. Él la observaba en silencio. “Quiero ir despacio. No quiero que nos precipitemos, que creamos que estamos bien, nos lacemos y más tarde nos demos cuenta de que deberíamos haber ido más suave. Quiero conseguir tu plena confianza y entonces, empezar una relación como la que llevamos tanto tiempo esperando. ¿Te parece bien?”. Preguntó con una pequeña sonrisa, nerviosa por su opinión.

“Creo que nunca nada me había parecido tan bien”. Respondió él con una pequeña sonrisa. Acaricio su mano suavemente y su sonrisa se volvió algo más pequeña. “Te agradezco que quieras ir despacio… creo que lo necesito”. Frunció el ceño ligeramente bajando la mirada.

“Voy a volver a ganar tu confianza, Rick. Lo pienso hacer”. Llevó la mano hasta su mentón y levantó su cabeza suavemente para que la mirara. “Ya sabes lo cabezota que puedo llegar a ser”. Le hizo sonreír con aquella frase. “Así que…” Se mordió el labio suavemente volviendo a centrarse en comer su ensalada “esta cena no ha sido una cita”. Le miró alzando una ceja para que le quedara claro. “Tendremos que ir poco a poco”. Le guiñó el ojo, sonrió y terminó su ensalada.

“¿Tendré que esperar otros 4 años?”. Preguntó él medio en broma medio en serio.

“Antes muerta”. Respondió ella levantándose de la silla mientras juntaba los platos sucios. Antes de llevarlos a la cocina besó tiernamente la frente de él.

Castle sonrió ante el gesto de la inspectora y después de tomarse unos segundos para sí mismo, se levantó y le ayudó a recoger el resto de las cosas.

Después, todavía con las copas de vino se sentaron en el sofá. Uno junto al otro; ni muy cerca ni muy lejos.

“Y… ¿dónde les has dicho a Martha y Alexis que estás?”. Preguntó dejando la copa de vino reposar sobre la mesita que tenían enfrente.

“Aunque sean mi madre y mi hija, no tienen que controlarme eh”. Bromeó bebiendo un poco de vino y dejándola después junto a la de ella. “Alexis se iba a quedar en casa de una amiga a dormir después de estar toda la tarde estudiando. Y mi madre, ya sabes cómo es. Apenas pasa por casa y si lo hace, dudo que se fije en que no he llegado todavía”. Le sonrió.  

“¿De dónde sacaste la canción?”. Preguntó ella después de unos minutos de silencio, aunque para nada incómodos.

Rick suspiró girando su cuerpo hasta apoyar el codo sobre el respaldo del sofá para poder mirarla con mayor facilidad. “La pusieron en la radio. Estaba… dolido. Y esa canción expresaba exactamente cómo me sentía, lo que quería decirte y no podía”.

“A pesar de la letra y… su significado… es muy bonita”. Aseguró ella con la vista fija en el portátil que tenía sobre la mesita. Donde había estado escuchando esa canción hacía apenas unas horas. Donde al principio no había comprendido nada y había derramado lágrimas.  

Castle no pudo evitar acercarse más a ella y rodear sus hombros con el brazo que tenía sobre el respaldo. “No te culpes más”. Susurró en su oído con ternura.

“¿Cómo no voy a hacerlo, Rick?”. Preguntó ella dejándose abrazar y acurrucándose entre sus brazos. “Me he equivocado tantas veces contigo… Y tú sigues aquí, a pesar del dolor… Te debo tanto…”. Confesó cerrando los ojos y agarrando la otra mano de él, que la había posado en la pierna de ella.

“Puede… pero no todos nacemos sabiendo, Kate. Yo también he metido la pata muchas veces contigo. Y me has perdonado y hemos seguido para adelante”. Besó su cabeza suavemente.

Se mantuvieron en silencio dentro de aquel abrazo. Él abrazándola y ella acariciando su mano con caricias apenas perceptibles.

“¿Empezamos de 0?”. Propuso ella después de un rato abriendo los ojos y girándose en el abrazo lo justo para poder mirarle a los ojos.

“Hecho”. Aceptó él con una pequeña sonrisa. “A partir de mañana seremos dos desconocidos que el destino juntará”. Le guiñó el ojo haciéndola sonreír.

“Bien”. Volvió a acomodarse entre sus brazos. “Entonces no puedo llamarte cuando tengamos un caso”.

“Cierto…” Dijo pensativo. “Tendremos que dejar que la fuerza del destino nos vuelva a juntar”. Besó su cabeza.

“Pero yo no quiero esperar a eso”. Protestó ella acurrucándose más entre los brazos de él.

“Bueno… quien dice fuerza del destino dice fuerza llamada Richard Castle”. Rió abrazándola con más fuerza y haciendo que se recostara sobre su pecho.

Kate rió también apoyada sobre él. “O Katherine Beckett”. Añadió ella haciéndole reír ahora a él. “Y deberíamos empezar a tontear nuevamente”.

“Oh, eso se nos da bien”. Bromeó mientras los dos sonreían sin dejar de mirarse a los ojos.

“Y una primera cita…”. Añadió nuevamente.

“Y un primer beso, una primera caricia, un primer baile…”. Continuó él haciendo sonreír a Kate cada vez más.

“Sí, creo que suena bien”. Dijo acomodándose un poco más sobre él.

Un rato después, el sueño empezó a ganarle la batalla y no pudo evitar bostezar.

“Ups, creo que se nos ha hecho demasiado tarde”. Dijo el escritor al ver el bostezo de ella. Acarició su espalda suavemente. “Será mejor que me vaya yendo y te deje descansar”. Kate alzó la cabeza para mirarle desde su posición e hizo un gesto de disgusto ante sus palabras. “Recuerda que de una forma u otra el destino tiene que volver a juntarnos”. Se inclinó hacia delante para atrapar los labios de ella en un suave y fugaz beso.

Kate se incorporó un poco para alargar el beso, volviéndolo a besar cuando sintió que se separaba de sus labios. “Prométeme que no te vas a arrepentir de darme otra oportunidad…” Pidió en un susurro. Su miedo era patenten en sus palabras.

“Kate…”. Hizo que se sentara de nuevo en el sofá y agarró su cara con las dos manos mirándola a los ojos. “No me arrepentiré, te lo prometo”. Ella sonrió un poco, algo más tranquila. “Eres lo más bonito que me ha pasado, a pesar de los baches. Y no quiero separarme de ti… aunque nos lleve tiempo empezar esto como se merece, ¿vale?”.

Inspiró hondo asintiendo suavemente. “Vale…” Susurró con una pequeña sonrisa.

“Bien”. Besó su frente poniéndose en pie. “Me voy. Pero acuérdate de que de una forma u otra, tendremos que volver a encontrarnos”. Se sonrieron mientras ella también se ponía de pie para acompañarlo hasta la puerta.

“Rick”. Agarró su mano cuando él abrió la puerta de la casa. El escritor se giró para mirarla al escuchar su nombre. “Gracias”. Se acercó a él y besó sus labios con suavidad, despacio, aferrándose a su cuello para intensificarlo. No era un beso de despedida. Era un beso cargado de agradecimientos y de promesas. Promesas de futuro. Beso que rápidamente fue correspondido por él. Hasta que, lentamente se fueron separando y volviendo a respirar con normalidad.

Castle caminó despacio hacia el ascensor, pero Beckett no soltaba su mano, por lo que los brazos de ambos quedaron completamente estirados y sus manos aún unidas. “Kate, sabes que si no me sueltas no puedo irme, ¿verdad?”.

“Es que no quiero que lo hagas” Protestó casi como una niña pequeña.

Rick sonrió y se acercó de nuevo a ella provocando que sus brazos pudieran relajarse. “Piensa en todo lo nuevo que nos espera. Conocernos, bailar, una cita…” Acarició su mejilla dulcemente. Era increíble, pero estaba consiguiendo ver una parte de ella que no conocía y que, por supuesto, le estaba encantando. Por no hablar de lo que estaba consiguiendo con él en tan sólo esas horas que llevaban reconciliados. La inspectora Beckett estaba consiguiendo volver a juntar los trocitos de su maltrecho corazón.

“Está bien”. Cedió ella con una pequeña sonrisa acercándose a sus labios para besarlo nuevamente. Rick apoyó la frente sobre la de ella tras el beso, intentando armarse de valor para alejarse de ella y dejar, como habían quedado, que el destino volviera a juntarlos. Respiró hondo y tras besar su mejilla suavemente, se acercó del todo al ascensor.

Cuando el ascensor llegó a su planta, Rick le dedicó una última sonrisa y se introdujo en él a la espera de que las puertas se cerraran y le llevara a la planta baja, donde pondría rumbo a su cada a la espera de una nueva vida.

Kate se quedó apoyada en el marco de la puerta observando cómo Castle se iba. Se mordió el labio con fuerza y no puedo evitar que una pequeña sonrisa asomara en sus labios. Había estado a punto de perderlo, se había equivocado… pero ahora tenía que luchar por reconquistarlo, y eso era exactamente lo que pensaba hacer.

Entró nuevamente en casa, recogió las pocas cosas que estaban fuera de su lugar, se dio una ducha relajante, se puso el pijama y se metió en la cama para dormirse y soñar con el futuro que quería para ella y para él, para los dos juntos.
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Re: Say Something

Mensaje por BRIGITTEALWAYSBELIEVE el Sáb Jun 10, 2017 11:58 pm

Bueno por fin me pongo al día con esta genial historia , me hubiera gustado que kate sufriera mas buscando a rick pero espero que sigasss pronto...
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Dom Jun 11, 2017 10:41 pm

BRIGITTEALWAYSBELIEVE escribió:Bueno por fin me pongo al día con esta genial historia , me hubiera gustado que kate sufriera mas buscando a rick pero espero que sigasss pronto...
Gracias por dejarme tu opinión!
No me pareció hacerla sufrir más, aunque la pobre ya sufrió lo suyo.
Veremos cómo siguen! Smile
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Dom Jun 11, 2017 10:43 pm

Holaa! Very Happy Gracias por leerme!! Smile
Traigo 2 capítulos en uno! jajaja
A ver si os gustan! Wink


CAPÍTULO 7

Llevaban dos días sin saber nada el uno del otro. Como habían dicho dejarían que el “destino” volviera a juntarlos. Beckett se había dedicado a su trabajo en la comisaría. En más de una ocasión tuvo que contenerse de coger el móvil y llamarle, como solía hacer, para que los acompañara en los nuevos casos que les iban llegando. Esa incertidumbre de no saber cómo iban a volver a encontrarse le hacía tener algo de miedo. Miedo de que él realmente hubiera utilizado esa excusa para pensar y finalmente decidir alejarse de ella. Pero se obligaba a acordarse de sus palabras, sus besos, sus caricias y se decía a sí misma que estaba empezando a pensar como una paranoica. Así que trataba de tranquilizarse y volver a centrarse en el caso que tenían entre manos.

Castle, por su parte, tampoco había tenido mucho tiempo libre. Lo cierto era que con todo lo que había pasado con Kate se le había olvidado por completo que empezaba una gira para firmar su último libro en diferentes ciudades. Por suerte, todas ellas cercanas a Nueva York, por lo que tan sólo en 2 de ellas tendría que quedarse a dormir allí. En las demás podría volver a dormir a su casa.
Había estado horas metido en el despacho con su representante ultimando los detalles de la gira que empezaría al día siguiente en su ciudad. Los pocos ratos libres que había tenido los había utilizado para recordar las palabras y los gestos de la inspectora en el parque y en casa de ella. Se negaba a pensar que estuvieran actuando mal dejando que el “destino” los volviera a juntar. Sólo esperaba que ese tiempo separados les viniera bien para empezar sin ninguna duda una relación.

Cuando Beckett llegó a casa, lo hizo con la idea de desnudarse y meterse en la bañera a disfrutar de un buen baño de agua tibia. Disfrutaba de su trabajo, pero tenía que reconocer que muchos días acababa agotada. Inevitablemente sus pensamientos se centraron una vez más en el escritor. Le echaba de menos. Estaba cansada del silencio de su casa, de la soledad. Suspiró deshaciéndose de sus botas y su chaqueta y caminó hasta la tele para encenderla y dejar que el sonido de cualquier canal de televisión inundara la casa. Parecía una tontería, pero de esa forma se sentía menos sola.

Justo cuando iba a dirigirse a su habitación para deshacerse de su ropa y darse un baño escuchó cómo el canal de televisión local anunciaba la gira del nuevo libro de Richard Castle. Se frenó en seco y se giró para mirar la tele y atender a la noticia. Se mencionaron diferentes ciudades pero la que más llamó su atención fue la suya propia, donde el escritor estaría firmando al día siguiente. Sonrió y su mente empezó a planear la forma de volver a juntarse con él. La manera de que su particular destino volviera a juntar sus caminos. De hacerle ver que le quería y que iba a apostarlo todo por él.

Con aquella idea en la cabeza se fue al baño y disfrutó de la espuma y el agua caliente durante un buen rato antes de cenar algo ligero y acostarse con una enorme sonrisa.

Por su parte, Castle también se acostaba con una sonrisa tras haber disfrutado de una agradable cena con su hija y su madre. Ellas todavía no sabían nada de lo que se traía el escritor con la inspectora, pero estaba seguro de que en cuanto se enteraran se alegrarían casi más que él. Lo habían visto sufrir y hasta casi derrumbarse por culpa de ella, pero aquello ya había pasado. Y ahora estaba deseando estar con ella y que tanto su madre y su hija disfrutaran también de la compañía de Kate Beckett.

A la mañana siguiente la inspectora Beckett se levantó más temprano de lo normal. Estaba nerviosa por lo que iba a hacer esa tarde. Tendría que pedirles a Espósito y Ryan que la cubrieran el último rato, pero estaba segura de que iba a merecer la pena. Se puso su elástica y cómoda ropa de deporte y salió a trotar durante casi una hora por las calles de Nueva York. Inevitablemente acabó en su parque y no pudo ni quiso evitar sonreír al volver a acordarse a él. Renovada tras el ejercicio volvió a casa, se dio una ducha rápida, se secó el pelo y se lo onduló ligeramente como sabía que a él le gustaba. Se maquilló un poco y se vistió con unos ceñidos vaqueros y una camisa blanca con algo de escote. Esperaba no tener que salir mucho ese día de comisaría para no estropear ni su vestimenta, ni su maquillaje ni su pelo. Desayunó un poco de fruta y un café y puso rumbo a comisaría dispuesta a cerrar el caso en el que estaban y escaparse un par de horas antes para dar una sorpresa al escritor.

Castle se levantó bastante más tarde que ella. Después de dormir un par de horas se había despertado por algún ruido en la calle y ya no pudo volver a dormirse. Las ideas empezaron a fluir con rapidez y sin cesar dentro de su cabeza y tuvo que levantarse para plasmarlas en un documento en su ordenador. En definitiva, se había pasado casi toda la noche escribiendo sin parar. Resultado de ello eran los 3 nuevos capítulos que tenía para su próximo libro. Adoraba esos ratos en los que la inspiración no le abandonaba en mitad de la noche y podía seguir tecleando sin parar hasta que escuchaba a su hija moverse en el piso de arriba. Entonces dejaba todo lo que estaba haciendo y salía a la cocina para prepararle un buen desayuno. En cuanto su pelirroja favorita abandonó el loft, comprobó que el documento estuviera bien guardado para no perder el trabajo de toda una noche y se acostó en la cama con la sensación de que algo bonito y agradable le pasaría ese día.

A mediodía la inspectora y los detectives tenían prácticamente cerrado aquel caso y tan sólo habían tenido que salir una vez aquella mañana para encontrar a su principal sospechoso. Beckett utilizó la hora que tenía para comer para acercarse a su librería y comprar el nuevo libro de Castle. Había salido a la venta hacía tan sólo un par de días y no había tenido ni tiempo de pasarse a por él. Volvió a comisaría con el libro en su bolso y una enrome sonrisa que hizo que sus compañeros sospecharan que algo le estaba ocurriendo. Pero ninguno se atrevió a preguntar.

Fue a la sala de descanso y sacó de la máquina un sándwich. Aquella sería su comida ese día. Se sentó en la mesa alta a degustarlo mientras escribía algo en un papel que luego introdujo en un sobre de color crudo. Se preparó un café y con el sobre y la taza en sus manos volvió a su mesa dispuesta a continuar y terminar su trabajo. Guardó el sobre en el bolso y llamó a sus compañeros.

“Espo, Ryan, ¿alguna novedad de las cámaras de vigilancia?”. Preguntó mientras se terminaba el café.

“Sí”. Respondió el rubio mientras los dos se acercaban a su mesa con unas fotos en las manos. “Acabamos de imprimirlas”. Se las ofreció a Beckett.

Ésta las cogió y les echó un vistazo rápido. Levantó la mirada devolviendo las fotos a sus compañeros. “La prueba definitiva para encerrar a nuestro sospechoso, que ahora ha pasado a denominarse asesino”. Dijo el moreno.

“¿Os encargáis de hacerle confesar?”. Preguntó ella cediéndoles por una vez aquel trabajo a ellos.

“Eso está hecho jefa”. Dijeron casi a la vez los dos detectives encantados de que les dejara hacer ese trabajo.

“Voy preparando el papeleo. Confío en esa confesión”. Alzó una ceja para hacerles ver que era primordial que la consiguieran.

“La tendrás”. Dijo Espo yendo hacia su mesa para preparar el interrogatorio y conseguir lo que su jefa les acababa de pedir.

Ryan, sin embargo, se quedó junto a la mesa de Beckett, mirándola.  “¿Y Castle?”. Preguntó finalmente.

Esa pregunta le pilló algo desprevenida, pero consiguió disimularlo manteniendo la vista fija en los papeles que buscaba para empezar a rellenar. “Está preparando las firmas de libros”. Respondió sin darle más detalles. Cuando sintió que el rubio se alejaba conforme con la respuesta, respiró aliviada. No quería tener que contarles lo que había pasado entre ellos. No porque se avergonzara o porque no estuviera preparada para contar sus sentimientos, sino porque, simplemente, quería disfrutar de esa nueva intimidad entre el escritor y ella, en privado por un tiempo.

CAPÍTULO 8

A las 7 de la tarde la librería del centro de la ciudad estaba a rebosar de gente. Era la hora del comienzo de la firma. Castle había llegado hacía tan solo media hora, preparado para pasarse horas firmando y sonriendo a sus fans. Aunque terminaba agotado, era una parte de su trabajo que le encantaba. Preguntarles si les había gustado el libro, ver sus sonrisas por conocerle y ganarse una firma suya. Se sentó y empezó a firmar sin tener ni idea de la sorpresa que iba a llevarse a media tarde.

Beckett había llegado a la cola hacía un buen rato. Llevaba casi una hora esperando y por fin podía divisar al escritor a lo lejos sentado en su silla sonriendo y firmando a sus fans sin parar. Adoraba observarlo a lo lejos, en secreto y disfrutar de todos y cada uno de sus gestos y sus miradas. Sus ojos le habían llamado siempre la atención. Le encantaba el color que tenían y cuando la miraban a ella se derretía. Ahora podía admitirlo. No sin temor, pero sí con unas ganas tremendas de luchar contra ese miedo y ganar la batalla.

La fila fue avanzando. Tan sólo tenía un par de personas por delante y sus nervios se acrecentaron incontrolablemente. Apretó el libro entre sus brazos intentando calmarse. Una persona. Sólo tenía a una chica delante de ella y él ya le estaba firmando el libro. Se fijó en su mirada. Se le notaba cansado ya después de horas firmando y firmando y sonriendo y sonriendo a la gente. Pero seguía al pie del cañón y sabía perfectamente que él no se iría de allí hasta que no quedara nadie por recibir su autógrafo.

Llegó su turno y respiró hondo dando un paso al frente hasta colocarse delante de él. Castle tenía la mirada fija en su móvil, que reposaba sobre la mesa. Desde el día que se despidió de ella llevaba mirando sin parar aquel cacharro, esperando alguna señal, algún mensaje, alguna llamada por su parte. Sabía que no tenía que preocuparse, que se volverían a encontrar, a ver y que poco a poco empezarían a forjar su futuro juntos. Pero le era imposible parar de pensar en ella y de desear tenerla entre sus brazos para el resto de sus vidas.

“¿Para quién lo firmo?”. Preguntó echándole un nuevo vistazo a la pantalla del móvil.

“Para Kate”. Respondió ella con voz suave sin quitarle el ojo de encima. “Puedes firmarlo para Kate”. Repitió dejando su libro sobre la mesa. Dentro había guardado un sobre con el nombre de su escritor favorito.

En cuanto escuchó y reconoció su voz, alzó la cabeza como un resorte. Sus ojos se encontraron y volvieron a sentir esa electricidad, esa conexión, ese amor. Se sonrieron con complicidad.

Una tos forzada desde detrás de Kate les hizo darse cuenta de que no estaban solos. Kate rió nerviosa y él se hizo cargo rápidamente de la situación. “Para Kate, entonces”. Abrió el libro encontrándose con un sobre con su nombre. Miró sorprendido a la inspectora y ella, simplemente, le sonrió. Rick se guardó el sobre en el bolsillo de su chaqueta para abrirlo después y cogió el bolígrafo para firmar el libro. “Aquí tienes, Kate”. Le entregó el libro dejando su mano ligeramente sobre el objeto y ella al cogerlo rozó sus dedos con disimulo.

“Gracias”. Se despidió ella mordiéndose el labio. Se dio la vuelta dejando paso a la siguiente y caminó con lentitud hacia la salida.

Antes de terminar de salir de la librería abrió el libro para leer la firma:
“Cuando sonríes se forman unas comillas en cada extremo de tu boca. Esa, tu boca, es mi cita favorita”.
Richard Castle.
Un “espero tu llamada” acompañado de su número de teléfono finalizaban la página.

Al terminar de leerla un recuerdo asaltó su mente, sus ojos se humedecieron ligeramente y giró la cabeza hasta mirar a Castle con una enorme sonrisa. Richard, aunque siguió firmando no le quitaba el ojo de encima y cuando sintió que le miraba, le guiñó el ojo y le sonrió hasta que la vio desaparecer.

