Say Something

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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Lun Jul 03, 2017 12:24 pm

Buenas! Hoy traigo.. sorpresa (doble).

Cuando leáis el capítulo, entenderéis por qué lo digo! Wink

Espero que os guste! Smile


CAPÍTULO 23

El resto de la semana transcurrió con normalidad; eso sí, sin que la pareja olvidara sus miraditas, sus teorías en conjunto e incluso el que Castle pasara alguna noche en casa de Beckett. El fin de semana llegó, con nerviosismo por parte de ambos. Tan sólo quedaban 4 días para Navidades y todavía no habían hablado con Martha y Alexis como era debido. Por ello, ese mismo sábado iban a cenar en el loft de Castle con ellas, para explicarles su relación. Alexis ya lo sabía y aunque a Martha nadie se lo hubiera confirmado, se olía algo.

Las dos mujeres Castle ya estaban vestidas y maquilladas para la ocasión. A pesar de que no iban a salir de casa, habían querido arreglarse un poco más de lo habitual. Castle terminaba de abrocharse la corbata mientras no dejaba de mirar el teléfono móvil cada dos por tres.

Justo cuando volvía a bloquear la pantalla por enésima vez, su hija entró en su cuarto dispuesta a ayudarle a atarse la corbata. "Por muchas veces más que lo mires, no va a llegar antes". Bromeó la pelirroja ya frente a él y haciéndose cargo de la dichosa corbata.

Rick bufó con nerviosismo. "Ya lo sé. No es eso. Se me hace raro que no me haya mandando un mensaje esta tarde, ni para decirme que salía de casa ni nada". Observó cómo su hija se armaba de paciencia para atarle la corbata.

"Habrá estado hasta hace poco eligiendo qué ponerse, cómo maquillarse y si recogerse el pelo o no". Sonrió Alexis besando la mejilla de su padre después de terminar. "Habrá salido con el tiempo justo para coger el coche o un taxi para venir aquí y estará tan acelerada que no creo ni que se le haya pasado por la cabeza mandarte un mensaje. ¿Para qué? Si os vais a ver en menos de 5 minutos". Intentó tranquilizarle su hija.

"Puede que tengas razón". Concedió el escritor besando la cabeza de su hija con una sonrisa. "¿Cómo va la cena?". Preguntó mientras ambos salían de la habitación en dirección al salón.

"Terminándose. Estará lista en cuanto Beckett entre por esa puerta". Anunció su madre desde la cocina. Acababa de echar el último vistazo al horno.

"Espero que no hayas tocado más de lo debido y no me hayas estropeado la cena". Inquirió Castle alzando una ceja mientras miraba a su madre de manera acusadora.

La actriz elevó las manos enseñándole las palmas a su hijo y abrió los ojos más de lo normal, dramatizando, como era costumbre en ella. "Tranquilo que no he tocado nada". Caminó hasta él. "Muy importante debe ser esta cena que has organizado con la inspectora para que te hayas puesto tan guapo y hayas cocinado tu plato estrella".

"Lo es, madre. Lo es". Afirmó él sonriente, pero no por ello menos nervioso.

"¿Una copa de vino mientras llega?". Propuso Martha.

"Que sea doble". Se apuntó inmediatamente su hijo.

Pasaron 45 minutos más en los que la familia Castle estuvo charlando en la cocina, controlando la cena y esperando la ansiada llegada de Beckett. Pero ésta ya llevaba 40 minutos de retraso, lo que hacía que el escritor estuviera cada vez más nervioso.

Martha se levantó del taburete en el que había estado sentada para ir al baño. Rick aprovechó ese momento para volver a llamar al móvil de Beckett, pero éste dio que estaba apagado o fuera de cobertura. Bufó nervioso. "¿Y si se ha arrepentido?". Preguntó en voz baja, pero suficientemente alto como para que su hija lo escuchara.

Alexis miró a su padre sorprendida. "¿Arrepentirse de esta cena o de estar contigo?". Preguntó casi segura de qué era lo que más preocupaba a su padre.

"De cualquiera de las dos cosas". Respondió pasándose la mano por el pelo, con nerviosismo. Aunque realmente su cabeza no dejaba de repetirle una y otra vez la posibilidad de que Kate se estuviera arrepintiendo de esa relación que habían empezado. Demasiados habían sido los fracasos entre ellos para no pensarlo siquiera. Pero ninguna de las veces habían llegado tan lejos como esta. Y ella le había asegurado en repetidas veces que no quería huir, que quería estar con él. Eso era lo que intentaba repetirse una y otra vez el escritor, para no ponerse más nervioso.

"Papá". Agarró la mano de su padre. "Habrá encontrado atasco, o se le ha hecho tarde, simplemente. Pero no se ha arrepentido ni va a volver a huir". Apretó su mano con cariño. Castle le sonrió de costado.

"¿Todavía no hay llegado?". Preguntó su abuela bajando nuevamente las escaleras.

Castle bufó ante su pregunta y la joven le echó una mirada recriminatoria por su poco tacto. La actriz se encogió de hombros.

"¿Y si le ha pasado algo?". Preguntó Rick esta vez con evidente preocupación porque se encontrara en peligro. Le había llamado ya en 5 ocasiones y todas se había encontrado con su móvil apagado o fuera de cobertura.

Justo en ese preciso instante, 1 hora después de cuando se suponía que Beckett tendría que haber llegado, sonó el timbre. Castle se levantó tan rápido del taburete en el que se había apoyado cansado de dar vueltas por la cocina, que casi se cayó de morros al suelo al tropezarse con la pata de la mesa.

"¡Kate!". Casi gritó abriendo la puerta de golpe, sin tan siquiera mirar por la mirilla a ver de quién se trataba. Sus ojos demostraron preocupación, miedo y, sobre todo, sorpresa de lo que se encontró cuando abrió.

"Rick…". Murmuró Beckett al verlo tan preocupado.

La boca de Castle se abrió y se cerró en varias ocasiones, como si quisiera decir algo, pero le era imposible articular palabra. Ante él se encontraba Kate completamente empapada, con sus brazos cargando y rodeando el pequeño cuerpo de lo que parecía ser una niña pequeña, también mojada, aunque tapada con la chaqueta de la inspectora. A su lado, una adolescente, que tendría aproximadamente la edad de su hija, chorreando de cabeza a pies.

Detrás de él, Martha y Alexis desde el salón observaban la escena en silencio.

"Lo siento". Susurró Kate al observar la mirada de él, que reflejaba perfectamente que no entendía nada. "Lo siento… No… no tenía a quién más acudir… Me ha… bueno, nos ha surgido un imprevisto". Intentó explicar frunciendo ligeramente el ceño al no encontrar las palabras exactas para expresarse y que él la comprendiera. "Esta pequeñaja es Bella y ella se llama Maddie". Tomó aire y abrió la boca para seguir hablando, pero Rick alzó la mano suavemente negando con la cabeza y no dejándola hablar.

"Luego. Pasad, daros una ducha caliente, que Alexis os deje algo de ropa y después hablamos". Pidió haciéndose a un lado para que ellas pasaran.

Kate se mordió el labio aguantando las lágrimas que se empezaban a acumular en sus brillantes ojos y le dedicó una pequeña sonrisa, a la vez que con su mirada le pedía perdón y demostraba preocupación y cierto miedo. "Gracias…". Susurró entrando en casa con la niña en brazos y la joven a su lado todo el rato.

Castle acortó la distancia entre ellos, con el cuerpo de la pequeña en medio y besó suavemente los labios de la inspectora, tranquilizándola así y haciéndole saber que todo estaba bien, que tan sólo le hacía falta una explicación de lo que estaba pasando.

"Maddie, sube con Alexis arriba y dúchate en su cuarto. Alexis, déjale algo de ropa a ella y luego baja algo para Kate, por favor". Pidió mirando a la pelirroja, que asintió y guió a la joven hasta arriba para que pudiera ducharse. "Ven". Colocó la mano en la baja espalda de Beckett y la guió hasta su cuarto. Retiró la chaqueta mojada de la inspectora del cuerpo de la pequeña y acarició su corto pelo mojado con cariño. La niña no se separó del cuerpo de Kate en ningún momento, manteniendo su cara pegada a su cuello, abrazada con fuerza a ella.

"Princesa". Susurró Kate con cariño en el oído de Bella. "Vamos a quitarnos la ropa y a darnos un baño calentito, ¿quieres?". Preguntó frotando su espalda. La niña seguía aferrada a ella. No lloraba, pero tampoco hacía ningún movimiento que indicara que le estaba escuchando. Besó su pelo y separó su pequeño cuerpecito como pudo.

Castle se acercó a ella y le ayudó a sentar a la niña en la cama, pero ésta, en cuanto notó la presencia del escritor, se agarró con fuerza al jersey empapado de Kate. Cogió aire despacio y miró a Rick con cara de circunstancias.

"Tranquila". Se levantó de la cama. "Os dejo solas. Como si estuvieras en tu casa, Kate. Voy a buscar algo de ropa para Bella". Le dedicó una pequeña sonrisa y salió de la habitación dispuesto a buscar algo de ropa de cuando Alexis era pequeña, que pudiera servir para la niña.

Estaba concentrado rebuscando en un armario de la habitación de invitados donde sabía que tenía guardadas cosas de cuando Alexis era una niña. Sintió una mano en su hombro y se giró para ver a Alexis con algo de ropa para Kate. "Gracias". Le sonrió con agradecimiento.

"¿Te la dejo aquí y se la bajas tú?". Propuso la pelirroja agachándose a ayudar a su padre a buscar.

"Sí, en cuanto encuentre algo para Bella. ¿Maddie se está duchando?". Preguntó.

"Sí, y le he dado algo de ropa para que se ponga. Tienen que estar heladas". Torció el gesto al imaginarse cuánto frío tenían que haber pasado.

Rick asintió despacio mientras sacaba más cajas.

"¿Quiénes crees que son?". Preguntó con curiosidad.

"No tengo ni idea". Suspiró su padre pasándose la mano por el pelo y echándose el flequillo para atrás. Después siguió sacando y abriendo cajas. "Pero si ha acabado aquí con ellas y no ha venido a la cena, debe ser muy importante para ella". Aseguró con una pequeña sonrisa.

"Bella parece bastante pequeñita. Podría tener unos dos años. Mira en esa caja de allí, creo que habrá algo que le pueda servir". Señaló una caja marrón a la derecha de su padre.

Castle le hico caso y, efectivamente, encontró algo de ropa que podría servirle. "Gracias". Besó su pelo levantándose con diferentes camisetas y pantalones para probarle a la niña. Cogió también la ropa que Alexis le había llevado para Beckett y bajó a su habitación.

Dejó todo extendido sobre la cama y golpeó con suavidad la puerta del baño, sin abrirla. "Kate, os he dejado ropa para las dos sobre mi cama. Tardad todo el tiempo que queráis. Os espero fuera".

"Enseguida salimos". Contestó ella desde dentro, sumergida en el agua caliente, con la niña sobre su cuerpo, abrazándola y acariciándola. Había conseguido tranquilizarla y parecía que se estaba quedando dormida. Antes de que Castle se hubiera podido alejar del baño, volvió a hablar. "Rick…". Le llamó mordiéndose el labio.

"Dime". Volvió a acercarse a la puerta del baño, pues ya estaba casi saliendo de su habitación.

"Gracias". Escuchó la voz de la inspectora desde fuera.

"Siempre". Respondió haciendo sonreír a Beckett.


Bueno, un pequeño giro en la historia de estos dos. ¿Qué os ha parecido?
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Mar Jul 04, 2017 8:05 pm

CAPÍTULO 24

Cuando Beckett y Bella salieron de la habitación de Castle ya duchadas, con el pelo seco y nuevamente vestidas, con las ropas que les habían dejado, se encontraron con la mesa puesta y Alexis, Martha, Rick y Maddie terminando de servir la cena para todos. La actriz y la joven se habían cambiado de ropa, también; mientras que Castle únicamente se había puesto un delantal sobre la ropa con la que le había abierto la puerta hacía un rato.

“Venga, a cenar”. Dijo después de servir la cena para los 5, mientras servía un poco de sopa en un platito para la pequeña.

Kate se acercó con Bella en brazos y acaricio con ternura la cabeza de Maddie. “¿Estás bien?”. Le preguntó en un susurro. La joven únicamente asintió suavemente, sentándose a la mesa sin articular palabra. Así llevaba desde que habían llegado al loft del escritor.

Castle se acercó a Beckett por detrás, con el cuenco con la sopa. Puso una mano en su baja espalda, con cariño. “Le he preparado un caldo a la niña. Le ayudará a entrar en calor”. Lo dejó sobre la mesa con cuidado de no derramarlo.

“Gracias”. Dibujó una pequeña sonrisa la inspectora sentándose al lado de Maddie en la mesa, con Bella sobre sus piernas. “¿Cenamos, cariño?”. Acarició su espalda suavemente, animándola a cenar.