A pesar del frío hacía una buena noche y no le apetecía meterse en casa y rodearse, nuevamente, del silencio de su hogar. Caminó hasta el parque de enfrente, su parque y se sentó en el columpio con el libro entre sus piernas. Acarició con las yemas de los dedos la caligrafía del escritor y se mordió el labio mientras se trasladaba a un hecho que ocurrió hacía casi 10 años, poco después de la muerte de su madre.

FLASHBACK

Había encontrado en las estanterías de casa varios libros que sabía que su madre leía sin parar. Se los había llevado a su habitación. De aquella manera, aunque pareciera una tontería, sentía a su madre más cerca de ella. Su muerte la había destrozado, había roto su corazón en dos. Sentía que no tenía nada por lo que luchar. Su padre se dedicaba día sí y día también a la bebida. Era su forma de luchar contra el dolor. Sin embargo, su hija había decidido hacer frente a la muerte de su madre de otra forma. Había abandonado los estudios de derecho y se pasaba horas encerrada en su cuarto leyendo aquellos libros que su madre devoraba todas las noches.

Algunos de esos libros no habían llegado a ser muy conocidos, y sus escritores tampoco. Pero había 2 libros en concreto, cuyo escritor empezaba a ser archiconocido. Esos dos libros eran los que más habían gustado a Katie, como su padre la llamaba.

Esa tarde tenía pensado acercarse a una librería pequeñita de Nueva York donde Richard Castle iniciaría su primera firma de libros. Comió algo ligero y ni tan siquiera perdió tiempo en asomarse al despacho de su padre y despedirse de él. No quería ver lo que estaba haciendo. No quería volver a encontrárselo con un nuevo vaso de whiskey entre sus manos. No quería y no podía. Simplemente era superior a ella.

Salió de casa vestida con unos vaqueros, una camisa negra y una chaqueta de cuero del mismo color. Iba calzada con sus tacones preferidos. Fue dando un paseo hasta allí. La cola no era muy larga, lo que agradeció enormemente. Estaba nerviosa y sabía que cuanto más tiempo estuviera de pie esperando a que le firmara, más nerviosa se pondría.

Cuando llegó su turno, apenas le salían las palabras. Además de estar conociendo a un escritor famoso, era el escritor preferido de su madre, y eso la emocionaba hasta el punto de dejarla casi sin palabras. La voz de él la sacó de sus pensamientos y sus recuerdos.

“¿Para quién lo firmo?”. Le preguntó con una sonrisa algo tímida. Todavía no estaba acostumbrado a tratar con gente que admirara su trabajo.

“Perdona…” Se sonrojó al darse cuenta de que probablemente no sería la primera vez que se lo preguntaba. Le tendió uno de los dos libros que llevaba con ella. “Es para mi madre…” Pronunció con la voz algo rota pese a su intento por controlarla. “Johanna”. Sonrió con tristeza.

“Bien. Para Johanna, entonces”. Castle lo autografió con una simple dedicatoria y se lo entregó a aquella joven, mirándola. Parecía que quería decirle algo más, pero no se atrevía. Entonces se fijó en que la chica llevaba otro de sus  libros entre sus brazos y sonrió. “¿Quieres que te firme ese también?”. Preguntó alargando el brazo para que ella le diera el libro.

“Por favor”. Pidió ella avergonzada ofreciéndole ese nuevo libro.

“Esta vez, ¿para ti?”. Ofreció tomando el libro y abriéndolo para firmarlo.

“Sí…” Dijo ella mordiéndose el labio.

“¿Y te llamas?”. Preguntó con una sonrisa divertida al notar la turbación de la joven.

“Kate”. Respondió ella con una pequeña sonrisa.

“Bien. Para Kate”. Dijo mientras le firmaba el libro. Cuando terminó, se lo entregó sin poder dejar de mirarla. Algo de ella había llamado su atención.

“Gracias”. Tomó el libro juntándolo con el otro y apretándolos contra su pecho salió de la librería caminando con rapidez.

Se sentó en un banco no muy lejano y abrió los dos libros para leer las dedicatorias.

“Para Johanna, con cariño. Richard Castle”.
“Para Kate: que la preciosa sonrisa de tus labios llegue pronto a tus ojos. Richard Castle”.


FIN DEL FLASHBACK

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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Mar Jun 13, 2017 3:52 am

CAPÍTULO 9

“Si hay algo que, definitivamente, me guste leer, además de tus libros, son tus ojos”. KB; musa de un solo escritor.

Castle llevaba media hora sentado en el sofá de su casa releyendo aquella frase, con una sonrisa de oreja a oreja. Había llegado hacía poco de la firma de libros. Estaba cansado y su cuerpo le pedía a gritos meterse en la cama. Pero la curiosidad por saber qué contenía el sobre que Beckett le había dado en la librería ganó la batalla.

Dentro del sobre con su nombre se había encontrado un papel doblado con aquella frase. Su corazón latía acelerado desde entonces. Si bien ella se había planeado conquistarlo poco a poco, la realidad era que lo estaba consiguiendo a pasos agigantados. Presentarse en la firma de libros, dedicarle esa sonrisa tan suya y ofrecerle el libro con el sobre dentro habían ablandado su corazón.

Quería escuchar su voz. Agradecerle todo lo que estaba haciendo por él. Si bien en el pasado se había equivocado y le había hecho mucho daño, en tan sólo unos días estaba consiguiendo enmendar todos y cada uno de sus errores. Deseaba que le llamara o por lo menos le mandara algún mensaje. Necesitaba saber de ella. Era una necesidad que crecía cada día con más fuerza en su interior.

Respiró hondo y sonrió al recordar su mirada en la librería. Se puso en pie para ir a ponerse el pijama y acostarse justo cuando escuchó cómo su hija bajaba las escaleras, ataviada con su pijama.

“Papá”. Saludó la joven pelirroja. “Te escuché llegar y pensaba que ya estarías acostado. ¿No estás cansado?”. Preguntó acercándose hasta él y dándole un beso en la mejilla.

“Estoy exhausto”. Sonrió respondiendo al beso de su hija. “Tanto que creo que me va a costar conciliar el sueño esta noche”.

Alexis caminó hasta la cocina, abrió la nevera y se sirvió un vaso de leche. “¿Estás seguro de que es la firma de libros lo que te tiene así y no una inspectora con nombre y apellido?”. Preguntó con una pequeña sonrisa.

Rick frunció el ceño y se acercó a la cocina situándose al otro lado de la isleta de la cocina. “¿Qué quieres decir?”. Le devolvió la pregunta.

“Papá, soy joven pero no tonta”. Bebió del vaso y lo dejó sobre la isleta mirando fijamente a su padre. “Sé que algo ha pasado entre vosotros. Sólo ella es capaz de hacerte pasar de la más alta alegría a la más profunda tristeza; y viceversa”. Rick cogió aire y asintió despacio. Su hija tenía razón. “Aunque esta vez no sé si te ha dejado más feliz o triste”. Bromeó dándole un pequeño manotazo en el brazo a su padre.

“Es… complicado”. Consiguió decir. No quería cagarla. No quería contarle todavía nada. No hasta estar seguro de en qué punto estaba su relación con Kate.

“No, papá. No es complicado. Vosotros lo hacéis complicado”. Respondió la pelirroja guardando la leche en la nevera y fregando el vaso que había usado. “No puedo entender cómo todavía no le has dicho lo que sientes por ella. Igual que no consigo entender su actitud”. Castle fue a hablar pero Alexis levantó la mano pidiéndole que la dejara terminar. “No lo entiendo pero es cosa vuestra. Sólo quiero darte un consejo, papá. El mismo que me has dado tú durante toda mi vida: Vive, disfruta de la vida y haz aquellas cosas que te hagan feliz. El miedo no te lleva a ninguna parte. Lucha por lo que quieres”. Se acercó a él rodeando la isleta de la cocina y besó su mejilla nuevamente dedicándole un fugaz abrazo.

Rick apretó a su hija entre sus brazos y no permitió que se separara de su abrazo. “Ya lo sabe”. Susurró apoyando la barbilla en su cabeza.

“Lo sabe pero no lo recuerda”. Comentó ella dejándose abrazar.

“Lo recuerda”. La separó de su cuerpo suavemente para mirarla a los ojos. “Y además, se lo he vuelto a repetir”. Confesó con una pequeña sonrisa.

“¡Pero papá, eso es genial!”. Alzó la voz dando un pequeño salto. “O… ¿no?”. Preguntó al darse cuenta de que su padre no parecía del todo feliz con aquello.

“Lo es, Alexis. Pero los dos hemos sufrido mucho. Nos hemos hecho daño mutuamente”.

“Eso no es excusa para no intentarlo, papá”. Frunció el ceño sin entender lo que su padre quería decirle. “Y no me creo que ella no sienta nada por ti. He visto cómo te mira”.

Rick sonrió y agarró la mano de su hija con cariño. “Sí que lo hace. Hemos hablado. Por una vez en nuestras vidas hemos dejado de lado los miedos y hemos hablado”. Sonrió cuando vio cómo su hija le miraba sonriente. “Hemos decidido ir poco a poco. Empezar con tranquilidad y ver adónde nos lleva todo esto”. Informó con una pequeña sonrisa y un brillo de esperanza en sus ojos.

“Estáis hechos el uno para el otro. Todo irá bien”. Le animó su hija volviendo a abrazar a su padre. “Me voy a dormir. Y tú deberías hacer lo mismo”.

“Sí, me voy ahora mismo”. Besó su pelo. “Buenas noches, Alexis”.

“Buenas noches, papá”. Respondió ella caminando hasta las escaleras bajo la atenta mirada de su padre. “Ah, y… me alegro mucho por vosotros”. Dijo desde el principio de las escaleras dejando a su padre con una sonrisa tonta en los labios.

Castle imitó a su hija y se tomó un vaso de leche antes de cambiarse de ropa y meterse en la cama. Eso siempre le ayudaba a conciliar el sueño, desde pequeño. Apagó la luz y cogió el móvil con la esperanza de haber recibido alguna noticia de ella en el último rato. Se mordió el labio pensando en llamarla él. Pero desistió. Él había dado el paso de pasarle su número de móvil, como si fuera la primera vez que se veían. Ahora le tocaba a ella actuar.

Bloqueó el móvil, lo puso a cargar y se acurrucó bajo las sábanas. Justo cuando empezaba a quedarse dormido escuchó cómo algo vibraba sobre su mesita de noche. Frunció el ceño y se movió con pereza hasta girarse y mirar la mesa. Entonces se dio cuenta de que lo que vibraba era su propio móvil ante una nueva llamada entrante.

Se sentó con rapidez en la cama y cogió el móvil soltándolo del cable de cargar. Su corazón dio un vuelco al ver lo nombre de la inspectora reflejado en la pantalla. Tomó aire y descolgó. “Ey…”. Saludó tras aclararse la voz para no sonar dormido.

“Ey…”. Respondió ella con voz dulce. “¿Te he despertado?”. Preguntó con preocupación.

“No, no te preocupes”. Respondió con rapidez. “Pensaba que ya no me llamaría, señorita Kate”. Comentó con un toque divertido reanudando el “juego” que habían decidido que llevarían a cabo para empezar como era debido con su relación.

“Lo siento”. Se excusó con una pequeña sonrisa al comprender por dónde iba a seguir él. “Vino mi padre a cenar a casa y se nos hizo tarde. Dudé si llamarle o no, señor Castle. A lo mejor era demasiado tarde. Pero entonces recordé que usted es escritor y que algunos escritores tienen la costumbre de escribir por las noches”.

“Pues no estaba escribiendo, pero me alegro de haber recibido su llamada”. Contestó él también con una sonrisa. “¿Qué te parece, Kate, si empezamos a tutearnos?”. Preguntó sin dejar de sonreír.

“Me parece bien”. Concedió con una sonrisa mientras se terminaba de poner el pantalón de pijama y se metía ella también en la cama. “¿Recibiste mi mensaje?”. Preguntó con esa voz sexy que a él tanto le gustaba.

“Uhum”. Confirmó mordiéndose el labio.

“¿Y bien?”. Preguntó ansiosa por saber su respuesta. “¿Qué te parece?”.

“Me parece que tengo una fanática de mis libros al otro lado de la línea”. Contestó risueño. El cansancio se le había pasado de golpe.

“Puede”. Concedió ella mordiéndose el labio.

“Y… tu sonrisa y tus palabras me animaron la tarde”. Confesó feliz.

“Me alegro”. Aseguró contenta. “Tu dedicatoria…”. Susurró “… es preciosa”. Afirmó cogiendo el libro que él le había firmado esa tarde y releyéndola para sí misma con una enorme sonrisa.

“Es la verdad”. Contestó él sonriendo.

“¿Cuándo acaba la gira de firmas?”. Preguntó ella con curiosidad.

“En una semana”. Respondió. “Tengo toda la semana llena de firmas. Pero sólo en las del miércoles y jueves tendré que dormir fuera de casa”. Informó.

“Bien”. Respondió ella.

“¿Planeando algo?”. Preguntó con picardía.  

“No realmente. En verdad estaba esperando a que me propusieran algún plan para esta semana”. Respondió ella con la misma picardía que él. “Tengo poco trabajo últimamente”.

“¿En qué trabajas?”. Preguntó él.

“Soy inspectora de homicidios”. Respondió con orgullo.

“¿Inspectora de homicidios?”. Preguntó haciéndose el sorprendido. “¡Wow! Eso es sexy…”. Susurró al teléfono de forma que ella lo escuchara exactamente igual que si le estuviera susurrando en el oído.

Se estremeció al escuchar su voz y se mordió el labio. “También es duro”. Confesó con una pequeña sonrisa.

“Yo podría ayudar a que fuera menos duro”. Dijo dejando un pequeño silencio entre ellos. Después volvió a hablar. “¿Qué te parece ir a cenar con este humilde escritor una noche de estas?”. Preguntó esperanzado.

“¿Humilde?”. Soltó una carcajada con ganas. “Eso no te lo crees ni tú”. Sonrió. “Pero… me gustaría ir a cenar, sí”. Concedió. “¿No terminarás muy cansado?”.

“No si tengo la motivación de una cena contigo”. Contestó.

“Zalamero…”. Murmuró ella con una imborrable sonrisa en sus labios.

“Sí, pero te gusto”. Aseguró.

“No te lo tengas tan creído que todavía me echo para atrás en eso de ir a cenar contigo, eh”. Le provocó.

“No, no. De eso nada, inspectora”. Le siguió el juego. “¿Mañana?”. Preguntó.

“Mañana, escritor”. Concedió ella.

“Paso a buscarte a las 8”.

“Te paso mi dirección por mensaje”. Continuó con su particular juego.

“Hecho”. Respondió él.

“Bien”. Sonrieron los dos como dos adolescentes ante su primera cita.

“Creo que va siendo hora de ir a dormir…”. Comentó él al mirar la hora en el reloj.

“Sí”. Bostezó ella sin poder evitarlo.

“Buenas noches, Kate”. Se despidió él primero, aunque realmente deseaba seguir hablando eternamente con ella.

“Buenas noches, Rick”. Le imitó ella mordiéndose el labio.

“Hasta mañana”. Dijeron los dos a la vez provocándoles una sonrisa todavía mayor.

Los dos colgaron la llamada a la vez con una agradable sensación de calor  instalándose en su pecho. Ese día habían conseguido evaporar gran parte de sus miedos, recuperar poco a poco la confianza en la otra persona y confirmar que el amor que sentían por el otro era inigualable.

CAPÍTULO 10

El día pasó entre papeles para Kate Beckett. Parecía que desde que Castle no trabajaba con ellos los asesinos habían decidido darles una tregua. Esa semana estaban teniendo pocos casos. Y los que llegaban solían ser típicos y poco retorcidos. Eso les permitía a los detectives hacer el papeleo que tenían acumulado de semanas anteriores. Aquella parte era la que menos les gustaba, pero estaban obligados a hacerlo. Así que entre café y café y entre broma y broma, Ryan, Espósito y Beckett se centraron en terminar lo antes posible.

Sobre las 5 de la tarde los tres habían terminado y se preparaban para salir de comisaría.

“Beckett”. Llamó su atención Espósito. “Vamos a tomar algo después de un día tan aburrido. ¿Te apuntas?”. Preguntó mientras se colocaba la chaqueta.

Miró el reloj de su muñeca y comprobó que apenas tenía 3 horas antes de su cita con Castle. Quería descansar un rato y después, con tiempo, prepararse para ir a cenar. Si salía con sus compañeros y amigos, no le daría tiempo. Se mordió el labio colocándose ella también su abrigo y miró a los dos detectives que esperaban una respuesta. “Lo siento chicos. He quedado”. Respondió únicamente mientras se colgaba el bolso y caminaba hasta el ascensor, dejado a sus amigos sorprendidos y con la intriga instalada.

Los dos se apresuraron a seguirla e introducirse con ella en el ascensor. “¿Has quedado?”. Fue Ryan quién preguntó esta vez, sin poder evitar mostrar su sorpresa.

“Sí”. Respondió Kate intentando ocultar una sonrisa ante la sorpresa de ellos.

“¿Lo conocemos?”. El moreno fue el que pronunció la pregunta que ambos tenían en mente.

Beckett únicamente se encogió de hombros aguantando la risa y aprovechó que las puertas del ascensor se abrían en ese momento para escabullirse y alejarse de ellos hasta su coche.

Ryan y Espósito se quedaron plantados en el ascensor cada día más convencidos de que Beckett salía con alguien. Y ellos, como buenos detectives, pensaban averiguar quién era.

Beckett llegó a su casa, se desnudó y fue directa a darse un relajante baño, con algo de música, una copa de vino y el nuevo libro de Castle. Lo abrió por la página de la dedicatoria y acarició la caligrafía del escritor. Con una tonta sonrisa en los labios siguió pasando las hojas hasta llegar al primer capítulo en el que empezaba aquella historia. Se sumergió en la lectura dando cortos sorbos a su vino de vez en cuando y disfrutando de la suave música de ambiente que había puesto hasta que el agua comenzó a enfriarse y después de enjabonarse y aclararse salió de la bañera envuelta en su albornoz.

A las 6 y media de la tarde, mientras Kate rebuscaba en su armario, escuchó su teléfono sonar encima de la cama. Se apresuró a acercarse a él y negó con la cabeza sonriendo al leer el nombre de su amiga en la pantalla. Cogió el móvil y puso el manos libres respondiendo a la llamada. “Hola Lanie”.

“Hola Kate”. Le devolvió el saludo. “¿Qué haces?”. Preguntó tras unos segundos de silencio en los que la inspectora se acercó nuevamente al armario sacando ropa sin parar.

“Buscar una cosa”. Contestó sin querer darle más detalles. Sabía perfectamente el por qué de aquella llamada  y no pensaba dejarse vencer.

“¿Eso que se oye es música?”.

“Sí”.

“No conozco esa canción”. Dijo tras un rato en silencio intentando descubrir de qué canción se trataba.

“Es nueva”. Respondió ella más concentrada en probarse un vestido que en la conversación con la forense. Mientras tanto, de fondo en su habitación sonaba la canción que Richard le había pasado en un CD. Aquella melodía que le hizo reaccionar y correr a sus brazos. Aquellos acordes y aquella letra que habían marcado el inicio de un nuevo futuro.

“¿Te vienes a tomar algo? Acabo de terminar de trabajar y necesito relacionarme con gente. Pero con gente viva”. Intentó bromear.

“Lo siento, Lanie. He quedado” Respondió ella con una sonrisa triunfante en los labios.

“¡¿Que has quedado?!”. Prácticamente gritó su amiga con incredulidad. “¿Tú? ¿Dónde está mi Kate? ¿Qué has hecho con ella?”. Bromeó un poco.

“Sigo siendo la misma, Lanie”. Respondió ella con calma mientras se alisaba con las manos los pliegues del vestido que se había probado. Se puso de costado, de frente y de espaldas al espejo y sonrió satisfecha con lo que veía. Iría con aquel vestido.

“Pues no lo parece, chica”. Se quedó unos segundos en silencio. “¿Con quién has quedado?”. Preguntó finalmente.

Una pequeña carcajada se escapó de los labios de Beckett. Su amiga había tardado un poco más de lo que ella pensaba en hacer aquella pregunta. “Lanie”. Se mordió el labio mirando el reloj que descansaba sobre su mesita de noche. “Me pasan a buscar en una hora y tú me estás entreteniendo. Mañana te veo”. Colgó sin más, dejando a su amiga con las ganas de sonsacarle algo de información.

Lanie volvió a llamar un par de veces más pero la inspectora había silenciado el teléfono para dedicar toda su atención a arreglarse.

Castle no paraba de dar vueltas alrededor del sofá donde Alexis intentaba concentrarse en la lectura de un nuevo libro. Pero le era imposible. Su padre llevaba más de media hora ya preparado y sin parar quieto danzando por todo el salón, nervioso. Le miró por enésima vez y tras un largo suspiró cerró el libro. Lo dejó sobre la mesa y se puso en pie. “Papá”. Intentó llamar su atención, pero él estaba más concentrado en el reloj y en sus pasos que en la voz de su hija. La pelirroja avanzó hasta colocarse frente a él y lo detuvo sujetándolo por los hombros. “Papá, para por favor”. Elevó un poco el tono de voz consiguiendo que el escritor le prestara total atención. “Vas a acabar haciendo un agujero en el suelo de tanto dar vueltas”.

“Lo siento, lo siento”. Se pasó la mano por el pelo un par de vez, peinándoselo aún más. “Es que no puedo parar quieto. Necesito que todo salga bien, Alexis”.

“Es una cena. Una cita. Con Beckett. ¿Qué puede salir mal?”. Preguntó invitándolo a sentarse en el sofá. Él se dejó llevar por su hija.

“Cualquier cosa”. Respondió pensando en todas las veces que había intentado dar un paso más hacia ella y algo o alguien los había interrumpido, devolviéndolos al punto de partida. “No… no sé cómo actuar con ella”.

“No es como antes”. Dijo la joven. Su padre la miró interrogante. “Quiero decir que antes no habíais hablado, no os habíais sincerado. Ahora sí. Ahora sabéis perfectamente hacia dónde queréis caminar los dos. Y junto a quién”. Agarró la mano de su padre dándole un ligero apretón. “Sé tú mismo. Así es como la enamoraste, ¿no?”. Sonrió besando su mejilla y levantándose del sofá. “Voy a mi cuarto a leer. No te esperaré despierta, tranquilo”. Apretó el hombro de su padre cariñosamente y se encaminó a las escaleras para subir al piso superior.

“Alexis”. La llamó él frenando sus pasos. Se giró para mirarle. “Gracias”. Pronunció el escritor desde el sofá con una pequeña sonrisa.

“De gracias nada. Me debes una tarde de compras”. Le guiñó el ojo y subió a su habitación.

Media hora después, justo a las 19:59, un nerviosísimo Richard Castle con una mano escondida detrás de la espalda tocaba el timbre del apartamento de una nerviosísima Kate Beckett. La inspectora corrió a abrir la puerta justo después de abrocharse sus zapatos de tacón.

“Ey”. Se saludaron casi al unísono en cuanto ella abrió la puerta.

Rick se quedó mirándola, prácticamente embobado, admirándola. Iba vestida con un sencillo vestido negro, por encima de la rodilla, entallado en la cintura y con un escote palabra de honor. El pelo lo llevaba suelto, como a él más le gustaba y ligeramente ondulado. Se había maquillado de forma natural y calzaba unos zapatos de tacón negros, ni muy altos ni muy bajos. Llevaba un pequeño bolso agarrado y del brazo le colgaba un abrigo rojo junto con una bufanda.

“Estás… preciosa…”. Sonrió sin poder dejar de mirarla.

“Gracias”. Respondió ella mordiéndose el labio y bajando la mirada algo sonrojada. “Tú tampoco estás nada mal”. Analizó el traje que se había puesto, con una corbata del mismo color que sus ojos.

“Toma…”. Sacó el brazo de detrás de la espalda. En su mano llevaba una preciosa rosa blanca.

Kate levantó la cabeza y sonrió mirando la flor. La cogió con suavidad y la olió disfrutando del aroma que desprendía. “Es preciosa. Gracias”. Se acercó a él y besó su mejilla dulcemente. “La dejo dentro y nos vamos”. Entró en el apartamento para dejar la flor. Se puso el abrigo que llevaba colgando del brazo y salió junto a él para cerrar la puerta de su casa.

Castle le ofreció su brazo para caminar junto a él. Ella se agarró encantada. “¿Adónde vamos?”. Preguntó con curiosidad.

“Ya lo verás”. Se hizo el interesante mientras bajaban en el ascensor.

Caminaron agarrados del brazo. Beckett no tenía ni idea de hacia dónde iban pero no le importaba. Confiaba en él y estaba segura de que aquella noche sería inolvidable.
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Miér Jun 14, 2017 10:54 am

CAPÍTULO 11

Castle la guió a través de diferentes calles de la ciudad hasta que se paró frente a una estrecha puerta metálica. “Es aquí”. Informó soltando suavemente su brazo para llamar al timbre. Inmediatamente la puerta emitió un corto sonido indicando que estaba abierta.

“¿Aquí?”. Preguntó ella sorprendida. Pensaba que la llevaría a uno de esos lujosos restaurantes de los que siempre estaba hablando.

“Aquí”. Confirmó él con una pequeña sonrisa empujando la puerta hacia adentro y entrado un poco. Le ofreció la mano para que entrara con él.

Beckett se agarró su mano entrando junto a él. “Espero no arrepentirme de no haber traído mi arma”. Bromeó al ver el pasillo poco iluminado por el que se estaban adentrando.

“Confía en mí”. Pidió él apretando su mano con suavidad mientras seguían caminando.

Tras un minuto más apareció ante ellos otra puerta metálica frente a la que Castle se paró. “¿Preparada?”.

“Sí”. Contestó ella intentando adivinar hacia donde la llevaba a cenar.

“Pues vamos”. Volvió a tocar un timbre y cuando escucharon que la puerta ya estaba abierta, el escritor la empujó del todo dejando pasar primero a Kate.

Los ojos de la inspectora no tardaron en acostumbrarse a la poca luz del lugar. Pero, a pesar de estar poco iluminado, no perdía ni un ápice de su encanto. De hecho, la oscuridad le daba un toque romántico.

Se trataba de una especie de terraza, no completamente al aire libre pero tampoco totalmente descubierta, repleta de vegetación. Contaba, incluso, con una fuente que ponía melodía al lugar con el ruido del agua cayendo. El sitio estaba tenuemente iluminado por 4 farolas no muy altas que imitaban a las velas. En el centro había una mesa perfectamente preparada, con mantel y servilletas rojas. El camino hasta ella estaba iluminado por velas pequeñas y aromáticas.

Castle terminó de entrar junto a ella cerrando la puerta tras de sí. Se colocó a su lado observando el lugar con una enorme sonrisa. Lo habían preparado exactamente como él lo había pedido. “¿Nos sentamos?”. Propuso dando un paso hacia la mesa y ofreciéndole su brazo para caminar hasta allí.

Beckett aún sin poder decir nada se agarró al brazo del escritor y juntos caminaron hasta la mesa. Castle retiró la silla para que ella pudiera sentarse y a continuación, tomó asiento él.

Un hombre joven vestido de camarero salió por otra puerta metálica y se acercó a ellos con una botella de vino dentro de una cubitera. Descorchó la botella y sirvió la bebida en ambas copas. “La cena estará lista en 20 minutos”. Informó

“Gracias, Roger”. Agradeció el escritor. “Os debo una”. Los dos hombres se sonrieron y el camarero se volvió a ir dejando a la pareja sola.

Beckett no dejaba de mirar a su alrededor, admirando cada planta y cada árbol. Pero sobre todo, centrada en la fuente que tenían frente a ellos. “Es… precioso”. Habló al fin haciendo sonreír al escritor. Él no podía de dejar de mirarla, de disfrutar con las caras de sorpresa que ponía. Le había gustado el sitio y él no podía estar más feliz por ello. “¿Desde cuándo conoces esto?”. Preguntó todavía absorta en mirar cómo caía el agua.

“Desde que tenía 10 años”. Informó consiguiendo que ella le mirara centrando toda su atención en esa historia. Richard sonrió al ver su atenta mirada. “Mi madre pasaba horas encerrada en el teatro, ensayando o representando cualquier obra que podía. Necesitábamos el dinero. Y yo, pasaba la mayor parte del día en el colegio o en el teatro con ella. Al principio lo llevaba bien. Me entretenía haciendo deberes, escuchando a mi madre y a sus compañeros o leyendo cualquier libro que me pusieran delante. Pero cuando empecé a ser más mayor, había veces que me aburría como una ostra”. Rió recordando algunas de las trastadas que había llegado a hacer. “Unas veces me dio por sabotear la obra, cambiarles el guión, otras simplemente me tumbaba entre la ropa que ellos usaban para actuar y me quedaba dormido”.

Beckett sonrió imaginándose a un pequeño Castle haciendo todo aquello.

El escritor le devolvió la sonrisa y siguió hablando. “Pero una tarde, oí el ruido metálico de una puerta. Un ruido que creía no haber escuchado nunca. Mi instinto de explorador se puso alerta y no pude evitar empezar a dar vueltas por todo el teatro, fisgonear en cada puerta hasta dar con el lugar del que procedía aquel ruido”.

La inspectora apoyó los codos sobre la mesa y dejó reposar su barbilla sobre sus manos entrelazadas, atenta, absorta con aquella historia y, sobre todo, con la mirada y la sonrisa de Castle.

“El teatro en el que estábamos entonces era uno que había justo aquí al lado, que cerró hace 20 años. No sé cómo, llegué hasta aquí y conseguí colarme detrás de una de estas puertas. Llegué justo aquí mismo, donde estamos ahora”.

Kate sonrió mordiéndose el labio y cogió la mano del escritor acariciándosela con ternura. Él no pudo más que sonreír ante su gesto.

“Me maravilló su vegetación, sus plantas, sus colores, sus olores… Pero sobre todo me quedé maravillado con esa fuente. Me quedé aquí sentado durante horas. Hice que todo el teatro me buscara cuando se dieron cuenta de que había desaparecido”. Rió recordando la cara de enfado de su madre y ella le imitó. “Cuando me di cuenta de la hora que era, salí nuevamente de aquí. Pero me equivoqué de puerta y me fui por allí”. Señaló la puerta por la que había aparecido el camarero. “Aparecí en mitad de la cocina de un restaurante en pleno apogeo. No paraban de cocinar, de correr de un lado para otro cargando platos, vasos y copas. Entonces descubrí que se trataba de la terraza de un famoso restaurante. Una terraza a la que nadie podía acceder para disfrutar de una suculenta cena. No estaba a disposición de los clientes”.

Beckett frunció el ceño al no entender el motivo de aquello. “Entonces, ¿para quién era?”. No pudo evitar preguntar.

“Para los cocineros y camareros del restaurante. Cuando acababan su turno salían aquí y disfrutaban ellos de sus cenas”. Sonrió ante la cara de sorpresa de la inspectora. “El dueño, que primero había sido camarero y después cocinero durante muchos años, estaba harto de no tener un sitio para él o para sus compañeros después de trabajar. Así que decidió crear esta maravilla”. La señaló con el brazo extendido y la palma hacia arriba.

“Es increíble”. Sonrió volviendo a admirar el lugar una vez más.

“El padre de Roger es el dueño”. Informó agarrando la mano de Kate por encima de la mesa. “Se pasa más de 3 horas diarias aquí para que todo siga igual que cuando lo conocí”.

Kate sonrió. “Me encanta”. Confirmó sin borrar su sonrisa.

“Me alegro. Porque es la primera vez que vengo a cenar acompañado”.

Roger volvió a aparecer empujando un carrito con su cena. La colocó sobre la mesa y volvió a retirarse.

“Esto tiene una pinta exquisita”. Dijo ella tras observar todos los platos que había en la mesa.

“Es el mejor restaurante de la ciudad”. Informó él sonriente.

“¿Puedo empezar ya?”. Preguntó ansiosa por devorar aquella suculenta cena.

“Cuando quieras”. Dijo él sonriente al ver su cara de ilusión.

“Que aproveche”. Dijo ella llevándose a la boca el primer bocado.

“Igualmente” Respondió el sonriente empezando también a cenar.

Disfrutaron de la cena charlando de diferentes cosas, fingiendo estar empezando a conocerse, cuando en realidad sabían muchísimas cosas el uno del otro. Pero, siempre encontraban algo nuevo que contarse. Y más ahora, después de esa charla que habían tenido, de esa esperanza que no paraba de crecer dentro de ellos.

Cuando terminaron y Roger entró a recoger los platos, les ofreció tomar una copa a lo que los dos aceptaron maravillados con estar en aquel lugar.

“¿Cómo es que te han dejado cenar aquí conmigo si esto sólo es para trabajadores?”. Se atrevió a formular esa pregunta que no paraba de rondarle por la cabeza.

Castle sonrió misteriosamente y aprovechando que ella acababa de dejar la servilleta sobre la mesa, agarró su mano con ternura entrelazando sus dedos. “Antes de hacerme tan archiconocido y famoso…” Paró para reír al ver cómo ella ponía los ojos en blanco y después siguió. “…trabajé en diferentes sitios para sacarme algo de dinero, poder independizarme y dedicarme a lo que de verdad quería: escribir y convertirme en un escritor famoso”.

“¿Trabajaste aquí como camarero?”. Preguntó ella sorprendida.

“No exactamente”. Acarició su mano suavemente y prosiguió. “Fui el ayudante del chef durante casi 10 años”. Beckett abrió la boca con absoluta sorpresa e incredulidad. Rick rió. “Empecé como camarero pero pronto vieron que se me daba bien la cocina y el chef me pidió ayuda. Andaban escasos de personal por aquel entonces. Y aunque en realidad había entrado allí para ganarme algo de dinero y largarme en cuanto pudiera, me quedé mucho más de lo que esperaba. Hasta que nació Alexis, más o menos”.

“¿Compaginaste tus libros con cocinar aquí?”.

“Eso es”. Respondió con una pequeña sonrisa.

“Vaya, eres toda una caja de sorpresas”. Sonrió sorprendida por todo aquello, e inmensamente feliz de que lo estuviera compartiendo con ella.

Siguieron charlando de aquella época en la que Castle trabajó ahí mientras disfrutaron de sus copas.

CAPÍTULO 12

“Venga ya”. Dijo Castle algo ruborizado por las bromas de Beckett sobre todas las trastadas que había hecho el escritor durante su infancia y adolescencia. “Seguro que tú tampoco eras una santa”. Tanteó el terreno esperando que ella le contara algo de esos años.

Beckett consiguió frenar el ataque de risa que le había dado después de escuchar trastada tras trastada de Richard y le sonrió. “La verdad es que no lo era”. Sonrió con cierta nostalgia acordándose de esos momentos en los que ponía la casa patas arriba y sus padres la perseguían escaleras arriba y abajo intentando frenarla. “Creo que siempre eché de menos tener un hermano o una hermana con quien jugar y por eso me dedicaba a desorganizar la casa, día sí y día también”. Recordó sonriendo. “Aquello sacaba de quicio a mis padres, sobre todo a mi madre, que era un poco maniática con eso del orden”.

“O sea, como tú”. La picó el escritor consiguiendo sacarle una mueca de burla.

“Muy gracioso”. Sonrió mordiéndose el labio. “Mira”. Cogió su bolso que reposaba en el respaldo de su silla y rebuscó en él hasta encontrar el sobre que buscaba. Lo tuvo unos segundos entre sus manos y después se lo pasó a él con una pequeña sonrisa.

“¿Qué es?”. Preguntó intrigado.

“Unas fotos de cuando era pequeña. Sobre todo de algunas vacaciones y también de muchas de mis trastadas”. Le animó a que lo abriera levantando la solapa.

Castle sacó las fotos del sobre mientras Beckett movía su silla para quedar a su lado y verlas juntos. Fue pasando las primeras con los dos en completo silencio, viendo a una Kate Beckett prácticamente recién nacida, jugando con algunos de sus juguetes y aprendiendo a gatear y andar. Las fotografías estaban ordenadas por fechas, por lo que a medida que las iban pasando, se iba viendo cómo iba creciendo aquella niña.

Cuando llegaron a una en la que Kate tendría unos 3 años, el escritor no pudo controlar la risa. “¿Estás pringada de pintura o es cosa mía?”. Preguntó mirándola de costado, sonriendo.

“Estoy llenita de pintura”. Confirmó sonriente. “No me acuerdo de mucho pero creo que estábamos pintando toda la casa. Mi madre se había cansado del color de las paredes y se empeñó en pintarla ella con la ayuda de mi padre. Terminaron ese día tan agotados que se olvidaron de cerrar la puerta de la última habitación que habían pintado y yo, me colé a investigar qué había tan entretenido que había tenido a mis padres allí todo el día”. Rió mirando la foto. En ella se veía a una niña de 3 años sentada en el suelo, solo con el pantalón de pijama, con la camiseta quitada y de pies a cabeza llena de pintura. Su camiseta estaba en un balde de pintura.

Richard empezó a reír al ver el panorama.

“Perdí mi pijama favorito, pero las risas que me eché yo sola esparciendo la pintura por todo el suelo no me las quitó nadie. Ni siquiera la bronca de mis padres”. Sonrió y se permitió el lujo de apoyar la cabeza sobre el hombro de él.

“Eras una brujita adorable”. Besó su pelo tiernamente. Ante el contacto, la inspectora cerró los ojos brevemente y soltó un suave suspiro de gusto.

“Sigue”. Susurró concentrada nuevamente en las fotos.

Beckett le fue explicando una a una aquellas fotos deteniéndose un poco más en las que ella recordaba con mayor ternura o diversión. Hasta que llegó una foto en la que no salía nadie. Únicamente había una moto negra.

“¿Y esto?”. Preguntó él girando un poco la cabeza, lo justo para mirarla sin que tuviera que separarse de su hombro.

“Mi moto”. Dijo ella sonriente.

“¿Tenías una moto?”. Preguntó con sorpresa.

“Tengo una moto”. Afirmó mordiéndose el labio. “De hecho, tengo esa misma moto. He sido incapaz de deshacerme de ella después de lo que me costó conseguir el dinero y las peleas que tuve en casa por ella”.

“Puedo hacerme una idea”. Dijo él imaginándose a su Alexis pidiéndole una moto. Negó con la cabeza ligeramente.

“Pero yo ya era muy cabezota por ese entonces. Creo que he salido a mi madre en ese aspecto. Cuando algo se me mete en la cabeza, no paro hasta conseguirlo”. Agarró la mano de Rick con ternura entrelazando sus dedos en forma de promesa. Prometiéndole cumplir con la promesa que le hizo de que volvería a ganarse su confianza, costara lo que costara.

El corazón de Castle dio un vuelco al percibir aquella promesa y respiró hondo tras soltar un suave suspiro. No podía estar más enamorado de ella. “¿Te costó mucho la moto?”. Preguntó tras un rato de silencio por parte de ambos.

“Un poco. Trabajé en una pastelería todas las tardes después de clase hasta conseguir el dinero. Me costó más convencer a mis padres de que la usaría con cuidado y siempre usando casco”.

“Yo le habría pedido a Alexis que me firmara un papel donde dijera que no iba a utilizar la moto para salir a ligar”.

Beckett soltó una carcajada y levantó la cabeza del hombro de él, mirándolo.

“¿Qué?”. Preguntó al ver la mirada de ella.

“Eso no te habría servido de nada conmigo”. Rió y volvió a colocarse en la postura anterior.

“¿La utilizaste para ligar?”. Preguntó con cierto temor a saber la respuesta.

“No te imaginas cuánto”. Dijo ella pasando de foto para intentar cambiar de tema.

“No, no. Ahora me cuentas eso”. Dijo él volviendo a coger la foto de la moto.

“Quería llegar a la foto en la que salgo yo con la moto”. Dijo con voz inocente.

“¿Vestida de cuero?”. Preguntó con voz medio infantil, ilusionado.

“Con ropa de cuero, sí”. Afirmó ella sonriente.

“Creo que mejor no llegues a esa foto. No podría soportarlo”. Dijo ahogando un pequeño gemido cuando su mente se imaginó el cuerpo de la detective totalmente enfundado en cuero y montando sobre la moto.

Kate volvió a reír, risueña y besó su mejilla dulcemente. “No existe tal foto, Castle. Puedes relajarte”.

“No sé si me siento aliviado o estafado”. Bromeó el escritor pasando de foto y disfrutando de las instantáneas sacadas por los Beckett en sus diferentes viajes de vacaciones.

“Espera”. Dijo Beckett frenando la mano del escritor para que no pasara a la última foto. Él la miró interrogante. Kate cogió su bolso poniéndolo sobre sus piernas y entonces le dio permiso para pasar de foto.

Castle reconoció casi al instante a la madre de Kate sentada en una cómoda butaca, leyendo un libro. Libro que después reconoció como uno de sus primeros libros. El mismo libro que había firmado a Kate para su madre. Aunque él de eso no se acordara. Sonrió comprobando lo que ya sabía: que Johanna Beckett había sido una gran fan de él y que probablemente fuera ella quien pasó la afición por sus libros a su hija. “Mi segundo libro”. Dijo con una pequeña sonrisa sin dejar de mirar la foto.

“Uhum”. Asintió ella también perdida en la imagen y sacó del bolso el mismo libro que leía Johanna. Estaba algo dañado, con la tapa un poco descascarillada del paso del tiempo y del uso. Lo abrió por la página de la firma y se lo pasó al escritor.

“Para Johanna, con cariño. Richard Castle”. Leyó de su propia letra. “¿Lo tenía firmado?”. Preguntó con incredulidad.

“Sí”. Dijo ella acariciando las letras del escritor en aquel libro, sumida en sus recuerdos.

Rick la miró y sintió el dolor que durante tantos años ella había llevado a cuestas, sola, sin atreverse a confiar en nadie por miedo a volver a sufrir de aquella forma. Pasó el brazo alrededor de sus hombros atrayéndola más a él y acarició su brazo con suavidad. Le dejó unos segundos, en silencio, arropándola mientras ella recordaba los últimos días en familia. Aquel gesto de ella de enseñarle esas fotografías y en concreto esa de su madre y el libro y de traérselo firmado, habían conmovido al escritor.

“¿Estás bien?”. Susurró en su oído con delicadeza, acariciando su pelo tiernamente.

“Sí…”. Respondió ella en el mismo tono.

Castle besó la sien de la inspectora estrechándola un poco más fuerte entre sus brazos durante unos segundos. “¿Se han acabado ya las fotos?”. Preguntó al darse cuenta de que era la última.

“Sí. Es la última foto que tengo de ella sola. Aunque la última Navidad nos sacamos alguna los tres juntos en Central Park”.

“¿Me las enseñarás?”. Le dedicó una pequeña sonrisa.

“Claro”. Sonrió ante su sonrisa y se dejó abrazar más fuerte, necesitando el calor de él.

Un furtivo bostezo se escapó de los labios de Kate. Castle miró el reloj de su móvil y se sorprendió de lo tarde que se les había hecho. “Vaya, es casi la una de la madrugada”. Besó su pelo. “Deberíamos ir a dormir”. Propuso.

“Sí, que algunos mañana madrugamos”. Sonrió ella estirándose y poniéndose recta en la silla.

“Oye, que yo mañana tengo otra firma de libros, eh”. Le sonrió.

“¿Fuera de Nueva York?”. Preguntó mientras se ponía en pie y se colocaba el abrigo.

“Sí, y duermo fuera, porque no nos da tiempo a volver”. La imitó poniéndose su abrigo también.

“¿Me llamarás para saber que ha ido todo bien?”. Recogió las fotos y el libro guardándolo todo nuevamente en el bolso.

“Por supuesto”. Le sonrió con ternura.

“A la hora que sea”. Pidió ella.

“A la hora que sea”. Corroboró él y cuando todo estuvo recogido y Roger entró a recoger las copas y la mesa, Castle y Beckett salieron a la calle.

“Vamos, te acompaño a casa”. Propuso él colocando una mano en la zona baja de la espalda de la inspectora para caminar hacia la calle de ella.

“No hace falta, Rick. De verdad. Tienes cara de cansado tú también. Ve a casa y hablamos mañana”.

“¿Qué clase de primera cita sería esta si no acompañara a la señorita hasta su casa?”. Preguntó haciéndola sonreír. “Además, prometo que será sólo hasta el portal, no hace falta que me invites a una última copa”. Le guiñó el ojo haciéndola reír.

“Eres incorregible”. Sonrió ella rindiéndose y caminando junto a él hasta su portal.