“Xi”. Pronunció casi inaudiblemente la niña mirando la sopa. Kate sonrió y empezó a dar de cenar a la niña mientras el resto de comensales se sentaban a la mesa y empezaban a degustar la comida, en silencio. Cuando la pequeña se terminó la cena, Kate, con ella en brazos todavía, tomó parte de su cena, pero no toda. Tenía el estómago cerrado después de lo que había pasado.

“¿No vas a comer más?”. Preguntó el escritor levantándose para recoger los platos de su madre e hija, el bol de Bella y su propio plato.

“No, no puedo más. Estaba buenísimo, pero no tengo mucha hambre”. Confesó haciendo una mueca con los labios.

“Vale”. Respondió con una pequeña sonrisa al mirar a Bella, que se había pasado a los brazos de Maddie para que Kate terminara de cenar más a gusto. La niña se estaba quedando dormida con las caricias que la joven le estaba dando en la barriga.

Beckett se puso en pie para ayudarles a recoger la mesa. Cuando acabó, se acercó a la silla en la que Maddie seguía sentada con la niña dormida entre sus brazos. Puso una mano sobre el hombro de la mayor. “Lo vamos a encontrar y no va a conseguir separarte de ella. Te lo prometo”. Besó su pelo suavemente. Maddie asintió acunando a la niña entre sus brazos.

Castle se acercó a las chicas mientras Martha y Alexis limpiaban los platos y cubiertos que habían utilizado. “Maddie, ¿quieres acostarte en la habitación de invitados?”. Propuso hablando con cariño a la joven.

Maddie miró a Kate. Ella le sonrió para tranquilizarla y asintió para que aceptara. “Pero Bella se viene conmigo”.

“No te preocupes, cabéis las dos perfectamente”. Informó el escritor y la guió hasta la planta de arriba, donde le enseñó la habitación de invitados. Las dejó allí tras asegurarse de que no necesitaban nada más.

Cuando bajó nuevamente, se encontró a su madre y su hija en la cocina hablando con Kate que se había sentado en un taburete alto al otro lado de la encimera donde estaban las chicas. Se acercó hasta la inspectora y besó su pelo suavemente. “Se han metido en la cama”. Informó.

“Gracias, Rick”. Suspiró cuando sintió cómo el cuerpo de él se pegaba más a ella. Apoyó la cabeza sobre su hombro y cerró los ojos momentáneamente. Cuando los volvió a abrir vio a las pelirrojas dispuestas a subir a sus habitaciones y dejarlos solos en el salón. “Martha, Alexis, quedaros. Vosotras también tenéis derecho a saber qué está pasando”. Pidió antes de que se acercaran del todo a las escaleras.

Las chicas asintieron después de intercambiar la mirada con Rick y los 4 se sentaron en el salón: Kate y Rick juntos en el sofá y las chicas juntas en una butaca que acercaron para que quedara frente a ellos.

La inspectora tomó aire despacio, juntó las manos sobre sus piernas y centró la vista en un punto fijo sobre la alfombra que cubría el suelo. Comenzó a hablar. “Maddie y Bella viven en un orfanato. Conocí a Maddie hace 6 años. Aquella Nochebuena yo… trabajaba, como cada Navidad desde que mi madre no está. Tuvimos que ir a ese orfanato a resolver un asesinato. Entonces Maddie tenía 11 años. Era una rebelde, andaba metiéndose en líos cada dos por tres, pero… me encariñé de ella rápidamente. Sólo quería llamar la atención, que la gente estuviera pendiente de ella, sentir que le importaba a alguien…”. Se mordió el labio inferior al notar la mano de Rick posarse sobre su rodilla izquierda y dirigió la mirada hacia él dedicándole una pequeña sonrisa. Después, miró a Martha y Alexis que la observaban atentas a la historia que estaba contando. “Desde entonces, he ido visitando el orfanato con bastante regularidad. Y he colaborado con sus dueños para mantener las instalaciones en las mejores condiciones que hemos podido, por y para los niños. También apadriné a Maddie, de alguna manera”. Confesó sorprendiendo a los 3. Sonrió un poco al ver la cara de sorpresa del escritor. Colocó la mano izquierda sobre la de él, entrelazando sus dedos. “Bella tendrá dos años y medio y apareció en el orfanato hace más de dos años. Su madre había muerto en un accidente de tráfico y creemos que los abuelos maternos fueron los que la abandonaron con tan sólo 3 meses. Su padre no sabía de su existencia y, aunque dimos con él, supimos que era un drogadicto. Servicios Sociales decidió que la pequeña estaría mejor en el orfanato que con su padre. Esa pequeña no sólo se ganó mi corazón, sino también el de Maddie. Por esa niña, Maddie ha dejado de meterse en líos y se dedica en cuerpo y alma a estudiar para poder salir del orfanato con un buen futuro y poder ayudar a Bella a conseguir lo mismo”. Contó con orgullo hacia la joven. “Además de visitarlas casi todas las semanas, me paso cada Navidad, estoy con ellas, con los niños de allí y suelo leerles algún cuento y jugar con ellos”. Se giró para mirar a Rick. “Quería esperar al día de Navidad para llevarte allí y contarte todo esto”. Se mordió el labio. “Pero se me han adelantado”. Castle le sonrió con ternura y pasó el brazo por detrás de su espalda para abrazarla y atraerla a él. “Maddie me llamó a mediodía, angustiada, llorando”. Continuó. “Había escapado con Bella del orfanato. Por casualidad, había escuchado que el padre de la niña se había enterado de que tenía una hija y había ido al orfanato a buscarla. Jack, el padre de Bella, las vio huir y las siguió. Consiguieron despistarlo y fue cuando Maddie me llamó. Fui con el coche a por ellas, pero él nos encontró y nos seguía de cerca todo el rato. Hice lo que pude para despistarlo. Aparqué el coche en un callejón y nos fuimos al metro. Pero estaban en obras, no podíamos entrar por allí. Pensé en ir a la comisaría, pero no me parecía lugar para ellas”. Se mordió el labio. “Así que vinimos hasta aquí. Nos pilló una tormenta de camino. Y me había quedado sin batería”. Terminó de explicar, apoyada en el cuerpo del escritor. Miró a Martha y Alexis.

“¿Qué va a pasar con Bella?”. Preguntó la joven.

“Tendría que avisar a la comisaría, pedirles que busquen a su padre, que no pueda llegar hasta Bella. Yo intentaré recabar toda la información posible contra él para que ningún juez le entregue la custodia de la niña y se pueda quedar en el orfanato, que es donde lleva dos años y donde es feliz”. Explicó.

“¿Quieres llamar ahora?”. Propuso el escritor incorporando el cuerpo de ella con suavidad para mirarla.

“Cuanto antes, mejor”. Agradeció con una pequeña sonrisa.

“Ve a mi despacho. Allí podrás hablar tranquilamente”. Se levantó del sofá para que ella hiciera lo mismo. Le tendió su móvil para que llamara.

“Gracias”. Caminó hasta allí, entornando la puerta a su entrada. Se apoyó ligeramente sobre el escritorio mientras realizaba la llamada.

“Menuda historia”. Dijo la actriz que hasta entonces había permanecido en silencio escuchando con atención y sorpresa a la inspectora.

“La verdad es que no me imaginaba esa faceta tan de madre en Beckett”. Dijo Alexis.

“Yo sí”. Confesó él. “Puede parecer muy dura, pero no lo es tanto”. Sonrió. Esa historia le había sorprendido, mucho. Y le hacía ver a un Beckett cariñosa, sensible y que confiaba en él, en ellos, para contarles todo aquello.

“¿Te hace feliz?”. Preguntó la actriz.

“Completamente”. Respondió él con una enorme sonrisa.

“Entonces, a nosotras también”. Sonrió la joven levantándose para besar la mejilla de su padre. “Me voy a acostar. Si necesitáis algo, estoy en mi habitación”.

“Gracias”. Le sonrió su padre.

“Estoy feliz por ti, hijo”. Confesó Martha también despidiéndose de él. Subió a su habitación a descansar. Lo dejaron solo en el sofá, sonriendo y pensando en la suerte que tenía con su madre y su hija.

Se levantó del sofá y caminó hasta su despacho. Antes de entrar, se paró en la puerta para escuchar si Beckett había terminado ya de hablar con la comisaría. No escuchó su voz, así que empujó despacio la puerta hasta entrar. Kate se encontraba apoyada en el borde del escritorio de él, con la espalda hacia la puerta, tecleando en su móvil. Rodeó la mesa hasta llegar a ella y la abrazó por detrás, besando su coronilla. “¿Ya has avisado?”. Preguntó hablando en voz baja.

“Sí”. Respondió ella bloqueando el móvil después de terminar la conversación que tenía con Ryan. “Les he pedido expresamente a Ryan y Espósito que se encarguen de esto. Por supuesto, han aceptado. Les he mandado lo poco que sé de Jack por email. Me avisarán con lo que sea”. Informó dejándose recostar sobre el ancho cuerpo del escritor.

Rick hizo que se levantara del escritorio y la rodeó por completo desde la espalda, colocando las manos sobre su abdomen. Inspiró el aire, impregnándose del dulce aroma de ella. “Eres extraordinaria”. Susurró en su oído antes de besar suavemente su cuello.

Kate sonrió entre sus brazos. Se giró sin deshacer el abrazo y colocó los brazos alrededor del cuello de él, perdiéndose en su mirada. “Gracias”. Susurró ella también, para no romper el íntimo ambiente que habían creado.

“¿Por qué?”. Preguntó frunciendo el ceño. Colocó las manos mejor sobre sus caderas, no permitiéndole que se alejara ni unos centímetros de él.

“Por confiar en mí, por dejarme pasar con ellas, por dejarnos bañar aquí, por la cena, por hacerme sentir especial… Por todo, Rick”. Acarició su cuello con ternura, justo donde nace su pelo en la nuca.

“Bueno, antes de que llegaras estaba entre enfadado y preocupado. En ese orden. Y muerto de miedo”. Confesó juntando la frente con la de ella. “No entendía por qué no habías llamado, por qué llegabas tarde. Tenía miedo de que te hubieras arrepentido, de que quisieras volver a huir”. Tomó aire con profundidad. “Pero finalmente la preocupación empezó a ganar la batalla. Rezaba porque no te hubiera pasado nada”. Besó su nariz dulcemente.

“Lo siento”. Susurró ella conmovida por la sinceridad de sus palabras. “No tenía forma de avisarte y… tenía que ayudarlas”.

“Lo sé”. Acarició su espalda con ternura. “Cuando abrí la puerta y te vi, sana y salva, pidiéndome perdón con la mirada, se me pasó todo de golpe”. Sonrió con cariño. “Gracias”. Fue su turno ahora de agradecer.

“¿Por qué?”. Preguntó ella acariciando su mejilla.

“Por confiar en mí. Y en mi madre y Alexis”. Colocó un mechón de pelo detrás de su oreja, aprovechando para rozar la suave piel de su rostro.

“Siempre, Rick”. Besó sus labios con delicadeza, pasando las manos hasta la ancha espalda de él, aferrándose a ella. “Y no pienso huir”. Repitió como había hecho más veces, dispuesta a hacerle darse cuenta de una vez por todas que no tenía que temer por ello.

“Lo sé… Pero a veces… es superior el miedo”. Confesó cerrando los ojos.

“Yo haré que desaparezca ese miedo”. Prometió juntando sus frentes después de volver a besar sus labios. Él sonrió con agradecimiento y amor, infinito amor.

“Ve a comprobar que Maddie y Bella sigan dormidas y vamos nosotros también a descansar”.

Y así lo hizo. Subió a la habitación de invitados, las vio dormir y las arropó con cariño para después bajar hasta la habitación de Castle, donde él ya se había cambiado de ropa.

Se acostaron en la amplia cama y, a pesar de tener sitio para ambos perfectamente, juntaron sus cuerpos todo lo que pudieron y se entregaron a Morfeo completamente abrazados.
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Vie Jul 07, 2017 11:38 am

CAPÍTULO 25

Cuando la luz empezó a filtrarse por la ventana ella ya llevaba un rato despierta, observando en silencio cada facción del hombre que descansaba a su lado, pegado a ella, abrazándola y haciendo que apoyara la cabeza sobre su pecho. Sonrió cuando un pequeño ronquido se escapó de los labios de él. No se pudo resistir y alzó la mano empezando a acariciar su cuello y su pecho con suavidad. Él, se removió ligeramente ante sus caricias, ensanchando la sonrisa en el rostro de ella. Besó sus labios apenas rozándolos y con cuidado de no despertarle se levantó de la cama para salir de la habitación.

Caminó hasta la cocina, encendió la cafetera para que se fuera preparando y subió las escaleras con sigilo para encaminarse a la habitación de invitados. Se asomó despacio entreabriendo la puerta y sonrió al encontrarse a Bella despierta, sentada en la cama al lado de una dormida Maddie.