“Bueno, inspectora, pues hemos llegado hasta su portal. ¿Quiere que la acompañe hasta arriba para comprobar que no hay nada raro?”. Preguntó bromeando. “Prometo no sobrepasarme con usted”. Levantó ambas manos.

Beckett rió negando ligeramente con la cabeza y en un impulso que no quiso reprimir se abrazó fuerte a su cuerpo. “No hace falta. Como bien has dicho, soy inspectora y sé cuidar de mí misma”. Cerró los ojos apoyando la cabeza en el pecho de él. “Aunque creo que podría acostumbrarme a sentirme protegida por tus brazos”. Susurró sin despegarse de él.

Castle le devolvió el abrazo, sorprendido por la sinceridad de sus palabras y ese ataque de abrazarlo que había tenido. Acarició su espalda de arriba abajo, suavemente por encima del abrigo. “Yo también podría acostumbrarme a protegerte, Kate”. Besó su cabeza tiernamente.

Aquel gesto hizo que ella se separara lo justo de él para mirarle. Sus ojos estaban ligeramente empañados de lágrimas, pero una pequeña y preciosa sonrisa acompañaba a su rostro. “Gracias” Susurró alzando la mano hasta acariciar la mejilla de él.

“Siempre”. Respondió él acercándose suavemente a sus labios hasta rozarlos con los suyos, tanteando su boca.

Kate agarró su cara con las dos manos y no dudó en terminar de acortar la distancia entre sus labios en un beso lleno de ternura y amor, lento, no profundo pero sí cargado de promesas y de esperanzas. “Siempre”. Respondió ella también aún sin separarse de sus labios, con las manos todavía en sus mejillas, acercándolo más a ella.

Se despidieron con un nuevo beso, está vez más fugaz y con grandes sonrisas en sus rostros. Kate subió a casa llena de sentimientos nuevos, luchando por ponerlos en orden y que el miedo no ganara la batalla.

Rick, por su parte, caminó hasta el loft y allí se quedó un rato en el sofá sentado reviviendo aquella mágica cita hasta que el sueño pudo con él y se fue a la cama a dormir, sonriendo, igual que ella.

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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Jue Jun 15, 2017 6:06 am

CAPÍTULO 13

Llevaban una semana sin verse. Castle había pasado todo el tiempo centrado en sus firmas de libros. Durmió fuera de Nueva York en dos ocasiones. Mientras tanto, ella se dedicó a trabajar en cada caso que se les presentaba en comisaría. Aunque habían hablado cada noche antes de acostarse, se habían echado irremediablemente de menos.

Esa tarde, después de un día duro de trabajo en comisaría, Beckett fue a su casa, se dio una buena ducha para sentirse menos cansada, se preparó y volvió a salir de casa en dirección al loft del escritor. Sabía que él había terminado ya con las firmas y que estaría en casa descansando.

Cuando llegó frente a la puerta de él sintió los nervios empezar a crecer en su estómago. En un intento por acallarlos, llamó rápidamente con un par de golpes en la puerta y esperó casi mordiéndose el labio a que le abrieran.

“¡Hola!”. Saludó contenta la pelirroja en cuanto abrió la puerta y vio a la inspectora de pie frente a ella, hecha un manojo de nervios. La joven llevaba puesto el chaleco y empuñaba la pistola del juego de láser.

“¿Vengo en mal momento?”. Preguntó al verla con aquella vestimenta.

“Para nada, pasa”. Se hizo a un lado dejando hueco para que entrara en casa.

“Alexis, ¿quién es?”. Preguntó el escritor desde dentro acercándose a la puerta al ver que su hija tardaba en ver de quien se trataba.

Al tiempo que ella entraba en la casa, Castle llegaba a la puerta, también ataviado con la ropa de jugar al láser. “Soy yo”. Dijo Kate algo cohibida por la presencia de la pelirroja frente a ellos. Se llevaba bien con ella, siempre lo había hecho, pero ahora que la situación con su padre había cambiado, o estaba en ello, no sabía por qué, se sentía algo avergonzada con ella.

“Beckett”. Dijo él sorprendido de verla allí, pero feliz a la vez.

“Hola”. Le saludo ella terminando de entrar en la casa mientras Alexis cerraba la puerta.

“Papá”. Dijo la joven al ver que los dos estaban algo incómodos con la situación. “Me voy arriba a terminar los deberes”.

“Vale cielo”. Se acercó a ella y besó su cabeza con cariño. “Gracias”. Susurró en su oído tras darle un fugaz abrazo.

“Ah, y tranquilo. No te esperaré despierta”. Guiñó el ojo a Beckett antes de subir arriba y dejarlos solos.

Castle frunció el ceño mirando a Beckett. “¿Ese guiño a qué ha venido?”. Preguntó.

“No lo sé”. Se encogió de hombros haciéndose la tonta.

“Ya claro…”. Se acercó poco a poco a ella.

Beckett se mordió el labio sin decir nada más.

“Bueno, entonces… ¿A qué debo su agradable visita, inspectora?”. Preguntó con una sonrisa el escritor.

“Venía a invitarle a…”. Rebuscó en su bolso hasta dar con lo que quería y sacó dos entradas. “a un concierto, escritor”. Añadió con una pequeña sonrisa y una ceja alzada.

“¿A un concierto?”. Preguntó agradablemente sorprendido.

“Uhum”. Dio un paso al frente para acercarse más a él. Deseaba besarlo con todas sus fuerzas. Se mordió el labio con picardía invitándolo a que se acercara más a ella.

Castle acortó la distancia entre ellos, colocando una mano en su cintura para pegarla casi por completo a él. “¿De quién es el concierto?”. Preguntó en un susurro aproximando su cara a la de ella.

“Adivina”. Sugirió ella sonriendo, provocándole.

“Umm….” Se acercó a sus labios suavemente rozándolos con los de ella. “No seas mala”. Pidió besando dulcemente su labio inferior. Beckett sonrió ante el beso, escondiendo las entradas tras su espalda, decidida a que él lo adivinara. Castle utilizó su otra mano para sujetar su cabeza por detrás del cuello y besar esta vez su labio superior, reteniéndolo momentáneamente entre sus dientes. “Dímelo”. Susurró con un tono sensual.

Beckett gimió suavemente ante el beso y el tirón de su labio y cerró los ojos disfrutando de ello. “Vas por buen camino”. Susurró sonriendo, todavía con los ojos cerrados.

Castle sonrió y la sujetó de la parte baja de la espalda pegándola por completo a él mientras volvía a besar sus labios con adoración, pasión y dulzura a la vez. Beckett se agarró a la espalda de él, incorporándose ligeramente sobre las puntas de sus pies para llegar mejor a devolverle el beso. Con lentitud, suavidad.

Tras varios segundos que duró el beso, se separaron para respirar. Castle apoyó su frente contra la de Beckett y ambos sonrieron a la vez, todavía con los ojos cerrados.

“A great big world”. Dijo ella abriendo los ojos a la vez que él, perdiéndose en su mirada.

“¿Los de la canción que te grabé?”. Preguntó él sorprendido.

“Uhum”. Asintió ella enseñándole las dos entradas. “Y la cantarán con Christina Aguilera”. Anunció sonriendo aún más.

“Eso es genial”. Rió él y la agarró de la cadera levantándola del suelo para dar una vuelta con ella en el aire.

“¡Rick!”. Gritó ella estallando en una carcajada. “Bájame”. Pidió agarrándose a sus hombros para no caerse.

Castle la bajó al suelo y la besó con intensidad. “Lo siento”. Se rió ante su propia efusividad. “Es que me ha sorprendido que vinieras y más que me lleves al concierto”. Acarició su mejilla suavemente. “Me ha encantado”.

“Y también te invito a cenar antes del concierto”. Le volvió a besar ella esta vez.

“Me gusta el plan”.

“Me alegro”. Le guiñó el ojo y se separó un poco de él. “¿Te cambias y nos vamos?”. Propuso mirándolo de arriba abajo y sonriendo por el atuendo con el chaleco del láser.

“¿No te gusto así?”. Preguntó enseñándole cómo hacía luces el chaleco.

“Me gustará ganarte algún día de estos, pero para ir a un concierto no creo que sea la mejor ropa”. Sonrió.

“¿Ganarme?”. Preguntó con ironía. “Já, soy un as en el láser tag”. Se pavoneó mientras se deshacía de esa ropa.

Beckett puso los ojos en blanco sin dejar de sonreír. “Ya lo veremos. Ahora, vámonos a cenar”. Le dio un fugaz beso en los labios para dejarle ir al cuarto a cambiarse de ropa.

Mientras Castle se cambiaba de ropa, Beckett subió al piso de arriba y llamó suavemente a la que supuso que sería la puerta de la habitación de Alexis. La joven dio permiso desde adentro. “Soy yo, Alexis. ¿Puedo pasar?”. Preguntó abriendo un poco la puerta.

“Claro, pasa Beckett”.

“Llámame Kate, por favor”. Pidió observando la habitación de la joven con una pequeña sonrisa. Le recordaba a la suya cuando tenía la edad de la hija de Castle. “Beckett sólo me llaman en el trabajo, y tu padre”. Se elevó de hombros en una mueca graciosa haciendo sonreír a la pelirroja.

“Está bien, Kate”. Giró la silla de su escritorio para quedar frente a ella. “Tú dirás”.

“Quería darte las gracias por retener a tu padre esta tarde en casa. Cuando te llamé no estaba segura tampoco de si iba a poder conseguir las entradas, pero necesitaba que él no hiciera ningún plan, por si acaso”. Sonrió algo avergonzada pero muy agradecida.

“No te preocupes”. Rió. “Tampoco ha sido muy difícil hacer que se quede en casa. Ya sabes, a veces es peor que un niño”. Ambas rieron conformes con aquella frase.

“Pues eso, gracias”. Repitió sonriente.

“No te preocupes. Pasarlo bien”. Le guiñó el ojo y volvió a centrar su atención en los papeles que tenía delante.

“Hasta luego”. Salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí y volvió a bajar al salón.

Castle la estaba esperando en la cocina, mientras se ataba la corbata. “¿Me vas a seguir negando que te traes algo con mi hija?”. Se cruzó de brazos intentando hacerse el enfadado, aunque con una sonrisa enorme.

“No sé de qué me hablas”. Se acercó a él y le ayudó a terminar de abrocharse la corbata.

“Creo que la has llamado para pedirle que me entretuviera en casa y así poder encontrarme aquí esta tarde y llevarme al concierto”. Sonrió con suficiencia.

“Si ya lo sabes, ¿para qué preguntas?”. Besó sus labios fugazmente y volvió a enseñarle las entradas del concierto. “Tenemos menos de dos horas para cenar antes del concierto”.

“Vamos”. Se puso el abrigo, agarró la mano de Kate con cariño y salieron del loft juntos. En el ascensor, la abrazó por detrás sin soltar su mano y susurró en su oído. “Me encanta que te lleves bien con mi hija”. Una tierna sonrisa apareció en los labios de la inspectora mientras se dejaba abrazar por él.
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Vie Jun 16, 2017 8:48 am

CAPÍTULO 14

Beckett le llevó a cenar a un pequeño restaurante, nuevo en la ciudad, cerca del local del concierto. La comida era sencilla, pero muy rica. Ambos disfrutaron de una cena en compañía, charlando animadamente y contentos por el concierto que les esperaba.

El concierto, como esperaban fue una maravilla. Disfrutaron como dos adolescentes de cada una de las canciones que los artistas interpretaron, pese a conocer sólo unas pocas. Pero lo mejor llegó al final, cuando para la última canción, la suya, salió Christina Aguilera a acompañar a los dos jóvenes. Sus tres mágicas voces envolvieron a la pareja, que por un momento se olvidó de dónde se encontraba, abrazados, pegados.

Castle abrazaba a Beckett por detrás, sujetándola muy pegada a él, con las manos en su cintura. Sus caras permanecían pegadas, escuchando y mirando atentamente. Los dos medio entonaban la letra, disfrutando del momento. A mitad de canción, Kate no pudo controlar la emoción. Recordar cómo se había sentido la primera vez que escuchó aquella melodía y cómo sintió que su corazón se rompía al darse cuenta de lo que la letra podía significar. Una furtiva lágrima resbaló por su mejilla. Pero no quería moverse de la posición en la que estaba, protegida por los fuertes brazos de Castle, así que no hizo ni amago de secársela.

El escritor la apretó más entre sus brazos al sentir que el cuerpo de la inspectora se acurrucaba más en él. La miró sorprendido y entonces vio aquellas lágrimas que salían de sus ojos. Con un nudo en el estómago por verla así, la giró con suavidad hasta quedar ambos frente a frente, de costado al escenario. Agarró su cara con las dos manos secando con los pulgares sus saladas lágrimas y la besó con infinita suavidad.

Ella cerró los ojos ante el contacto. Se aferró a sus fuertes brazos apoyando la frente contra la de él. “Lo siento…”. Susurró. “Siento tanto todo el dolor que te he causado…”. Siguió hablando en un tono un poco más alto para que él pudiera escucharla pese al alto volumen de la música.

“Shh…”. Puso el dedo índice sobre sus labios obligándola a callarse y volvió a besarla. “No lo sientas más. No te culpes más, por favor”. Pidió él también con los ojos ligeramente empañados de lágrimas. Acarició su mejilla con ternura. “Si tuviera que volver a sufrir como lo hice para poder tenerte así conmigo, volvería a hacerlo una y mil veces”. Aseguró dedicándole una pequeña sonrisa.

“No te merezco”. Negó ella con la cabeza, bajando la mirada, mordiéndose el labio en un intento por controlar la emoción que empezaba a embargarla.

“Sí que lo haces”. Elevó su mentón dulcemente hasta conseguir que le mirara. “Mírame bien. Gracias a ti he cambiado, he mejorado, he madurado, aunque sea un poquito”. Bromeó consiguiendo sacarle una sonrisa. “Y ahora, vamos a disfrutar de lo que queda de canción”. Besó su frente con infinito cariño y la abrazó contra su pecho.

Kate sonrió terminando de secarse las lágrimas y se acurrucó entre los brazos del escritor, apoyando la cabeza contra su pecho. Sus dos cuerpos se balanceaban en sintonía, al ritmo de la música de la canción que ya empezaba a llegar a su fin.

Cuando terminó, todo el público empezó a aplaudir y a vitorear, excepto ellos. Kate y Rick permanecieron abrazados. Ella con los ojos cerrados contra su pecho, sintiéndose en calma, tranquila, protegida y por una vez en su vida amada sin sentir pánico. Él manteniéndola contra su pecho, acariciando su espalda y su pelo suavemente y aprovechando para dejar suaves besos sobre su cabeza a la vez que inspiraba el dulce aroma de su cabello, agradecido por poder estar al fin así con ella, contento por haberse sincerado, haber hablado y estar dándole una oportunidad a la inspectora.

No podía negar que ella estaba tomándose muy enserio su promesa de devolverle poco a poco la confianza. Lo estaba consiguiendo. Y no tan poco a poco como en un principio pensó que sería.

Beckett besó su pecho suavemente y se separó lo justo entre sus brazos para mirarle a los ojos. Él permanecía con la mirada perdida en algún punto, pero sin perder una pequeña sonrisa. “¿Qué piensas?”. Preguntó en tono dulce tras comprobar que el concierto había llegado a su fin y mucha gente empezaba a abandonar ya el recinto.

“En lo afortunado que soy”. Besó su cabeza nuevamente para mirar a su alrededor y comprobar que casi estaban solos. Agarró la mano de ella deshaciendo el abrazo con suavidad. “Gracias”. Besó sus labios tiernamente antes de empezar a caminar hacia la salida.

“Siempre”. Afirmó ella con rotundidad apretando su mano mientras entrelazaban sus dedos.

La pareja caminó hasta una calle cercana a la del loft de Castle. Allí Beckett había aparcado su coche cuando fue a buscarle. Se pararon frente al vehículo y él la agarró de la cintura suavemente. “Estaba pensando…”. Susurró mirando sus ojos y sus labios alternativamente.

Kate alzó la ceja con curiosidad. “¿Qué estabas pensando?”. Preguntó tras unos segundos en los que él no dijo nada, sólo la miraba fijamente. Las mejillas de la detective empezaban a sonrojarse ante esa intensidad.

“Ya que tú eres inspectora de homicidios y yo soy un escritor de best-sellers de misterio…”. Hizo una pausa para darle mayor importancia a lo que diría a continuación.

Eso hizo que ella pusiera los ojos en blanco ante su dramatismo. “¿Qué?”. Preguntó impaciente.

“Podría acompañarte en el trabajo, sólo como investigación para mis libros”. Sonrió tras finalizar su propuesta.

“¿Estás de coña?”. Se rió.

“No”. Dijo él tratando de estar serio.

“Es peligroso”. Añadió ella mordiéndose el labio para no estallar en una carcajada y seguir con aquel juego.

“Lo sé”. Asintió él. “Pero míralo de este modo. Tendrías siempre alguien que te protegiera”.

“Me sé proteger yo solita”. Soltó a la defensiva, achinando los ojos y frunciendo el ceño.

“Y no lo dudo, pero hay gente mala, muy mala”. Se acercó a sus labios, sin llegar a besarla. “Y yo… podría protegerte”.

Beckett fijó la vista en los labios de él. Eran como un imán para ella. Se mordió el labio con más fuerza para no sucumbir a sus encantos. “¿Y si te pasa algo a ti?”. Preguntó prácticamente en un susurro.

“Tendrías que cuidarme”. Añadió con una socarrona sonrisa. Ella sonrió sin poder evitarlo.

“Con una condición”. Se acercó más a los labios de él, rozándolos suavemente.

“¿Cuál?”. Preguntó hipnotizado por sus labios.

“Que me obedezcas siempre y no vayas de listillo”. Pidió volviendo a rozar sus labios mientras sentían como sus alientos se entremezclaban.

“Palabra de Scout”. Besó la comisura de sus labios para provocarla.

Beckett se separó de golpe ante sus palabras mirándole con cara de enfado.

“¿Qué pasa?”. Preguntó sorprendido. Se esperaba un beso, no aquello.

“Tú nunca has sido un Scout”. Apuntó con su dedo índice a su pecho, presionando ligeramente.

Castle abrió los ojos, pillado en su mentirijilla. “Me has pillado”. Elevó los hombros con una sonrisa.

Beckett negó sonriente y se volvió a acercar a él para besarlo suavemente. “Te espero mañana a las 8 en comisaría”.

“Vale”. Murmuró aún en sus labios, aprovechando su cercanía para volver a besarla mientras la sujetaba por detrás del cuello, impidiendo que se separara de él.

“Vale”. Repitió ella dejándose llevar por ese beso que empezaba a volverse cada vez más intenso y profundo.

Ambos suspiraron a la vez al ser conscientes de que estaban en mitad de la calle, apoyados sobre el coche de ella. Castle se separó de sus labios mirándola a los ojos. “Te veo mañana entonces”.

“Sí. Hasta mañana”. Dijo ella volviendo a aproximarse a él para besarlo.

A pesar de sus palabras, sus cuerpos parecían no querer obedecer, no querer separarse. Las manos de Beckett se abrazaron a su fuerte espalda mientras que las de él se colocaron en su cintura, por debajo de la camiseta que llevaba. El cuerpo de Kate sufrió un escalofrío al notar las manos de él en contacto con la piel de su cintura. Ahogó un pequeño gemido en el beso y le mordió el labio intentando frenarlo. “Rick…”. Susurró empezando a sentirse acalorada.

“Sí, sí. Perdona. Ya me voy”. Respiró hondo sintiendo él también mucho calor, pese a las bajas temperaturas de aquel mes neoyorkino. Besó de nuevo sus labios en un último beso y se separó de ella tras recolocarle la camiseta.

“Hasta mañana”. Sonrió ella caminando hasta el otro lado del coche para abrir la puerta del conductor.

“Hasta mañana”. Respondió él sonriendo y alejándose al loft.
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Mensaje por livingmylife el Sáb Jun 17, 2017 10:15 pm

CAPÍTULO 15

A las 8 de la mañana, puntual, Castle salía del ascensor en la planta de homicidios con dos cafés para llevar en sus manos. Buscó a Beckett con la mirada y la encontró caminando hasta su escritorio después de hablar con Espósito y Ryan sobre el nuevo caso que tenían. Los dos detectives se sentaron frente a sus ordenadores para cumplir con lo que ella les había mandado.

Se sentó en su silla sin percibir la presencia del escritor, hasta que él posó el vaso frente a sus ojos. Aquello la hizo sonreír. Alzó la mirada cogiendo el café entre sus manos y le dedicó una de sus habituales sonrisas. “Buenos días”.

“Buenos días”. Respondió él sonriendo también. Rodeó la mesa hasta sentarse en su silla, sin quitarle el ojo de encima.

Beckett dio un sorbo a su café y se centró en la pantalla del ordenador empezando el trabajo de aquella mañana: recaudar toda la información posible acerca del hombre que había aparecido muerto aquella mañana. Diez minutos después, giró la silla para mirar al escritor. “Deja de mirarme así”. Pidió casi en un susurro.

“¿Así cómo?”. Preguntó él con voz inocente.

“Sabes perfectamente cómo”. Le riñó volviendo a dar un trago a su café. Agradeció que todavía siguiera caliente. Volvió a girar la silla para seguir tecleando en el ordenador.

“Te miro como siempre”. Añadió el con una sonrisa.

“No es verdad”. Replicó sin mirarle. “Lo haces diferente, más rato. Sin miedo a que te pille haciéndolo. Antes tenías cuidado de que no te pillara, aunque lo hiciera de vez en cuando”. Se mordió el labio para no sonreír dándole al botón de imprimir todo lo que había encontrado.

“Bueno, pongamos que tienes razón. ¿Qué hay de malo?”. Se incorporó ligeramente en su silla, echando el cuerpo hacia delante para apoyar los codos y mirarla de más cerca.

“¿Hace falta que te recuerde las normas de comisaría?”. Preguntó recogiendo los documentos impresos para volver a girar la silla hacia él y mirarle. Castle frunció el ceño. “Hay normas muy estrictas sobre las relaciones, de algo más que amistad, entre nosotros”. Hizo un círculo con el dedo abarcando a toda la sala, llena de policías. “Tú, aunque de manera extraoficial, trabajas aquí. Y dudo que Gates consienta que seamos más que amigos”. Alzó las cejas para enfatizar sus palabras. “Así que, si no quieres que te echen de aquí, disimula”. Terminó susurrando al ver cómo Ryan se acercaba a ellos.

Beckett recolocó su silla frente al escritorio concentrándose en ordenar los papeles y Castle volvió a pegar la espalda contra el respaldo de la silla justo cuando Ryan llegaba a ellos.

“Bienvenido de nuevo, Castle”. Saludó el rubio apoyando una mano en el hombro del escritor mientras pasaba más papeles a Beckett.

“Da gusto tenerte de vuelta, Castle”. Se acercó también Espósito hasta ellos.

“Gracias chicos”. Les sonrió agradecido. “Ya he cumplido con las firmas de libros por un tiempo”.

Los cuatro se centraron en el caso que tenían entre manos. Tanto Castle como Beckett volvieron a disfrutar de sus teorías juntos, de encontrar las pistas necesarias para cerrar el caso con éxito, e incluso de las miradas furtivas que se dedicaban cuando nadie les veía.

Ambos se morían por besarse, por pasar un rato juntos, como los que habían tenido desde que habían empezado con su relación. Pero sabían que no podían y se conformaban con algún que otro roce de dedos al pasarse algunos papeles o una taza de café.

A mitad de la tarde, no tenían más hilos de los que tirar. Tendrían que esperar a que Lanie terminara la autopsia del cadáver para ver si ella encontraba alguna pista más. Así que, dieron por terminada la jornada. Los detectives se despidieron mientras Beckett dejaba preparado todo para el día siguiente y Castle la esperaba sentado en su silla, a su lado.

“¿Una hamburguesa y un batido en Remy’s?”. Preguntó el escritor al ver cómo ella iba a levantarse ya para marcharse. Se adelantó a la inspectora, tomó su chaqueta y cortésmente le ayudó a que se la colocara.

“¿Me está proponiendo una segunda cita, señor Castle?”. Preguntó ella con una media sonrisa mordiéndose el labio tras asegurarse de que nadie a su alrededor les prestaba especial atención.

“Es posible, inspectora Beckett”. Rozó sus manos al terminar de colocarle la chaqueta, provocando que una corriente eléctrica atravesara los cuerpos de ambos.

“Está bien”. Concedió ella colgándose el bolso al hombro y caminando hasta el ascensor, con él detrás, ambos sonrientes.

Cenaron animadamente, comentando cosas del trabajo y también de Alexis y Martha. Incluso Beckett contó alguna anécdota de ella con su padre. Se sentían a gusto estando cerca, solos. Kate cogió la mano del escritor por encima de la mesa y jugueteó con ella acariciando sus dedos, esperando a que él terminara la cena que ella ya había acabado. Se mordió el labio, pensativa, sin levantar la vista de sus manos unidas.

“¿En qué piensas?”. Preguntó él con suavidad tras dar el último sorbo a su batido.

“En nada”. Contestó casi en un susurro levantando la cabeza para mirarle a los ojos.

Rick alzó una ceja sin estar conforme con su respuesta. “¿Nada?”. Apretó su mano con cariño.

Se mordió el labio y sonrió con cierta nostalgia. “Se acercan las Navidades”. Acarició en forma de círculos el dorso de su mano, volviendo a fijar la vista en sus dedos entrelazados. “Llevo años sin celebrarlas”. Confesó mordiéndose el labio con más fuerza para no sucumbir a sus sentimientos. “Concretamente desde que falta mi madre”. Continuó. “Esos días he trabajado siempre. Año tras año. Creando así una nueva tradición entre mi padre y yo. Yo trabajo y él se va fuera de la ciudad durante esos días”. Elevó los hombros y se atrevió a alzar la mirada para enfrentarse a los ojos azules que la miraban atentos.

Castle estiró de su mano hasta sus labios para besar su dorso, con cariño. Ella sonrió ligeramente.

“He estado a gusto con esa tradición, desde el primer año que la creamos. Pero…”. Tomó aire, perdida en su mirada; aunque más bien recordando las últimas Navidades con su madre.

“¿Pero?”. La animó él a seguir con una pequeña sonrisa, al ver que se había quedado callada, volviendo a fijar la vista en sus manos entrelazadas.

“Pero este año, cada día se acercan más esas fechas y yo… siento un enorme vacío. Y no es el vacío que siento desde que mi madre no está. Es otro”. Le miró de nuevo a los ojos. “Es nuevo. Y creo que acabo de descubrir qué es”. Sonrió de medio lado.

Castle miró el restaurante y vio que cada vez estaba más lleno de compañeros de comisaría. Sacó la cartera para dejar un billete con el que pagar sobre la mesa y se puso en pie. Seguía sujetando la mano de Beckett y la hizo levantarse tirando de su brazo suavemente. “Vamos, te acompaño a casa mientras me cuentas ese nuevo sentimiento, ¿quieres?”. Besó su mejilla abrazándola con cariño durante unos segundos.

“Sí”. Le dedicó una pequeña sonrisa y tras ponerse el abrigo salieron a la calle bien abrigados para combatir el frío. Se pegó a él caminando a su lado.

Castle pasó su brazo por detrás de la espalda de ella, sujetándola por la cintura para acercarla más a él, así abrazados. Ella se aferró a su cuerpo y caminaron hacia el loft de Beckett en silencio durante unos minutos.

“No quiero pasar más Navidades sola”. Confesó finalmente, en susurros, apoyada en el cuerpo de él mientras caminaban prácticamente solos por las calles de Nueva York.

Castle la abrazó con más fuerza cuando sintió que ella se acurrucaba más entre sus brazos. La obligó a pararse sin importarle estar en mitad de una calle. Se puso frente a ella y sujetó su cara entre las manos, mirándola con adoración. “No tienes por qué hacerlo”. Susurró el acariciando sus mejillas dulcemente.

Kate sonrió un poco. Se sentía liberada después de haber soltado aquello y más tras escuchar sus palabras y sentir sus caricias. “¿Y cómo lo hago?”. Preguntó aguantando las lágrimas.

Castle se acercó a sus labios y la besó suavemente. Le conmovía enormemente ver que ella confiaba en él para contarle sus preocupaciones. “Vente con nosotros. O llama a tu padre y pídele estar junto a él. También podéis veniros los dos a casa. O vamos a la tuya”. Secó una lágrima que había conseguido escapar de sus ojos. “Da igual dónde, pero si tú quieres, puedo estar contigo estas Navidades”.

Kate se abrazó a su cuerpo con fuerza. No llevaba sus tacones de siempre, por lo que la diferencia de estatura era notable, quedando su cara justo contra el pecho de él. Castle la estrechó entre sus brazos, preocupado por su reacción. No sabía si había hecho bien en proponerle aquello, pero él tampoco quería que ella pasara nuevamente las fiestas sola. “¿Kate?”. Susurró acariciando su espalda preocupado porque ella llevaba casi un minuto sin decir nada.

“¿Te parece bien que en estas vaya yo sola y ya en las próximas invitemos a mi padre?”. Preguntó casi con voz vergonzosa la inspectora, aún contra su pecho.

Rick soltó una pequeña carcajada al escuchar su pregunta, aliviado. “Como tú quieras, cariño”. Besó su pelo aliviado por ver que no había metido la pata.

Kate se separó de su cuerpo y se puso de puntillas para besar dulcemente sus labios. “Gracias”. Murmuró volviendo a besarlo mientras se abrazaba a su cuello con una pequeña sonrisa.

“Siempre”. Contestó él agarrado a su cintura para mantenerla pegada a su cuerpo, besándose.

Respiraron hondo tras el beso y antes de separarse, él besó su frente con infinito amor. Reanudaron la marcha hasta el portal de Beckett donde se despidieron con un beso lento y cargado de pasión que los dejó a los dos con infinitas ganas de más. Pero finalmente se separaron prometiendo verse al día siguiente en comisaría.

Pasaron varios días en los que la dinámica en el trabajo fue parecida. Miradas, roces, sonrisas, tazas de café e incluso algún beso robado en la sala de descanso cuando nadie los podía ver. Algún día le acompañó ella a él a casa y otros lo hicieron al revés.
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Lun Jun 19, 2017 10:16 pm

CAPÍTULO 16

Tras una fugaz reunión con la editorial, Castle llegó a comisaría a media mañana con dos cafés bien cargados. Se acercó a Beckett dándole el suyo y saludándola con un “buenos días” y esa sonrisa que tanto descolocaba a la inspectora.

“¿Qué tal ha ido la reunión?”. Preguntó escribiendo en la pizarra los datos del nuevo caso que tenían entre manos.

“Bien”. Contestó él observando la pizarra en su totalidad para intentar entender de qué iba aquel caso. “Todo arreglado. Hasta después de Navidad soy libre”. Sonrió al ver como ella sonreía mirándole de reojo. Estaban contentos de haber decidido, un par de semanas atrás, pasar las Navidades juntos. Y apenas quedaban 10 días para aquello. Aunque antes tendrían una cena en el loft de Castle para contarles a Martha y Alexis que, oficial y secretamente, tenían una relación.

Ryan se acercó a ellos haciendo que ambos dejaran de mirarse. El detective explicó los papeles que le acababa de pasar a Beckett. “Nada raro en sus cuentas. Ni en las de su mujer, que por cierto, está de camino”.

“Gracias Ryan”. Echó un vistazo a los papeles y anotó algo en la pizarra. Después se sentó en su silla. Castle la imitó sentándose en la suya.

El detective volvió a su mesa para ayudar a su compañero con la tarea encomendada por Beckett.

“Entonces, ¿me pone al día del caso, inspectora Beckett?”. Alzó la ceja.

Kate sonrió pasándole la foto del fallecido. “Martín Velázquez, de origen español, se vino a vivir a Nueva York hace 8 años. Se casó y empezó a trabajar en una empresa de seguros. Lo ha encontrado su compañero, con un cuchillo clavado en el estómago. Se desangró hasta morir”. Le pasó las fotos del cadáver. “Estamos esperando el informe forense. Lanie está con él desde hace un rato”.

“¿La mujer no le había echado en falta?”. Preguntó pasándole nuevamente a ella las fotos.

“No lo sé. Cuando llegue hablaré con ella”.

“Entonces, ¿por dónde empezamos?”.

“Estoy investigando quién más trabajaba en esa empresa. Quiero hablar con todos y saber si alguien lo veía extraño en los últimos días o incluso si alguno de ellos tendría motivos para acabar con él”.

“Al compañero que encontró su cuerpo, lo habréis interrogado, ¿no?”.

Sonrió asintiendo. Le encantaba la facilidad que tenía para meterse de lleno en el caso e intentar encontrar algo que no cuadrara o que les pudiera llevar a una pista. “Efectivamente, le he interrogado hace 10 minutos y él no había notado nada raro ni sabe quién le ha podido hacer eso”.

“¿Un viaje a su empresa?”. Propuso el escritor.

“En cuanto hable con la mujer”.

Los dos permanecieron en silencio los siguientes minutos mientras iban leyendo todos los datos del fallecido y sus cafés se terminaban.

Las puertas del ascensor se abrieron y de él salió una mujer no muy alta, rubia, con el pelo recogido en una coleta y claros síntomas de haber estado llorando. “Perdone”. Se acercó al primer oficial de policía que encontró. “Busco a la inspectora Beckett”.

Kate alzó la cabeza al escucharla y suponiendo que se trataba de la mujer de Martín, se levantó de la mesa pasándole todas las hojas a Castle y se acercó hasta ella. “Soy la detective Kate Beckett”. Se presentó extendiendo su mano para saludarla. “Lamento su pérdida”.

La chica se secó una lágrima que no pudo reprimir tras estrechar la mano de Beckett. “Yo soy…”. Fue interrumpida por Castle que llegaba por detrás de Beckett.

“¡¿Rachel?!”. Preguntó con sorpresa al creer reconocerla.

La rubia miró al hombre que la llamaba a la vez que Beckett se giraba para mirar al escritor y a la chica alternativamente, sorprendida. “¿Richard?”. Preguntó Rachel con sorpresa. “¿Qué haces aquí?”. No pudo evitar preguntar.

“Soy asesor de la policía”. Explicó colocándose al lado de Beckett. “¿Eres la mujer de Martín?”. Preguntó preocupado de que fuera así y sin poder siquiera imaginarse por lo que ella estaba pasando.

Rachel asintió suavemente sorbiendo por la nariz e intentando controlar el llanto que volvía a empezar a apoderarse de ella. “Sí”.

Sin más palabras, Castle acortó el espacio entre ellos y la abrazó con fuerza. “Lo siento, de verdad”.

La rubia se dejó abrazar, dándose por vencida y soltando más lágrimas. “No entiendo qué ha podido pasar”. Susurró separándose del cuerpo del escritor.

“Vayamos mejor a un sitio más privado”. Propuso la inspectora que había sido testigo de aquella escena y no podía evitar que la curiosidad, y los celos, se instalaran en ella.

Castle guió a Rachel hasta una sala donde los tres tomaron asiento tras cerrar la puerta. “Gracias”. Pronunció la chica cuando Beckett le pasó varios pañuelos de papel.

“¿Hacía mucho que os habíais casado?”. Preguntó Castle, sentado al lado de Beckett frente a Rachel.

“5 años”. Les enseñó el anillo de compromiso.

“No tenía ni idea”. Confesó el escritor agarrando la mano de Rachel entre las suyas para intentar consolarla.

“Mi vida no es pública, como la tuya”. Trató de sonreír la joven agradecida por el contacto. Castle sonrió encogiéndose de hombros resignado a salir a menudo en los periódicos y revistas de la ciudad. Beckett no les quitaba el ojo de encima. Estaba claro que se conocían de hacía tiempo y que les unía alguna historia. Y eso, a ella, le hacía estar algo celosa.

“Rachel, perdona”. Dijo Kate inclinándose ligeramente hacia delante para crear mayor intimidad con ella y hacerles ver que no estaban allí solos. “Sé que no es el mejor momento pero… necesitaría hacerte algunas preguntas acerca de Martín”. Miró a Castle, quien asintió conforme con ella de empezar con la entrevista. “Así podremos encontrar a quien haya hecho esto cuanto antes”.

“Sí, claro…”. Miró a Castle y apretó su mano entre las suyas, reconfortada por su contacto.

Beckett empezó con las preguntas correspondientes en busca de alguna pista para encontrar al asesino de su marido. Durante todo el rato Castle permaneció en silencio, consolando a Rachel y dejando que la inspectora realizara su trabajo como mejor sabía.

“Una última pregunta”. Dijo Kate cuando los tres ya estaban nuevamente en pie. “¿Tenía Martín más familia?”. Preguntó con cautela.

“Oh, dios mío”. La chica se llevó la mano a la cabeza volviendo a sentarse. “Ni me acordaba de sus padres…”. Murmuró nerviosa pensando en cómo darles aquella noticia tan devastadora. “¿Cómo les digo…?”. Su voz se cortó por el llanto sin terminar de formular esa pregunta.

Castle respiró hondo y se acercó a ella colocando una mano sobre su hombro. “Podemos hacerlo nosotros, Rachel”. Intentó consolarla mirando brevemente a Beckett para comprobar que ella estaba de acuerdo con ello. Kate asintió ligeramente.

“Gracias…”. Se secó las lágrimas y tras mantenerse unos segundos en silencio alzó la cabeza mirando tanto al escritor como a la inspectora y negó ligeramente. “Pero prefiero hacerlo yo…”. Suspiró sacando el móvil del bolso dispuesta a llamar.

“Te dejamos sola”. Propuso Kate caminando hacia la puerta, seguida por Castle.

Cerraron cuando salieron y el escritor, sin decir nada, fue directo a la sala de descanso. Beckett le observó de reojo sin decir nada y caminó hasta Espo y Ryan dándoles las notas que había tomado de la entrevista con Rachel para que investigaran nuevas pistas con ellas.

Suspiró pasándose la mano por el pelo al ver moverse a Castle nervioso por la sala de descanso. “Ahora vengo”. Dijo caminando hasta allí.

Cuando entró, cerró la puerta y las cortinas y se acercó a él colocando las manos en sus brazos para que parara. “Rick…”. Susurró mirándole a los ojos. “¿Qué está pasando?”. Preguntó con preocupación, intentando dejar de lado sus celos al verlo de aquella manera.

Él se fijó en los ojos de ella. Realmente estaba preocupada. Apoyó su frente contra la de Kate, agarrándola de la cintura para pegarla a él y abrazarse a ella. Cerró los ojos aspirando el aroma de la inspectora y sonrió un poco. “Hacía años que no veía a Rachel. Desde antes de estar con Meredith”. Abrió los ojos para mirarle en el mismo momento que ella acariciaba su mandíbula suavemente y se sonreían. “Fue mi primer amor”. Frunció el ceño perdido en sus pensamientos. “Y creo que el único hasta que te conocí a ti”. Confesó aún con sus frentes juntas. “Sufrí mucho”. Siguió explicando. “Fue la primera vez que alguien me rompía el corazón. Y fue ella la que lo hizo”. Sonrió al ver a Kate sorprendida. “Éramos demasiado jóvenes”. Se elevó de hombros en una mueca graciosa que hizo sonreír a Beckett.

“Es guapa”. Dijo ella alzando una ceja.

“¿Estás celosa?”. Preguntó él separándose de su frente para mirarla mejor.

Beckett negó con la cabeza. “Ni en tus sueños”. Sonrió ella separándose de él para hacerse un café y así evitar que él viera que realmente sí había estado celosa un par de veces durante la conversación con Rachel.

“En realidad…”. Caminó hasta ella colocándose a su espalda y abrazándola por detrás para atraerla a él. “En mis sueños no estás celosa, sino desnuda, en mi cama, encima de mí…”. Susurró en su oído mordiendo ligeramente su cuello después.

Kate dio un respingo ante tal ataque. Se mordió el labio con fuerza. De repente la temperatura de aquella sala había subido considerablemente. “Rick…”. Trató de susurrar, pero su voz sonó más como un jadeo. Le dio un codazo suave para que se separara de ella, aunque realmente deseaba empotrarlo contra la puerta y hacer el amor allí mismo con él. Pero sabía que no era ni el momento ni el lugar, y menos con Rachel allí. Además, quería que su primera vez con Castle fuera especial.

“¿Qué?”. Se quejó él con una sonrisa, separándose de ella. “Es la verdad”. Levantó las manos inocentemente haciendo sonreír a Kate que ya se había girado nuevamente con la taza de café entre las manos.

“No tienes remedio”. Dijo sonriente.

“No, no lo tengo”. Respondió y al volver a acordarse de Rachel y de lo que le había pasado su sonrisa se fue borrando poco a poco.

Beckett se acercó a él dándole su taza de café. “Tranquilo, encontraremos a quien haya hecho eso al marido de Rachel”. Lo tranquilizó besando fugazmente sus labios.


Alguien que me lea... me podría decir ¿qué tal va la historia, si le está gustando? GRACIAS!
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Mar Jun 20, 2017 10:58 am

CAPÍTULO 17

No habían tenido ni un minuto para poder sentarse tranquilamente. Tras esa pequeña charla juntos, Espósito y Ryan los interrumpieron con una posible pista y anduvieron todo el día tras ella hasta, por fin, encontrar al asesino. Todo había sido un malentendido. Un dichoso malentendido que acabó con la vida de Martín Velázquez.

Castle estuvo más pendiente del caso que nunca, más alerta y con más ideas, tratando de ayudar lo máximo posible para encontrar cuanto antes al causante de todo aquello. Sin embargo, Beckett le notaba raro. Intranquilo, nervioso o quizás nostálgico. Pero no le preguntó, le dio su espacio, como él había hecho siempre con ella.

A las 8 de la noche, con el asesino ya entre rejas, volvieron a llamar a Rachel para contarle lo que habían descubierto y tranquilizarla, pues con las pruebas que tenían, aquel hombre no saldría de la cárcel en unos cuantos años.

La chica se fue de la comisaría más tranquila de lo que había llegado la primera vez. Agradeció a Castle y a Beckett todo lo que habían hecho por ella y fue a recoger a sus suegros al aeropuerto. Ahora venía lo peor.

Castle se quedó observando cómo Rachel se iba en el ascensor. No notó la presencia de Beckett tras él hasta que ella colocó la mano sobre su hombro. “¿Una copa en La Guarida?”. Propuso acariciando disimuladamente su espalda. “Conozco al dueño”. Le sonrió.

Castle se giró al notarla y escucharla y le dedicó una pequeña sonrisa, agradecido por el espacio y el apoyo que le estaba dando. “Se me ocurre algo mejor”. Dijo él haciendo que Beckett inclinara la cabeza con curiosidad por qué sería lo que se le había ocurrido esta vez.

Una hora después, estaban sentados en el salón del escritor con un bol cada uno, cenando una ligera ensalada mientras toman una copa de vino. Martha había salido de fiesta y Alexis estaba de vacaciones de Navidad anticipadas y se había ido a los Hamptons a casa de una amiga, con más compañeros de clase.

“La conocí el primer día de clase”. Dijo el escritor contando su historia con Rachel mientras cenaban. “Su pelo me encantó y la forma en la que caminaba se me antojaba muy graciosa”. Elevó los hombros sonriendo un poco. “Parece sacado de una película, pero la realidad es que la primera vez que hablamos fue para discutir, porque nos cruzamos por el pasillo y acabaron sus apuntes esparcidos por el suelo. Me recriminó ir casi corriendo y sin mirar. No le faltaba razón”. Se rió dando un sorbo a su copa de vino. Beckett le miraba atenta, en silencio, sonriendo ante su historia mientras degustaba su ensalada. “Después coincidimos en alguna clase e incluso nos tocó hacer un trabajo juntos. No nos soportábamos, aunque a mí me seguía pareciendo guapa. Pero empezamos a dejar las discusiones a un lado y a ellas les siguieron los tonteos, las miraditas, los roces”. Dejó su bol y el de Kate ya terminados sobre la mesa bajita del salón. “Empezamos a salir y todo era perfecto. Los dos éramos enamoradizos, románticos y nos encantaba pasar tiempo juntos. Pero al cabo de 4 años y medio, nuestras prioridades cambiaron. Bueno, las mías no, cambiaron las de ella. Yo sólo quería seguir disfrutando de mi juventud mientras ella empezaba a querer más estabilidad. Volvimos a empezar a discutir, día tras día. Hasta que ella se cansó y decidió irse a Londres a estudiar. A estudiar y a sustituirme por un periodista mayor que yo. Luego sé que viajó más por Europa. Supongo que fue allí donde conoció a Martín”. Se terminó el vino levantándose para ir a su despacho bajo la atenta mirada de la inspectora. Cogió un álbum de fotos y le enseñó las que tenía con ella.