“Hola princesa”. Susurró entrando en la habitación. La niña sonrió al escuchar la voz de Beckett y se giró hacia ella extendiendo sus bracitos para que la cogiera. Kate caminó hasta ella sonriendo y la tomó en sus brazos con cuidado de no despertar a Maddie. “¿Vamos a desayunar y dejamos que Maddie siga durmiendo?”. La estrechó entre sus brazos recibiendo un cariñoso abrazo por parte de la pequeña.

“Maddie”. Exclamó la niña señalando a la joven.

“Sí cariño, está Maddie ahí”. Besó su frente y le recolocó el pelo detrás de la oreja. “Pero vamos a dejar que duerma un poco mientras nosotras preparamos el desayuno”. La colocó correctamente entre sus brazos y salieron de la habitación dejando la puerta entornada.

Bajaron a la cocina nuevamente y, Kate con la niña en brazos, preparó los cafés para Castle y para ella y algo de fruta y unas tortitas para todos. Preparó un colacao para la pequeña y la dejó sentada en el sofá mientras se lo tomaba. Le encendió la tele con unos dibujos animados y besó su cabeza con ternura. “Estoy en ese cuarto de ahí despertando a Rick, ¿vale cariño?”. La niña únicamente asintió con una sonrisa al ver el desayuno que Kate le había preparado.

Colocó un plato con fruta, tortitas y el café de Rick y el de ella en una bandeja y lo llevó a su habitación, posándolo sobre la mesita de noche de él. Sonrió cuando lo encontró todavía dormido. Se sentó en el borde de la cama, a su lado y le colocó con ternura el flequillo que se le había caído hasta los ojos. “Rick…”. Susurró inclinándose sobre él para besar suavemente la comisura de los labios. Él se removió ligeramente, pero no abrió los ojos. Sin embargo, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios y ese gesto le hizo saber a ella que estaba despierto. “No te hagas el dormido, que te he traído el desayuno y se va a enfriar”. Acarició sus facciones con la punta de los dedos, despacio.

Castle abrió los ojos ensanchando su sonrisa al verla tan concentrada observándole. “Buenos días”. Murmuró todavía algo adormilado. Agarró la mano con la que ella le acariciaba y le dio un suave beso en los dedos. Kate sonrió por su gesto. “¿Y las chicas?”. Preguntó incorporándose en la cama para quedar sentado, con la espalda apoyada en el respaldo. Se frotó los ojos tratando así de despertarse del todo.

“Bella desayunando en el salón y Maddie sigue dormida”. Informó pinchando algo de fruta y llevándosela a la boca, siendo rápidamente imitada por él. Él asintió y ambos se dedicaron unos minutos a comer el desayuno en silencio. “Parece que tu madre y Alexis se han tomado bien nuestra relación”. Comentó la inspectora antes de darle un mordisco a su tostada.

“¿Acaso lo dudabas?”. Preguntó él después de acabarse el café.

Beckett se elevó de hombros volviendo a dar un mordisco a la tostada. “No, supongo que no. Pero no te lo he hecho pasar bien. Ellas mejor que nadie saben lo que habrás tenido que sufrir y… habría entendido que me guardaran algo de rencor”. Se limpió los labios con una servilleta.

“Kate”. Dijo Castle poniéndose serio. Colocó una mano en la baja espalda de ella mirándola a los ojos. “Ninguna de las dos es tonta. Saben que he sufrido, claro que lo saben. Pero eso es pasado. A ellas ahora lo único que les importa es que yo sea feliz. Y tú eres quien me hace feliz”. Movió sus dedos suavemente, acariciando su espalda con ternura.

Sonrió con dulzura ante sus palabras y se inclinó para besar suavemente sus labios. “Tú me haces más feliz a mí”. Confesó atrapando el labio inferior de Rick entre sus dientes.

El sonido del móvil de Beckett, ya cargado, en la mesilla de noche interrumpió ese íntimo momento. La inspectora se levantó para cogerlo y contestó a la llamada con su habitual tono firme. “Beckett”. Se mantuvo en silencio escuchando lo que su interlocutor tenía que decirle. Asintió aunque él no pudiera verla. “Vale, muchas gracias Espo”. Agradeció terminando la llamada.

Castle la miró desde la cama, preguntándole con la mirada.

“Siguen sin dar con él”. Informó suspirando. “¿Cómo alguien que ha sido o es drogadicto puede esconderse tan bien de la policía?”. Preguntó ofuscada porque no lo hubieran encontrado todavía. Se sentó nuevamente en la cama tras retirar la bandeja con el desayuno.

“Precisamente por eso”. Agarró su mano con ternura, entrelazando sus dedos. Ella le miró esperando que continuara. “Esa gente se conoce la calle mejor que todos los polis juntos. Sabe dónde esconderse y cómo”. Vio el gesto de ella al torcer los labios y apretó su mano con cariño. “Pero no tienen tanta paciencia como nosotros. Cometerá un error y lo encontraremos”. Intentó transmitirle seguridad.

“Eso espero”. Sonrió un poco, agradecida por sus palabras.

“¿Vamos con Bella al salón y esperamos a que se despierte el resto?”. Preguntó en tono conciliador.

“En realidad…”. Suspiró mordiéndose el labio. “¿Me dejarías tu ordenador? Necesito empezar a buscar información contra él cuanto antes”. Explicó poniéndose en pie, al igual que él.

“Claro”. Contestó él con una sonrisa. “Ve a mi despacho, ahí tienes todo lo que puedes necesitar”. Informó calzándose las zapatillas de estar en casa. “La contraseña es el cumpleaños de Alexis, el 17 de febrero, seguido del tuyo”.

Beckett se giró para mirar al escritor, con sorpresa e ilusión marcadas en el rostro. “¿Mi cumpleaños?”. Preguntó mordiéndose el labio en un intento de contener la enorme sonrisa que amenaza con formarse en sus labios.

“Ahá”. Respondió él sonriendo al ver su rostro.

“¿Desde cuándo?”. Preguntó acercándose a él hasta quedar frente a frente, parados en mitad de la habitación.

“No lo sé”. Se encogió de hombros. “¿Un par de años?”. Volvió a elevarse de hombros.

“¿Por qué?”. Preguntó nuevamente, agarrando su mano.

“Porque sois lo más importante para mí”. Confesó dando un suave beso en su mano. “Junto con mi madre. Pero me habría matado si llego a poner su edad, con año incluido”. Bromeó haciéndole reír a ella.

“Gracias”. Susurró acercándose de puntillas hasta besar sus labios.

“¿Por usar tu fecha de cumpleaños como contraseña de mi ordenador?”. Preguntó él con incredulidad.

“Sí. Porque eso significa que, a pesar del dolor, seguías teniendo fe en mí, en nosotros”. Volvió a besar sus labios.

“Siempre, Kate”. Confesó él acariciando su pelo con ternura antes de dejarla marchar al despacho.

Castle salió al salón donde se encontró a Alexis y Maddie sentadas a cada lado de Bella, desayunado lo que Kate había preparado. “Buenos días, chicas”.

Las tres saludaron con un “hola” mientras continuaron degustando las tostadas y la fruta.

“¿Y Kate?”. Preguntó Maddie después de un rato en el que Castle aprovechó para lavar los platos y tazas que habían utilizado.

“En el despacho, utilizando mi ordenador”. Contestó él sentándose en la butaca, cerca del sofá donde estaban ellas.

“¿Puedo ir?”. Preguntó con cautela la joven.

“Claro”. Respondió Rick con una sonrisa. “Ve, es esa puerta de ahí”. Se la señaló y observó cómo la joven pronunció un tímido “gracias” y se encaminó hasta allí, llamando a la puerta antes de entrar y cerrarla nuevamente a sus espaldas.

“Bella, ¿te apetece pintar un rato?”. Propuso la joven pelirroja a la niña, que parecía aburrida ya de ver dibujos en la tele.

La pequeña se giró inmediatamente hacia ella, con los ojos iluminados. “¡Xi!”. Exclamó contenta, poniéndose como pudo de pies sobre el sofá para dar un pequeño salto.

Tanto padre como hija rieron ante el entusiasmo de la niña. Alexis se levantó del sofá para subir al piso de arriba. “Voy a por papeles y pinturas. Ahora bajo”.

Bella se quedó de pie, observando por donde había desaparecido Alexis. Castle aprovechó que se había quedado a solas con ella para cambiarse al sofá y posar una mano en la espalda de la pequeña. “Hola peque”. Le saludó con tono de voz tranquilo.

“Hola”. Respondió ella con jovialidad, girándose para mirarle intrigada.

“Soy Rick”. Le ofreció su mano a modo de saludo.

La niña rió y estrechó su mano encantada. “Yo Bella”. Pronunció con seguridad.

“Lo sé”. Sonrió él. “Eres una niña muy guapa”. Halagó.

La pequeña se sonrojó y sonrió con amplitud. “¿Maddie y Kate?”. Preguntó después al escuchar las voces del despacho.

“Están haciendo una cosita, pero enseguida vienen a estar contigo, ¿vale?”. La tranquilizó.

“Ale”. Asintió ella sentándose de nuevo en el sofá.

Alexis bajó con lo necesario para pintar un rato con la niña y se sentó en el sofá a su lado. Le pasó hojas y rotuladores.

Bella cogió una hoja y un rotulador rojo y se los acercó a Castle. “¿Pintas?”. Preguntó con una bonita sonrisa.

“¿Quieres que pinte con vosotras?”. Preguntó entre sorprendido y encantado de que le dejara pintar con ella.

“Xi”. Afirmó asintiendo mientras se concentraba en empezar a dibujar algo en el papel.

“Está bien”. Contestó sonriente, mirando a Alexis que había presenciado la escena con una sonrisa.

Los tres se pusieron a pintar mientras Kate y Maddie hablaban en el despacho de Castle. La joven quería informarse de si habían encontrado al padre de Bella y qué pasaría a partir de ese momento.
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Jue Jul 13, 2017 10:57 pm

CAPÍTULO 26

Beckett y Maddie salieron abrazadas del despacho del escritor. Se pararon en seco a observar la tierna escena que tenían ante ellas. Sentados en el sofá, Alexis, Bella y Rick dibujaban y pintaban mientras intentaban adivinar los dibujos de los otros, provocando que la niña riera sin parar.

“¡Ya sé, ya sé!”. Exclamó el escritor concentrado en el dibujo de la niña. “Creo que es un pájaro”. Miró interrogante a Bella.

La niña rió con ganas negando con la cabeza. Miró a Alexis para ver si ella lo adivinaba. La joven pelirroja miró atentamente el dibujo mientras pensaba, colocándose una mano debajo de la barbilla para acentuar el gesto. “Umm… Yo diría que es un perro”. Propuso la chica.

“¡Xi!”. Gritó con entusiasmo mientras alzaba los brazos en señal de victoria. “Ahoda tú”. Le paso el lápiz a Alexis para que dibujara ella y los demás adivinaran.

“¿Qué hacéis?”. Preguntó Kate desde la puerta del despacho, abrazando a Maddie por detrás.

“Pintá”. Informó la niña acercándose a Alexis que ya había empezado a trazar sobre el papel.

Maddie y Kate sonrieron al ver a la niña contenta. La joven besó la mejilla de la inspectora separándose de ella para caminar hasta el sofá y sentarse al lado de Bella.

Castle caminó hasta Beckett y se sonrieron con cariño. “¿Tú también has dibujado?”. Preguntó abrazándose a él. Reposó la cabeza sobre su pecho, cerrando los ojos.

“Uhum. Algo así”. Rió tras besar su cabeza y corresponder a su abrazo, cada día más sorprendido, y encantado, con esa Kate cariñosa. “¿Has encontrado algo que te sirviera?”. Preguntó sin soltarla en el abrazo.

“Creo que sí”. Despegó la cabeza del cuerpo de él para poder mirarle. “Ahora sólo falta encontrarle”.

“¿Y hasta entonces?”.

“Espero que no tardemos mucho, pero supongo que hasta entonces me las llevaré a casa. En el orfanato no estarán seguras”.

“¿Y cuando vayas a trabajar y se queden solas?”. Preguntó acariciando su mejilla dulcemente.

Kate se mordió el labio y desvió la mirada hasta el sofá donde las chicas pintaban, charlaban y se divertían, las tres juntas. Sonrió cuando se cruzó con la mirada de la pelirroja. Volvió a mirar a Castle. “Tengo vacaciones hasta después de las fiestas”. Informó observando detenidamente la reacción del escritor.

“¿Te has cogido vacaciones en Navidades?”. Preguntó con sorpresa.

“Sí”. Asintió sonriendo. “Quería que fuera una sorpresa, pasarlas enteritas contigo”. Se elevó de hombros. “Cambiar, por fin, mi tradición”.

“Kate…”. Susurró conmovido.

“Te quiero, Rick”. Susurró ella también inclinándose para besar sus labios con dulzura.