“Aunque antes te haya dicho que no… La verdad es que…”. Se mordió fuerte el labio observando lo contentos que parecían los dos en aquellas fotografías. “Sí que me he puesto celosa”.

“¿De Rachel?”. Preguntó con sorpresa el escritor, dejando a un lado el álbum para tomar una mano de Beckett entre las suyas.

“Uhum…”. Asintió ligeramente avergonzada por ello.

“Kate”. Acarició los dedos de su mano con lentitud, mirándola a los ojos. “Lo que pasó entre ella y yo, fue hace muchos, muchos años. Sí, estuve enamorado de ella. Sí, viví historias geniales a su lado. Y también me causó uno de los dolores más grandes que he conocido. Pero todo eso, pasó. Y ahora simplemente me interesa el futuro. Mi futuro. Contigo. Nuestro futuro”.

“Lo siento. No… no he podido evitarlo al ver cómo la abrazabas y consolabas”. Se elevó de hombros mordiéndose el labio.

“Le tengo cariño. Y me apena y enfurece que le hayan hecho eso a su marido. Pero nada más”. Agarró el rosto de la detective con ambas manos y la besó suavemente, demostrándole el amor que sentía por ella.

“Vale…”. Susurró en sus labios, sonriendo ligeramente. Mordió con picardía su labio inferior separando el beso y alargó el brazo para seguir viendo las fotos de aquel álbum.

Castle fue pasando una por una y explicándole algunas anécdotas.

Beckett miró atenta las fotos, fijándose más en el joven Castle que salía en ellas que en Rachel. Sonrió al ver una de él haciendo el tonto en mitad de Central Park. “¿Siempre has sido tan payaso?”. Preguntó riéndose ante las pintas de él.

“Un poquito”. Confesó con una sonrisa besando su cabeza con cariño.

“Eras muy guapo”. Comentó con sinceridad, sonriendo.

“¡¿Era?!”. Preguntó casi gritando, haciéndose el ofendido ante su frase.

Kate le miró y se rió. “Eras y sigues siendo”. Dejó el álbum sobre la mesa y besó sus labios suavemente, recostándose sobre él.

Castle la agarró por la cintura recostándose con ella en el respaldo del sofá, sin dejar de besarse. “Gracias”. Susurró en sus labios.

“¿Por qué?”. Preguntó acariciando su mejilla dulcemente, mirándole a los ojos.

“Por no presionarme, por esperar a que te contara la historia y por encontrar al asesino de Martín”. Colocó un mechón de pelo de ella detrás de su oreja, con cariño.

“Siempre”. Respondió ella volviendo a besar sus labios, esta vez más intensamente. Colocó las piernas a cada lado de las del escritor para besarle con más comodidad.

“Y por ponerte un poco celosilla”. La chinchó acercándose a besar sus labios, pero sin llegar a hacerlo.

“Cállate”. Susurró sonrojada, acortando ella la distancia entre sus labios y besándole con lentitud.

Rick la sujetó de las caderas correspondiendo al beso que, poco a poco se iba tornando más y más apasionado. Las manos de Beckett reposaban sobre los hombros del escritor, acariciándole suavemente por encima de la camisa. Los dedos de Castle se colaron por debajo de la camiseta de la inspectora, rozando despacio la piel de su abdomen.

Kate mordió el labio inferior del escritor cuando sus caricias le crearon un escalofrío que recorrió toda su espalda. “Rick…”. Jadeó bajando las manos por sus brazos hasta posarlas sobre los abdominales de él, acariciándolo.

Sonrió en sus labios y apoyó la frente sobre la de ella, sintiendo cómo el calor empezaba a crecer entre ellos. Acarició su mejilla. “Me muero por ti, Kate”. Susurró perdido en sus ojos.

Las palabras del escritor tuvieron un efecto inmediato en el cuerpo de Kate, cuyo calor se iba concentrando en su bajo vientre, creándole una presión tan angustiosa como placentera. Atrapó sus labios en un intenso beso y pidió permiso con la punta de su lengua para acceder totalmente a su boca. Él no tardó en corresponder, comenzando así una ferviente lucha entre sus lenguas, mientras sus manos no dejaban de acariciarse, rozarse y calentarse más y más.

Se separó unos centímetros de sus labios para que ambos pudieran tomar aire. Sus respiraciones eran irregulares, sus pechos subían y bajaban casi sin control. “¿Estás seguro?”. Preguntó en un susurró, abriendo sus ojos para mirar a los azules del escritor que los abrió en cuanto escuchó su pregunta.

“¿Crees que no lo estoy?”. Ambos hablaban en voz baja, no queriendo romper ese momento mágico que se había creado. Rick bajó la cabeza para mirar su entrepierna que cada vez era más notable, aprisionada bajo sus pantalones. Volvió a elevar la cabeza con la ceja alzada y una traviesa sonrisa.

“Tonto”. Rió ella golpeando ligeramente su hombro. Besó sus labios con rapidez y ambos se sonrieron. “Sólo digo que… este paso es importante. Y no quiero darlo y… pensar más adelante que nos equivocamos, que fue demasiado pronto. Quiero que estés seguro, que tengas la confianza que tenías en mí”. Murmuró terminando por morderse el labio. Cerró los ojos respirando hondo. Un tic que tenía siempre que los sentimientos le sobrepasaban.

Elevó su mentón dulcemente, colocando la mano debajo de su barbilla. Ese gesto hizo que ella abriera sus ojos. Se perdieron en sus miradas. Rick acarició la piel de su mejilla con el pulgar. Se quedó observándola unos segundos, en silencio. Besó la comisura de sus labios muy despacio. “Estoy seguro”. Afirmó asintiendo con la cabeza para corroborarlo. “Nos quedan más pasos que dar, pero de este estoy muy seguro”. Rozó el contorno de sus labios. “Me estás enseñando a otra Beckett, una que me vuelve más loco todavía que la de antes. Y te has ganado, con creces, cada beso, cada caricia que te voy a dar esta noche, y todas las noches que tú quieras”. Acortó la distancia entre sus labios y la besó con lentitud, saboreándola.

Ella no pudo más que corresponder a ese beso, retomando la lucha de sus labios que les hacía sentirse cada vez más acalorados y deseosos. La postura que tenían en el sofá empezaba a ser bastante incómoda. Rick se incorporó, todavía con ella sobre él, y ese movimiento hizo que sus sexos entraran en contacto, pese a la ropa que tenían de por medio. Ambos soltaron un pequeño gemido, sorprendidos pero encantados. Beckett se mordió el labio con fuerza. El deseo que sentía era cada vez más fuerte e intenso. Pero ese no era el mejor lugar.

“Vamos a mi habitación”. Pidió él tirando de su mano tras levantarse ambos del sofá.

La inspectora le siguió sin soltarse, con una sonrisa en sus hinchados labios, por tanto beso que se habían estado dando.
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Mensaje por livingmylife el Sáb Jun 24, 2017 11:15 am

CAPÍTULO 18

Sin soltarse de las manos se acercaron a la cama que presidía la estancia. Agarró la nuca de la inspectora, acercando sus labios a los de ella, besándola, con lentitud. Poco a poco la fue tumbando sobre el colchón, sin dejar de sujetarla por detrás de la cabeza. Sus besos se fueron volviendo cada vez más largos, más intensos, dando paso a sus lenguas que comenzaron una nueva lucha.

Ella se agarró también al cuello de él, entrelazando los dedos entre el corto pelo del escritor. Lo fue acercando cada vez más a ella, tumbándolo sobre el colchón, prácticamente sobre su cuerpo.

Rick apoyó el codo izquierdo sobre la cama para no aplastarla y sonrió en el beso al sentir cómo los dedos de ella acariciaban su cuello y su pelo. Beckett llevó sus manos a los botones de su camisa, acariciando su cuerpo por encima de ella. Empezó a soltarlos mientras sus labios se perdían entre los de él. Cuando terminó con aquella tarea, le sacó la camisa aprovechando para acariciar sus fuertes brazos. Lanzó la prenda a alguna esquina de la habitación y se aferró a su espalda, sintiendo su piel caliente bajo las puntas de los dedos.

Un pequeño escalofrío recorrió la espalda del escritor al notar sus dedos recorrerla de arriba abajo. Alentado por sus caricias, mordió con sutileza el labio inferior de la inspectora mientras coló una mano bajo su camiseta, acariciando su plano abdomen. Beckett contrajo los músculos del vientre, encantada con sus caricias y sonrió ante su mordisco. Al estar apoyado sobre su codo para no descansar todo su peso sobre ella, no podía quitarle fácilmente la camiseta, pero se la subió un poco, lo justo para dejar al aire su ombligo. Se movió hacia abajo, abandonando sus labios y empezando un recorrido de besos por toda su tripa. Al cambiar de postura, sus dos manos quedaron libres y las utilizó para despojar a la inspectora de su camiseta. Después, siguió recorriendo toda la piel de Kate que había quedado expuesta, besándola, acariciándola.

Beckett levantó la cabeza para observar todo lo que él le hacía. Sonrió cuando él, al sentirse observado, frenó sus besos y alzó la vista para encontrarse con los ojos de ella. Se sonrieron, nerviosos. “Ven aquí”. Lo agarró como pudo suavemente de la barbilla y tiró de él hasta que quedó a la altura de sus labios. Lo besó despacio volviendo a acariciar su ancha espalda. Rick correspondió a aquellos besos con deseo mientras sus manos también volaban por el cuerpo de ella. En un momento de despiste del escritor, la inspectora cambió la postura de ambos posicionándose ella sobre él con una sonrisa de autosuficiencia en el rostro.

Castle la miró con sorpresa y admiración. “¡Wow! Tienes que enseñarme a hacer eso”.

“Luego”. Susurró ella inclinándose hacia delante para besar cada rincón del cuerpo del escritor. Rick no pudo más que cerrar los ojos y dejarse llevar por las sensaciones que cada beso y caricia de ella le estaban causando. “Esta noche eres todo mío”. Murmuró en su oído mordiéndole el lóbulo suavemente y tirando de él con picardía.

Se aferró a sus caderas y buscó sus labios con desesperación. Siempre le había gustado verla llevar el control de cada situación. Pero aquello sobrepasaba sus límites. El deseo por ella crecía cada vez más en su interior y se hacía cada vez más palpable mediante su erección. Sentía que podía explotar en cualquier momento y, por muy placentero que sonara, no quería eso. No todavía. Quería y necesitaba disfrutar de ella todo el tiempo que fuera posible. Se mordió el labio con fuerza y soltó un fuerte gemido cuando Kate empezó a moverse circularmente sobre su erección. Pese a la ropa que los separaba, el roce era exquisito. Empezó a acariciar la espalda de ella, con suavidad, mientras disfrutaba de sus atenciones.

“No”. Dijo ella con rotundidad agarrando sus manos y colocándoselas sobre el colchón, a ambos lados de su cabeza. “Déjame primero a mí”. Pidió volviendo a besar sus labios sin soltar las manos de él.

“Kate…”. Se quejó entre los besos de ella, intentando moverse para liberar sus manos.

“No me hagas esposarte, Castle”. Mordió su labio inferior. “Luego te dejaré que me acaricies. Ahora, simplemente, disfruta”. Soltó sus manos con suavidad y las llevó al botón del pantalón del escritor, soltándolo y quitándoselo.

Rick jadeó con fuerza cuando la tela del pantalón al salir rozó su entrepierna. Mantuvo como pudo sus manos quietas, obedeciendo a Beckett. “Estamos en desigualdad de condiciones”. Se quejó al verse a sí mismo únicamente con los calzoncillos y a ella todavía con el pantalón.

“Luego”. Volvió a susurrar comenzando a arañar suavemente el abdomen del escritor. Rick contrajo los músculos de aquella zona, sintiendo cómo el calor de su cuerpo seguía creciendo sin piedad alguna.

Más besos y caricias por parte de Kate hicieron que el miembro de Castle estuviera casi a punto de explotar, todavía dentro de su ropa íntima. Con manos hábiles, la inspectora fue bajando aquella prenda del escritor hasta quitársela por completo y dejar al aire su enorme erección. Se mordió el labio con fuerza al verla y acarició sus muslos, por el interior, acercándose peligrosamente a esa parte de su anatomía.

Castle gimió en anticipación a lo que creía que vendría entonces. Y suspiró con frustración cuando los suaves dedos de Kate pasaron por alto su miembro y siguieron su camino por su tripa y sus pectorales hasta llegar a sus hombros donde se aferraron. Sintió el cuerpo de ella inclinarse sobre el de él y la miró para observar cómo besaba cada parte de su piel, incluida la de sus pezones, volviéndolos más erectos todavía y enviando sensaciones nerviosas directamente a su hinchado y necesitado miembro. “Kate…”. Jadeó con fuerza empezando a pensar que no podía más. Que necesitaba de sus atenciones directas en su entrepierna.

“Shh…”. Puso el dedo índice sobre sus labios. “No tengas prisa”. Retiró el dedo besando los labios del escritor y se concentró en besar, lamer y mordisquear su cuello. “Sólo quiero hacerte disfrutar”. Succionó el punto de unión de su cuello con su clavícula mientras una de sus manos bajaba por su abdomen hasta encontrarse con su miembro.

Sin dilatación y sin vergüenza alguna, lo agarró entre sus dedos con una pequeña presión y empezó a acariciarlo de arriba abajo sin cesar los besos en su cuello.

“¡Oh, Kate!”. Aquello fue demasiado para él, que cerró los ojos con fuerza intentando aguantar el máximo tiempo posible. Pero como ella siguiera así, no iba a poder conseguirlo. “No… no”. Intentó hablar pero las caricias de ellas se volvieron más rápidas y apenas le salían las palabras. “No… aguantaré mucho…”. Gimió con fuerza al empezar a sentir cómo un líquido caliente emanaba de su punta y ella lo retiraba con su pulgar mientras besaba, ahora sus pechos.

“Déjate llevar”. Mordió su pezón con pericia mientras seguía acariciándole en toda su longitud.

Las palabras de ella, junto con sus besos y caricias, fueron el detonante que hicieron que no pudiera controlarse más y, obedeciéndola nuevamente, se dejó llevar arqueando involuntariamente las caderas y manchando, ligeramente, la piel del abdomen de Beckett. Se dejó caer otra vez en la cama, respirando entrecortadamente, exhausto y con una enorme sonrisa, todavía sorprendido por lo que le acababa de hacer.

Kate se retiró de encima de él dándole su espacio para reponerse y se mordió el labio al ser consciente de lo que causaba en él. De lo que había conseguido únicamente con sus besos, caricias y palabras. Acarició suavemente su brillante pecho, a causa del sudor y besó sus labios fugazmente antes de recostarse a su lado. Le recolocó unos rebeldes pelos del flequillo que tapaban sus preciosos ojos.

Castle giró la cabeza para mirarla. Sus ojos brillaban, de deseo, de cariño, de amor. Al igual que los de ella. Acarició su rostro con la punta de los dedos, haciéndola sonreír. “Eres… perfecta”. Susurró y besó sus labios dulcemente.

Kate rió suavemente. “No, no lo soy”. Negó despacio y le devolvió el beso. “¿Sigues queriendo estar en igualdad de condiciones o… estás muy cansado?”. Preguntó mordiéndose el labio para provocarlo.

“De eso nada, inspectora”. En un ágil movimiento que sorprendió a Beckett, se posicionó sobre ella mientras le desabrochaba el pantalón y se lo sacaba, lanzándolo a algún lado de la habitación. “Tengo energía para unos cuantos más. Y esta vez, te toca a ti”. Besó sus labios con vehemencia mientras sus manos recorrían cada rincón de su piel.

Beckett sucumbió a sus besos y caricias, dejándose hacer. Sintiéndose deseada, amada y protegida junto a él. Los húmedos labios del escritor sustituyeron a sus expertas manos, llenándola de besos por todo el cuerpo. Su respiración se volvía más errática cada vez. Su espalda se arqueaba, elevando la cadera en busca de alguna atención en su entrepierna, donde sentía que la humedad empezaba a invadirla. “Rick…”. Jadeó con fuerza cuando él soltó el broche de su sujetador y dejó al aire sus pechos.

“Shh… Disfruta”. Susurró él enterrando la cara entre sus senos para dedicarse por completo a ellos, besándolos, lamiéndolos e incluso mordiéndolos en ocasiones.

Sólo se escuchaban los gemidos de Kate, que había colocado ambas manos sobre la cabeza de Rick para que no se separara de ella. Una de las manos del escritor viajó hacia el sur, acariciando el abdomen de Kate, hasta que se encontraron con la tira de sus braguitas. Tentándola, jugueteó con ellas sin dejar de atender a sus pechos.

“Por favor”. Suplicó ella alzando la cadera para sentir algo más que pequeñas caricias sobre su ropa íntima.

“Paciencia”. Murmuró él divertido al escuchar sus súplicas. Subió el rostro hasta los labios de ella besándola con ansias y jugueteando con su lengua. Consiguiendo rozarla lo mínimo, bajó las bragas por sus largas piernas hasta quitárselas. “¿Ves?”. Susurró en el oído de ella. “Ya estamos en igualdad de condiciones”. Mordió su lóbulo como antes hizo ella con él. Sin miramientos, rozó su entrada provocando un tremendo escalofrió y un fuerte gemido en ella. “Oh… sí que estás húmeda”. El simple hecho de sentirla así hizo que se excitara como nunca. Mordió su cuello sutilmente dejando danzar sus dedos por sus pliegues hasta encontrar su clítoris. Lo acarició circularmente, presionándolo y pellizcándolo en ocasiones.

Beckett sólo podía aferrarse a las sábanas, con los ojos cerrados. Y gemir. Le era imposible dejar de gemir. Nunca había sentido tanto placer, concentrado en su entrepierna. “Sí… sigue. Justó ahí, Rick. Sigue”. Pidió desesperada por alcanzar finalmente el orgasmo. Y lo consiguió cuando él, introdujo un par de dedos en su interior y los movió circularmente, presionando lo justo, al igual que con el pulgar sobre su clítoris. “¡Rick!”. Gritó con fuerza agarrándose con una mano a las sábanas y con la otra al brazo del escritor mientras sentía cómo sus paredes vaginales se contraían y se corría con fuerza, dejándose caer después sobre las sábanas.

“Me encanta cuando me llamas por mi nombre”. Se inclinó más sobre ella sacando los dedos de su interior y la besó con suavidad en los labios. Su miembro volvía a estar preparado. Verla y escucharla gemir de aquel modo sabiendo que era él quien se lo provocaba, había vuelto a excitarlo de sobremanera. “Ábrete un poco para mí”. Pidió besando de nuevo sus pechos y sujetando sus piernas con suavidad para abrírselas despacio.

Beckett obedeció todavía sucumbida por el tremendo orgasmo que acababa de tener. Abrió los ojos para encontrarse con la imagen más provocadora que había visto en su vida. Richard Castle sobre ella, sujetando sus muslos con firmeza y recorriendo su cuerpo a besos para prepararla para un nuevo ataque. Kate enredó el cuerpo del escritor con sus piernas, completamente abierta a él y lo instó con los talones en su trasero a que no se demorara.

Rick sonrió ante su impaciencia y sin perder más tiempo la penetró de una vez, comenzando a moverse en su interior instantes después. Las estocadas de él fueron acompañadas por movimientos rítmicos de la cadera de ella que los hizo delirar a ambos y estallar, rápidamente, en un nuevo orgasmo, más largo y placentero que el anterior que cada uno había vivido. Apoyó la frente contra la de ella tratando de recomponerse y de volver su respiración y los latidos de su corazón a un ritmo normal.

Beckett abrió los ojos perdiéndose en la azul mirada de él y sonrió visiblemente satisfecha, pero cansada. “Te quiero, Rick”. Susurró rozando su nariz con la de él en un gesto cargado de cariño.

“Oh, Kate…”. Susurró él conmovido por sus palabras y por la cantidad de sensaciones que acababan de vivir. “Yo también te quiero”. Susurró suavemente, para después besó sus labios con ternura.

Castle se tumbó sobre el colchón y trajo su cuerpo hasta él para abrazarla. Ella apoyó la cabeza sobre su pecho, abrazándose a él. Tras tomar una manta y taparse con ella, cayeron completamente dormidos.
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Mensaje por livingmylife el Lun Jun 26, 2017 9:19 pm

CAPÍTULO 19

Una tenue luz se filtraba por la ventana mientras sus sentidos se despertaban y su mente recordaba con total detalle lo que había ocurrido horas antes en aquella misma cama. Sonrió inevitablemente y desplazó su brazo por las finas sábanas intentando encontrar el cuerpo de su acompañante. Sin embargo, no encontró a nadie a su lado. Sorprendido, y algo asustado, se incorporó de golpe abriendo los ojos rápidamente. Las sábanas únicamente cubrían su cuerpo de cintura para abajo. Recorrió toda la habitación con la mirada, sin encontrar lo que buscaba. Su corazón empezó a latir acelerado. Por su cabeza pasaron miles de posibles ideas, y ninguna le gustaba.

El ruido de la puerta de su habitación abriéndose lo sorprendió concentrado en sus pensamientos y miedos. Giró la cabeza con brusquedad hacia la puerta y entonces sintió cómo sus músculos se relajaban, su corazón se saltaba un par de latidos y una pequeña sonrisa aparecía en su rostro.

"Ey". Saludó entrando con una bandeja con el desayuno entre sus manos. Rodeó la cama hasta su lado, dejó lo que llevaba sobre la mesita de noche y se sentó a su lado mirándole con el ceño ligeramente fruncido. Le había sorprendido su mirada perdida y asustada al entrar en la habitación. A pesar de que se había relajado al verla. "No me voy a ir". Susurró acariciando con la punta del dedo índice el pecho del escritor, adivinando el motivo de su turbación. Le pasó la taza de café que había preparado para él.

Castle cerró los ojos al sentir la caricia y respiró profundamente antes de volver a abrirlos, sin atreverse a mirarla a los ojos, avergonzado. Dio un sorbo y la dejó sobre la mesita de noche. "Lo siento…". Susurró. "Me he asustado al no verte a mi lado". Confesó. "Pensé que…". Apretó los labios pensando cómo continuar la frase.

"Pensaste que me había arrepentido y había salido corriendo, huyendo, de tu cama". Terminó ella por él, arrodillándose a su lado. Iba vestida únicamente con la camisa de él, que le tapaba hasta la mitad de los muslos. En aquella postura, se le abría la camisa a la altura del pecho dejando ver bastante de su escote.

"Sí". Murmuró mordiéndose el labio ante la visión de ella así, junto a él.

"Rick, mírame". Pidió con voz suave, mirándole a los ojos con la cabeza ligeramente ladeada y una pequeña sonrisa.

Castle obedeció perdiéndose en su mirada. Lo que vio en sus castaños ojos le hizo dibujar una media sonrisa en sus labios. Alargó la mano y le recolocó un rebelde mechón de pelo detrás de la oreja, acariciando su mejilla y su cuello en el proceso.

Agarró la mano de él con una pequeña sonrisa y besó su dorso con amor. "No pienso irme. No voy a alejarme de ti. No voy a huir". Habló despacio. Intentando que aquellas palabras calaran hondo en él y que se las grabara a fuego para recordarlas siempre. Rick únicamente podía mirarla, sintiendo cómo nuevamente su corazón latía deprisa. Pero esta vez por emoción y amor. "Voy a quedarme contigo, todo el tiempo que tú quieras". Levantó las sábanas de su cadera, destapando su cuerpo y sentándose sobre él a horcajadas. Ambos iban sin ropa interior, por lo que sus sexos prácticamente entraron en contacto, provocando que una oleada de calor se instalara en ellos. Rick bajó la mirada fugazmente hasta el punto en el que sus cuerpos se juntaban y volvió a elevarla mordiéndose el labio. Kate puso las manos sobre sus hombros, sin dejar de mirarle a los ojos en ningún momento. "No quiero huir más. Quiero estar aquí, junto a ti". Besó su labio inferior despacio, atrapándolo entre los suyos. "Me ha costado, te he hecho sufrir, y he sufrido yo. Pero ya basta de eso. Ahora, simplemente, quiero ser feliz. Contigo. Y hacerte feliz a ti". Bajó las manos por sus brazos, acariciando su piel y acercándose nuevamente a su rostro para besarle, ahora en el labio superior.

"Oh, Kate". Suspiró el escritor agarrándola por las caderas para pegarla más a él. Apoyó su frente contra la de ella cuando terminó el beso. "Así me haces feliz". Confesó en un susurró, cerrando los ojos.

Kate sonrió y acarició su mejilla con ternura. "Pues ve acostumbrándote, porque no pienso irme de tu lado. Salvo que tú te canses de mí". Besó la punta de su nariz y a continuación le dio un pequeño mordisco ahí mismo.

Castle abrió los ojos sonriendo por el beso y el mordisco y atrapó sus labios con vehemencia. "Nunca me cansaré de ti". Susurró con la voz cargada de deseo, volviendo a besarla mientras sus manos se colaban debajo de su camisa y la agarraban de las nalgas, atrayéndola más a él y creando una agradable fricción entre sus sexos.

"Umm…". Se mordió el labio con fuerza, ahogando un gemido al empezar a sentir la erección de Castle entre sus pliegues y su humedad.

"¿Cómo podría cansarme de ti? Es imposible". Mordió su labio inferior y pidió paso a su boca con la lengua, invadiéndola por completo.

Beckett se agarró a sus brazos correspondiendo a las caricias de su lengua, enredando la suya propia en la de él. Así, el beso se fue volviendo cada vez más intenso y el calor de aquella habitación fue aumentando por segundos.

"Dime que tenemos tiempo para esto". Susurró sin dejar de besarla, subiendo las manos por su espalda, acariciando cada rincón de su piel.

Beckett, sin moverse de su posición, alargó el brazo hasta encontrar su móvil sobre la mesita. Comprobó que todavía era temprano y con una pícara sonrisa dejó el aparato nuevamente sobre la mesa lanzándose a los labios de él, acariciando su torso desnudo. "Tenemos tiempo". Susurró con la voz rota por el deseo.

En un rápido movimiento, Castle cambió la posición de ambos, tumbándola a ella sobre la cama y colocándose sobre su cuerpo, con suavidad, empezando a besar y lamer su cuello. Sus hábiles manos se desplazaron por los botones de la camisa, soltándolos a su paso. Una vez abierta acarició con la palma de su mano el abdomen de la inspectora, subiendo las caricias con peligro hacia sus pechos. Allí, utilizando únicamente la punta de sus dedos, acarició el contorno de sus senos, sin acercarse donde ella más deseaba, sin rozar su aureola ni su pezón.

Ese juego desquició a la detective, que no podía dejar de gemir bajo el grande cuerpo del escritor. "Rick". Jadeó con fuerza reclamando atención donde más lo necesitaba. Elevó las caderas hasta rozarse con él y ambos suspiraron a la vez.

Castle sonrió al sentirla tan desesperada y, atendiendo a sus súplicas, bajó la cabeza hasta sus pechos y los besó y lamió durante un buen rato, provocando que la humedad entre las piernas de Kate aumentara considerablemente y que su hinchado clítoris demandara atención más directa.

En un segundo de desesperación por la cantidad de deseo que sentía, agarró la mano izquierda de él que reposaba sobre su cadera y se la guió hasta su pubis, instándolo a que la acariciara y la volviera loca de placer.

Rick soltó una pequeña carcajada ante su actuación y mordió su pezón derecho dejando la mano quieta donde ella se la había llevado. "Estás un poquito desesperada, ¿no?". Susurró en su oído, completamente olvidado de la sensación de vértigo que sintió cuando no la encontró a su lado en la cama.

"Mucho". Confirmó ella sin pudor alguno. "Y como no empieces a mover esa mano, te juro que lo haré yo misma". Amenazó mordiendo el lóbulo de su oreja y provocando un gustoso escalofrío en toda su espalda.

Castle se separó ligeramente de ella y la miró sorprendido, alzando la ceja. "¿Lo has hecho alguna vez?". Quiso saber empezando a mover circularmente la palma de la mano sobre su clítoris, causando corrientes eléctricas en el cuerpo de su amante.

"¡Oh!". Gimió con fuerza al sentir sus caricias, abriendo la boca para buscar el aire que le empezaba a faltar, debido al deseo y al placer. "Sí…". Susurró entrecortadamente.

"¿Pensando en mí?". Preguntó buscando su pulso en su cuello y lamiéndoselo con experiencia mientras su mano seguía bailando sobre su pubis. Al ver que ella no contestaba y que únicamente respiraba con fuerza y entrecortadamente a causa de sus caricias, frenó el movimiento de su mano y se incorporó ligeramente mirándola mientras se mordía el labio inferior.

"¡Castle!". Protestó ella abriendo los ojos de golpe al sentir cómo paraba y se quedaba quieto.

"Contéstame y sigo". Besó sus labios con vehemencia y se separó de su cara nuevamente para mirarla a los ojos cómodamente.

"¿No es evidente?". Preguntó ella atrayéndolo hasta sus labios para besarlo de nuevo empezar a acariciar su ancha espalda y sus musculosos brazos.

"Quiero oírtelo decir". Pidió entre besos, cambiando la posición de la mano hasta acariciar suavemente la piel sudada de su abdomen, peligrosamente cerca de donde comenzaba su zona íntima.

"Rick…". Suplicó mordiéndole el labio con fuerza ante el deseo que se instalaba en su bajo vientre.

"Dímelo, Kate". Volvió a pedir pasando de arriba abajo la punta de su dedo índice entre sus pliegues, tentándola.

"Sí, pensando en ti". Soltó sin más, presa del placer que necesitaba que él le hiciera sentir.

"Oh, Kate". Gimió él volviendo a besarla con ansias, jugando con su lengua e introduciendo, sin previo aviso un par de dedos en su interior, presionando justo donde sabía que le haría delirar. Beckett arqueó la cadera en busca de un mayor contacto, jadeante, sudada.

El sonido del teléfono de la inspectora rompió la burbuja de aquel momento, haciendo que ambos se miraran sin saber cómo actuar.

Él, desesperado por hacerla llegar al clímax y, a continuación, acompañarla él en uno nuevo, acarició su clítoris circularmente mientras movía los dedos en su interior.

Kate ladeó la cabeza hasta vislumbrar su teléfono y suspiró con fuerza al sentir la lengua de Castle por todo su cuerpo. "Es de comisaría". Agarró la cabeza de él con las dos manos obligándolo a parar y le dio un fugaz beso en los labios. "Sigamos en la ducha. Luego llamo a ver qué querían".

Se puso en pie, rodeó la cama y tiró de las manos del escritor para ponerlo también a él en pie. Ágilmente dio un salto colgándose de sus caderas, rodeando su cuerpo con sus largas piernas y aferrándose a su cuello mientras lo besaba con intensidad.

La excitación de Castle aumentó al verla reaccionar de aquella forma y no pudo más que agarrarla con firmeza de las nalgas mientras correspondía al beso y caminaba así hasta el baño.

Se metieron en la ducha tan pegados como habían llegado. Allí, hicieron el amor sin más preámbulos, bajo el agua tibia que mojaba sus cuerpos. Beckett enroscada en su cuerpo, con la espalda contra la pared. Y él, arremetiendo contra ella, con estocadas certeras que los hizo alcanzar un fuerte orgasmo a los dos.

Después, se enjabonaron, se aclararon y se vistieron para ir al apartamento de Beckett a que ella pudiera cambiarse de ropa antes de empezar un nuevo día de trabajo. Tomando por el camino un par de cafés que Castle se empeñó en comprar.

"Gracias". Susurró él frente a sus labios antes de dejarla salir de su casa, agarrándola de la mano y pegándola a él, sujetándola por las caderas.

"¿Por qué?". Preguntó ella con una pequeña sonrisa.

"Por no haber contestado la llamada" Susurró nuevamente, besándola con suavidad. Ambos sabían que no haber respondido a la llamada en ese momento era un hecho que confirmaba la promesa que Beckett le había hecho unos días antes: anteponer su relación, su futuro y su felicidad juntos a su trabajo.

"Siempre". Respondió ella besando lentamente sus labios antes de salir de casa a la comisaría, ambos con una enorme sonrisa.
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Miér Jun 28, 2017 10:37 pm

CAPÍTULO 20

De camino a comisaría el teléfono de Beckett volvió a sonar. Ésta vez era un mensaje, de Espósito, con la dirección de la escena del crimen que les habían adjudicado. Tras leerlo, cambiaron el rumbo y se dirigieron directamente allí.

Justo un par de calles antes, Castle se puso nervioso. No había caído en la cuenta de que iban a llegar juntos, sus compañeros preguntarían y él no iba a saber qué contestar. Por un lado quería gritarle a toda la ciudad de Nueva York que estaban juntos, que por fin tenía entre sus brazos a la inspectora más cabezota, sexy e increíblemente inteligente que existía. Pero conocía la determinación de Beckett por mantener su vida privada en privado. Se removió incómodo en el asiento del copiloto. Ese gesto provocó que su codo chocara con el brazo de ella, que estaba cambiando de marcha al coche. "Pe… perdón". Tartamudeó tratando de no mirarla. Siempre había tenido la sensación de que cuando sus ojos se encontraban, ella era capaz de leer hasta su alma.

Beckett frunció el ceño al ver su actitud. "No pasa nada". Intentó tranquilizarlo. Pero su comportamiento no le cuadraba. Algo le pasaba. Se mordió el labio con fuerza y antes de girar hacia la derecha para adentrarse a la calle del asesinato, paró el coche en el primer hueco que vio. Apagó el motor, puso el freno de manos y se giró en su asiento hacia la derecha para quedar mirándole. "Castle". Llamó su atención colocando la mano sobre su rodilla, suavemente.

El escritor permanecía con la vista fija a través de la ventanilla, mirando, sin ver, a la gente que iba atolondrada a sus trabajos. "Tranquila, me bajo aquí y llego un poco más tarde que tú". Soltó de carrerilla creyendo que eso era lo que ella quería. Se deshizo del cinturón con rapidez. Fue a abrir la puerta del coche, pero ella no se lo permitió.

Alargó la mano hasta agarrar su brazo con firmeza y le hizo detenerse e incluso girarse hasta quedarse mirándola a ella. "¿Es eso lo que te pasa?". Preguntó casi en un susurro, con voz tranquila y suave. Castle bajó la cabeza hasta ver cómo ella entrelazaba sus dedos entre los de él. "Rick". Apretó su mano con cariño para que volviera a mirarla. Y él lo hizo. "¿Prefieres bajarte aquí y encontrarnos allí?". Preguntó con ternura y una pequeña sonrisa. Estaba segura de que eso no era lo que él quería.

"Si es lo que tú quieres, sí". Contestó acariciando sus dedos suavemente, perdido en el suave tacto de sus dedos.

"Pero no es eso lo que yo quiero". Confesó ella mordiéndose el labio. Respiró hondamente y miró a la calle por el parabrisas. Vació el aire de sus pulmones antes de volver a girarse hacia él. Castle no le quitaba la vista de encima, interrogante, esperando que continuara. Kate sonrió y con la otra mano acarició dulcemente su mejilla. "Te lo he dicho esta mañana. No quiero seguir huyendo. Te quiero a ti, conmigo, a mi lado, en todo momento". Ambos se sonrieron. "Me da igual lo que piensen Ryan o Espósito. De todas formas, creo que todos sabían perfectamente cómo íbamos a acabar tú yo". Bromeó acariciando los labios del escritor con el pulgar, despacio. Rick asintió con una pícara sonrisa, relajándose por momentos. "Aunque también sabes que siempre he sido bastante cuidadosa con mi vida privada. Pero eso ya no me importa más". Apretó la mano de él con ternura. "Sólo que no me gustaría que nuestra relación llegara a oídos de Gates y no te dejara trabajar más con nosotros". Se inclinó hacia delante a la vez que él, quedando sus rostros muy juntos. "Pero…". Susurró ella. "Si se entera y no te deja seguir, ya buscaríamos la forma de no echarnos tanto de menos durante el día". Besó sus labios lentamente, como una caricia. Despacio, saboreándose. Intentando transmitirle en aquel roce toda la seguridad que tenía.

Tras el beso, ninguno se separó. Sus alientos se mezclaban, sus respiraciones se habían acelerado y sus sonrisas se habían incrementado. Apoyaron sus frentes, todavía con los ojos cerrados. Sin desenlazar sus dedos. "Creo que… podría ser interesante intentar mantener nuestra relación oculta durante un tiempo". Susurró el escritor y abrió los ojos hasta enfocar los de ella. "Y excitante". Añadió con la voz cargada de deseo.

Kate soltó una carcajada y negó ligeramente con la cabeza. "No tiene remedio, señor Castle". Rick se encogió de hombros sonriéndole como a ella le gustaba. "Pero tienes razón". Concedió ella separándose de él suavemente. Comprobó la hora en su teléfono y arrancó de nuevo el coche. "Vamos que al final van a acabar sospechando".

"Entonces, ¿no me bajo aquí?". Preguntó con una sonrisa abrochándose de nuevo el cinturón.

"No. Que piensen lo que quieran. Será divertido". Añadió con una sonrisa mientras volvía a incorporarse al tráfico para llegar a la escena del crimen donde sus compañeros los esperaban.

Lanie se encontraba de cuclillas inclinada sobre el cadáver que había aparecido aquella mañana, bien temprano. Intentaba establecer la hora aproximada de su muerte cuando algo llamó su atención. Dejó de prestar atención al cuerpo inerte y alzó la cabeza frunciendo el ceño ligeramente. Hacia ella caminaban Castle y Beckett. Llegaban juntos. Eso ya era extraño. Pero añadido a que la inspectora solía llegar bastante antes que Ryan y Espósito y, sobre todo, que Castle, lo hacía todavía más raro todavía. Y lo más sorprendente de todo era la enorme sonrisa que ambos lucían en sus rostros. No es que nunca sonrieran. Simplemente, todo aquello llamó la atención de Lanie, que no les quitaba el ojo de encima.

Ryan y Espósito también se dieron cuenta de todo eso. Sobre todo el moreno, que era el que había llamado a Beckett por la mañana. Llamada que ella no había respondido, ni devuelto. Los detectives se miraron entre ellos, y después intercambiaron una mirada y una sonrisa con la forense. Los tres tenían claro que algo estaba cambiando entre la inspectora y el escritor. Lo que no sospechaban era hasta qué punto habían evolucionado las cosas entre ellos.

"Buenos días". Saludaron los dos en cuanto llegaron a la altura de sus compañeros.

"¿Qué tenemos?". Preguntó Beckett centrándose en el cuerpo, mientras se ponía los guantes, tras fijarse en las miradas de sus compañeros. Se mordió el labio para no sonreír ante las caras de sorpresa de ellos.

"Un hombre que esta mañana no ha debido de tomar café y por eso está tan muerto". Soltó Lanie al fijarse en que ni la inspectora ni el escritor traían su habitual café. Achinó los ojos mirando fijamente a Kate. "Y… hablando de cafés… Ya sé que no sueles traerme ninguno a mí, pero… ¿ahora tampoco le traes uno a Beckett?". Preguntó mirando esta vez al escritor.

Castle disimuló una sonrisa tomando un par de guantes del bolsillo del abrigo de Beckett para ponérselos él también y se agachó al lado de la forense, observando el cadáver. "Ya nos lo hemos tomado". Respondió sin mirarla, fijándose en diferentes detalles del cuerpo sin vida que yacía ante ellos.

"¿Hora de la muerte?". Preguntó Beckett tras sonreír de lado. Sacó su libreta para apuntar los datos que sus compañeros pudieran darles.

La forense volvió a centrarse en el cadáver, con el pensamiento de pillar a Becket por banda más adelante y sonsacarle todo lo que pudiera. "Creo que entre las 6 y las 7 de esta mañana. Asfixiado".

"¿Algún testigo?". Se giró a sus detectives apuntando lo que Lanie le había dicho.

"No, por el momento". Respondió Ryan.

"Seguid preguntando. Si lo mataron asfixiándolo, alguien tuvo que oír o ver algo". Guardó la libreta y se agachó a examinar el cuerpo ella también, frente a Castle.

"Tiene los ojos cerrados". Comentó sorprendido el escritor.

Beckett levantó la cabeza para mirar a Castle y se fijó en que lo que decía era cierto.

"El asesino conocía a la víctima". Dijeron los dos a la vez. Se miraron, sorprendidos, pero con una pequeña sonrisa. Se perdieron en la mirada del otro. Antes también tenían esa conexión, que les erizaba la piel. Pero ahora esa sensación se había intensificado. Kate se mordió el labio con fuerza intentando controlar sus sentimientos y se puso en pie. Castle la imitó unos segundos después.

Lanie, que no había perdido detalle de nada, también se incorporó. "Cada día me dais más miedo cuando hacéis eso". Confesó pasándole a Beckett la cartera del difunto. "Esto te servirá".

"Gracias". La tomó sacando el carnet de identidad para apuntar el nombre de la víctima.

"Te espero en el depósito". La miró con las cejas alzadas, avisándole de que no se iba a librar de sus preguntas. "Sola". Añadió antes de empezar con los trámites para trasladar el cuerpo.

Castle y Beckett se miraron disimuladamente y ahogaron una risa antes de empezar con su habitual recorrido de la zona para intentar sacar la mayor cantidad de datos posibles, que ayudaran a la investigación.

¿Conseguirán mantener una temporada su relación en secreto? ¿Quién les descubrirá antes? ¿Llegará a oídos de Gates?

Próximamente, más! Wink
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Re: Say Something

Mensaje por BRIGITTEALWAYSBELIEVE el Jue Jun 29, 2017 7:33 am

Capitulos perfectos una historia increíble.
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Jue Jun 29, 2017 9:39 pm

BRIGITTEALWAYSBELIEVE escribió:Capitulos perfectos  una historia increíble.

Muchísimas gracias por dejarme un comentario!!
Me alegra ver que hay gente que me lee y que, además, se anima a darme su opinión sobre la historia!

Me encantaría leer más opiniones, por favor! Eso me da ánimos para seguir escribiendo.

Saludos!
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Jue Jun 29, 2017 9:56 pm

CAPÍTULO 21

“¡Beckett!”. Llamó la atención de la inspectora mientras se acercaba hasta ella con unos papeles en la mano.

Levantó la cabeza de las fotos que estaba repasando y cogió lo que Espósito de ofrecía. “¿Qué es?”. Preguntó echando un vistazo a todas aquellas llamadas.

“Mira las marcadas en rojo”. Sonrió con suficiencia. Castle se acercó a Beckett por detrás de ella y echó un vistazo por encima de su hombro.

Los ojos de Kate se abrieron y una sonrisa como la de su compañero se dibujó en su rostro. “Buen trabajo. Traedlo aquí y hagamos que confiese”. Le devolvió los papeles y el moreno se acercó a su compañero para ponerse manos a la obra. Al ir a levantarse para apuntar el nombre del sospechoso en la pizarra, se tropezó con el cuerpo de Castle que seguía detrás de ella. “Ay, perdón”. Murmuró mientras movía la silla de manera que sorteara sus pies.

“No pasa nada”. Sonrió el escritor colocando con suavidad una mano en el hombro de la inspectora. Aprovechó para dejar una leve caricia en su hombro, disimuladamente. La piel de Beckett se erizó y un escalofrío atravesó su espalda, de arriba abajo.

“Rick…”. Susurró contrariada por sus caricias. Se mordió el labio con fuerza con una pequeña sonrisa.

“¿Qué pasa?”. Preguntó con inocencia retirando la mano, apartándose de ella y sentándose en su silla habitual.

“Que me desconcentras”. Murmuró disimulando, muy malamente, una sonrisa y achinando los ojos para mirarle con un brillo especial. Se puso en pie para apuntar el nombre en la pizarra.

Castle no le quitaba el ojo de encima y no pudo evitar fijarse en su trasero cuando ella se inclinó hacia delante para escribir con el rotulador en la parte inferior de la pizarra.

Se incorporó volviendo a colocar el tapón en el rotulador y frunció el ceño ante la mirada lasciva que el escritor le estaba dedicando. Le miró alzando una ceja y tuvo que chasquear sus dedos frente a él para que dejara de mirarle de aquella forma.