“Quedaros aquí, en casa. Pasaremos juntos las Navidades. Hay sitio de sobra para para todos aquí”. Pidió acariciando su mejilla.

“No quiero causaros más problemas. No quiero que Jack de con nosotras y aparezca aquí. No quiero que corráis más riesgos por mí”. Se perdió en su mirada.

“No lo hará, no os encontrará. Y si lo hace, nos defenderemos de él. Quedaros Kate, por favor”. Volvió a pedir con la mirada fija en los verdes ojos de ella.

Beckett sonrió al escuchar a Maddie y Bella reírse giró la mirada nuevamente hacia él. “Quedamos en que íbamos a ir despacio”. Susurró. “Por los dos”. Acarició su mandíbula. “Y quiero cumplirlo. A pesar de esta situación”. Apreció cómo la mirada de él se entristecía, a pesar de que intentó ocultarlo. Agarró su mano y tiró de él hasta el despacho, cerrando la puerta tras ellos.

Se colocaron en mitad de aquella habitación, uno frente al otro, en silencio. Kate se mordió el labio al comprobar, nuevamente, que sus palabras habían herido al escritor. “Rick”. Exhaló el aire rápidamente. “No hay nada que me gustara más que quedarme estos días aquí, con vosotros y con ellas. Pero quiero hacer las cosas bien. Quiero seguir yendo despacio contigo. Quiero que los dos vayamos a nuestro ritmo. Y aunque sé que deseas con todas tus fuerzas tenerme aquí, también sé que todavía no estás preparado para ello”. La mirada de Castle se desvió hacia el suelo, haciéndole saber que estaba acertando con sus palabras. El escritor volvió a fijar sus ojos en los de ella a los pocos segundos y asintió, conforme con la inspectora. Kate sonrió un poco. “Quedaremos, haremos planes, pasaremos noches juntos y cenaremos todos aquí si es que sigo estando invitada, con Maddie y Bella”.

“Por supuesto que sí, Kate”. Le devolvió la pequeña sonrisa.

“Bien”. Besó sus labios tiernamente, poniéndose de puntillas para ello.

“Gracias”. Susurró apretándola entre sus brazos.

“¿Por qué?”. Preguntó ella alzando la cabeza sin separar la cara de su cuerpo, abrazada a él.

“Por ser ahora tú la que va haciendo los avances por los dos”. Acarició su cabeza, enredando los dedos entre sus mechones de pelo.

“Siempre”. Volvió a apoyarse contra su pecho, abrazándolo más a él. Rick no pudo más que sonreír abiertamente. Esa mujer iba a acabar volviéndolo loco.

“Katie, Katie”. Escucharon la voz de la pequeña. “Ven a pintá”.

“Voy”. Besó fugazmente los labios del escritor y con una sonrisa salió del despacho y caminó hasta el sofá donde la niña ya le había hecho hueco entre Maddie y ella. Se sentó, siendo rápidamente incluida en el juego de pintar.

Así pasaron la mañana de aquel sábado. Entretenidos con la niña, haciendo todo tipo de juegos y pasando un buen rato los 5 juntos.

“Papá”. Llamó la atención de su padre. El escritor, que estaba preparando la comida, alzó la cabeza de las verduras que cortaba para mirar a su hija, prestándole atención. “Voy a salir después de comer. Dormiré en casa de Page”.

“Vale cariño”. Sonrió a su hija volviendo a su tarea.

Cuando la pelirroja subió las escaleras para preparar una bolsa con lo necesario, la inspectora apareció detrás de él, abrazándolo por la espalda. “¿Te ayudo?”. Preguntó mirando por encima de su hombro lo que estaba haciendo.

“No hace falta. Ahora todo va al horno y a esperar”. Sonrió terminando y limpiando los utensilios que había usado.

Se separó del cuerpo de él para dejarle maniobrar con comodidad. “Había pensado ir a dar un paseo a Central Park después de comer. ¿A Alexis le apetecerá?”.

“Me acaba de decir que ha quedado con sus amigas y dormirá en casa de Paige. Pero puedes proponérselo. Igual cambia de idea”.

“¿Tú crees?”. Preguntó con cierta reticencia.

“¿Por qué no? Ya la has visto. Ha estado jugando con Bella y riéndose con Maddie toda la mañana”. Metió la bandeja al horno y se giró para mirar a Beckett.

“Vale. Subo a hablar con ella”. Le sonrió con nerviosismo. Castle le guiñó el ojo para animarla y sonrió al verla desaparecer escaleras arriba para hablar con la pelirroja.

Kate llamó a la puerta con los nudillos y esperó a que la joven le diera permiso para entrar. “Hola Alexis”. Le saludó y sonrió al ver cómo la chica cerraba el armario de su cuarto cargando un pijama que guardó en la mochila.

“Ah, hola Kate”. Saludó sonriente.

“Había pensado ir a dar una vuelta a Central Park esta tarde, y tal vez podríamos ir a patinar. ¿Te apuntas?”. Preguntó quedándose de pie mientras observaba cómo Alexis guardaba el resto de cosas en la mochila.

“Eh… bueno, suena bien pero… he quedado y luego voy a dormir a casa de Page”. Titubeó ligeramente al responder, dándole la espalda a la inspectora mientras cerraba la mochila.

Frunció el ceño tras notar el titubeo de la joven. “Bueno, yo te lo comentaba por si te apetecía cambiar de plan. Pero entiendo que quieras quedar con tus amigas”.

Alexis respiró hondo y se giró para mirar a Kate. “No he quedado con mis amigas”. Confesó sentándose en el borde de su cama y jugando nerviosamente con sus manos.

Beckett se acercó hasta ella y, con cierta indecisión, se sentó a su lado, mirándola en silencio. Dándole su espacio para que se abriera a ella. “Alexis, sabes que me puedes contar cualquier cosa, ¿verdad?”. Preguntó en tono suave.

“Sí… lo sé”. Se mordió el labio. “Es sólo que… es la primera vez que he mentido a mi padre y… aunque sé que no lo he hecho por algo malo…”. Fijó la vista en el suelo.

“No has quedado con tus amigas..”. Alexis negó ligeramente. “¿Con un chico?”. Se aventuró a preguntar. La joven asintió. “¿Quieres contármelo?”. Posó una mano sobre su rodilla.

“¿Se lo contarás a mi padre?”. Preguntó alzando la cabeza y mostrando sus asustados ojos azules.

“Sólo si creo que lo que vas a hacer puede ser peligroso”. Fue sincera. “Pero para ello necesito que me cuentes qué está pasando”. Apretó su rodilla tiernamente y le sonrió para darle confianza.

“Conocí a un chico en la biblioteca. Al principio no le di mayor importancia. Nos llevábamos bien, congeniábamos, y él es tan buen estudiante como yo. Pero hasta ahí. Yo estaba más concentrada en los exámenes que en fijarme en él”.

“¿Y ahora?”. La animó a continuar.

“Ahora, hemos quedado un par de días. Yo pensaba que él se interesaba en quedar conmigo porque le había caído bien, porque habíamos estudiado bien juntos. Pero el otro día me dijo que empezaba a sentir algo por mí y desde ese momento le veo con otros ojos. Y me está empezando a gustar”. Confesó esto último casi en un susurro.

“Eso no tiene nada de malo, Alexis”. Agarró su mano y la estrechó entre las suyas.

“Lo sé”. Se mordió el labio. “Pero tiene casi 5 años más que yo”. Siguió confesando. “Empezó a estudiar más tarde porque en su casa no tenían el dinero suficiente para mandarle a la universidad”. Bajó la mirada al suelo.

“Por eso no se lo has contado a tu padre”. Entendió la inspectora. Alexis asintió. “¿Lo de dormir en casa de Paige es verdad?”. Preguntó con cautela.

“Sí”. Aseguró alzando la cabeza y mirando fijamente a Kate para que viera que decía la verdad.

“Me tenía que asegurar”. Sonrió haciendo sonreír a la joven. “Entonces, ¿cómo se llama el chico?”. Preguntó alzando una ceja, con curiosidad.

“John”. Sonrió al decir su nombre.

“¿Y John sabe que si te hace algo tanto tu padre como yo iremos a por él?”. Sonrió mirándola de forma graciosa, lo que hizo que la joven riera.

“No tienes de qué preocuparte. Él es el primero que quiere ir a mi ritmo. Y yo… se lo agradezco”. Se mordió el labio. “Ya sabes yo… bueno, no tengo ninguna experiencia y quiero esperar a estar segura”. Frunció el ceño debido a la intensidad de las palabras que estaba pronunciando.

“Sabía que eras muy madura para tu edad, pero hoy me estás sorprendiendo, y mucho”. Sonrió apretando la mano de Alexis. La joven levantó la cabeza para mirar a Kate entre avergonzada y agradecida. “No pienso decirle nada a tu padre, pero avísame cuando vayas a dormir a casa de Page. Así me quedo tranquila”. Pidió con una pequeña sonrisa.

“Hecho. Muchas gracias Kate”. Se acercó a ella abrazándola con cariño.

La inspectora correspondió al abrazo encantada. “Pero empieza a plantearte el contárselo a tu padre, sobre todo si seguís avanzando. Él únicamente se preocupará por ti, pero terminará entendiéndolo si te ve segura y confiada”. Alexis le sonrió agradecida. “Te lo digo por experiencia”. Ambas soltaron una pequeña carcajada y se pusieron en pie cuando escucharon la voz de Bella desde abajo diciéndoles que la comida ya estaba lista.

“Por cierto, ¿al final encontraste el regalo para mi padre?”. Preguntó mientras abría la puerta de la habitación.

“Sí”. Sonrió agradecida. “Ya lo tengo todo preparado”. Le guiñó el ojo.

“Le va a encantar”. Sonrió la joven mientras las dos bajaban las escaleras dispuestas a comer todos juntos.
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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Sáb Jul 15, 2017 12:34 am

CAPÍTULO 27

“¡Rick, mira!”. Gritó la pequeña desde el centro de la pista de hielo, agarrada firmemente a las manos de Maddie y Alexis que la ayudaban a patinar.

Al final la tarde anterior decidieron quedarse en casa, pero la mañana de Nochebuena la aprovecharon para pasear y patinar.

El escritor se giró, agarrado a la barrera de la pista y sonrió al verla patinar sobre el hielo más o menos decentemente. “¡Muy bien!”. Exclamó riendo al ver que Alexis casi se resbala al intentar que la niña no se cayera.

Se tambaleó ligeramente cuando el cuerpo de la inspectora se ciñó al suyo, abrazándolo por detrás. “¡Ey!”. Protestó en una pequeña carcajada. “Me has asustado”. Pegó más la espalda a su pecho, agarrando las manos de ella, que se habían colocado sobre sus abdominales.

“Perdón”. Rió ella estrechándolo más. Observó a las chicas por encima del hombro de él, sin separarse. Sonrió viéndolas patinar y divertirse en aquella mañana de Nochebuena.

“Ha sido buena idea venir”. Dijo poniendo en palabras los pensamientos de Beckett.

“Uhum”. Asintió mordiéndose el labio. “Llevaba años sin pisar esta zona en Navidades”. Confesó con cierta timidez al abrir nuevamente su corazón a él. Pero cada día se sentía con más soltura para hacerlo, sentía que estando a su lado podía empezar a construir recuerdos nuevos, con él, sustituyendo a los dolorosos del pasado.

Sintió cómo su cuerpo tembló, conmovido por la profundidad de sus palabras. Sabía lo que significaba para ella aquella pista de hielo, donde había patinado por última vez con su madre, unos días antes de que la arrebataran de su lado. Se giró para mirarla a los ojos, con cuidado de no caer. Se agarró con una mano a la barandilla metálica y con la mano libre acarició su mejilla suavemente, perdido en su mirada. Las palabras sobraban en aquel momento. Sus ojos expresaban cada uno de sus sentimientos: nostalgia, dolor y ganas de avanzar por parte de ella; y empatía, agradecimiento y amor por parte de él.

Se aproximó a sus labios, rozándolos tiernamente antes de besarlos. “Cada día me sorprende más tu fuerza”.

Kate negó ligeramente, rozando su nariz con la de él. “No soy tan fuerte, Rick. Y si cada día lo soy un poco más, es gracias a ti”. Agarró su mano suavemente, entrelazando sus dedos.

“Bueno, últimamente estás haciendo muchos avances”. Sonrió orgulloso de ella. “Y me estás sorprendiendo, cada día”. Aseguró haciendo que ella también sonriera.

“Eso intento”. Ladeó la cabeza de forma graciosa, sonrojada. “Tú me ayudas y… las sesiones de terapia, también”. Confesó mordiéndose el labio.

“¿Estás yendo a terapia?”. Preguntó con sorpresa. Ella asintió ligeramente. “Wow, no lo sabía”.

“De eso se trataba”. Susurró besando sus labios fugazmente. “Luego te cuento más, ¿vale?”. Pidió soltando su mano tras acariciarle el dorso de la misma. Rick asintió con una pequeña sonrisa y antes de que ella volviera a empezar a patinar, la agarró de la mano, pegándola nuevamente a él. Se aferró a su nuca y la besó con intensidad, haciendo que casi se desequilibrara y cayera, pero la agarró con mayor firmeza para evitarlo.

Beckett sonrió aún en sus labios y mordió su labio pícaramente. “No me distraigas, que quiero ver cómo patinas”.

Castle puso cara de circunstancias, haciéndola reír.

Después de estar patinando casi toda la mañana, decidieron comer en un restaurante cercano al parque. Así tendrían el resto de la tarde libre para organizar la cena de Nochebuena. Cenarían todos juntos en casa del escritor. Castle estaba tan emocionado de tener en esas fechas a la detective con él que no podía despegar la mirada de ella, ni dejar de sonreír cuando sus ojos se encontraban.

Por su parte, Beckett estaba algo nerviosa. Aunque sus nervios también se mezclaban con emoción y cierta nostalgia. Sus sentimientos estaban encontrados. Deseaba volver a sentir la magia de las Navidades y no conocía a nadie mejor que Castle para aquello; pero, a la vez, no podía apartarse de la cabeza el pensamiento de que estaba fallando, en cierta manera, a su madre al volver a celebrar esas fiestas tan familiares. Aún así, pensaba luchar por ir apartando ese pensamiento, poco a poco. Como le había dicho su psicólogo, y aunque doliera demasiado, no podía defraudar a su madre porque ella estaba muerta. Tenía que centrarse en volver a construir su vida, en ser feliz. Eso es lo que le gustaría ver a su madre: verla feliz, saberla feliz.

Maddie, Bella y Kate fueron a casa de la inspectora para descansar un poco y prepararse para la cena. A pesar de que Beckett había insistido en quedarse en el loft para ayudarles con la cena, el escritor se negó tantas veces que no le quedó otra opción que irse a casa.

Castle estuvo el resto de la tarde poniendo un hermoso árbol de Navidad en el centro del salón. No había querido hacerlo antes para darles la sorpresa esa noche. Alexis le estuvo ayudando un rato y después, juntos cocinaron su famosa receta de Nochebuena, como llevaban haciendo desde que pelirroja tenía 2 años.

“Les va a encantar”. Dijo la joven cuando vio a su padre parado en mitad del salón recolocando una bola del árbol.

“¿Tú crees?”. Preguntó con dudas. “¿No es demasiado?”.

“Sí. Pero es muy tú”. Sonrió Alexis acercándose hasta él y colgando una bolita más. Castle la miró con el ceño fruncido deseando que se explicara. “Es excesivo, como casi todo lo que haces, papá. Y eso es lo que te hace tan especial. Eso es lo que me encanta de ti y estoy segura de que también es lo que enamoró a Beckett de ti”. Besó su mejilla. “Me voy a dar una ducha y a vestirme antes de que lleguen las chicas. La abuela ya debe de haber terminado”. Subió las escaleras dejando a su padre plantado en el salón, frente al árbol, con una pequeña sonrisa en los labios gracias a las palabras de su hija.

Comprobó que el horno estaba a una temperatura baja y aprovechó esos 30 minutos que quedaban para ducharse y vestirse elegantemente.

Mientras tanto, en casa de Beckett, las jóvenes ya estaban duchadas y vestidas. Maddie se había duchado primero para que le diera tiempo a ondularse un poco el cabello. Después, Kate bañó a Bella y se entretuvo más de lo que esperaba jugando y riendo con ella. Por eso ahora iba un poco justa de tiempo.

Salió del baño con el albornoz puesto y una toalla en el pelo. Abrió el armario de su cuarto y echó un rápido vistazo a todo lo que tenía. Se mordió el labio indecisa. Metió la cabeza dentro y empezó a revolver toda su ropa.

La pequeña entró, sin llamar, en la habitación con su impecable vestido rosa y su precioso lazo en la cabeza. Se acercó a Kate dándole su teléfono móvil. “Tío Rick”. Le dijo dándole un pequeño tirón del albornoz al ver que no reaccionaba a su presencia y que seguía sumergida en el armario, rebuscando algo que ponerse.

“Bella”. Dijo sorprendida por no haberla escuchado entrar. Sacó su cuerpo del armario y cogió el móvil frunciendo el ceño. “Hola, Castle”. Dijo con una sonrisa esperando escuchar la voz de él.

“Hola, Kate”. Sonrió él al otro lado al escucharla.

“Vamos un poco justas de tiempo”. Avisó ella sintiéndose algo culpable y pensando que llamaba para ver si ya estaban.

“Oh, no te preocupes. No te llamaba por eso”. Soltó una pequeña carcajada. “Tranquila. Sé lo que es andar corriendo con una niña pequeña. Y también sé lo que es hacerlo con una adolescente por casa”.

“Bueno, en realidad la que va tarde soy yo”. Se mordió el labio sentándose en el borde de la cama y ayudando a Bella a subirse a su lado. La niña se abrazó al brazo de Kate, lo que le hizo sonreír.

“No pasa nada”. Repitió él, sonriente. “Sólo era para preguntarte si os quedaréis esta noche a dormir”.

“Oh”. Susurró ella. No se esperaba aquella propuesta, pero saber que él había pensado en eso, le hacía sentir un pequeño y agradable hormigueo en su estómago. “No lo había pensado. Les pregunto a las chicas y lo decidimos ahora, ¿si?”.

“Vale”. Sonrió deseando que sí se quedaran. Pasar aquella Nochebuena completamente en su casa, con ella. Despertarse el día de Navidad abrazado a ella, aspirando su aroma, rozando su piel… Tomó aire con fuerza mordiéndose el labio.

“Vale”. Repitió ella también sonriendo. Sintió un repentino deseo de pasar la noche en el loft, con él. Se mordió el labio respirando hondo al escuchar cómo él también lo hacía con intensidad. “Te veo en 40 minutos. No más, lo juro”.

“Tranquila. La cena está terminando de hacerse poco a poco en el horno”. Informó. “Hasta ahora, Kate”.

“Hasta ahora, Rick”. Colgó sonriente dejando el teléfono móvil sobre el colchón. Se tumbó hacia atrás en la cama atrayendo el pequeño cuerpo de Bella hacia ella y la abrazó con cariño. “¿Quieres dormir en casa del tío Rick otra vez?”. Preguntó acariciando sus mechones rubios.

“¡Sí!”. Sonrió feliz mirando a los ojos a la detective.

Kate sonrió con cariño y besó su cabeza tiernamente. “Vamos a preguntarle a Maddie”. Las dos de la mano se levantaron de la cama y salieron al salón donde la joven estaba sumergida en la lectura del primer libro de la saga Nikki Heat.

“¡Mad!”. La niña se lanzó casi sobre ella, aplastando sus piernas.

La adolescente se sobresaltó, pero al darse cuenta de que era Bella, rió besando su mejilla. “¿Qué pasa renacuaja?”. Le preguntó cariñosamente.

“¿Quieres dormí en casa tío Rick esta noche?”. Preguntó intentando imitar el tono de voz de Beckett, lo que hizo reír a la inspectora, que las observaba sentada al otro lado del sofá.

La joven miró a Kate para corroborar que lo que la niña le preguntaba era cierto. Kate asintió interrogándola con la mirada. Maddie giró la vista hasta Bella e hizo como que se lo pensaba un poco. “Umm… La verdad es que la cama me gustó mucho”. Comentó mordiéndose el labio y dándole más dramatismo al momento. Beckett sonrió al ver la cara de expectación de la pequeña. “Vale, sí. Sí quiero dormir en casa de Rick esta noche”. Concedió sonriendo abiertamente al ver cómo la felicidad embargaba a la niña.

“Y ahora que hemos decidido eso, ¿por qué no cogéis vuestros pijamas y algo de ropa para mañana mientras yo termino de prepararme?”. Se levantó del sofá alzando a Bella para dejarla en el suelo y que fuera a coger sus cosas.

Las chicas salieron corriendo a hacer lo que Kate les había pedido. Maddie acabó en primer lugar y cuando lo hizo, entró al cuarto de Beckett, encontrándola ya con el pelo seco y maquillada, pero eligiendo todavía la ropa que ponerse.

“¿Te ayudo?”. Se ofreció poniéndose a su lado, frente al armario y mirando todos y cada uno de los conjuntos de la inspectora.

“Por favor”. Suspiró Kate. Estaba nerviosa. Mentiría si dijera que no lo estaba. Pero eran más bien nervios por comenzar una tradición nueva, por ir dejando atrás la suya, por empezar a construir su vida, su vida junto al escritor. Se mordió el labio llevándose las manos a la cara con cierta desesperación.

“¿Falda?”. Propuso la joven seleccionando una falda de tonos oscuros, por encima de la rodilla, lisa, ceñida. “¿Con una camisa blanca?”. Sacó la blusa a la que se refería colgando las dos cosas de los pomos del armario.

Kate se mordió el labio observando el conjunto y sonrió. Asintió contenta con lo que veía. “Con estos tacones”. Se agachó rápidamente a rebuscar los que quería y sacó unos negros preciosos. “¿Qué te parece?”. Le preguntó.

“Que vas a dejar a Castle babeando”. Rió haciendo que la inspectora sonriera.

“Perfecto”. Besó la mejilla de la joven. “Gracias, Maddie”.

“A ti, Kate”. Le devolvió la sonrisa. “Por todo lo que estás haciendo por nosotras”.

“Os lo merecéis, Mad. Las dos”. Le guiñó el ojo y se fue rápidamente al cuarto de baño con la ropa y la muda para cambiarse”.

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Re: Say Something

Mensaje por livingmylife el Dom Jul 16, 2017 12:26 pm

Capítulo Navideño! Wink

CAPÍTULO 28

La pequeña Bella salió disparada del ascensor y llamó con rapidez al timbre del loft de Castle. Detrás de ella, Maddie y Kate sonreían al verla tan contenta. Entre las dos cargaban las pequeñas maletas con lo necesario para que las tres pasaran allí la noche.

Castle abrió la puerta con una enorme sonrisa, que se acentuó cuando Bella se abrazó a sus piernas gritando su nombre. Y se ensanchó todavía más al levantar la mirada de la niña y encontrarse con los ojos color avellana de Kate mirándolo atentamente. Se sonrieron con complicidad.

"Buenas noches chicas". Saludó el escritor a las tres, cogiendo en brazos a Bella para darle un dulce beso en la mejilla.

"Buenas noches". Saludaron Maddie y Kate al unísono.

"Pasad". Bajó a la niña al suelo, quien salió corriendo al interior de la casa para saludar a Martha y Alexis. Se hizo a un lado para dejar pasar a la adolescente. Antes de que Beckett pudiera entrar, le hizo soltar la bolsa que llevaba y, sujetándola con una mano en su baja espalda, la atrajo a él para besarla despacio. Cerraron los ojos a la vez, disfrutando del suave beso que se dedicaron durante unos largos segundos. Rick fue el primero en separarse suavemente de sus labios, juntando, en su defecto, sus frentes. "Te he echado de menos". Susurró abriendo los ojos para perderse bizcamente en los de ella.

Kate soltó una pequeña carcajada. "Nos hemos visto hace unas horas, Castle". Se hizo la dura con él y sonrió agachándose para coger la bolsa. Antes de entrar al loft, se acercó a la oreja del escritor y le mordió suavemente el lóbulo. "Pero yo también te he echado de menos". Susurró haciéndole temblar.

Castle cerró los ojos e inspiró con fuerza, sobrepasado por sus sentimientos. Sonrió enormemente al sentir el cuerpo de la detective escabullirse por la puerta para entrar en su casa. Se llevó una mano a la oreja donde segundos antes había sentido su cálido aliento y se giró para entrar tras ella. Cerró la puerta de casa y sonrió al ver cómo Maddie y Bella admiraban el árbol de Navidad.

Martha y Alexis, que ya habían saludado a las jóvenes, se acercaron a saludar a la detective. La abrazaron, siendo rápidamente correspondidas por Beckett. "Chicas, subo vuestras cosas a la habitación". Dijo Alexis agarrando la mochila de la pequeña y la bolsa de Maddie. Las chicas se lo agradecieron, todavía ensimismadas con la decoración navideña.

Kate se acercó a Mad y Bella, también asombrada por el enorme árbol. Sonrió sin poder evitarlo, repasando todos y cada uno de sus adornos. Un pequeño sentimiento de nostalgia se apoderó de ella. Hacía años que ella no decoraba así su casa. Hacía años que no disfrutaba de las fiestas, que no se dejaba llevar por la magia que supuestamente debía de sentir en esos días. Recordó las risas con sus padres cuando era pequeña y ponían todo patas arriba para adornar cada rincón de la casa. Sus ojos, poco a poco, se empezaron a humedecer. Sintió la mano de Bella aferrarse a la suya, contenta. Tragó saliva intentando borrar el nudo que se había formado en su garganta y con la mano libre se secó las dos únicas lágrimas que había dejado que se le escaparan.