“Perdón, no puedo evitarlo”. Se disculpó intentando desviar la mirada, con una pequeña sonrisa.

Beckett se mordió el labio negando con la cabeza. Su móvil empezó a sonar encima del escritorio. Sonrió con picardía y para cogerlo, se inclinó sobre el cuerpo del escritor, apoyando una mano sobre su rodilla, acariciando levemente su pierna mientras se estiraba para alcanzar el aparato. La respiración de Castle se paró al instante de sentir el contacto de su mano. Ella lo notó y sonrió. Se acercó su oído. “Quien juega con fuego, se quema”. Le susurró erizando su piel.

En ese momento se acercaron los detectives, alzando una ceja al ver a Beckett incorporarse de haber estado inclinada hacia delante sobre Castle para responder al pitido de su móvil. Se miraron entre sí, sonrientes. “Lo último que sabemos de él es que ha estado comiendo en un restaurante cercano a la 55”. Contó Ryan mirándolos a los dos, pero sobre todo a Beckett, interrogante.

Ella ignoró su mirada con una pequeña sonrisa, mirando a Castle de reojo, quien también sonreía al haberse dado cuenta de aquello. “Bueno, pues tendremos que ir a ver si sigue allí”. Cogió su chaqueta colocándosela, siendo imitada por sus compañeros y Castle. Miró el mensaje de su móvil y sonrió respondiendo rápidamente mientras lo guardaba en el bolsillo.

Llegaron a una zona industrial, donde se suponía que el sospechoso seguía. Hacía apenas una hora que había estado comiendo en el restaurante de enfrente a donde se encontraban. La calle estaba completamente vacía. El cielo totalmente oscuro. Parecía que, en breves, iba a caer una tormenta.

Beckett apagó el motor y las luces de su coche mientras sus compañeros se bajaban del suyo y entraban en el restaurante para ver si seguía allí o alguien podía decirles dónde se encontraba.

“¿Esperamos aquí?”. Preguntó Rick al ver que ella no tenía intención de bajarse del coche, por el momento.

“Sí”. Respondió. “A ver si Espo y Ryan consiguen más información”.

“Bien”. Se sonrieron fugazmente para después volver a centrar su mirada en las puertas del restaurante.

El móvil de la inspectora volvió a sonar, lo sacó del bolsillo, leyó el mensaje, respondió fugazmente y volvió a guardarlo con una pequeña sonrisa dibujada en sus labios. Castle la observó de reojo, pero no dijo nada.

De repente, de un callejón salió un hombre corriendo, en dirección a una nave industrial que parecía abandonada. Castle y Beckett se miraron pensando ambos lo mismo: la sombra del hombre que vieron pasar tenía un gran parecido con su sospechoso.

Se bajaron rápidamente del coche, sin quitarle el ojo de encima y se pegaron a la pared de aquel edificio, dirigiéndose a la puerta por la que había entrado aquel hombre. Algunas gotas de agua empezaron a caer sobre ellos, que seguían avanzando, ella delante, el detrás, siguiéndola muy de cerca.

Cuanto más se acercaban a la puerta, con más fuerza caía el agua, empapando sus cuerpos. Justo antes de entrar, Beckett frenó en seco girándose hacia él, haciendo que Castle prácticamente se chocara contra su cuerpo. El escritor se agarró a sus caderas para no caerse, quedando sus caras a milímetros. Sus respiraciones se aceleraron con el simple hecho de sentir el aliento del otro tan cerca del suyo. Rick entreabrió los labios, con la vista fija en los de ella. Kate, por su parte, atrapó su labio inferior con sus dientes, sin ser consciente del efecto que eso tenía en él.

Al empezar a sentir la lluvia con más fuerza sobre ellos, no pudo evitar desviar la mirada hacia la camisa que se le empezaba a pegar al cuerpo, dejando ver su sujetador. Error. Aquello únicamente aumentó aún más su excitación y su atracción hacia ella. La mano derecha del escritor viajó velozmente hasta su nuca, mientras su otra mano se ceñía a su cadera para pegarla completamente a él.

“Rick…”. Susurró ella prácticamente fuera de sí, pero intentando hacer el esfuerzo de controlarse. Sabía que tenían que ir a por el sospechoso, sino, se les escaparía; pero la atracción que sentía en ese momento por el escritor, completamente hundido, con el flequillo cayendo sobre sus ojos y con la camisa ceñida a sus abdominales por debajo de su abrigo, empezaba a ser superior a ella.

Coló la mano por entre sus ropas húmedas, acariciando su plano y terso abdomen mientras con el pulgar de la otra acariciaba sus labios, tentándola. Ese gesto por parte del escritor terminó de desatar la excitación que crecía dentro de ella y se lanzó a sus labios, besándolo con ansias, abriendo la boca para permitir el acceso de su lengua.

Las manos de ambos volaban por sus cuerpos, acariciándose, calentándose, mientras sus bocas se reunían una y otra vez en besos intensos, apasionados. Sus lenguas chocaban en una insaciable y excitante lucha. Todo mientras la tormenta seguía cerniéndose sobre ellos, mojándolos más todavía. Haciendo que perdieran la noción del tiempo e incluso del lugar en el que se encontraban.

Castle apretó el cuerpo de la inspectora contra la fría pared de aquel edificio, provocando que un fuerte escalofrío recorriera el cuerpo de ella ante el cambio de temperatura. Pero no perdió el tiempo, abrazándose al cuello de él, sin dejar de besarse, enterrando los dedos en el corto pelo de su cabeza, cerca de la nuca, acariciándolo, excitándolo aún más. Las expertas manos del escritor acariciaron de arriba abajo los costados de Kate, por debajo de la camiseta, e incluso rozaron deliberadamente sus senos por encima del sujetador, excitándolos con maestría.

El ruido de la puerta que tenían a su lado abriéndose les interrumpió, pero no consiguió que sus cuerpos se separaran. Por el rabillo del ojo vieron cómo el sospechoso al que perseguían volvía a salir de ese edificio con un par de bolsas de basura en las manos. Se sorprendió momentáneamente por encontrarse a la pareja tan cerca de la puerta. Pero continuó su camino al comprobar que no eran más que dos enamorados metiéndose mano. Quién les iba a decir a ellos que, ese momento de desenfreno que no habían podido controlar, les iba a servir para poder acercarse, sin levantar sospechas, al posible asesino.

Las miradas, todavía cargadas de deseo, de Castle y Beckett se entrecruzaron, ambos pensando lo mismo. Se movieron despacio, separándose de la puerta mientras el hombre frenó sus pasos para dar unos buenos nudos a las bolsas. Sin prácticamente tiempo para reaccionar, se vio acorralado entre la pared por su izquierda, Castle a su derecha y Beckett por delante, enseñándole su placa de policía.

“Queremos hablar contigo”. Dijo ella mordiéndose el labio, intentando disimular el rato de pasión que acababa de vivir allí mismo con Castle.

“Voy a tirar la basura y soy todo suyo, inspectora”. Respondió con cierto tono chulesco.

“No te preocupes, ya las tiro yo”. Se ofreció el escritor dando un paso hasta él dispuesto a cogerle las bolsas.

“¡No!”. Casi gritó dando un paso hacia atrás. Castle le miró con la ceja alzada, esperando una explicación a esa reacción. “Pesan demasiado”. Aclaró volviendo a caminar hacia el frente para intentar acercarse a los contenedores de basura.

“Quieto”. Dijo ella en tono firme sacando, esta vez, su pistola y apuntándole directamente. “Deja las bolsas en el suelo y levanta las manos”. Pidió con su habitual tono serio que utilizaba para trabajar. Aunque, quien la conociera bien, podría haber notado, todavía, en sus ojos un pequeño brillo de deseo, al igual que sus labios hinchados y su pelo algo revuelto.

El hombre giró la cabeza a ambos lados, valorando qué opciones tenía. Su única baza habría sido salir corriendo hacia atrás, pero dado que era un callejón largo y que eran dos contra uno, habría fracasado en el intento, siendo atrapado. Con un movimiento lento bajó las bolsas hasta el suelo, dejándolas delante de sus pies, frente a Kate. Lo que le dificultaba a ella el acercamiento directo hasta él. “Está bien”. Dijo con aparente tono de rendición. Únicamente un intento de ganar confianza y despistarles mientras, en un rápido movimiento sacó una pistola del interior de la gomilla de su pantalón, apuntando a la inspectora.

Inmediatamente Beckett tensó su cuerpo preparándose para lo que pudiera venir a continuación. Sus manos se bloquearon, apuntando al hombre. Su mente no dejaba de revivir los momentos en los que sufrió su disparo. Trató de calmar su respiración, rezando porque ni el sospechoso ni el escritor se dieran cuenta de lo que le estaba pasando. Mientras tanto, Castle intentaba idear un plan en su cabeza en el que todo terminara bien y no con alguno de los dos en el hospital, herido de bala.

Miró a Beckett, quien no fijó su vista en él, pero sí lo controlaba por el rabillo del ojo. La mirada segura del escritor le sirvió para tranquilizarse un poco y destensar sus músculos. Asintió imperceptiblemente, dando un paso, suave, adelante. Castle taconeó con el zapato una vez en el suelo, flexionando ligeramente las rodillas después. Volvió a emitir el mismo sonido unos segundos después y ambos cogieron aire. Cuando lo hizo por tercera vez, se abalanzó sobre el sospechoso, agarrando la pistola entre sus manos y forcejeando con él para quitársela. Esa acción sorprendió tanto al hombre, que apenas tuvo tiempo ni fuerzas para luchar contra el escritor, terminando éste último con la pistola entre sus manos.

“¡La tengo, la tengo!”. Gritó el escritor. Ese momento fue aprovechado por Beckett para terminar de acercarse y esposarlo.

Beckett tomó aire permitiéndose relajarse y elevó la cabeza para mirar a Castle. Las miradas satisfactorias de la pareja se entrecruzaron nuevamente, pudiendo vislumbrarse en sus claros ojos la excitación que aún perduraba en ellos y la adrenalina que ese momento había añadido a sus cuerpos.

Ryan y Espósito, que acababan de salir del restaurante y habían visto a Castle quitarle la pistola y gritar después, se acercaron rápidamente hasta ellos, sorprendidos. Pero su sorpresa aumentó aún más al darse cuenta de las miradas que sus compañeros se echaban y las sonrisas que presentaban en sus rostros. Los detectives se miraron entre ellos, cada vez más convencidos de que ahí pasaba algo, o que, como mínimo, pasaría pronto. Decidieron no hacer ningún comentario por el momento, llevándose al detenido a su coche.

“Uf”. Resopló Castle echándose el mojado pelo hacia atrás. “Increíble”. Comentó sonriente.

Beckett lo miró alzando una ceja, sin estar del todo convencida de a qué se refería: si al momento íntimo que habían tenido entre ellos, o a la detención del sospechoso. Negó suavemente con la cabeza ignorando su comentario, aunque sin poder esconder una pequeña sonrisa. “Anda, vamos a comisaría”. No supo si él se había dado cuenta o no de su pequeño bloqueo frente a la pistola, pero no quiso, ni pudo, comentarlo en ese momento.
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Sáb Jul 01, 2017 8:42 pm

CAPÍTULO 22

Mientras Ryan y Espósito interrogaban al sospechoso, Castle se había ido a cambiar de ropa al loft y Beckett lo hizo con algo de ropa de repuesto que tenía siempre en comisaría para casos de emergencia como aquel. Después, y aprovechando que sus compañeros no habían vuelto, hizo una corta llamada de teléfono, colgando satisfecha y después fue a la morgue a ver qué había encontrado Lanie en el cuerpo de la víctima. Esperaba, fervientemente, que los datos que le ofreciera la forense coincidieran con los que los detectives intentaban averiguar del sospechoso, y así poder irse a casa pronto.

“Hola Lanie”. Entró empujando las puertas metálicas.

“Kate”. Saludó ella concentrada en lo que estaba haciendo. “No te he llamado, todavía”. Levantó la cabeza del microscopio un momento para mirar a su amiga y después volver a centrarse en su tarea.

“Lo sé”. Sonrió Kate apoyándose en una banqueta metálica al otro lado de la mesa donde estaba la forense. “Pero esta mañana me dijiste muy claramente que me esperabas aquí, y sola”. Se encogió de hombros en una mueca graciosa. “Así que, aquí estoy”.

“Tú lo que quieres es acabar cuanto antes el caso”. Se separó totalmente del aparato en el que estaba analizando una prueba, quitándose los guantes y tirándolos a la basura. “Espo ya me ha contado que tenéis a un sospechoso y que todo apunta a que ha sido él”.

“Sí”. Afirmó ella asintiendo. “Le están interrogando ahora mismo”. Hizo una pequeña pausa para ver cómo su amiga cogía una carpeta con varios papeles y se la pasaba. “Y espero que lo que tú hayas encontrado en la víctima sean pruebas contundentes contra él”. Abrió la carpeta para empezar a leer los datos que Lanie había escrito allí.

“Todavía estoy analizando la sangre de la ropa que tenía en las bolsas de basura”. Le informó. “En el cadáver no he encontrado nada diferente a lo que ya sabíamos. Sólo que se defendió de su agresor. Tenía heridas en los brazos. También estoy analizando el tejido que he encontrado debajo de sus uñas. Con un poco de suerte, coincidirá con el ADN de vuestro sospechoso”.

“Perfecto”. Habló sin dejar de ojear aquellos papeles con todos los datos de la autopsia.

“¿Te has cambiado de ropa?”. Preguntó la forense después de un rato en el que Beckett no había dejado de releer los informes.

“Sí”. Respondió alzando la cabeza un momento para mirar fugazmente a su amiga y después volver a bajarla para seguir leyendo, mientras seguía contestando. “Cuando fuimos a por el sospechoso empezó a diluviar”. Se mordió el labio al acordarse del momento vivido allí con Castle. “Acabamos calados, de pies a cabeza. Castle se ha ido a casa a cambiarse y yo tenía algo de ropa aquí”. Explicó intentando disimular la sonrisa que el recuerdo del escritor creaba en ella.

“Y… hablando del Rey de Roma”. Bajó ligeramente el tono de voz. “¿Qué es eso de que ya habíais tomado un café esta mañana antes de llegar a la escena del crimen? Y, por cierto ¿tú llegando más tarde que Ryan y Espo a ver un cadáver? ¿Con Castle llegando a la vez que tú?”. Formuló con sorpresa aquellas preguntas.

Kate sonrió de lado. Se esperaba esas preguntas. Cerró la carpeta dejándola sobre una camilla metálica mientras respondía. “Sí, hemos comprado un par de cafés de camino aquí. Sí, he llegado junto a Castle y simplemente se me ha hecho un poco tarde”. Alzó una ceja mirando a su amiga. “¿Alguna pregunta más?”.

Lanie, que no había dejado de mirarla en ningún momento, se acercó más a ella, escudriñando su mirada y, de repente, se llevó las manos a la boca soltando un pequeño gritito. “¿Has follado?” Preguntó con increíble sorpresa.

Beckett miró a Lanie con la boca y los ojos abiertos, sorprendida por esa pregunta tan directa. “¡Lanie!”. La regañó achinando después los ojos.

“Ni Lanie, ni leches. Lo has hecho”. Aseguró apuntándola con el dedo. “Estás relajada, sonriente, tienes un nuevo brillo en tu mirada y te han dado igual mis preguntas hacia Castle”. Enumeró cada vez más segura de lo que estaba a punto de volver a asegurar. “Tú has tenido sexo, y del bueno. De otra manera, habrías evitado mis preguntas hacia Castle y no tendrías esa cara de… felicidad”. Sonrió con suficiencia al ver la cara de su amiga, que todavía no salía de su asombro al escuchar esas palabras. “¡Oh!”. La forense abrió los ojos como platos cuando una idea cruzó su cabeza. “¿Es Castle?”. Preguntó en un susurro, como si fuera en secreto, como si tuviera miedo de que al decirlo en voz alta ese hecho fuera a desaparecer. Miró a Kate con una mezcla de sorpresa e ilusión, esperando algún gesto o alguna respuesta que se lo confirmara.

Beckett soltó el aire que llevaba reteniendo desde que Lanie había empezado con su particular discurso y cerró los ojos un par de segundos. Cuando volvió a abrirlos, la sonrisa de su amiga era ahora más grande. Sus gestos habían respondido a aquella pregunta. Era absurdo negárselo a estas alturas. Asintió a la vez que una enorme sonrisa se dibujaba en sus labios. “Pero no puede salir de aquí”. Pidió alzando su ceja izquierda y amenazando a Lanie con un dedo

La forense junto su pulgar e índice y se los llevó a la boca haciendo el gesto de una cremallera sobre sus labios. “Prometido, pero quiero saber todos los detalles”. Aseguró sonriente. Kate concedió aquello ensanchando aún más su sonrisa. “¿Estáis juntos?”. Preguntó acercándose a ella sentada en un taburete alto.

“Sí, creo que podría decirse que sí”. Respondió Kate jugueteando nerviosa con sus dedos.

“¿Podría decirse?”. Inquirió frunciendo el ceño. “O estáis, o no lo estáis”.

“Sí, sí que lo estamos”. Confirmó. “Pero es más complicado que eso. Digamos que… estoy intentando recompensar todo el daño que le he hecho a lo largo de estos años. Él necesita volver a confiar en mí. Y estoy intentando luchar por ello. Para que podamos empezar una relación como la que queremos, juntos. Pero, supongo que podría decirse que ya estamos juntos, sí”. Sonrió.

“Por fin” Añadió su amiga haciendo que las dos soltaran una pequeña carcajada. “¿Qué es eso de que él necesita volver a confiar en ti?”. Preguntó.

Beckett tomó aire y empezó a contarle con bastantes detalles lo que había pasado hacía ya cosa de un mes. Cómo él se había enterado de que ella lo recordaba todo, la carta y el CD, su charla en los columpios y cada cita que habían tenido desde entonces. Incluso se atrevió a mencionar lo increíbles que habían sido sus encuentros sexuales y la conexión y tensión que, a pesar de ya haberse acostado en varias ocasiones, seguían teniendo. Lanie la escuchaba atentamente, interrumpiéndola únicamente en dos ocasiones para pedirle más detalles de algo y para regañarla por haberle ocultado algo tan importante a Castle. Cuando acabó de relatarle todo, la abrazó con fuerza. Estaba feliz por su amiga y por el escritor, porque por fin hubieran dado el paso.

“O sea que, resumiendo, habéis estado juntos, pero yendo poco a poco, para que Castle vuelva a confiar en ti”.

“Eso es”. Asintió Kate con una pequeña sonrisa.

“¿Y lo has conseguido?”. Preguntó con curiosidad.

Beckett se mordió el labio sopesando la respuesta. “Quiero pensar que lo estoy consiguiendo. Lo veo en su sonrisa y en su mirada. Cada vez que hago algo que le sorprende, cuando le cuento alguna cosa que él no se esperaba que le contara o, simplemente, cuando le digo que le quiero”. Sonrió como una adolescente ante su primer amor. “Sé que todavía nos quedan pasos que dar y obstáculos que saltar, pero creo que vamos por buen camino”. Se mordió el labio. “Además, yo misma estoy descubriendo partes de mí que creía que no tenía. Sentimientos que pensaba que jamás sentiría. Estoy empezando a dejar atrás el miedo, para centrarme en la felicidad que es tenerlo a mi lado”.

Lanie agarró las manos de Kate y se las apretó cariñosamente. “No sabes cuánto me alegro, amiga”.

“Gracias”. Sonrió Kate con ternura. “La verdad es que… bueno, esto no lo sabe ni Castle, pero a raíz del caso del francotirador estoy yendo a terapia todas las semanas. Y no sólo me está ayudando con ese tema. El doctor está consiguiendo que vaya abriendo las capas y capas que he ido forjando alrededor de mi corazón durante todos estos años”. Confesó sintiéndose algo avergonzada con todo aquello.

Lanie enseguida notó que no le gustaba el hecho de tener que estar acudiendo a terapia para superar sus problemas, sus miedos. Agarró nuevamente la mano de su amiga y la miró a los ojos. “Kate. No tiene nada de malo recibir un poco de ayuda en estos temas. Eso no te hace menos fuerte, ni más débil. Simplemente te hace humana. Y eso, amiga mía, es precioso”. Terminó dedicándole una pequeña sonrisa.

Kate sintió, agradecida por sus palabras y continuó hablando. “Este fin de semana queremos cenar con Martha y Alexis para contarles esto. Y yo esperaré a la vuelta de Navidades para hablar con mi padre, que ya ha salido de Nueva York para pasar las fiestas”. Notó cómo su amiga apretaba su mano cariñosamente al comentar lo de su padre y le sonrió para tranquilizarla. “Voy a pasar las Navidades con Castle y su familia. Y he estado mandándome mensajes con Alexis estos días. Sé que ella sabe algo, lo puedo ver en su mirada y me está ayudando a prepararle una sorpresa a su padre”. Informó con ilusión.

“Chica, vas a acabar haciendo que hasta yo me enamore de ti, con tantos esfuerzos por recompensar al escritor”. Bromeó la forense haciendo reír a Beckett. “Ahora enserio: me alegro muchísimo”. Se levantó para abrazarla con fuerza y darle un sonoro beso en la mejilla.

“Gracias, Lan. Guárdame el secreto, ¿sí?”. Pidió mordiéndose el labio. Lanie volvió a hacer el gesto de la cremallera sobre sus labios. Se sonrieron y entonces una de las máquinas del laboratorio pitó.

“Esos deben de ser los análisis que estábamos esperando”.

Las pruebas realizadas por Lanie, confirmaron que el sospechoso que los detectives estaban interrogando, era el verdadero asesino. La inspectora volvió a la 12 con los resultados y entró en la sala de interrogatorios, interrumpiendo a sus compañeros, para hacerse cargo ella a partir de ese momento, consiguiendo así la confesión de asesinato. El sospechoso se derrumbó al saber que ya tenían los resultados.

Cuando los detectives y Beckett abandonaron la sala, Castle les estaba esperando con una invitación para celebrar el fin del caso en La Guarida. Todos aceptaron encantados a tomarse unas copas allí. Después, cada uno se fue a su casa a descansar para el siguiente día de trabajo que les esperaba.
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