Tiró de la mano de Kate suavemente, llamando su atención. "Kate, ¿a que es bonito?". Preguntó la niña con un brillo especial en su mirada.

"Sí que lo es, es precioso". Sonrió a la niña y volvió a mirar aquel árbol, fijándose esta vez en la estrella que presidía sus ramas desde lo más alto.

"Es una pasada". Concluyó Maddie, que también seguía observándolo.

Castle sonrió desde detrás de ellas. Se acercó a Bella, agachándose a su lado. "¿Quieres ver cómo está decorado vuestro cuarto?". Le preguntó haciéndose el misterioso.

"¡Xí!". Gritó la niña soltando su mano de Kate y cogiendo la de Maddie para que la acompañara arriba.

Las dos chicas se encaminaron a ver lo que les había dicho, entre risas.

Rick se fijó en que Kate no se había movido ni un milímetro de su posición, todavía con la vista perdida en el árbol. Cogió aire, preocupado. Se acercó a ella por detrás, abrazándola por la espalda hasta apoyar el mentón sobre su hombro. "Ey". Susurró dándole un suave beso en la mejilla. Sintió cómo se estremecía ante su abrazo y la estrechó más entre sus brazos. "¿Tan feo te parece el árbol?". Preguntó con un tono entre preocupado y bromeando.

Kate rió suavemente apoyando la espalda sobre su pecho y echando la cabeza ligeramente hacia atrás, apoyándola sobre su hombro. Cerró los ojos unos segundos y volvió a abrirlos, secándose una furtiva lágrima. "Es precioso". Susurró. "Gracias". Se mordió el labio.

"¿Por decorar un árbol de Navidad?". Preguntó dejando suaves caricias en su cintura.

"Sí. No sabes lo que significa para mí". Se giró hasta quedar frente a él y lo abrazó con fuerza, apoyando la cabeza, esta vez, en su pecho.

Rodeó su cuerpo colocando una mano sobre su cabeza. Aprovechó para acariciar su pelo tiernamente. "Sólo quiero que disfrutes de la magia de la Navidad".

"Pues lo estás consiguiendo". Murmuró con una pequeña sonrisa, pese a las lágrimas que bañaban sus ojos.

"Pues demuéstramelo con una de tus sonrisas". Pidió acariciando sus mechones de pelo.

Ella alzó la cabeza para perderse en su mirada y, al ver sus azules ojos mirarla con adoración, no pudo más que sonreír, dejando escapar un par de lágrimas. Castle se las secó suavemente con el pulgar, acariciando su mejilla en el proceso. "Así está mejor". Le devolvió él la sonrisa. "Ve a dejar tu bolsa en mi cuarto mientras saco la cena". Besó sus labios tiernamente.

"Ahora vuelvo". Le devolvió el beso, alargándolo durante unos segundos hasta que se separó suavemente y caminó hasta su habitación para dejar la bolsa y el abrigo que llevaba puesto.

Antes de que pudiera salir de la habitación, Castle entró entornando la puerta. La miró con una enorme sonrisa, acercándose poco a poco a ella. Beckett alzó la ceja, parada frente a la cama del escritor, mirándole sonriente también. "¿Qué?". Murmuró ante la intensa mirada del escritor.

"Que eres preciosa". La agarró por la cintura, pegándola a él y besando sus labios lentamente. "Y que estoy feliz". Susurró tras separarse unos centímetros de sus labios.

Los ojos de la inspectora se humedecieron nuevamente, al escuchar esa confesión. Sonrió alzando la mano y acariciando su mejilla. "¿De verdad?". Preguntó también en un susurro.

"¿No me lo notas?". Sonrió más al sentir sus caricias. Volvió a atrapar sus labios en un corto pero intenso beso.

"Me gusta que me lo digas. Saber cuando voy por buen camino". Tomó aire en un intento de controlar todos los sentimientos que se agolpaban en su interior.

"Vas por muy buen camino". Rozó su nariz con la de ella, despacio, en una tenue caricia, haciéndola sonreír.

"Bien". Susurró cerrando los ojos antes de atrapar sus labios con cierta intensidad. Saber que, poco a poco (y no tan poco a poco) iba consiguiendo su objetivo, le hacía emocionarse y estremecerse; querer besarle hasta quedarse sin aliento; prometerle una vida entera a su lado, superando juntos cada adversidad. Porque el amor que ella sentía por el escritor, en esos días intentando luchar por él y por su plena confianza en ella, se había acrecentado todavía más.

"Bien". Susurró él también mientras con la mano que posaba en su espalda, dejaba suaves caricias por encima de su blusa. Juntaron sus frentes, sintiéndose cerca, más cerca que nunca. Un intenso pero agradable calor se iba instalando en sus pechos, llenando el vacío que ambos habían tenido en sus vidas, hasta ese momento.

Escucharon cómo Martha les llamaba para empezar a cenar y tras volver a besarse fugazmente, salieron de la mano, sonrientes.

La cena estuvo deliciosa. Todos disfrutaron de ella, charlando, riendo e incluso bromeando. Estaban siendo unas Navidades diferentes para todos. Los Castle siempre habían pasado esas fiestas los tres solos, sin nadie más. Beckett llevaba años sin celebrarla, dedicándose al trabajo cada Navidad y echando de menos a su madre, y también a su padre. Y Maddie y Bella lo habían hecho siempre rodeadas de los niños del orfanato donde, a pesar de que los encargados intentaban esmerarse y darles lo que necesitaban, los niños no podían evitar sentir que les faltaba algo de cariño.

Mientras Alexis y Richard recogían los platos para poner el postre, Martha propuso poner unos villancicos. La niña enseguida se entusiasmó, saltando de la silla y preparándose en mitad del salón, frente al árbol, dispuesta a cantarlos todos. Maddie y Kate rieron al verla tan contenta y la joven se puso a su lado para cantar con ella.

La música empezó a sonar y las chicas, con total confianza y sin apenas vergüenza, empezaron a cantar. Alexis, tras dejar el postre sobre la mesa, se unió a ellas jugando y riendo con la niña mientras intentaban seguir el ritmo y la letra de la canción.

Beckett se levantó de la mesa para ir a la habitación y coger el móvil que había dejado en el bolsillo del abrigo. Volvió al salón y se puso frente a las chicas, disfrutando del espectáculo que estaban dando y aprovechando para sacarles alguna que otra foto a la tras delante del hermoso árbol de Navidad.

Castle se colocó detrás de ella. Besando su pelo agarró el teléfono que Beckett sujetaba. "Ponte con ellas y os hago una foto". Propuso obteniendo una sincera sonrisa como respuesta.

Kate se puso al lado de Maddie y Bella, posando para la foto que Castle les hizo mientras Alexis hacía monerías detrás de él para que la niña sonriera más todavía y saliera mejor en la fotografía. "Perfecta". Dijo mirando la foto que les había sacado y acercándose a ellas para que también la vieran.

Kate sonrió ampliamente al ver la foto y besó la mejilla de Rick. "Gracias". Acarició brevemente su pelo, peinándoselo ligeramente.

Castle le guiñó el ojo y ambos se sonrieron.

"Chicos, siento interrumpir pero o nos comemos el postre, o se va a derretir". Intervino Martha que miraba la escena sonriente desde la mesa.

Todos volvieron a la mesa dispuestos a tomar el postre y terminar de ponerle la guinda a aquella espectacular cena, mientras varios villancicos seguían sonando. Beckett y Castle recogieron los platos entre fugaces miradas, roces intencionados y besos robados.

"Bueno, ha llegado el momento más esperado". Dijo Rick y todos pudieron ver cómo sus ojos se iluminaban.

"¿Cuál?". Preguntó Bella expectante.

"El de los regalos". Contestó Alexis sonriendo a su padre. Los ojitos de Bella se iluminaron casi exactamente como los de Castle. Alexis miró a su padre muy sonriente. Ella conocía mejor que nadie lo infantil que podía llegar a ser el escritor. Y la Navidad era el momento idóneo para sacar a pasear ese lado. Beckett se mordió el labio sin poder evitar sonreír mirando a Rick. Estaba adorable cuando sonreía y se ilusionaba así.

Maddie y Bella se miraron y se sonrieron nerviosas. "Ahora venimos". Dijo la más mayor mientras las dos se levantaban y corrían escaleras arriba.

"¿Dónde vais?". Preguntó Castle frunciendo el ceño sorprendido por la reacción de ellas.

"Creo que han preparado algún regalo para nosotros. Y conociéndolas, les va a hacer mucha ilusión darnos uno a cada uno". Dijo Kate mirando hacia las escaleras con una sonrisa.

"Yo también voy a por los míos". Alexis se levantó de la mesa siendo imitada por su abuela, que iba a lo mismo.

Kate miró al escritor con nerviosismo, mordiéndose ligeramente el labio. "Los míos ya están puestos, detrás del árbol". Confesó el escritor haciéndole sonreír.

"Voy a por los míos, entonces". Besó los labios de su novio fugazmente y fue a la habitación para deshacer la maleta y sacar de ella los regalos envueltos. Guardó uno debajo de su almohada y volvió al salón para colocar el resto al lado de los de Castle. Un pequeño nudo se formó en su estómago cuando leyó su nombre en uno de los paquetes que el escritor había preparado. Respiró hondo intentando controlar las lágrimas de emoción que luchaban por escaparse de sus ojos y se incorporó.

-All I want for Christmas is you- de Mariah Carey sonaba en ese momento en todo el loft. Castle y Beckett se perdieron en sus miradas, frente al árbol de Navidad. El resto del mundo había desparecido para ellos. Únicamente existían los ojos del otro. Castle le sonrió, acercándose hasta ella. Colocó un mechón de pelo detrás de su oreja y besó la comisura de sus labios. "Gracias por estar aquí, esta noche, conmigo". Susurró.

Kate negó ligeramente, mordiéndose el labio y controlándose para no echar más lágrimas y estropear su maquillaje. "Es donde quiero estar". Se abrazó a él, apoyando la cabeza contra su hombro. Cerró los ojos y por primera vez en mucho tiempo se sintió en paz, en casa. Sintió que había encontrado su hogar. Respiró hondo inundándose de su perfume. Escuchó la letra de la canción y sonrió preparándose para lo que iba a hacer a continuación. Besó su pecho con suavidad y empezó a cantar en un tono bajo, lo suficientemente alto para que él la escuchara, entonando la canción a la perfección, aunque con un poco de vergüenza. "Cause I just want you here tonight. Holding on to me so tight. What more can I do? Baby, all I want for Christmas is you".

El corazón del escritor dio un vuelco cuando empezó a escuchar la suave voz de ella cantando, cantando para él y haciéndolo endemoniadamente bien. Sus ojos se humedecieron al entender qué parte le estaba cantando y lo que significaba para ella, para él, para ellos. La estrechó más entre sus brazos, justo como ella le pedía con la letra de la canción. Besó su pelo tiernamente. Ante ese gesto ella levantó la mirada, encontrándose con los ojos lagrimosos de él. Apretó sus labios conmovida al descubrir lo hondo que había llegado su voz hasta él. Acarició su mejilla borrando el rastro de un par de lágrimas que se le habían escapado.

"Dios mío, Kate". Exhaló cogiendo aire después, intensamente.

"Ya sé que esta Beckett es un poco cursi pero…" Se elevó de hombros en una mueca graciosa, haciéndole sonreír. "… es lo que tú consigues en mí".

"Me gusta que tengas tu parte dura y tu parte cursi". Juntó su frente con la de ella y ambos cerraron los ojos y sonrieron a la vez.

"Menos mal". Susurró ella, sonriente. Él también sonrió, sin moverse de aquella posición, disfrutando de esa nueva intimidad que tenían y que empezaba a llenar su corazón.

Alexis que acababa de colocar sus regalos y los de su abuela, sonrió al ver esa escena tan entrañable, pese a que no había escuchado lo que se habían dicho. Sacó el móvil de su bolsillo y les hizo una foto a los dos, abrazados, en aquella posición juntando sus frentes y sonriendo, con el árbol de Navidad de fondo.

Se oyeron los pasos rápidos de las chicas bajando nuevamente las escaleras y la pareja se separó despacio, no sin antes volver a besarse suavemente. Se secaron las lágrimas disimuladamente y Castle hizo que todas se sentaran frente al árbol. Había llegado el momento de repartir los regalos de Santa.

TRADUCCIÓN DE LA PARTE DE LA CANCIÓN QUE CANTA KATE: "Porque sólo te quiero aquí esta noche. Sujetándome bien fuerte. ¿Qué más puedo hacer? Cariño, todo lo que quiero por Navidad eres tú.


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Mensaje por livingmylife el Miér Jul 19, 2017 5:34 am

CAPÍTULO 29

Los villancicos seguían sonando mientras ellos se sentaron en el suelo, al lado del árbol y de los regalos.

“Nuestra tradición siempre ha marcado que el más pequeño de la casa sería el que primero abriera sus regalos”. Castle sonrió primero a su madre y a Alexis, quienes le devolvieron la sonrisa. Después miró a Maddie y finalmente fijó su vista en Bella y Kate. La pequeña estaba sentada sobre las piernas cruzadas de la detective, esperando ansiosa. “Este año tenemos tres invitadas más y ninguno de nosotros tiene intención de romper con esa tradición así que… Bella, te toca empezar a abrir los regalos que te ha traído Santa”. Rió al ver cómo la niña se removía nerviosa sobre el cuerpo de Kate.

“Este regalo es de parte del Santa de mi abuela, mi padre y mío”. Dijo Alexis alcanzando el paquete más grande, perfectamente envuelto en papel rojo y acercándoselo a Bella.

La niña, con sus pequeñas manitas lo agarró como pudo, ayudada por Kate, y empezó a desenvolverlo todo lo rápido que podía. Maddie se acercó más a ella, pendiente de lo que pudiera haber tras el papel. Los ojos de la más pequeña se iluminaron al descubrir un precioso baúl de madera, de color rosa con dibujos en tonos claros.

“Ábrelo”. La animó Castle. Era increíble como en tan poco tiempo había cogido tanto cariño a aquella niña.

Bella se apresuró a abrirlo. Nuevamente, sus ojos demostraron la sorpresa al descubrir todo lo que había dentro: un precioso osito de peluche marrón, con un lazo rojo atado al cuello; una muñeca del tamaño de un recién nacido, vestida con un precioso pijamita rosa palo y un chupete en su manita derecha; un marco de fotos infantil que contenía una foto que se habían hecho todos y unos walkie-talkies infantiles para que la niña pudiera jugar con quien quisiera en el orfanato.

Sacó el osito de dentro y lo abrazó con fuerza. Repitió el mismo movimiento con la muñeca y sonrió cuando Castle le explicó para qué servían los walkie-talkies. Observó el marco de fotos y lo sacó con cuidado, mirando detenidamente la foto. Acarició despacio el rostro sonriente de cada uno de ellos en aquella fotografía, consiguiendo, con ese gesto, encoger el corazón de los allí presentes. Kate besó la cabeza de la pequeña, con emoción. Maddie acarició su pelo suavemente sabiendo lo que para la pequeña significaba haber podido celebrar sus primeras Navidades con alguien que no fueran los niños del orfanato. Ella se sentía exactamente igual.

“¿Te ha gustado?”. Preguntó Rick cuando consiguió sobreponerse a la ternura de la pequeña.

Bella asintió efusivamente y se abrazó al peluche, acurrucándose en los brazos de Kate. La inspectora la abrazó, estrechándola contra su pecho. Siempre había sentido la necesidad de protegerla, desde el primer día que vio aquellos ojitos asustados. “Mi Santa también ha dejado algo para ti”. Susurró la mujer en el oído de la pequeña. Se estiró con ella encima hasta alcanzar lo que buscaba y le pasó el regalo.

Bella, todavía con el osito entre sus brazos, abrió el regalo y sonrió al descubrir un cuaderno para pintar y unas pinturas en perfecto estado. “¡Qué guay!”. Exclamó contenta. Ojeó el libro sonriendo al descubrir cada dibujo que se presentaba ante sus ojos. Cogió un pequeño diario que también había dentro del regalo y se lo enseñó a Kate sonriendo.

“Para cuando aprendas a escribir y puedas hacer uno como el mío”. Besó su cabeza con cariño. “Y lo otro, para que puedas pintar siempre que quieras”. Acarició su espalda tiernamente. La niña le sonrió y se volvió a acurrucar entre sus brazos, contenta de sentir el calor que estaba recibiendo durante esos días.

“Maddie, te toca”. Dijo Castle pasándole un regalo. “Es de parte de todos”. Sonrió al entregárselo y ver cómo a la joven también se le iluminaban los ojos. Kate se mordió el labio mirando al escritor con agradecimiento. Sin él, no habría podido hacer realidad el regalo completo que quería hacerle a la joven.

Cogió con vergüenza el regalo entre sus manos y lo desenvolvió con nerviosismo. Abrió la caja que había estado envuelta por el papel y sonrió al ver lo que había dentro. “¿Y esto?”. Preguntó alzando la cabeza y mirando a todos para detenerse en Kate. Ella era la única que sabía aquello.

La inspectora se encogió de hombros dedicándole una pequeña sonrisa. Se trataba de un estetoscopio de color rojo. Bella se acercó para comprobar qué había dentro y sonrió. Ella también sabía pera qué servía aquello. Se lo había explicado Maddie muchas veces. “Es para que puedas practicar y ser la mejor enfermera del mundo”. Concluyó la pequeña, como si fuera evidente, pese a su no tan buena pronunciación. Hizo sonreír a todos.

“Abre este”. Le tendió Kate un regalo plano.

La chica rompió el envoltorio y apretó los labios nerviosa al descubrir dentro un sobre con su nombre. Lo abrió despacio y cuando descubrió lo que había en su interior, su cara cambió a un completo asombro. Sus ojos se llenaron de lágrimas sin poder evitarlo.

“Sé que apenas te acuerdas de ella. Pero estoy segura de que le habría encantado que siguieras sus pasos. Alguna vez me has hablado de lo que significaría para ti tener los recursos necesarios para poder estudiar enfermería, como tu madre. Ese es tu regalo de Navidad. Tus estudios de enfermería pagados”.

Maddie soltó lo que tenía entre sus manos y se abrazó con fuerza a Beckett, emocionada, feliz. “Gracias, gracias, gracias”. Susurró entre el llanto que había empezado a apoderarse de ella.

Kate la rodeó con el brazo que tenía libre de sujetar a Bella y besó la cabeza de la adolescente. “Dáselas a Rick que es el que ha puesto la mayor parte del dinero”. La pegó más a ella, con cariño y sonrió al escritor.

La adolescente se separó de Beckett y se acercó a Castle, abrazándolo con fuerza. “Gracias”. Susurró con algo de vergüenza.

“¿Sabes cómo puedes agradecérmelo de verdad?”. Preguntó él mientras la abrazaba. La joven le miró interrogante después de separarse despacio de él. “Esforzándote hasta conseguir tu sueño”. Le guiñó el ojo haciéndola sonreír.

“Lo haré. De verdad que lo haré. Muchísimas gracias”. Sonrió de verdad, sentándose otra vez en su sitio.

“Espera”. Dijo Kate cogiendo un par de pequeños paquetes envueltos y tendiéndole uno a Maddie y otro a Alexis. “Sé que os gustaba así que… ahí lo tenéis”. Sonrió a las chicas mordiéndose el labio.

Las dos se miraron sorprendidas y abrieron cada una su regalo, para encontrarse con un precioso foulard que ella usaba y que a las chicas les había encantado. “Wow, gracias Kate”. Sonrió Alexis acercándose a ella para besar su mejilla. Maddie hizo exactamente lo mismo. “Me encanta”. Dijeron a la vez, haciendo que todos soltaran una carcajada.

“No hay de qué”. Sonrió ella al ver que había acertado con el regalo para ambas.

“Toma Lexis”. Dijo Bella levantándose con ayuda de Kate y acercándole un pequeño paquete hecho con un folio de papel.

“¿Para mí?”. Preguntó sorprendida la pelirroja. Maddie y Bella asintieron esperando expectantes a que lo abriera. La pequeña Castle deshizo con cuidado el envoltorio y sonrió abiertamente cuando en su interior descubrió una preciosa pulsera hecha con hilos. “¡Uala, me encanta!”. Exclamó sacándola para que el resto pudiera verla. “¿La habéis hecho vosotras?”. Preguntó sorprendida y feliz por aquel detalle.

“Xí”. Asintió la niña acercándose más a ella y ayudándole a que se la colocara.

“Es preciosa, muchísimas gracias”. Se abrazó a las dos chicas sonriente. “Me tenéis que enseñar a hacer muchas de estas”. Sonrió alzando la muñeca en la que llevaba la pulsera.

“Cuando quieras”. Dijo Maddie sonriendo.

Los adultos observaron el intercambio de sonrisas y de palabras de las tres chicas, sin dejar de sonreír. Habían congeniado de maravilla. Castle carraspeó llamando su atención y miró a su madre para que le diera su regalo a Alexis.

La pelirroja cogió el paquete tendiéndoselo a su nieta con una sonrisa. Alexis lo abrió, descubriendo una preciosa pulsera, que enseguida reconoció como aquella que su abuela llevaba casi siempre puesta y de la que casi nunca se despegaba. “Abuela…” Susurró la joven conmovida.

“Quiero que la tengas tú. Me la dio mi madre. A ella se la había dado la suya. Y yo no iba a dársela a tu padre”. Bromeó intentando quitarle un poco de peso a ese momento emotivo. La joven rió y Rick apretó los labios con emoción, pese a la broma de su madre. “Es muy importante para mí que la tengas tú, Alexis. Has demostrado ser una muchacha increíble, e incluso, en ocasiones, mucho más madura que tu propio padre”. Kate soltó una carcajada, de acuerdo con la frase de la actriz. “Cuídala”. Siguió Martha besando y abrazando a su nieta.

“Gracias, abuela”. Se abrazó con fuerza a ella.

“Este es de tu madre”. Dijo Castle dándole un sobre a Alexis. Tanto la joven como la abuela miraron con sorpresa al escritor. “Sí, parece que este año a ella también le ha llegado el espíritu de la Navidad”. Se alzó de hombros haciendo una mueca con los labios.

La chica abrió el sobre y descubrió que se trataba de un viaje a Los Ángeles para que la visitara cuando quisiera. “Vaya”. Exclamó sorprendida. “Es todo un detalle”.

“Sí que lo es”. Dijo Martha todavía sorprendida de que su exnuera hubiera hecho aquello.

“Luego la llamaré”. Concluyó la pelirroja dejando a un lado el sobre de su madre y colocándose la pulsera que su abuela le había regalado y el pañuelo que Kate la había dado. Ese simple gesto hizo sonreír a los adultos.

“Bien, ahora mi regalo para ti”. Dijo el escritor con nerviosismo. Cogió dos paquetes pero estiró el brazo hacia su hija con sólo uno de ellos. Antes de que la pelirroja pudiera cogerlo, retiró el brazo y miró a los ojos azules de la joven. “Pero tienes que prometerme que irás con cuidado”. Le avisó ahora sí terminando de darle el regalo.

Alexis frunció el ceño sin comprender del todo a su padre y lo desenvolvió. Abrió la cajita y se llevó una mano a la boca al comprobar lo que era. “¿¡De verdad!?”. Casi gritó de la emoción. Los demás, la miraban intrigados por lo que habría en esa caja. “¿Dónde está?”.

“En el garaje, al lado de mi Ferrari. Es la moto que me compré con uno de mis primeros sueldos”. Alexis miró a su padre con la boca abierta, igual que Martha y Kate. “La he mandado arreglar y ponerle todo lo necesario para que puedas ir con ella”. Su hija se abrazó fuerte a él. Llevaba meses pidiéndole una moto. Le sería más fácil moverse así de casa a la universidad y viceversa. “Pero con una condición”. Dijo Castle abrazando el fino cuerpo de su hija.

“¿Cuál?”. Preguntó ella sentándose al lado de él tras el abrazo.

Castle le entregó el otro paquete a Beckett, con una pequeña sonrisa. La inspectora se mordió el labio al cogerlo. Le preguntó con la mirada si lo abría y él, simplemente, asintió esperando, deseando ver la reacción de ella. Kate desenvolvió el paquete hasta encontrarse con una caja igual a la de Alexis. Frunció el ceño y la abrió. Cuando descubrió lo que había en su interior, contuvo el aire, sorprendida y, cómo no, ilusionada.

“Rick…”. Susurró la inspectora sin poder creerse lo que tenía entre sus manos.
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Mensaje por livingmylife el Sáb Jul 22, 2017 9:05 pm

CAPÍTULO 30

El escritor sonrió al ver la cara de emoción de Beckett y miró a su hija. “La condición es que, si ella quiere, te enseñe Kate a montar. Y le hagas caso siempre en todo lo que te diga”. Avisó a su pelirroja. Volvió a mirar a Beckett, quien no podía ocultar su sonrisa ni el brillo de sus ojos.

“¿Es…?”. Intentó preguntar, pero levantó la cabeza para mirarle a los ojos.

“Es tu moto, sí. Restaurada completamente. Arreglada sin perder ese toque especial que tenía. También está en el garaje. Luego podéis bajar a verlas, si queréis”. Sonrió contento al comprobar que sus regalos habían resultado todo un éxito.

“Gracias”. Susurró ella, sonriente, contenta, emocionada. Se puso de rodillas, inclinándose adonde él estaba para besar fugazmente sus labios en agradecimiento. Miró a Alexis sonriente. “Cuando quieras, empezamos con las clases”.

“¡Genial! Gracias, Kate”. Sonrió la joven.

“Toma”. El escritor cogió un sobre y se lo pasó Beckett. “Es de Alexis y mío”. Informó esperando que lo abriera.

Lo abrió con suavidad, y dentro se encontró diferentes fotografías de una misma ciudad, fotos que parecían haber sido cogidas de Internet. Frunció el ceño pasando una por una hasta que, al llegar a la última, lo comprendió. En la última fotografía se podía ver a sus padres hacía muchos años, en Barcelona. Ese había sido su viaje de novios. Siempre habían dicho que querían repetirlo, que querían ir con Kate. Pero bien por el trabajo de Johanna, o por el de Jim, finalmente nunca pudieron ir. Beckett cogió aire y leyó el papel que venía junto con las imágenes: “Vale por un viaje a Barcelona, para cuando tú quieras, con quien tú quieras”. Leyó casi en un susurro, aunque todos pudieron escucharlo perfectamente. Levantó la cabeza con los ojos humedecidos y miró tanto a Alexis como a Rick, sin poder decir nada, agradeciéndoles todo con la mirada.

“Cuando te pregunté si había estado alguna vez en España y me contaste lo de la luna de miel de tus padres, se me ocurrió que este podía ser tu regalo de Navidad”. Dijo Alexis sonriendo a la inspectora.

Kate negó tragando saliva. Quería decir tantas cosas y no le salía ni un simple “gracias”. Se mordió el labio respirando hondo.

“Puedes cogerte unas vacaciones, obligar a tu padre a que haga lo mismo e iros los dos a disfrutar de esa maravillosa ciudad”. Propuso el escritor acercándose a ella y tomando su mano con ternura. Acarició sus dedos suavemente esperando a que fuera capaz de levantar la cabeza y mirarles.

“No sabéis lo que esto significa para mí”. Susurró alzando la mirada y encontrándose con aquellos dos pares de ojos azules que la miraban enternecidos. “Gracias, gracias, de verdad”. Se abrazó fuerte a Rick y estiró el brazo para que Alexis se uniera a ellos. La joven lo hizo encantada, estrechando a su padre y a Kate.

“Pero queremos fotos eh”. Dijo Alexis haciendo sonreír a la inspectora.

“Eso está hecho”. Besó su mejilla con cariño y una tierna sonrisa. Después besó los labios del escritor.

“Mi regalo no va a superar esto, pero también te puede venir bien”. Dijo Martha dándole un sobre con unos vales para unas sesiones en el mejor SPA de Nueva York.

“Gracias Martha. Lo voy a necesitar. Después de unos cuantos meses trabajando sin parar, no sabes cómo se te queda la espalda”. Sonrió a la actriz, agradecida.

“Katie”. Dijo la pequeña Bella ofreciéndole un sobre como el que le había dado a Alexis.

“¿Para mí?”. Preguntó contenta la inspectora. Adoraba cuando la niña le llamaba así. Era el diminutivo con el que sus padres la llamaban y que únicamente dejaba que su padre y la niña usasen. La pequeña asintió nerviosa. Kate abrió el paquete y sonrió con amplitud al encontrarse una pulsera parecida a la de Alexis. “Es preciosa, Bella. Me encanta”. Sonrió a la niña y después miró a Maddie también, agradecida. Besó la mejilla de las dos y entre ambas le colocaron la pulsera en la muñeca izquierda, junto al reloj de su padre.

“Richard”. Llamó su atención la actriz. El escritor giró rápidamente la cabeza, deseando descubrir qué regalos le esperaban a él. “Tengo dos paquetes para ti. ¿Cuál quieres abrir primero?”. Le enseñó dos paquetes, uno un poco más grande que el otro.

Castle se mordió el labio, indeciso y finalmente cogió el de mayor tamaño. Lo abrió despacio para descubrir su colonia. Esa que tanto le gustaba y que su madre siempre se las arreglaba para regalársela. Le sonrió con agradecimiento. Tomó el otro y lo desenvolvió con cuidado. En su interior había una pequeña cajita con su nombre. Miró a su madre y ella asintió, animándole a abrirlo. Sintió cómo Beckett se acercaba a él por detrás y supo que ella conocía el contenido de esa caja. La mano de la inspectora se posó sobre su hombro mientras se inclinaba ligeramente hacia arriba para poder ver mejor cómo él quitaba la tapa a la pequeña caja. Y cuando vio su interior, agradeció internamente el calor que el cuerpo de ella le proporcionaba, la paz de saberla a su lado, el amor que irradiaba por cada poro de su piel y que iba dirigido únicamente a él. Se mordió el labio, imitando ese gesto tan de Kate que no pudo controlar. Sus ojos se llenaron de lágrimas al rozar el objeto con sus dedos. “Pero…”. Intentó formar alguna palabra más, aunque le fue imposible. Miró a su madre sorprendido de aquello que tenía entre sus manos.

“Katherine me ayudó a encontrarlo”. Confesó la actriz. Castle giró la cabeza para mirar a Beckett y se sonrieron con sinceridad. “Sé lo importante que fue él para ti”. Siguió hablando Martha consiguiendo que su hijo volviera a mirar esa pequeña chapa con una inscripción.

“Siempre hay una historia”. Leyó Rick aquellas letras. “Y qué razón tenía el tío Nick”. Se mordió el labio al recordar a aquel hombre del que tanto había aprendido de niño, a quien tanto había querido, con quien se había criado gran parte de infancia y adolescencia.

Kate acarició su espalda suavemente. No había oído hablar de ese tal Nick hasta que Martha le preguntó si podría buscar aquella cadena con esa chapa inscrita. Apareció en comisaría cuando sabía que Castle no estaría, para pedirle aquel favor. Le había escuchado a Alexis decir que tenían una zona donde guardaban los objetos pertenecientes a víctimas, que nunca habían sido reclamados por familiares. La inspectora se pasó unas cuantas horas buscando hasta que encontró una caja con el nombre de Nicholas Dale. Y allí dentro estaba ese colgante. Se lo entregó a Martha al día siguiente y no hizo ninguna pregunta. Le bastó con sentir el profundo abrazo que le dio la actriz como agradecimiento para saber que aquel objeto era importante para ellos, para ella y para el escritor.

“Esto es… increíble”. Consiguió pronunciar Castle sonriendo abiertamente al mirar a su madre. “Gracias, madre”. La abrazó besando su mejilla con cariño. Después, se giró hacia Kate. Ella le sonreía nerviosa, pero la mirada de Rick la tranquilizó. “Gracias”. Susurró él acercándose a ella para besar sus labios tiernamente.

“Siempre”. Respondió casi de inmediato, sin pensárselo, susurrando entre el beso. Se separaron despacio, sonriéndose.

Castle cogió la cadena y se la pasó a su madre para que le ayudara a colocársela. La actriz así lo hizo. “A él le habría encantado que la tuvieras tú”. Besó su mejilla cariñosamente. Rick únicamente sonrió asintiendo despacio.

Las tres chicas sonreían mirando aquella escena. A pesar de que Maddie y Bella no sabían por qué era tan importante ese colgante, les gustaba ver felices a aquellas personas.

“Papá”. Dijo Alexis ofreciéndole su regalo.

El escritor abrió despacio el regalo y sonrió al descubrir que se trataba de un precioso álbum de fotos digital, con fotos de su pelirroja favorita y de él durante el transcurso de los años. En cada fotografía se veía la estrecha relación que padre e hija siempre habían mantenido. “Es precioso, Alexis. Gracias”. Sonrió como un niño pequeño al recibir una chocolatina.

“Me alegro de que te guste, papá”. Se abrazó a él, apoyando la cabeza en su pecho como cuando era pequeña. “Ahora que empezaré a pasar menos tiempo por casa, quería que tuvieras algo así”. Confesó cerrando los ojos al sentir el brazo de su padre rodear su cuerpo, protector.

“Gracias”. Repitió él besando su cabeza con cariño.

La pelirroja se separó de él dejando así espacio para que Kate pudiera darle su regalo. Antes de que la inspectora le pasara el paquete envuelto al escritor, intercambió una mirada cómplice con la joven, que no pasó desapercibida por Castle, que las miró a ambas con el ceño fruncido.

“Toma”. Colocó el regalo frente a él.

Rick lo abrió con nerviosismo. Era el primer regalo que recibía por parte de Beckett. Respiró hondo antes de terminar de abrirlo por completo y abrió la boca con sorpresa e ilusión. “¿¡Un helicóptero!?”. Exclamó contentísimo.

“Un helicóptero teledirigido”. Le corrigió ella sonriente. “Y tiene algo dentro”. Le avisó cuando él ya estaba sacando el juguete de la caja.

Castle abrió desmesuradamente los ojos al descubrir que las puertas de aquel pequeño cacharro se podían abrir, como si fuera uno de verdad. Las abrió y sacó un pequeño papel doblado varias veces. Lo desdobló y sonrió al encontrarse la perfecta caligrafía de Beckett:

“A veces me sorprende tu madurez y otras muchas me sacas de quicio, y encandilas a la vez, con tu parte infantil. En estas fechas, me gustaría sacar un poco más a ese niño pequeño que llevas dentro. Espero que te guste el helicóptero teledirigido y que aceptes acompañarme a un viaje por los rascacielos de Nueva York en uno de verdad.

Gracias por contagiarme tu magia estas Navidades.

Te quiero.

Kate”.


Miró a Beckett después de leer aquel papel “¿De verdad?”. Preguntó sorprendido. Ella únicamente asintió. “¿Cuándo dices que volaremos?”. Preguntó tan entusiasmado que hizo reír a la inspectora.

“Antes de que tenga que volver a trabajar”. Besó la comisura de sus labios sin poder aguantarse.

“Perfecto”. Sonrió ante el beso.

“Tengo algo más esperándote en tu habitación”. Susurró en su oído antes de separarse de él.

Su aliento y su suave voz provocaron que el cuerpo del escritor se estremeciera de arriba abajo. Su mirada se oscureció ligeramente y se perdió en los ojos de ella, mirándola con intensidad. Kate negó sonriente para volver a besar sus labios fugazmente. “Luego”. Susurró de nuevo ella antes de separarse de él.

Bella y Maddie habían hecho otra pulsera para Castle, esta vez en tonos más oscuros y acordes con la ropa que él solía llevar. Se la colocaron en la muñeca derecha, contentas.

Todos los regalos para Martha consistieron en ropa que sabían que le iba a gustar y en una pulsera muy colorida hecha por las chicas.

Tras el reparto de regalos, bajaron a ver las motos de Alexis y de Beckett. Ambas se quedaron sorprendidas al ver los vehículos allí y se lo volvieron a agradecer. Después, los adultos tomaron una copa de vino hasta que Alexis y Maddie salieron con los amigos de la primera, con la promesa de no regresar muy tarde y de llamar si algo ocurría. Y Martha aprovechó que las chicas se iban para ir ella también con unos amigos.

Bella se había quedado dormida en el sofá, viendo la televisión sin soltar su osito de peluche que Santa le había traído. Beckett se acercó a ella con cuidado de no despertarla y acarició su rubio pelo. “Se ha dormido”. Susurró al escritor, que se acercaba a ellas.

“¿La subimos arriba?”. Propuso él mirando como dormía plácidamente.

“Sí”. Se agachó hasta quedar a su altura y besó su cabeza tiernamente. Castle sonrió por el gesto de ella y se inclinó sobre el sofá para coger en brazos a Bella. La subió hasta arriba, seguido por Beckett. La arroparon con cuidado y ambos le dieron un suave beso en la frente. “Buenas noches, pequeña”. Le susurró Kate. “Y feliz Navidad”.

Castle la abrazó por la espalda cuando llegaron al piso de abajo. “Me ha sorprendido muchísimo esta noche, inspectora. Gracias”. Susurró sintiendo como el fino cuerpo de ella se estremecía ante sus palabras.

“Espero que lo que te voy a dar ahora vuelva a sorprenderte”. Se acurrucó entre sus brazos, dejándose mecer por él.

“¿Vamos a la habitación?”. Preguntó impaciente por descubrir qué más tenía ella para él.

“Uhum”. Asintió ella sonriendo. Entrelazaron sus manos para caminar hasta la habitación y no se soltaron una vez llegaron allí. “Ven”. Susurró tirando de su mano hasta sentarlo en el lado izquierdo de la cama. Cogió la cajita que había dejado debajo de aquella almohada y se la tendió, mordiéndose el labio con nerviosismo. Castle la miró con sorpresa. “Mi otro regalo de Navidad. Ábrelo”. Pidió sentándose a su lado. Ambos giraron sus cuerpos en el borde de la cama hasta quedar uno frente al otro.

Rick abrió la tapa y frunció el ceño al ver dentro una única llave. “¿De dónde es?”. Preguntó alzando la mirada hacia ella.
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